3. MARCO TEÓRICO – CONCEPTUAL
3.1 Antropología de la alimentación
3.1.1 Perspectiva teórica para el estudio de la alimentación. Post-
Dentro del campo de estudio de la antropología de la alimentación se han identificado cuatro ejes principales. El primero de ellos tiene como interés el equilibrio tecno- ecológico y demográfico; el segundo se centra en los factores que intervienen en la construcción de los modelos de producción, distribución y consumo; el tercero se avoca al análisis de las transformaciones de los sistemas; y, por último, sobre el cuarto recae la reconstrucción y las tradiciones culinarias, la patrimonialización de la alimentación y la creación de modelos gustativos en áreas culturales específicas. Es dentro de estos variados intereses que se puede hablar de dos tendencias en el área de la investigación: Una que estudia al ser humano como un ser biológico, y otra que se dedica a abordarlo basado en sus características sociales y que lo consideran independiente de su entorno. Ambas perspectivas han puesto de lados opuestos las teorías presentes dentro de la antropología de la alimentación. Sin embargo, esta tendencia se ha visto disminuida a lo largo de las
40 últimas décadas, logrando con ello una confluencia que permita conjugar ambos factores, si bien ello ha llevado a las líneas de investigación a centrar su interés como línea de partida, ya sea por lo biológico, lo cultural o lo ecológico (Contreras y Gracia, 2005).
Desde la perspectiva de Espeitx y Gracia (1999), dentro de la antropología de la alimentación existen tres corrientes principales que, al ir de la mano de la antropología social, se reconocen como funcionalismo, estructuralismo y, por último, materialismo cultural. En una posterior revisión de Contreras y Gracia (2005), se incorpora una cuarta corriente teórica como es el postestructuralismo, construccionismo social y embodiment.
Estos últimos enfoques englobados por Contreras y Gracia (2005) dentro de una cuarta categoría también son conocidos bajo otros términos como giro cultural, deconstrucción o postmodernismo. Entre los autores que se adscriben a estas corrientes se encuentra Lupton (2003). Esta corriente de pensamiento establece que la realidad social no es un hecho natural o existente desde siempre, sino que es producto de construcciones sociales en donde las verdades esenciales, o aquello que es verdadero, está sujeto a cuestionamiento, pues al no ser neutral está siempre a disposición del interés en algo o alguien. Estos enfoques ponen especial énfasis a la especificidad histórica y cultural del fenómeno a estudiar, estableciendo que no es posible estudiar el mundo social desde un principio global, sino mediante la multiplicidad de circunstancias que los producen. Esto ha favorecido los estudios del cuerpo como un eje central para la comprensión de los procesos relacionados a identidad y salud. A su vez, esto conlleva a una vinculación entre el nivel macrosocial que engloba la estructura, las pautas y las instituciones socioculturales, y el nivel microsocial de los comportamientos y experiencias personales.
Es aquí donde las formas sociales pasan a apreciarse como el resultado acumulativo de las opciones y decisiones tomadas por los individuos dentro de su contexto de interacción.
Esto es lo que se conoce como estructura-agency. Ese enfoque, a su vez, se ve ayudado por la posmodernidad, al ser éste un proceso donde hay un aumento en los patrones de consumo individualizados y en donde se pretende expresar esa posición y la personalidad.
Dentro de las aproximaciones fenomenológicas de la antropología es que se agrupan este último bloque de enfoques a los que el presente trabajo de tesis pretende adscribirse, y en los que se abordará a detalle tanto el concepto de embodiment/incorporación, ayudado desde la perspectiva postestructuralista que contiene los términos de estructura y agencia.
41 Como término, embodiment o traducido al español como incorporación, ha cobrado un fuerte impulso desde su visión antropológica dentro del estudio del cuerpo, y es un término acuñado por Csordas (1993) “como la condición existencial en la cual se asientan la cultura y el cuerpo.” Desde su particular visión, este autor hizo hincapié en cómo el cuerpo no se limita a su entidad física que puede ser examinada, medida, inspeccionada, interpretada y evaluada en términos morales, epistemológicos y estéticos, sino que es por sí misma, es una entidad viva a través de la cual se experimenta el mundo (Desjarlais y Throop, 2011). Esto a su vez lleva a la concepción de que la incorporación es la práctica que une a la mente y el cuerpo, y en donde las prácticas corporizadas se llevan a cabo por medio de agentes que pueden producir una objetivación conceptual sobre estas prácticas.
Dentro de esta perspectiva el concepto de subjetividad es muy importante. La subjetividad es definida por Ortner (2005) como “el conjunto de modos de percepción, afecto, pensamiento, deseo, temor, etc., que animan a los sujetos actuantes. Pero que también aluden a las formaciones culturales y sociales que modelan, organizan y generan determinadas estructuras de sentimiento.” Un segundo aporte lo dan Contreras y Gracia (2005) al especificar que la subjetividad describe el conjunto de modos por los cuales el ser humano busca comprenderse a sí mismo en relación con los demás y de esta manera expresar sus vidas.
Lupton (1996) por su parte, incluye las nociones del sí mismo, como variable y, concepto, pero a la vez encasilladas dentro de los márgenes impuestos a través de la cultura por las instituciones sociales. Por lo tanto, la subjetividad implica un interés tanto en los pensamientos conscientes como en los inconscientes, por las emociones personales y la interacción que se da entre éstas y la constitución del sujeto por medio del lenguaje y el discurso, tomando como punto de partida que el ser humano es un ser reflexivo.
El debate estructura-agencia parte del conflicto que presenta atribuir mayor valor a la autonomía que presentan los individuos como agentes o a la estructura en la que se ven inmersos, y que como señalan Contreras y Gracia (2005), debe entenderse más allá de la confrontación inicial entre intereses teóricos y metodológicos dispares, sino más bien como un paso previo a la complementariedad. Se entiende por tanto que la estructura representa las pautas estables y reiterativas que marcan una influencia, o, por el contrario, limitan las elecciones y oportunidades disponibles para los individuos. La agencia por su
42 parte, refiere a esa capacidad inherente que tienen los individuos para actuar por libre albedrío y llevar a cabo sus elecciones propias de manera independiente (Barker, 2005).
Uno de los conceptos que puede ayudar a conectar y explicar la interacción entre estructura y agencia, es el concepto de habitus que propone Bourdieu (1998), mismo que define como:
“un sistema de disposiciones durables y transferibles –estructuras estructuradas predispuestas a funcionar como estructuras estructurantes- que integran todas las experiencias pasadas y funciona en cada momento como matriz estructurante de las percepciones, las apreciaciones y las acciones de los agentes cara a una coyuntura o acontecimiento y que él contribuye a producir. Es a la vez un sistema de esquemas de producción de prácticas y un sistema de esquemas de percepción y de apreciación de las prácticas. Y, en los dos casos, sus operaciones expresan la posición social en la cual se ha construido. En consecuencia, el habitus produce prácticas y representaciones que están disponibles para la clasificación, que están objetivamente diferenciadas […] Implica un sense of one’s place, pero también un sense of other’s place. (Bourdieu, 2000ª: 134-135)”
Es dentro de esta perspectiva de análisis que el estudio de la alimentación en relación al cuerpo y a los nuevos estilos alimentarios ha cobrado impulso en los discursos feministas de autoras como Wolf (1990) y Bordo (1993), donde las estructuras presentes han perpetuado una imagen física femenina con preponderancia a los cuerpos estilizados como sinónimo de salud, pero sobre todo de belleza, y cómo la agencia representada por un cierto número de mujeres que no responden a ese ideal de delgadez asumiéndolo como propio, sino que se le rebelan y lo rechazan con diversas estrategias.