RELIGIOSAS DE LOS MUNICIPIOS
I.3 L ITURGIA
I.3.1 Origen de liturgia y su significado
equilibrio entre la tradición y el respeto a los valores constitucionales” (Otero Alvarado, 2005, p. 132).
Tomando como base lo apuntado en este apartado, el ceremonial es el conjunto de las reglas sustanciales de las ceremonias, referidas tanto a sus normativas como al espacio‐temporal del acto y a la etiqueta de sus participantes.
2.‐ Acto, o conjunto de actos, de culto, establecido por la liturgia. B) Acto, o serie de actos, que se realiza conforme a unas normas tradicionales establecidas. (Seco, Andrés y Ramos, 1999, p. 2859).
Conjunto de ritos y oraciones, determinado por la autoridad competente, que constituye el culto divino de una comunidad religiosa. (Enciclopedia Universal Larousse, 2006, p. 3606).
En esta serie de acepciones se observa que la liturgia es el culto público de la Iglesia, el cual se materializa en diferentes actos sagrados sujetos a una normativa.
El sustantivo liturgia proviene del latín liturgia y éste del griego leiturgia, derivado, a su vez, de leiturgos. La raíz de la misma tiene como traducción, laos, pueblo; ergos, obra; y urgia, algo que se hace. Basándose en el sentido de la acción, el Catedrático de liturgia y sacramentos en la Universidad Pontificia de Salamanca, Dionisio Borobio García, afirma que “con razón se ha traducido por acción sagrada o, si se prefiere, acción simbólica cristiana.”, (Borobio García et al, 1987, p. 539).
Liturgia: leiturgía, función pública, servicio público, de leiturgós `funcionario público´, liturgia, culto público. (Segura Munguía, 1985, p. 408).
El autor del libro Secularización de la liturgia y Catedrático de la Universidad Pontificia de Salamanca, Luis Maldonado Arenas, explica que la liturgia en su origen griego no tenía procedencia religiosa (1970, p. 32). La liturgia era en “la Antigua Grecia, servicio público cuya ejecución estaba confiada a las clases más ricas de la ciudad” (Enciclopedia Universal Larousse, 2006, p. 3606), y como explica el experto liturgista italiano, Mario Righetti:
…especialmente en Atenas, los que poseían un censo superior a tres talentos estaban encargados, por turno, lo mismo en la paz que en la guerra, de un conjunto de diversas prestaciones (λειτουργίαι), los cuales, mientras se hallaban investidos de honores y de cargas, redundaban en beneficio de todos los ciudadanos. (Righetti, 1955, p. 7).
Según la Enciclopedia Universal Laorusse, “las principales liturgias griegas eran la coergia y la trierarquia.” (2006, p. 3606). La primera hace referencia al servicio público por el cual un ciudadano con posibilidades económicas
contrataba los coros que actuaban en certámenes líricos y/o dramáticos. La segunda, la trierarquia, el ciudadano debía equipar, mantener, disponer de tripulación y capitanear el trierreme, una nave de guerra, durante un tiempo determinado, generalmente un año. Y “cuando este servicio público afectaba al ámbito religioso, la liturgia se refería al culto oficial de los dioses.” (López Martín, 1994, p. 36).
Desde el origen, la liturgia se enmarca dentro del servicio público en beneficio de la ciudadanía, tal y como nos recuerda el Catecismo de la Iglesia católica, en donde se afirma que: “La palabra «Liturgia» significa originariamente
«obra o quehacer público», «servicio de parte de y a favor del pueblo».”
(Catecismo de la Iglesia católica, 1997, p. 281). Y en el entorno religioso se relaciona con el culto oficial. En este ámbito, y como nos indica Dionisio Borobio (2003), el término liturgia es utilizado en el Nuevo Testamento con varios significados:
− Para indicar el culto sacerdotal y levítico.
Lucas 1:23: “Al cumplirse el tiempo de su servicio en el Templo, regresó a su casa”.
Hebreos 8:3: “Porque todo sumo sacerdote está constituido para presentar ofrendas y sacrificios; por lo cual es necesario que también éste tenga algo que ofrecer”.
− Para referirse al ministerio de la predicación o evangelización.
La Epístola del Apóstol San Pablo a los Romanos 15:16: “Para ser ministro de Jesucristo a los gentiles, ministrando el evangelio de Dios, para que los gentiles le sean ofrenda agradable, santificada por el Espíritu Santo”.
− Para referirse al acto de culto.
Hechos de los Apóstoles 13:2: “Mientras estaban celebrando el culto del Señor y ayunando, dijo el Espíritu Santo: «Separadme ya a Bernabé y a Saulo para la obra a la que los he llamado»”.
A estas indicaciones, Julián López Martín (1994) añade otras recogidas también en el Nuevo Testamento:
− Sentido civil de servicio público oneroso.
La Epístola del Apóstol San Pablo a los Romanos 13:6: “Pues por esto pagáis también los tributos, porque son servidores de Dios que atienden continuamente a esto mismo”.
Segunda Epístola del Apóstol San Pablo a los Corintios 9:12: “Porque la ministración de este servicio no solamente suple lo que a los santos falta, sino que también abunda en muchas acciones de gracias a Dios”.
− Sentido del culto comunitario y cristiano.
Hechos de los Apóstoles 6:6: “a los cuales presentaron ante los apóstoles, quienes, orando, les impusieron las manos”.
Analizando lo expuesto, liturgia indica el servicio público en general, y en el ámbito religioso “al culto público y oficial realizado por los levitas, distinto al culto privado, para el que la misma traducción de los LXX reservó las palabras latría y dulía (adoración, honor)” (López Martín, 1987, p. 60).
El carácter legítimo de la liturgia viene determinado por la persona encargada de llevar a cabo la acción de culto, quien, según nos explica el Nuevo Diccionario de Liturgia:
… puede ser el individuo particular –que obra como tal, esto es, en nombre propio‐ o bien la sociedad, la cual puede obrar por medio de un encargado suyo, cuyas acciones, llevada a cabo en nombre de la sociedad, revisten valor oficial.” (Sartore y Triarca, 1987, p. 1155).
Por lo tanto, consideramos que la acción cultual pública y legítima es:
− La realizada por la persona designada por la Iglesia.
− La ejecutada en representación de la Iglesia.
Y solamente ese culto público y legítimo es Liturgia.
Julián López Martín define con exactitud el campo de actuación de la liturgia:
Son acciones litúrgicas aquellos actos sagrados que, por institución de Jesucristo o de la Iglesia y en su nombre, son realizados por personas legítimamente designadas para este fin, en conformidad con los libros litúrgicos aprobados por la Santa Sede, para dar a Dios, a los santos y a los beatos el culto que les es debido; las demás acciones sagradas que se realizan
en una iglesia o fuera de ella, con o sin sacerdote que las presencia o las dirija, se llaman ejercicios piadosos. (López Martín, 1994, p. 40).
Antes de finalizar este aparado nos gustaría indicar el significado de culto, ya que este es el objetivo y la finalidad de la liturgia.
La palabra culto proviene del latín cultus y colere, cuyo significado es honrar y venerar, tal y como nos indica Dionisio Borobio (2003, p. 18). Concretando este término y centrándolo en el lenguaje religioso, Julián López nos explica que “el culto es la expresión concreta de la virtud de la religión, en cuanto manifestación de la relación fundamental que une al hombre con Dios”, (López Martín, 1994, p.
32). O lo que es lo mismo, es “la relación del hombre con Dios, desde un reconocimiento de su grandeza, su poder y su misterio, y con actitud de reverencia, adoración y humilde entrega por parte del hombre.” (Borobio García, 2003, p. 18). Y el culto, como relación entre el hombre y Dios, tiene unas características propias:
Entre los elementos fundamentales del culto se encuentran la actitud de sumisión (subiectio), la adoración (latria), la tendencia hacia Dios (devotio), la dedicación o entrega a él (pietas) en el servicio religioso (officium), y las reacciones emocionales ante “lo tremendo” y “fascinante” de lo sagrado o numinoso del misterio. (López Martín, 1994, p. 32).
Añadir a este análisis que el Diccionario crítico etimológico de la lengua castellana nos afirma que “se refieren al culto religioso, que es la primera acepción que el vocablo tuvo en castellano.” (Corominas i Vigneaux, 1974, p. 980). Y este culto se manifiesta tanto en hechos internos como externos. En el primer caso se encuentra la citada adoración, una relación desde el ámbito privado de la persona. En cuanto a los externos, estos hacen referencia a las fiestas, ofrendas, ritos… Unido a estas manifestaciones internas y externas del culto, podemos retomar en este punto tanto las acciones litúrgicas como las que no lo son. La Doctora en Historia medieval, Mª Raquel Torres Jiménez, nos recuerda que los actos no litúrgicos son:
…los cultos individuales y colectivos no oficializados por la Iglesia; no son universales y carecerán de la eficacia inherente a los propiamente litúrgicos.
Así, son extralitúrgicas las devociones y diversas prácticas de piedad (hacia
Dios, la Virgen o los santos, como vía crucis, rosarios, triduos y novenas, uso de estampas o escapularios, etc.) aunque puedan adquirir una forma ritual.
(Torres Jiménez, 2002, p. 561).