• No se han encontrado resultados

Modelo teórico de la socialización basado en el deporte

In document T E S I S (página 45-52)

CAPÍTULO II MARCO TEÓRICO

2.2 Fundamento teórico

2.2.1 Modelo teórico de la socialización basado en el deporte

El presente estudio basa sus planteamientos en los postulados del modelo teórico de la socialización basada en el deporte. Desde la línea de investigación centrada en la socialización a través del deporte se considera que la práctica deportiva ofrece una serie de situaciones sociales (familia, club, escuela deportiva, grupo informal, deportes populares, juegos con amigos) más o menos estructuradas y formalizadas, y una serie de agentes

46

socializadores (padres, entrenador, directivos, iguales) que entran en interacción con el socializando y, por ello, coparticiparían en el proceso de socialización (Peiró, 1997). Por lo tanto, la práctica deportiva podría favorecer la adquisición de valores y normas, y reforzar los sentimientos de identidad y solidaridad (García, Lagardera y Puig, 1998). Para Greendorfer (1992), el deporte, comparado con otras actividades, es un vehículo único para el aprendizaje social y la práctica puede ofrecer a los jóvenes una serie de habilidades necesarias para la participación efectiva en el ámbito social, político y económico cuando sean adultos.

El deporte permite el aprendizaje de un reglamento y modos de comportamiento en la práctica deportiva. El socializando, para participar en la actividad deportiva, debe interiorizar unas normas y valores sociales (conformidad normativa) y comprometerse con el destino del colectivo al que pertenece (García-Ferrando et al., 1998). La idea de que el deporte posee, intrínsecamente, efectos socializadores positivos ha sido cuestionada por una serie de investigadores interesados en analizar las relaciones entre la participación deportiva y otras variables como:

El logro y las aspiraciones académicas.

La movilidad ocupacional y social.

Las conductas desviadas.

Las orientaciones políticas.

Los rasgos del carácter y el desarrollo moral.

47

El éxito de la trasferencia de las competencias adquiridas en el deporte dependerá, según García Ferrando et al. (1998), de una larga serie de variables (edad, género, posición social, nacionalidad, creencias religiosas e incluso rasgos singulares de personalidad) de entre las que destaca la influencia de la clase social que determina la pre-socialización de los niños y niñas, puesto que en categorías sociales de bajo estatus existe una mayor tendencia a adoptar comportamientos grupales y a actuar en base a la lógica de lo inmediato. Por ello, y por las posibles influencias de otros agentes socializadores, especialmente los iguales, la noción de transferencia es muy frágil.

Musitu, K. y Cava, J. (2001) definen la socialización como un proceso de aprendizaje no formalizado y en gran parte no consciente, en el que a través de un entramado y complejo proceso de interacciones, el niño asimila conocimientos, actitudes, valores, costumbres, necesidades, sentimientos y demás patrones culturales que caracterizan para toda la vida su estilo de adaptación al ambiente. Dicho proceso, no exento de riesgos es el resultado de una interacción constante entre el socializando y los otros significativos.

Los otros significativos son las personas que son importantes, influyentes y sus opiniones son significativas para nosotros su influencia depende del grado de intimidad, de su implicación, del apoyo social que proporcionan y del poder y autoridad concedidos.

Las opiniones que percibimos que nuestros otros significativos albergan hacia nosotros se constituyen en la base sobre la que construimos nuestro autoconcepto y autoestima y nuestra personalidad.

48

Una constante en los diferentes enfoques de la investigación sobre la familia es el reconocimiento de su importancia en la socialización de los hijos. En el seno familiar adquirimos los valores, creencias, normas y formas de conducta apropiados a la sociedad. Así, la familia, como primer grupo social al que pertenecemos, nos va mostrando los diferentes elementos distintivos de la cultura, qué es lo valioso, qué normas deben seguirse para ser un miembro de la sociedad y qué parámetros van a determinar el éxito social de una persona.

Sin embargo, el niño no actúa en dicho proceso como un sujeto pasivo puesto que la socialización es un proceso interactivo mediante el cual se transmiten los contenidos culturales que se incorporan en forma de conductas y creencias a la personalidad de los seres humanos. El proceso de socialización facilita la consecución de tres objetivos generales de gran importancia tanto para el socializando como para la sociedad que le culturiza (Musitu y García, 2001):

1. El control del impulso: El control del impulso y la capacidad de autorregulación se adquieren desde el nacimiento y fundamentalmente en la infancia aunque siguen actualizándose en el periodo adulto (Gottfredson y Hirschi, 1990).

2. Preparación y ejecución del rol, incluyendo roles ocupacionales, roles de género, y roles en las instituciones como el matrimonio y la paternidad.

3. El cultivo de fuentes de significado: lo que tiene que ser valorado, lo que es importante, por qué y para qué se tiene que vivir. La consecución de dichos objetivos asegura una correcta integración en la sociedad y son numerosos los autores que se han interrogado acerca de cómo se produce dicho proceso, en el que entran en juego las relaciones entre el sujeto, la familia y la sociedad;

49

determinando las posibilidades de actuación del socializando. Así, Parsons y Bales (2005) se preguntaban, desde posiciones psicoanalíticas, cómo la familia nuclear convertía a un niño recién nacido, sin hábitos sociales, en un miembro adulto de la sociedad, preparado para actuar como su propio padre.

Para contestar a dicho interrogante es necesario recurrir a un citado; que nos recuerdan que “el individuo no nace miembro de una sociedad: nace con una predisposición hacia la “socialidad”, luego llega a ser miembro de una sociedad". De hecho, pese a dicha predisposición a la socialidad, el niño recién nacido no es un actor social. No posee objetivos suficientes para simbolizar sus deseos instintivos, y no se encuentra cualificado en absoluto para formar parte de la sociedad. Sin embargo todo está preparado para que llegue a convertirse en actor social. Al nacer, o poco después, se le da un nombre y un puesto en la estructura de parentesco que mantiene unas expectativas concretas acerca de su futuro estatus. Desde el nacimiento se le considera un ser social y es "antropomorfizado" por los adultos que le rodean, los cuales le atribuyen sentimientos sociales mucho antes de que él pueda experimentarlos realmente". Desde el nacimiento, el niño indefenso se va convirtiendo gradualmente en una persona consciente de sí misma, con conocimientos y diestra en las manifestaciones de la cultura en la que ha nacido. A este proceso se le conoce como socialización.

En dicho proceso el sujeto no desempeña exclusivamente un rol pasivo. Para hacernos conscientes de ello se advierte de que tradicionalmente se ha considerado la socialización como un proceso que modela al individuo, o lo refrena para que su funcionamiento sea adecuado a la sociedad. En numerosas

50

conceptualizaciones el individuo es un sujeto pasivo sobre el cual se aplican técnicas dirigidas desde el exterior que lo conforman a las exigencias sociales. Precisamente en estos términos, se conceptualizaba a la socialización como el proceso socializador de adaptación social o como integración del individuo al entorno sociocultural, adaptación en que el entorno ejercía una presión unidireccional sobre el individuo, visto como mero sujeto pasivo o receptivo de unos contenidos socioculturales que todo individuo necesitaba para integrarse en la sociedad en la que vive.

Asi se intentó corregir esta visión simplificadora al resaltar el papel activo del yo, inaugurando la corriente interaccionista-simbólica, y con ella la consideración del socializando como sujeto activo.

Para la línea de investigación centrada en la socialización en el deporte la principal preocupación de los investigadores ha sido el detectar qué influencias psicológicas y sociales influyen en la atracción inicial hacia el deporte y en el mantenimiento de la práctica deportiva. La mayor parte de la investigación se ha inspirado en el modelo de Kenyon y McPherson (1973) que distingue tres factores que configuran y mediatizan la socialización deportiva:

1. Atributos físicos y psicológicos de los que se inician en la práctica deportiva.

2. El apoyo, ánimo y recompensas.

3. Los diversos sistemas sociales (familia, escuela, amigos y comunidad) en los que se van desarrollando los valores y orientaciones personales.

51

Las diferentes investigaciones sobre socialización en la práctica deportiva, se han centrado en (Peiró, 1997):

Cómo la socialización en el deporte está vinculada al apoyo y a los ánimos ofrecidos por los otros significativos (Greendorfer, 1977; Lewko y Greendorfer)

Cómo las influencias ejercidas por los otros significativos y por diferentes subsistemas sociales, están moduladas por el sexo del socializado (Greendorfer, 1977); Greendorfer y Lewko, 2001; Lewko y Ewing, 1980;

el estatus socioeconómico (Greendorfer, 1978), la raza (Greendorfer y Ewing, 1981), el lugar de residencia, rural o urbano (Carlson, 1988) y la cultura (Greendorfer, Blinde y Pellegrini, 1986; Yamaguchi, 1987).

Cómo los socializados autoevalúan sus propias capacidades deportivas con una visión interaccionista, cómo los padres aprenden a prestar apoyo a sus hijos en respuesta a la participación deportiva de éstos. Peiro, J.(1997) sintetizó los factores relacionados con la socialización deportiva, sugiriendo que los atributos personales interactúan con los otros significativos, en las situaciones de socialización, y que estos tres factores explican el proceso de socialización deportiva.

El sujeto, a lo largo del propio proceso de socialización, pasará por fases o momentos especialmente críticos en función de las interacciones entre la persona en situación de aprendizaje (rasgos de personalidad, habilidades motrices, raza, edad, sexo, lugar de nacimiento), los agentes socializadores (padres, amistades, deportistas famosos, profesores) y las situaciones sociales (hogar familiar, escuela, club deportivo, lugar de trabajo, horario) (García

52

Ferrando, 1998). El espacio social en el que cada uno desempeña los roles sociales determina el estilo de vida que mantenemos y nuestras pautas de comportamiento social (García Ferrando et al., 1998). Estas pautas de comportamiento son un indicador de nuestra integración social y nos diferencian de los demás, puesto que, como se indica "el espacio social se construye de tal forma que los agentes o grupos se distribuyen en él en función de su posición en las distribuciones estadísticas según los dos principios de diferenciación que, en las sociedades avanzadas, son los más eficientes, el capital económico y el capital cultural".

In document T E S I S (página 45-52)