CAPÍTULO II: MARCO DOCTRINARIO TEORICO CONCEPTUAL
2.2 Diseño de Marco Doctrinal 54
2.2.4 Marco Sociológico. 74
Borja & Castells (2000) “local y global: La gestión de las ciudades en la era de la información”. Este libro trata del reto de las ciudades ante la urbanización generalizada, la globalización económica y la revolución informacional. Donde el reto de los autores es el de 'hacer ciudad,' crear un espacio público a través del partenariado público-privado. Los gobiernos locales deben garantizar la creación de empleo, la seguridad ciudadana, la sostenibilidad, la gobernabilidad de las ciudades y la dotación de sentido a las mismas.
Parafraseando a Borja & Castells (2000). La humanidad se encamina hacia un mundo de urbanización generalizada. No solo porque los datos indican que la mayoría de la población del planeta vivirá en áreas urbanas a principios del siglo XXI, sino porque las áreas rurales formaran parte del sistema de relaciones económicas, políticas, culturales y de comunicación organizado a partir de los
centros urbanos. Si esto es así, si la urbanización es la forma de asentamiento espacial habitual de la especie humana, ¿tiene sentido seguir hablando de ciudades? ¿Si, tendencialmente, todo es urbano, no deberíamos cambiar nuestras categorías mentales y nuestras políticas de gestión hacia un enfoque diferencial entre las distintas formas de relación entre espacio y sociedad?. Las nuevas tecnologías de información permiten la articulación de procesos sociales a distancia, ya sea en las áreas metropolitanas (tele-trabajo, tele-compra, teleinformación, tele-diversión), entre las regiones o entre los continentes.
La era de la globalización es también un momento de auge de las identidades ciudadanas y de los gobiernos locales. Este libro analiza la relación entre economía global, gestión local y regional y políticas urbanas a partir de datos y experiencias de ciudades y áreas metropolitanas de todo el mundo.
En contraposición a la visión propuesta por autores que argumentan que la revolución tecnológica informacional, la globalización de la economía y la comunicación hacen posible la desaparición de las ciudades como forma territorial de organización social, Borja & Castells plantean la necesidad de renovar el papel específico de las ciudades en un mundo de urbanización generalizada a través de una relación dinámica y creativa entre lo local y lo global, el reforzamiento de la sociedad local y sus instituciones políticas. Lo global y lo local son complementarios, existe una sinergia social y económica entre ambos. La importancia de lo local radica en su función como centro de gestión de lo global, centro de productividad y competitividad económicas, de integración sociocultural y de representación y gestión políticas.
Así la competitividad de las empresas depende de la generación de condiciones de productividad en el ámbito territorial en el que operan, de su infraestructura tecnológica, del sistema de comunicaciones que permite la conectividad del territorio con los flujos globales de personas, información y mercancías, de la existencia de recursos humanos capaces de producir y gestionar el nuevo sistema tecno-económico. Los gobiernos locales y regionales son responsables de la producción y gestión de este hábitat.
Los gobiernos locales están mejor dotados que los gobiernos nacionales para afrontar los retos de sociedades cada vez más diversas, donde la globalización de la comunicación se yuxtapone al mantenimiento de identidades culturales diferenciadas. En esta situación los autores argumentan que los estados nacionales son inefectivos y que los gobiernos locales y regionales tienen una mayor capacidad de representación, mayor flexibilidad y adaptabilidad.
Las ciudades y sociedades de todo el mundo están experimentando desde finales del siglo XX, estas han sufrido una profunda transformación histórica debido a la revolución tecnológica organizada en torno a las tecnologías de la información. La globalización de la economía y la aceleración del proceso de urbanización han incrementado la pluralidad étnica y cultural de las ciudades, a través de procesos de migraciones, nacionales a internacionales, que conducen a la interpenetración de poblaciones y formas de vida dispares en el espacio de las principales áreas metropolitanas del mundo. Asistimos al proceso de urbanización más rápido y de mayores dimensiones de la historia en tiempo real.
Basándose en la nueva infraestructura tecnológica, el proceso de globalización de la economía y la comunicación ha cambiado nuestras formas de producir,
consumir, gestionar, informar y pensar. Los procesos de urbanización, las ciudades y los ciudadanos no son ajenos a dichos cambios estructurales.
Los gobiernos locales y regionales son entidades más flexibles que los gobiernos nacionales pero tienen menos recursos económicos y el riesgo de derivar hacia el localismo político y el tribalismo cultural si la defensa de la identidad se convierte en fundamentalismo.
La sociedad de la información presenta una nueva perspectiva en la gestión de las ciudades. La economía global está articulada en redes de ciudades, la productividad basada en la conectividad, la innovación y la flexibilidad institucional, por lo tanto los gobiernos municipales deben actuar con mentalidad empresarial. Las redes de ciudades se conforman como actores colectivos poderosos y dinámicos en la escena económica global. El contrapeso a la globalización económica en el nuevo sistema global será la red electrónicamente articulada y políticamente gestionada de ciudades al servicio de sus ciudadanos.
En la ciudad multicultural lo global se localiza de forma socialmente segmentada y espacialmente segregada, los desplazamientos humanos presentan la destrucción de viejas formas productivas y la creación de nuevos centros de actividad. La globalización supone el desplazamiento de población entre países. Por ejemplo. Durante los días 20 y 21 de noviembre (2014), el presidente Barack Obama anunció en Washington D.C. y Las Vegas, Nevada, respectivamente, un alivio migratorio que podría beneficiar a cerca de cinco millones de los 11 millones de inmigrantes indocumentados que viven en Estados Unidos.
Los autores proponen la integración de funciones y colaboración del sector público y privado en la gestión de las ciudades, consorcios, contratos-programa, las empresas mixtas como nuevas formas de gestión de la ciudad. (Borja &
Castells. 2000) parafraseando a estos dos autores. Donde el gobierno de la ciudad debe ejercer un liderazgo promotor, donde el objetivo principal es el 'hacer ciudad.' Los gobiernos locales deben impulsar políticas urbanas 'promotoras' y no solo 'gestoras.' El principio legitimador para promover los gobiernos locales es el de la proximidad, los gobiernos locales deben promover la innovación democrática, la participación ciudadana, la cooperación social e integración de las políticas urbanas. En este marco el gobierno nacional debe garantizar unos principios básicos: la educación, la sanidad, seguridad, proteger y reforzar la autonomía de los gobiernos locales, garantizar el reequilibrio territorial y redistribución de ingresos por medio de su acción legislativa y actuaciones inversoras.
La profesionalización de la burocracia, una herencia de Weber (1922) para los debates sobre modernización y desarrollo del Estado en el siglo XXI. Al parecer la afirmación anterior es muy restrictiva en cuanto a legado de Max Weber sobre su propuesta gobierno público legal - racional, que orientó el desarrollo del Estado moderno, a partir del avance de la industrialización de los países desarrollados y en desarrollo desde los inicios del siglo XX.
Su importancia fue tal que, muchas veces el incuestionable dominio de la burocracia hacia aparecer las críticas de los intelectuales como algo sin mayor fundamento, frente a los logros de los distintos países que la utilizaban como
forma de administración, como por ejemplo, la reconstrucción de Europa después de la Segunda Guerra Mundial, o el avance de las superpotencias como Estados Unidos y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, ambas con fuertes administraciones burocráticas. Sólo hasta la década de los ‘70 se dan las primeras muestras de crisis del modelo burocrático que se produjeron por el avance y desarrollo en las tecnologías de información y el aceleramiento productivo en el mundo, se reconstituyen las críticas y se da paso al debate de su efectividad.
Weber (1922) parafraseando. La idea central que se plantea es que la burocracia como modelo de administración de gobierno es un órgano de alto nivel técnico, en el cuál funcionario profesional es determinante para su buen funcionamiento. Este funcionario desplaza al funcionario honorífico por sus competencias técnicas necesarias para el desempeño del gobierno y de las políticas elaboradas por la autoridad democrática, a la que le debe autoridad.
Esta característica es en palabras de Weber (1922) “allí donde se ha llevado íntegramente a cabo la burocratización del régimen de gobierno se ha creado una forma de relaciones de dominio prácticamente inquebrantable. El simple funcionario no puede desprenderse de la organización a la cual está sujeto. En oposición a los honoratories, que administran y gobiernan honoríficamente y como al margen, el funcionario profesional está encadenado a su labor con toda su existencia material e ideal. En casi todos los casos el funcionario no es más que un miembro al que le encargan cometidos especializados dentro de un mecanismo en marcha incesante que únicamente puede ser movido o detenido por la autoridad superior, y que es la que prescribe la ruta determinada” (p. 741).
Burocracia y modernidad son dos conceptos indisolublemente unidos.
Las sociedades que entran en la era de la modernidad encuentran en la burocracia la forma normal de organizarse, con todo lo bueno y lo malo que esto tiene. Max Weber, que fue quien teorizó ambos conceptos de forma magistral, hablaba de la burocracia como “una jaula de hierro”, en la que la creatividad humana podría perecer.
La crítica al modelo burocrático en la práctica, como modelo de gestión, tiene una larga historia, el propio Weber consideraba a la burocracia una “jaula de hierro” que atraparía a la humanidad en su maquinización, disciplinarización y fría búsqueda de la eficacia, creando una sociedad sin alma y sin capacidad de reflexión moral. Además de esta importante y muchas veces olvidada crítica, se nos ha demostrado por diversos autores que dicho modelo:
1. Generaba una tendencia hacia la alienación, al no considerar todas las necesidades humanas.
2. Desconocía los aspectos informales de las organizaciones, y la capacidad de adaptación y uso interesado de los privilegios.
3. Provocaba una incapacidad disciplinada, una dificultad de adaptación y análisis crítico en el empleado.
4. Desresponsabilizaba, pues, dados los fines, el empleado sólo se ocupa de los medios.
5. Provocaba falta de iniciativa.
6. Despilfarraba potencialidades del ser humano.
7. Incapacitaba para la solución negociada de problemas, dada la rigidez de las normas y criterios con los que el funcionario actúa.