1.3 Sociedades estatales
1.3.2 Las ciudades antiguas
1.3.3.1 Los palacios
En el estudio de las sociedades antigua el término palacio generalmente está referido a “la residencia de un gobernante, la sede de un gobierno, el sitio donde se concentra el tributo, la representación material del poder político” (Manzanilla, 2001:157). Dicho término tiene manifestaciones empíricas que abordan ciencias como la arqueología y la historia. En el caso de los palacios surgidos en periodos históricos, la primera vía de identificación de ese espacio de gobierno o de residencia de élite es el registro escrito que de él haya quedado, lo cual se complementa o contrasta con la investigación arqueológica para apoyar, ampliar o corregir la definición histórica. En el caso de palacios con antigüedad que rebasa los registros escritos la única vía es la arqueología, la cual a partir del análisis de las construcciones y las asociaciones de artefactos (también llamadas áreas de actividad) relacionadas con éstas puede llegar a definir un palacio.
A través de investigación arqueológica e histórica se sabe que en los estados arcaicos con gobierno centrado en una persona los palacios son de una gran monumentalidad e integrados por áreas funcionales diversas: área para servicio doméstico (dormitorios, cocinas, baños, otros), almacenes, talleres, sala de trono, audiencias, y otras áreas para diversas tareas. Normalmente son de acceso restringido y se ubican en el centro de los asentamientos formando parte del núcleo monumental. La presencia de un palacio es una pista que indica que el gobierno de algún lugar es estatal, dado que en los cacicazgos el jefe sólo puede utilizar el trabajo comunitario para construir templos y edificios públicos, no para sus casas. Al respecto de esta pista Flannery (1998: 22) apunta:
Los cacicazgos son sociedades de rango; todos, sino es que los más elaborados, tienen un continuum de estatus sin una división que forme clases sociales. En una aldea de 1,000 personas, uno espera encontrar al menos unas 10 a 15 familias principales, todas con residencias relativamente de élite. Es difícil para un arqueólogo señalar a una residencia en la aldea como la “casa del jefe”, especialmente porque los
29 hermanos, los medios-hermanos, primos y sobrinos procedentes de una familia de rangos competían continuamente por el mando.
Desde luego el palacio, como un lugar de residencia del gobernante, no aparece o lo hace tardíamente, como en los casos señalados de las ciudades de Teotihuacan y Uruk del periodo predinástico respectivamente que son ciudades antiguas con estados arcaicos corporativos. Aunque, apunta Manzanilla (2001:158):
En civilizaciones en las que hay un gobierno colectivo, no hay distinciones claras entre el sitio donde moran los gobernantes y las residencias de la elite, ya que quizá el “palacio”, más que una residencia para los gobernantes, sea una sede donde se toman las decisiones políticas y administrativas.
Marcando con ello la diferencia que Flannery (1998) ve en los palacios no residenciales sino administrativos y los palacios de residencia del rey. Flannery (Op. cit.) agrega una categoría intermedia de palacio que además de ser el lugar donde se toman las decisiones es residencia del gobernante supremo, tal como sucede con los edificios multifuncionales llamados ciudadelas del estado chimú en Perú y el Laberinto de Knossos del estado minoico de Creta (Fig. 6) en Grecia, en los cuales se observa que, además de los aposentos reales, están otras áreas funcionales de audiencia, salón del trono, talleres y habitaciones para servidumbre, artesanos, almacenes, puntos guardia y otras áreas más.
En el antiguo estado egipcio los palacios, considerados núcleos administrativos, fueron amplias construcciones multifuncionales en los que vivía y despachaba el faraón o nesu (rey), y para los cuales se mencionan sectores oficiales y domésticos tales como el harem, el comedor, la cava, el matadero, las habitaciones de la familia real y la servidumbre, los almacenes, las cocinas, los baños, la guardería, sala del tesoro, las áreas de los rebaños, los graneros estatales, la sala del trono, las salas de audiencias, la sala de los escribas
30 (Manzanilla, 2001:159). Tales áreas se observan tanto en las estructuras palaciegas (Fig. 7) como en los llamados “palacios funerarios” como el Ramesseum de Ramsés II.
Figura 6: Plano del palacio minoico de Knossos en Creta, un complejo palaciego multifuncional (Redibujado de Flannery 1998:33)
31 Figura 7: Plano de palacio multifuncional en Malkata de Amenofis III, supremo gobernante de
Egipto de 1390 a 1353 a.C. (Redibujado de Köneman, 2004:42)
En el área maya también se encuentran los palacios o conjuntos palaciegos donde moraba el rey y desde donde se tomaban las decisiones y se llevan a cabo las tareas administrativas. Uno de estos es la llamada Acrópolis Central de Tikal (Fig.
8) en Guatemala, donde se han determinado los usos de las más de 140 habitaciones algunas de ritual, otras residenciales, cocina, almacenes y otras adicionales dedicadas las tareas de gobierno (Harrison, 2001). William. Sanders y David Webster (citados en Manzanilla, 2001:192) consideran que esta patrón se repite en toda el área maya siendo el palacio un complejo residencial-ritual- administrativo; sin embargo, Manzanilla et al. (2003:194) menciona la posibilidad de que el complejo al pie de la acrópolis de Copán, Honduras, sea un palacio real sólo residencial, pues están los dormitorios del rey y de su familia, las habitaciones
32 de la servidumbre, las cocinas y las bodegas y patios de tareas únicamente y no las llamadas “casas del consejo”5, en las cuales el rey realizaba sus actividades de gobierno.
Figura 8: Acrópolis Central de Tikal, construida por el gobernante “Garra de Jaguar” alrededor del año 400 d.C. Conjunto palaciego multifuncional.
Dentro de esos conjuntos palaciegos mayas hay que considerar las habitaciones del rey, que por lo general son un grupo de cuartos formando un edificio, muchas veces sobre basamentos y teniendo un trono en la habitación principal. Presentan cuartos residenciales, de almacenamiento y quizá rituales pero no para sirvientes ni artesanos (Fig. 9).
5 En los sitios mayas las llamadas “casas de consejo” son edificaciones de una sola crujía al interior del área residencial palaciega o del núcleo monumental del sitio, en las cuales, se piensa, se reunía el soberano con sus funcionarios de gobierno. Tales edificaciones presentan banquetas con función de asiento adosadas a las paredes interiores de la crujía.
33 Figura 9: Plantas y perfiles de estructuras residenciales de altos gobernantes de los estados mayas del Clásico (600 a 900 d.C.): a. Uaxactún (estructura XVIII); b. Piedras Negras (estructura D-9); c.
Palenque (Estructura C, derecha). (Gutiérrez, 2000:69)
De acuerdo con Manzanilla (2001) algunos palacios puramente administrativos se encuentran en Teotihuacan, uno de ellos, el denominado complejo Xalla, se propone como el lugar donde tomaba decisiones el gobierno corporativo de esa urbe mesoamericana. Xalla se ubica entre las pirámides de la Luna y del Sol, con áreas de función administrativa que rodean a cuatro estructuras piramidales alrededor de un templo. Tales estructuras, según la propuesta de Manzanilla (2001 y 2003) son las sedes de los cuatro co-gobernantes de Teotihuacan.
Además de este palacio de alto rango, Manzanilla propone la existencia de palacios administrativos intermedios como el que se encuentra entre la Ciudadela y la Pirámide del Sol, denominado “Conjunto Plaza Oeste” o “Conjunto Calzada de los muertos”, quizá controlando administrativamente un sector de la ciudad. (Fig.
10)
34 Figura 10: Arriba, conjunto Xalla sede de los posibles co-gobernantes de Teotihuacan. Abajo, el
conjunto “Plaza Oeste” o “Conjunto Calle de los Muertos”. Ejemplo de palacios administrativos (tomados de Manzanilla et al. 2005 y Manzanilla 2001).
Entre los palacios residenciales de Mesoamérica, además del ya mencionado conjunto palaciego al sur de la Acrópolis de Copán, Manzanilla (Op.cit.) y Flannery (1998) mencionan palacios de alto estatus, algunos de ellos de sacerdotes en Teotihuacan. Por ejemplo, un palacio de una familia noble puede estar
35 representado por el conjunto Zacuala, al sureste de la Pirámide del Sol; mientras que uno residencial-sacerdotal puede estar representado por el denominado
“Palacio de Quetzalpapalotl” o los conjuntos gemelos 1E y 1D que se encuentran anexos al Templo de la Serpiente Emplumada en la Ciudadela (Fig. 11).
Figura 11: Palacios residenciales de Teotihuacan, arriba Zacuala morada de una familia de alto estatus; abajo Conjunto 1D, residencia sacerdotal, ubicado al norte del Templo de la Serpiente
Emplumada (Tomados de Manzanilla, 2001).
36 Otra residencia de alto estatus parece ser el Palacio de Nestor en Pilos, Grecia, construido alrededor del año 1, 400 a.C. (Fig. 12). Pero, aunque tenía salas de audiencia y trono, en él sólo se trataban asuntos menores del reino y funcionaba casi exclusivamente como morada del rey y su familia. Presenta casa de guardia, archivo de los impuestos debidos a la casa real, lavatorios, megaron o sala principal donde se ubica el hogar, bodegas, talleres de artesanos, concinas y habitaciones para la familia y los sirvientes (Flannery, 1998).
Figura 12: Palacio residencial de Nestor en Pilos, Grecia (Redibujado de http://stasiotika.blogspot.mx)
En la región del antiguo estado zapoteca en Oaxaca, Flannery (1998:34) considera que hubo palacios tanto gubernamentales como residenciales. Los del primer tipo estaban conformados por conjuntos de cuartos alrededor de un gran patio hundido cuya utilidad era la de realizar en ellos asambleas y asuntos de estado. Tales cuartos tienen pórticos con columnas y se llega ellos después de
37 subir una grandiosa escalinata. Los palacios residenciales, llamados quihuitáo (“hermoso palacio” en zapoteca) son de menores dimensiones conformados por doce o más cuartos sobre una plataforma baja cuadrangular de 20 a 25 m. por lado. Estos cuartos, que presentan grandes bloques de piedra formando sus jamabas y dinteles, fueron la residencia de las familias nobles y de sirvientes; no parece haber en ellos habitaciones para artesanos (figura 13). Un poco en el interior del palacio, muy cerca de la entrada, había un muro, un pasillo o algún elemento arquitectónico que impedía ver hacia el interior o pasar directamente al conjunto.
Figura 13: Plantas en perspectiva de palacios residenciales zapotecas de Monte Albán.
(Flannery, 1998:24; Marcus, 2001: 256)