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Entretejiendo escenas

1.1. Marco institucional donde se inscribe la experiencia

Esta experiencia se inscribe en el entrecruzamiento de un conjunto de marcos socio-institucionales, lo cual le otorga un volumen significativo y una importante com- plejidad que nos obliga a una permanente articulación horizontal entre los actores.

Desde el mes de agosto de 2012, la Secretaría de Extensión Universitaria de la UNR viene desarrollando un trabajo en la zona del asentamiento Vía Honda. Este se encuentra situado en los Distritos Oeste y Sudoeste de la ciudad de Rosario. Nuestra intervención en dicho territorio tiene como objetivos generales crear espacios de en- cuentro entre la universidad y la comunidad que posibiliten procesos de aprendizaje y producción de nuevos conocimientos a partir del diálogo entre los saberes académicos y populares, así como también consolidar una referencia territorial universitaria que desde su especificidad aporte a la promoción del desarrollo socio-comunitario en la zona. En tal sentido, articulamos con un conjunto de organizaciones de base territorial, entre las que se destaca el Club Social y Deportivo 20 Amigos, en el cual implementa- mos un anclaje del Programa Universidad Abierta para Adultos Mayores junto a otras actividades que fueron ampliando los espacios de encuentro con vecinos de la zona.

71 Desde el año 2014 se lleva adelante un espacio de teatro con vecinos de la zona y, a partir de 2015, con la emergencia de ciertas demandas, es que se repiensa la propuesta incluyendo otras miradas disciplinares, pertinentes para el abordaje de las mismas. En tal sentido, se articula con la Carrera de Especialización en Psicología Clínica, Institucional y Comunitaria y las Prácticas Profesionales Supervisadas de la carrera de psicología. Esta articulación no sólo supone una ampliación de los actores intervinientes, sino que da lugar a la conformación de los denominados “Centros de Prácticas” espacio en el cual participan profesionales del Centro de Salud Provincial Nº 14, docentes y estudiantes –practicantes– de los espacios académicos mencionados, integrantes del equipo territo- rial de la SEU y referentes y profesionales de diversas instituciones del territorio. Como destaca un documento de trabajo de circulación interna que realizamos en conjunto con todos los actores que lo configuran: “El Centro de Prácticas no constituye en sí mismo una estructura única sino que se propone como una modalidad de trabajo. Se trata de una modalidad de trabajo que implica potenciar procesos de construcción en espacios institucionales y comunitarios que posibilite recuperar acumulaciones institucionales – centros de salud, escuelas, estrategias de atención primaria, equipos interdisciplinarios–

y comunitarias –organizaciones comunitarias, vecinales, clubes–“. Por lo tanto no tendrá un formato institucional único sino que se conformará en sí mismo en una modalidad de trabajo que adquirirá diversos modos de organización institucional dependiendo de los espacios de anclaje. De este modo desde los diversos espacios de anclaje se producirán proyectos particulares en los que se incluirán diversos actores institucionales con objeti- vos específicos y las correspondientes actividades a desarrollar”.

Esta iniciativa se erige a partir de un conjunto de premisas básicas.

1.1.1. Territorialidad

El vínculo entre la Universidad y las clases populares presenta un desarrollo his- tórico complejo y no es ajeno a las transformaciones en los modos de sociabilidad política. Al respecto, podemos identificar una situación contemporánea caracterizada por la centralidad que asume el territorio en lo referente a la reproducción social de las clases populares. En tal sentido, la desafiliación del mundo del trabajo asalariado de amplios sectores de la población tiene como efecto –complejo y no mecánico– la reafi- liación en el territorio como modo precario de estabilizar la subsistencia. Esta situación es la que analiza Merklen (2008) a partir del concepto de “inscripción territorial de las clases populares”. Si a lo largo de la historia, la universidad reformista inscribió su compromiso social en el vínculo con sindicatos y sectores del trabajo, en el presente es impensable una política extensionista que no otorgue centralidad a lo territorial, dado que la frontera entre la esfera de la producción y la reproducción social tiende a hacerse difusa y lo cotidiano del mundo de la vida es central para poder pensar la conflictividad social (Sousa Santos, 2005).

No obstante, la afiliación territorial no necesariamente tiene como correlato un fortalecimiento de la trama comunitaria. Un aspecto que se pone de manifiesto en di- versas instancias participativas con vecinos es la creciente fragmentación y segregación territorial. La primera se refleja en un marcado achicamiento del barrio vivido por sus

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habitantes y el acotamiento de los espacios de circulación en el territorio. La segunda refiere a los contrastes sociales que se presentan en situaciones de proximidad, que en el caso de nuestro trabajo se expresan en la oposición entre barrio y villa (Aseguinola- za, García Giménez, Medina, Toni, 2014). Pensar una experiencia de encuentro entre actores universitarios y comunitarios en clave de salud mental debe partir no solo de una jerarquización de la presencia territorial de docentes, estudiantes y espacios de gestión, sino además de una problematización junto a actores sociales, de los modos presentes en que se conforma el lazo social.

1.1.2. Formación, Extensión, Investigación

Otro aspecto central de nuestra práctica extensionista es la idea de integralidad, esto es, la no disociación entre las funciones de investigación, docencia y extensión. En tal sentido, la presencia universitaria en contextos de pobreza persistente se encuentra fuer- temente marcada por intervenciones con una muy baja inscripción institucional tanto en términos intra-universitarios como también en lo referente a la escasa formalización del vínculo con instituciones y organizaciones del territorio. Este tipo de políticas extensionis- tas, aún las que logran continuidad y un vínculo significativo con diversos actores sociales, mantiene inalterados los espacios académicos y los modos jerárquicos de producción y circulación del conocimiento. Al respecto, el dispositivo de teatro y salud mental, así como los diferentes campos de acción de los centros de prácticas, se alejan de la idea de volun- tariados o espacios monológicos de gestión. En efecto, uno de los aspectos más relevantes de la propuesta no es sólo la inscripción en clave territorial de la misma, sino también su importante inscripción curricular. Los espacios quincenales de re-trabajo intersectorial se constituyen en aulas ampliadas que dan lugar a procesos genuinos de producción de nue- vos conocimientos en torno a la problemática de la salud comunitaria

1.1.3. Ecología de saberes

Estas instancias de re-trabajo intersectorial, así como los espacios de encuentro con vecinos se fundamentan desde una perspectiva que valora lo que Sousa Santos (2005) denomina “Ecología de Saberes”, es decir, parten del supuesto de que la diversidad socio- cultural del mundo tiene como correlato el reconocimiento de la diversidad epistemoló- gica del mismo. En tal sentido, la idea de diálogo de saberes no se erige en tanto recurso retórico sino como un aspecto central para poder pensar y desarrollar un dispositivo de salud mental, dado que no concebimos la posibilidad de un descentramiento epistemo- lógico sin un movimiento que dé lugar a un descentramiento socio-espacial. En el campo de la salud mental, consideramos relevantes los saberes populares a partir de los cuales comunidades, organizaciones y sujetos construyen prácticas de autocuidado, autoayuda y autoatención que se presentan alternativos a los modos medicalizados de concebir el proceso salud-enfermedad-atención, en particular en contextos de vulnerabilidad social, donde los soportes de seguridad social se encuentran fuertemente debilitados.

La formación en la tensión teoría-práctica/universidad-servicios/disciplina-inter- disciplina debe continuar siendo interpelada, dado que hasta el momento el proceso de curricularización de la experiencia no ha excedido los ámbitos de las prácticas fina-

73 les de grado y posgrado, por lo que consideramos relevante explicitar los modos en que concebimos el lugar del practicante y el sentido de su formación. Como destaca- mos en el documento de trabajo intersectorial mencionado líneas arriba, “la formación de recursos humanos nos confronta con la confluencia de al menos dos sistemas –con sus propias complejidades–: la universidad y los espacios de servicios en donde los alumnos, los profesionales se insertan como parte de su formación y de su trabajo. En los procesos de formación, los momentos de inserción en espacios –campos– de prác- ticas resultan una verdadera oportunidad de interpelación, de reflexión, de análisis crítico tanto de la formación como de las prácticas propuestas en los espacios. Cier- tamente la potencia de estos momentos se puede cerrar rápidamente en una rápida descalificación del uno u otro espacio –formación/prácticas–.”

Las prácticas no se pueden reducir sólo al problema de la clásica relación teo- ría-práctica. Hace tiempo ya que la universidad viene poniendo en discusión esta díada que condena a la formación a constituirse en una especie de discurso del “adentro de las carreras” y la práctica un “afuera” que corre el riesgo de responder acríticamente a las demandas corporativo-profesionales.

1.1.4. La Salud Mental como campo de problemas

A lo largo de la experiencia del dispositivo de teatro, intentamos sostener como horizonte de trabajo el supuesto preliminar que reconoce en las personas la capaci- dad de hacer salud, como una fuerza tanto individual como comunitaria, entendiendo desde esta perspectiva a los procesos de crisis como una pérdida de recursos y/o he- rramientas que pueden ser recuperadas o reinventadas, a partir de un trabajo creativo y cooperativo. Al mismo tiempo, mediante las diferentes actividades realizadas en el marco del dispositivo de teatro, se pretende promover el conocimiento y la informa- ción en la comunidad de manera tal que, puedan formar parte de los procesos de sa- lud y atención a la enfermedad; y, asimismo, la construcción del presente dispositivo, responde a la necesidad de pensar a quien transita un padecimiento subjetivo en su estatuto de sujeto, reivindicando sus derechos civiles como ciudadano (Cohen, 1994;

Chemisquy y Espinosa, 2010).

En este contexto, consideramos preciso destacar que paulatinamente y de ma- nera simultánea en América Latina, según los citados autores, se generaliza el recono- cimiento de la incapacidad que los sistemas de salud centrados en los hospitales tienen para responder a la población más necesitada de atención, y la importancia de incluir a la comunidad con sus propias necesidades en los procesos de salud y atención a la enfermedad.

En este sentido, consideramos que para alcanzar un estado adecuado de bienes- tar físico, mental y social, un individuo o grupo debe ser capaz de identificar y procurar realizar sus aspiraciones, satisfacer sus necesidades.

Se podría pensar al presente dispositivo de teatro –a modo de guía desde el plano del análisis–, en el marco de los servicios de salud que propone la Ley Nacional

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de Salud Mental N° 26.657, entendiendo por éstos a toda propuesta o alternativa de abordaje tendiente a la promoción de la salud mental, prevención del padecimiento, intervención temprana, tratamiento, rehabilitación, y/o inclusión social, reducción de daños evitables o cualquier otro objetivo de apoyo o acompañamiento que se desarro- lle en los ámbitos públicos o privados (Ley Nacional de Salud Mental, 2010). Asumir la práctica en éstos términos, consideramos que implica al mismo tiempo reconocer a la salud mental como un “proceso determinado por componentes históricos, socio-eco- nómicos, culturales, biológicos y psicológicos, cuya preservación y mejoramiento im- plica una dinámica de construcción social vinculada a la concreción de los derechos humanos y sociales de toda persona” (Ley Nacional de Salud Mental, 2010, p.13).

Desde esta perspectiva, compartimos la premisa de que los dispositivos alter- nativos a las lógicas hegemónicas –caracterizadas por el encierro, la estigmatización y la soledad–tendrían que sostener la apuesta por transformar lo siniestro y disruptivo, para luego alcanzar lo lúdico como gesto liberador (Kesselman y Pavlovsky, 1989). Es decir, la apuesta desde el dispositivo de teatro, se orienta a la posibilidad de que los participantes a la vez que se recrean, se divierten y se vinculan con otros, también pue- dan ir resignificando parte de su historia, de su mundo cotidiano.

Reconstruir una historia, podría pensarse que se trata de un proceso de cons- trucción colectiva donde lo alternativo se define por un posicionamiento estratégico de base crítica e ideológica, es decir, no sólo implica la concreción de proyectos asisten- ciales o el logro de las reformas legislativas propuestas en la actualidad, sino también la movilización de la opinión pública y la de quienes están íntimamente ligados a esta realidad desde su nuestro quehacer cotidiano. Rehabilitar las reformas apunta a la producción de un necesario acortamiento de las distancias entre modelos hegemó- nicos de encierro y exclusión y lo cotidiano de las instituciones. En última instancia, para alcanzar esto, resulta imprescindible la voluntad política. Una voluntad que tien- da a legitimar la prestación pública, para lo cual es necesario disminuir sus barreras de accesibilidad, promover redes de apropiación de las instituciones por parte de las comunidades y antagonizar con la tendencia a la burocratización y el aislamiento. La concepción de Salud Mental por la que se brega desde el presente trabajo, es la de un campo que entiende que la dimensión clínica-terapéutica junto a la práctica política comunitaria son condiciones fundamentales si se pretende avanzar en el proceso de transformación de los Servicios de Salud. En este sentido, los diversos encuentros para

Dinámicas teatrales en el marco del taller

75 intercambiar y afinar herramientas de trabajo son esenciales; lo que exige sumar a la necesaria voluntad de cambio las herramientas teóricas y técnicas para realizarlo.