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6- MARCO TEÓRICO

6.2 ADOLESCENCIA Y NUTRICIÓN

6.2.3 M ICRONUTRIENTES

Los adolescentes tienen necesidades elevadas de micronutrientes, pues tales compuestos sostienen el desarrollo y el crecimiento físico del joven. En este sentido, los micronutrientes que intervienen en la síntesis de masa corporal magra, tejido óseo y eritrocitos son especialmente importantes en la adolescencia.

Las vitaminas y los minerales que participan en la síntesis de proteínas, ácido ribonucleico y ácido desoxirribonucleico son necesarios en cantidades mucho mayores durante la fase de estirón puberal. Las necesidades disminuyen una vez que se completa la madurez física. Sin embargo, las necesidades de los minerales y vitaminas que intervienen en la formación ósea son elevadas durante toda la adolescencia y hasta la edad adulta, ya que la adquisición de densidad ósea no termina con la pubertad. En general, los varones adolescentes necesitan mayores cantidades de casi todos los micronutrientes durante la pubertad, a excepción del hierro. (Mahan L., et al. 2013)

6.2.3.1 Vitaminas

Como consecuencia de las necesidades aumentadas de energía, los requerimientos de tiamina (vitamina B1), ribofavina (vitamina B2) y niacina experimentan también un incremento, puesto que intervienen en el metabolismo intermedio de los hidratos de carbono. También son más elevadas las demandas de vitamina B12, ácido fólico y piridoxina (vitamina B6), necesarias para la síntesis normal de ácidos nucleicos y para el metabolismo proteico. (Mahan L. et al, 2013) 6.2.3.2 Minerales:

Los minerales que requieren de mayor atención durante esta etapa son el calcio, hierro y zinc:

Durante esta época de la vida se requiere ingerir más cantidad de calcio que durante la niñez o en la edad adulta, ya que el pico de tasa máxima de depósito de calcio se alcanza a la edad de 13 años en las chicas y de 14,5 años en los chicos, coincidiendo con el pico máximo de crecimiento, aunque este hecho varía mucho entre individuos según el estado de maduración sexual y ósea. A partir de ese momento, las necesidades se mantienen también elevadas hasta alcanzar la máxima retención deseable que asegure una masa ósea adecuada al final de la adolescencia. (Mahan L. et al, 2013)

La recomendación de calcio en adolescentes de ambos sexos hasta los 18 años según Food and Nutrition Board Institute of Medicine es de 1300 mg/día4. A ingestas superiores el calcio adicional no es utilizado y es excretado a través de la orina, fenómeno conocido como calciuria. A ingestas inferiores, puede no alcanzarse el pico de masa ósea y pueden aparecer defectos en el esmalte dental y caries. Así

4 | mg/día: miligramos por día

mismo hay que tener en cuenta también que el nivel de ingesta exacto para cada persona depende de otros nutrientes en la dieta, la genética, la realización de actividad física, entre otros factores. Dicha recomendación de este mineral puede ser cubierta a partir del consumo de los siguientes alimentos fuente de calcio:

lácteos (leche, yogurt, quesos), pescados con espina comestible (ejemplo: sardina, caballa, cornalitos), verduras de hojas verdes (espinaca, acelga), legumbres, frutas secas (nueces, almendra, castañas), semillas de sésamo. (López L. Suárez M.

2002)

También, debe tenerse en cuenta que los adolescentes requieren un incremento en la ingesta de hierro debido, por un lado, a la mayor cantidad de hemoglobina provocada por la expansión del volumen de sangre, por otro, a la mayor cantidad de mioglobina originada por el aumento de la masa muscular, y además, por el aumento de otras enzimas como los citocromos que acompañan al incremento del ritmo de crecimiento. A esto se añade, en las mujeres, la instauración de la menstruación que provoca pérdidas añadidas. (Mahan L. et al, 2013). La ingesta dietética de referencia de hierro en adolescentes según Food and Nutrition Board Institute of Medicine es de: 8 mg/día en niñas de 9 a 13 años y de 15 mg/día en mujeres de 14 a 18 años. En el caso de los varones, la recomendación es de 8 mg/día de 9 a 13 años y de 11 mg/día de 14 a 18 años. Debe tomarse en consideración que el contenido de hierro en los alimentos no asegura si realmente se cubre la recomendación diaria, ya que varía según su biodisponibilidad, refiriéndose a la cantidad de hierro que se absorbe a partir de los alimentos, estando influenciado por la forma en la que se encuentra el mismo. Existen dos formas químicas de hierro: el heminico donde las fuentes son de origen animal (carnes

rojas, aves y pescados) y el no heminico siendo las fuentes como el huevo, hortalizas, granos, frutas y carnes antes nombradas. Teniendo una mayor absorción el hierro heminico. (López L. Suárez M, 2002)

Por último, se debe tener en cuenta que el zinc requiere especial atención durante la adolescencia debido al gran número de enzimas implicadas en la expresión genética. Ello justifica su importancia en los procesos de crecimiento y maduración y explica también el efecto inmediato de su deficiencia sobre el crecimiento y la reparación tisular. (Gil Hernández A, 2010). La ingesta dietética de referencia de zinc en adolescentes según Food and Nutrition Board Institute of Medicine es de 8 mg/día de 9 a 13 años y de 9 mg/día de 14 a 18 años. En el caso de los adolescentes varones, la recomendación es de 8 mg/día de 9 a 13 años y de 11 mg/día de 14 a 18 años. Dicha recomendación nutricional puede ser cubierta a partir del consumo de los siguientes alimentos fuentes de zinc: legumbres, carnes, frutos secos, pescados. (López L. Suárez M, 2002).