3.2 Evaluación del dolor en el paciente con cáncer y de sus variables asociadas
3.3.5 Multidisciplinaridad del dolor
El estudio del dolor implica conocer la naturaleza mul- tidimensional que lo conforma. Por un lado, es clara la implicación de los síntomas relacionados con las res- puestas nociceptivas o la afectación del sistema nervio- so, así como la de los síntomas derivados de la afecta- ción de estructuras somáticas y viscerales, y la de los procedimientos de diagnóstico y tratamiento, incluidos los fármacos. Por otro, no son menos importantes los factores psicológicos asociados, incluyendo depresión y alteraciones de conducta, ni los problemas y las conse- cuencias en la esfera socioeconómica que los síndromes dolorosos generan.
La revisión del historial clínico implica conocer todos los detalles relacionados con el paciente, desde los diagnósticos y los tratamientos previos hasta los datos referidos a demandas legales o procedimientos relacionados con accidentes laborales o de otra naturaleza.
La historia debe incluir el examen físico y la evaluación funcional, psicológica y social, con las prue- bas complementarias que sean precisas. La historia clínica recogerá toda aquella información que permita hacer un uso correcto de las técnicas de imagen para poder elaborar un buen diagnóstico del dolor.
Evaluar y manejar el dolor, tanto el agudo como el crónico, exige la puesta en marcha de equipos interdisciplinares, tanto en el medio hospitalario como en el de atención primaria, que proporcio- nen las directrices y los protocolos necesarios para el diagnóstico y el tratamiento del dolor, para coordinar la intervención de los diferentes profesionales y niveles de intervención, para detectar ne- cesidades y para desarrollar estudios que identifiquen causas y estrategias en el manejo del dolor.
En definitiva, en nuestro medio y en nuestros tiempos es una necesidad básica incrementar la edu- cación en materia de dolor no sólo entre la población general, sino también y, con mayor urgencia si cabe, entre los profesionales de la salud como vectores de educación sanitaria, responsables últimos de preservar un derecho humano, el derecho al más alto nivel de salud.
Es clara la implicación de los
síntomas relacionados con
las respuestas nociceptivas
o la afectación del sistema
nervioso, así como la de los
síntomas derivados de la
afectación de estructuras
somáticas y viscerales, y la
de los procedimientos de
diagnóstico y tratamiento,
incluidos los fármacos
Técnicas de imagen
3.3
Puntos clave
Bibliografía
1. O’Brien A, Ladrón de Guevara D. Imágenes en oncología: generalidades y aplicaciones. Rev Méd Clín Condes. 2013;24(4):571-577.
2. Katabathina VS, Restrepo CS, Betancourt Cuellar SL, Riascos RF, Menias CO. Imaging of oncologic emergencies: what every radiologist should know.
Radiographics. 2013;33(6):1533-1553.
3. Tirumani SH, Ojili V, Gunabushanam G, Chintapalli KN, Ryan JG, Reinhold C. MDCT of abdominopel- vic oncologic emergencies. Cancer Imaging. 2013;
13(2):238-252.
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• La presencia del dolor dentro de un proceso oncológico es variable, ya que depende del tumor, del paciente y del mecanismo etiológico.
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• Las técnicas de imagen juegan un papel fundamental en la oncología actual, ya que facilitan el diagnóstico, la estadificación, la planificación de la radioterapia, el tratamiento de las toxi- cidades y el seguimiento de la enfermedad y las urgencias.
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• El estudio del dolor implica conocer la naturaleza multidimensional que lo integra, siendo una necesidad básica la colaboración entre especialidades.
del dolor oncológico
4
4.1 Visión general del manejo del dolor oncológico
4.2 Tratamiento farmacológico 4.3 Tratamiento no farmacológico:
terapias físicas, radioterapia,
mecanismo analgésico de la radioterapia 4.4 Tratamiento rehabilitador
en el paciente oncológico
4.1 Visión general del manejo del dolor oncológico
Dra. Alba Torres Martínez y Dr. José Gómez Codina Oncología Médica. Hospital Universitario y Politécnico La Fe. Valencia
El dolor oncológico es un síntoma, uno de los primeros y de los más importantes; en ocasiones, incluso la primera manifestación de la enfermedad. La evaluación del dolor y su tratamiento forman parte fundamental de la atención a los pacientes con cáncer, en paralelo y de manera inseparable del tratamiento de la propia neoplasia.
La mayor parte de los pacientes con cáncer experimentan dolor en algún momento de la evolución de la enfermedad y éste supone sin duda uno de los principales factores deletéreos para la calidad de vida. Y resulta llamativo que, pese a la gran variedad de tratamientos analgésicos disponibles en la actualidad, existen evidencias de que muchos pacientes no son tratados de forma adecuada.
Las manifestaciones dolorosas deben ser abordadas desde el momento en que comienzan y, si es necesario, como una entidad completa e independiente de la causa que las originó1.
Hemos de tener en cuenta que el dolor en el paciente oncológico es un proceso especialmente complejo, puesto que es el resultado de múltiples causas2,3:
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• En el 70 % de los casos, el dolor se produce cuando el tumor invade, infiltra o comprime es- tructuras adyacentes, ya sean vísceras, hueso, terminaciones nerviosas o partes blandas.
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• Un 20 % se relaciona con procedimientos diagnósticos y terapéuticos a los que son some- tidos los pacientes con mucha frecuencia durante el curso de su enfermedad. Esto incluye punciones, endoscopias, toma de biopsias, procedimientos quirúrgicos, etc., intervenciones todas ellas que generan dolor y ansiedad.
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• El 10 % restante no está relacionado directamente con el tumor maligno o sus tratamientos e incluye dolor secundario a infecciones, complicaciones vasculares tromboembólicas, etc.
En el dolor que acompaña al cáncer, el tratamiento de la enfermedad debería resolver en cierta medida la necesi- dad de analgesia. Sin embargo, la presencia mantenida de una lesión o una disfunción fisiológica genera cam- bios en el propio sistema de transmisión de información nociceptiva que lleva a que el dolor se cronifique y pueda llegar a constituir una entidad independiente, afectando de forma significativa a la vida del paciente.
Desde la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM) se habla del dolor como una “experiencia multi- dimensional que es siempre subjetiva”. Por tanto, la inten- sidad del dolor es la que el paciente expresa y es un pro- ceso interno y personal, influido por múltiples factores.
La presencia mantenida de una lesión o una disfunción fisiológica genera cambios en el propio sistema de transmisión de información nociceptiva que lleva a que el dolor se cronifique y pueda llegar a constituir una entidad independiente, afectando de forma
significativa a la vida del
paciente
Un adecuado control del dolor es fundamental como par- te del cuidado integral del paciente oncológico y resulta imprescindible durante todas las fases de la enfermedad.
De cara a un adecuado manejo de este síntoma, es pre- ciso conocer las diversas escalas y cuestionarios de eva- luación del dolor (EVA o VAS, McGuill, test de Lattinem, etc.), instaurar un tratamiento progresivo basándose en la Escalera analgésica de la Organización Mundial de la Salud (OMS), y manejar conceptos tales como la ti- tulación de dosis de opioides, la conversión de vías, las rotaciones, la prevención de los efectos secundarios del propio tratamiento analgésico, el uso de coadyuvantes, los tratamientos no farmacológicos (cirugía, radioterapia antiálgica, técnicas de neuromodulación, etc.), las tera- pias a nivel psicológico y las diversas técnicas de control de la ansiedad2,4.
Por tanto, para poder realizar un adecuado manejo resulta fundamental realizar una evaluación completa del dolor, teniendo en cuenta que se trata de una experiencia multidimensional que abarca aspectos fisiológicos, sensoriales, afectivos, psicosociales, comportamentales y cultu- rales. Evaluar el dolor significa conocer todas estas esferas y además considerar su intensidad, su relación con la enfermedad causal, su patogenia y su influencia sobre la calidad de todas las esferas de la vida del paciente. Además, se ha de tener en cuenta la edad, comorbilidades, gé- nero, neoplasia de base, posibles fallos orgánicos e interacciones medicamentosas, entre otros factores1,2,4.