1. EL LICEO ALBACETENSE
1.5. OTROS TIPOS DE FUNCIONES: BENÉFICAS Y PÚBLICAS
acceder a las funciones, pero las normas cambiaban cuando la finalidad de
También se añadía que la junta podía reservar cuatro para personalidades.
84 Una situación similar nos narra la historiadora Sara Mafilo, en relación a las veladas musicales que tenían lugar en la Escuela de Nobles y Bellas Artes de San Eloy de Salamanca, en el año 1838139, y como en nuestro caso, hubieron de tomarse «medidas eficaces para evitar tales desórdenes».
MAÍLLO SALGADO, Sara: Felipe Espino, un músico posrománzico y su entorno, Anthema Ediciones, Salamanca, 1999, p. 115.
85 Este asunto quedaría claramente puntualizado en los artículos 3°, 5°y 10° del nuevo reglamento de la Sociedad: Artículo 3°: «(...)Tanto los socios Fundadores como los de Número manifestarán en la Secretaría del Liceo el número de billetes por que desean suscribirse sin que este pueda exceder de cuatro. La cuota de suscripción por un solo billete será de diez reales mensuales: doce por dos:
catorce por tres y dieciséis por cuatro». Artículo 5°: «Los billetes son transmisibles a las Señoras y consocios, pero en ningún caso a personas que no sean padre, hijo o hermano de socio.
Exceptuándose los transeúntes por el término de un mes. Las transmisiones se harán bajo la más estrecha responsabilidad del socio transmitenre, siendo para los transeúntes con aprobación de la Junta». Artículo 10°: «(...) [Los socios de Mérito] tienen los mismos derechos que los de Número, disfrutando de dos billetes para cada sesión». La Musa, 4-12-1870.
éstas era benéfica, o bien cuando tenían lugar dentro de las fechas en las que se celebraba la feria de la ciudad, que se establecían en calidad de públicas.
Dentro de las catalogadas como benéficas, sólo se han contabilizado tres en el periodo estudiado 86 . La primera de ellas tuvo lugar el 11 de marzo de 1869, y, para dotarla de un mayor realce, participaron algunos abogados del Colegio de la Audiencia, siendo los productos obtenidos destinados a familias pobres de Albacete. El precio de la entrada se fijó en seis reales, y se estipuló que las sobrantes podrían ser vendidas a aquellas personas que las solicitasen, eso sí, teniendo preferencia los socios. También se estableció que, para acceder a las entradas, por parte de aquellos que no pertenecieran al Liceo, resultaba un requisito imprescindible contar con la garantía de alguien que sí formase parte de él. De esta manera, por las cuatrocientas veinticuatro localidades con las que contaba el salón se obtuvieron 2.544 reales, y una vez se descontaron los gastos generados -589 reales con 85 céntimos- quedó un total de 1.964 reales con 25 céntimos, cantidad que fue redondeada hasta los 2.000 reales por una donante anónima", y repartida en veinticinco lotes de 80 reales, los cuales fueron a parar a igual número de familias menesterosas.
La segunda función, se celebró el 1 de julio de 1870, pero de los pormenores de ésta no existe apenas información, ni siquiera del destino de los fondos; únicamente se sabe que los precios variaron entre los seis reales y los cuatro reales -entradas de butaca y luneta respectivamente-, y que la cantidad total reunida, según se expresaba, se ajustó a lo que se pretendía.
El objetivo de la tercera de estas funciones benéficas, que tuvo lugar el 18 de noviembre de 1870, era prestar auxilio a las familias necesitadas afectadas del "tifus icterodes", que desde octubre asediaba la ciudad de Alicante". La recaudación, una vez deducidos los gastos, ascendió a 1.527 reales, cantidad que fue enviada a la alcaldía de aquella ciudad, para que desde allí se administrase de la mejor manera posible.
Desde los comienzos, las funciones que se ofrecían durante los días de
Las correspondientes a los números 6, 43 y 57* -ver Cuadro de funciones, en el Apéndice 2-.
La Musa, 22-3-1869.
« Ya sabrán ustedes que el tifus icterodes está haciendo estragos en nuestros puertos de mar; que en Alicante es un dolor lo que sucede, las clases acomodadas han huido de allí, las casas están cerradas, calles enteras se pueden atravesar como la de Princesa, la calle Mayor y otras muchas sin encontrar una puerta abierta, que sólo el que no tiene un duro permanece en la ciudad infestada y por lo tanto los pobres infelices hermanos nuestros son los que allí quedan abandonados sumidos en el más profundo desconsuelo, sin pan, sin abrigo, sin luz, sin amparo, sin esperanza alguna más que de caer de un momento a otro víctimas de la mortífera enfermedad». La Musa, 13-11-1870.
Feria, se establecían como públicas desde la propia normativa de la Sociedad:
existía una cláusula que estipulaba que todos los años, durante la primera quincena de septiembre, la junta directiva del Casino Artístico podía ceder las dependencias que ocupaba el Liceo a quien considerase más oportuno, por la cantidad de ochocientos reales. La razón que motivaba esta disposición, era que durante esos días se celebraba la feria de la ciudad", y se verificaba una mayor afluencia de gente a los diferentes espectáculos que visitaban a la capital, por lo que el arrendamiento del salón-teatro podía suponer cuantiosos ingresos'. En los tres años de que se disponen datos, se cumplió de forma sistemática este precepto 91 , siendo el objetivo prioritario el de
"allegar" fondos a las arcas de la Sociedad, que por estos años no tenía una situación económica muy próspera92.
A diferencia de las "no públicas", para estas veladas se solían contratar actrices o compañías profesionales, que en ocasiones actuaban junto a los socios activos. Así, para las funciones de 1869 se contrataron tres actrices, con la intención de que actuasen junto a los socios activos del Liceo: las señoras Cornelia Pellizzari, Juana Corona y Fermina Vilches. Las celebradas
Como ya he comentado, la feria se extendía por aquel entonces de los días 7 al 15 de septiembre.
9° Las condiciones que se fijaron para la celebración de estas funciones de Feria eran las siguientes:
1.- Las localidades quedaban divididas en dos secciones, y así, las veinte primeras filas se consideraban de preferencia, costando sus localidades seis reales; el resto correspondían a la luneta, cuyas entradas ascendían a cinco reales. 2.- Se abría un abono de cinco funciones, siendo su coste de veinticinco reales. 3.- Las funciones comenzarían desde el día 5 al 12 de septiembre, ambos inclusive.
En 1870 y 1871 las bases se mantuvieron prácticamente iguales, sólo variaba el precio de las butacas de luneta, que descendían a cuatro reales, y que el abono era ahora de seis funciones, a un precio de treinta reales. Se añadía al total de disposiciones, que quedaba terminantemente prohibido el acceso al escenario y los vestuarios, ya que sólo se conseguía molestar a los actores y tramoyistas, y que los socios del Liceo no gozarían de ninguna preferencia con respecto al resto del público;
sólo los abonados tendrían derecho a la entrada a los ensayos generales.
91 El primer arrendamiento del salón-teatro tuvo lugar en el mes de septiembre de 1869, y fue la propia junta del Liceo la que se hizo cargo de él; al año siguiente, y como particulares, se ocuparon D. Santos Jorreto, D. Luis Latasa y D. Manuel María Luque -esto es, el presidente, el tesorero y el secretario respectivamente-, y en 1871 sólo los Sres. Jorreto y Latasa. En esos dos últimos años, los arrendatarios se comprometieron a ceder los posibles beneficios al Liceo, y abonar las pérdidas en caso de resultar negativas las cuentas, algo que en realidad no tuvieron que llegar a hacer.
92 Del primer año -1869- no se conocen los resultados obtenidos tras las indicadas funciones; en cambio en 1 870 las ganancias ascendieron a «media talega» -cantidad que equivale a quinientos duros de plata-, resultado que consiguió dejar al Liceo libre de todo crédito. En la feria de 1871 sí que se publicaron las cuentas de ingresos y gastos, pero el total no consiguió ampliar el capital de la sociedad, ya que los mil cuatrocientos reales recaudados sólo sirvieron para cubrir la misma cantidad a que ascendían los gastos generados, y las deudas que previamente tenía contraídas la Sociedad.
en la feria de 1870 también contaron con actrices contratadas -aunque se desconocen sus identidades-. En la feria de 1871, la encargada de amenizarlas fue la Compañía Dramática del señor Val -ya conocido en la capital, pues había actuado en el teatro del Casino Artístico en enero, febrero y septiembre de 1868- que, además de representaciones dramáticas, este año añadió «baile con preciosas ninfas aéreas» a su espectáculo. Las de 1870 también incluyeron como gran novedad una pareja que bailaba el «can-can», baile considerado en aquella época extremadamente impúdico y provocativo, por lo que, para no desatar las críticas, se tuvo que moderar algo la coreografía, y por lo tanto, lo que se pudo ver en aquellos días, fue en realidad calificado de «remedo de can-can»93.