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LOS POBLADOS DE COLONIZACIóN DE HELLÍN

In document REVISTA DE ESTUDIOS ALBACETENSES (página 170-176)

LAS TRES JOYAS DE HELLÍN*

2. LOS POBLADOS DE COLONIZACIóN DE HELLÍN

Los pueblos de colonización de Hellín se cuentan entre las últimas actuaciones locales del INC y constituyen un ejemplo ilustrativo de lo tardío de la ejecución del proyecto y del consiguiente efecto contracorriente que pretendía potenciar la agricultura como fuente de riqueza e incentivar el poblamiento rural cuando el curso de la Historia seguía la dirección opuesta.

El año 1964 está a punto de finalizar. Mingogil, Cañada de Agra y Nava de Campana, los tres poblados de colonización previstos para la zona regable de Hellín, recibían a sus primeros colonos mientras aún se ultimaban los trabajos de construcción.

Allí, para dar la bienvenida a los colonos, aguardaba el personal del INC (mayorales, tractoristas y guardas) que desde hacía un año acondicionaba la zona regable para las futuras explotaciones.

Antes incluso, en 1961, se habían iniciado las tareas previas de nivelación del terreno en previsión del decreto del Plan General de Colonización de la zona regable de Hellín, que aún tardaría 2 años en ser aprobado (abril de 1963).

El Plan General de Colonización de la zona regable de Hellín llegaba a una comarca en clara decadencia económica desde el declive de la industria del esparto y de las minas de azufre, pero en la que desde la década de los cuarenta4 se había iniciado la construcción de infraestructuras hidráulicas con los pantanos de Camarillas y el Cenajo. La ejecución de estas obras implicaba la expropiación e inundación de terrenos y caseríos, lo que obligaba al Estado a compensar al municipio de Hellín. Por este motivo, Hellín disponía desde el 20 de enero de 1936 de una concesión de aguas públicas del MOPU de 1000 litros por segundo (l/s en adelante), procedentes del río Segura. De aquellos, 900 l/s se destinarían a agricultura y 100 l/s a abastecimiento de la población (Canales y Jerez, 1993, 72).

A pesar del decreto del Ministerio de Agricultura que catalogaba la zona del Canal de Hellín como de alto interés nacional para la colonización, esta se haría esperar hasta el 6 de julio de 1956. El Plan General y de Obras se terminaba de redactar un año más tarde, en octubre de 1957, aunque como hemos señalado su aprobación (1963) y aplicación efectiva quedarían ya para la segunda mitad de la década de los sesenta (Canales y Jerez, 1993, 72).

Desde 1966 se irían instalando progresivamente las ciento ochenta familias de los colonos conforme se iban finalizando los poblados: primero en Mingogil, luego en Cañada de Agra y, por

4 Ambos son proyectos previstos, por cierto, en los planes de modernización agrícola de la II República en 1933. La preocupación por impulsar el regadío como forma de modernizar la agricultura española está presente ya en las ideas regeneracionistas recogidas en el conocido como Plan Gasset de 1902.

Un planteamiento más racional y conjunto se encuentra en el Plan de Nacional de Obras Hidráulicas de 1933, conocido también como Plan Pardo.

último, en Nava de Campana. La instalación seguía el ritmo de la concesión del colonato: en cuanto llegaban se les hacía entrega del “lote” adjudicado, compuesto de vivienda y parcela de regadío.

Ya instalados, comprobaban que sus parcelas constaban de dos partes diferenciadas: una dedicada al cultivo de árboles frutales (albaricoques normalmente), plantados previamente por los funcionarios del INC; y otra parte libre y lista para recibir cultivos de temporada. El INC se encargaba también de guiarles y apoyarles en el inicio de las tareas, proporcionando semillas, abonos, aperos, maquinaria agrícola, insecticidas, piensos, así como prestando servicio mediante sus tractoristas y gestionando el riego.

La mayor parte de los colonos procedían de la comarca del Campo de Hellín o sus inmediaciones, sobre todo de las desaparecidas aldeas de Camarillas y Alcantarilla de Jover, cubiertas por las aguas a causa de la construcción de los pantanos de Camarillas y el Cenajo respectivamente en la segunda mitad de la década de los 50. Como ya se dijo, estos pantanos formaban parte de las grandes infraestructuras previstas desde el Plan Nacional de Obras Públicas de la II República, y posteriormente continuadas por el gobierno franquista tras la Guerra Civil. De hecho, al quedar desalojados, a los habitantes de estas dos aldeas ya se les había ofrecido la oportunidad de ser colonos en el alicantino San Isidro de Albatera, uno de los primeros poblados de colonización, si bien las cuatro solicitudes que fueron admitidas (Canales Martínez, 1981, 471) evidencian que el ofrecimiento no tuvo una repercusión excesiva.

A pesar de que aún quedaban lotes por adjudicar, la instala- ción de colonos se puede dar por finalizada al principio de la década de los 70, completando así el primer acto de la historia de los pobla- dos. Este período inicial se caracteriza por la tutela del INC sobre los colonos, ejercida mediante un contrato de aparcería de 5 años durante el cual el colono debía reintegrar el dinero que había costa- do la mejora de las parcelas y los instrumentos y bienes entregados para ponerlas en cultivo. Cabe destacar que aquel fue el momento en el que mayor alcance tuvieron los logros modernizadores de la acción colonizadora en Hellín, gracias a la concesión del Premio Nacional de Arquitectura en 1967 a José Luis Fernández del Amo por el diseño de Cañada de Agra, poblado situado entre los otros dos (Mingogil y Nava de Campaña) y concebido como centro neu- rálgico de la zona regable para cuando esta recibiera la categoría de Entidad Menor Local.

A partir de 1972 se abre un nuevo período marcado por los cambios, tanto a nivel nacional como local, conducentes a la normalización de la situación de los colonos. Ese mismo año, 1972, resultaría de especial importancia para estos poblados por varias causas. Para empezar, tras una remodelación ministerial desaparece el INC y se constituye el IRYDA, del que pasarían a depender los poblados. Consecuencia directa de este cambio fue el traslado de la sede directiva de Alicante a Albacete. Esta ampliación y la desaparición del INC impulsaron a muchos de los obreros agrícolas a convertirse en colonos.

Ilustración 1. Montaje fotográfico antiguo de Cañada de Agra.

A continuación, el ministro de Agricultura, Tomás Allende García Baxter, visita los poblados y concede la ampliación de las parcelas, inicialmente de 5 Ha a 10 Ha. Se ve cumplida así una demanda de los colonos, al tiempo que se reconoce de facto la finalización de las adjudicaciones de colonato. Por otro lado, la ampliación de superficie de las parcelas generó un excedente de viviendas de colonos sin habitar que se utilizó en dotar de casa a los colonos que acreditaran ser familia numerosa (4 hijos o más), e incluso a gentes que habitaban en la orilla del río Mundo y funcionarios del IRYDA hasta 1979.

De este modo, se completa el mapa humano de la colonización en Hellín en este segundo período, en el que los habitantes de los poblados adquirirán una mayor independencia frente a la tutela anterior, pero en el que la crisis económica internacional incidirá de pleno en el momento de arranque de la producción agrícola de los poblados, agravando todo ello un contexto nacional marcado ya por las dificultades.

En la esfera político-administrativa las repercusiones locales de la transición política nacional a la democracia se harán efectivas en los primeros 80. La fórmula elegida sería la conversión de los poblados en pedanías del municipio de Hellín. A partir de 1980 el ayuntamiento debía hacerse cargo por su parte de los servicios y todo lo que concernía a los poblados, que hasta entonces habían sido competencia exclusiva del INC e IRYDA.

Desde el punto de vista social y legal se establecieron las condiciones para que los colonos resolvieran su situación. Así en 1982 quedaban estipuladas las condiciones de acceso a la propiedad de viviendas y parcelas de los colonos. Se valoró el precio de los lotes en 1 millón de pesetas, pagaderos a 17 anualidades la parcela y 4% de interés, y 27 anualidades la casa, sin interés. A pesar de esto el acceso a la propiedad ha sido problemático debido a la escasa disponibilidad de dinero de los colonos. El retraso en los pagos ha sido la nota dominante.

Las dos décadas posteriores se caracterizan por las dificultades en sacar adelante las explotaciones, frente a los consabidos vaivenes del mercado, e ir amortizando las deudas contraídas. A esta situación hay que añadirle el envejecimiento o desaparición de los colonos y la continuación de las explotaciones por parte de sus herederos. La migración a las ciudades sigue ejerciendo una poderosísima atracción en los jóvenes, forzada por la imposibilidad de repartir las explotaciones (y las viviendas) entre más de un heredero. No obstante, algunos colonos siguen activos por amor a la tierra, por aburrimiento o por ayudar a sus hijos, los cuales deben compaginar la parcela con otro trabajo puesto que ganarse la vida con una sola parcela se ha convertido en tarea imposible.

La solución más frecuente es vender la parcela o dedicarse a ella a tiempo parcial, con o sin ayuda, para complementar los ingresos domésticos o simplemente por mantener el patrimonio y la tradición familiar.

La moderna tecnificación agrícola en la que los herederos de los colonos se formaron les asiste en este empeño, mientras cada uno se gana la vida como puede, principalmente como transportistas y albañiles. También se da el caso, aunque en menor medida, de quienes han ido adquiriendo parcelas para incrementar el tamaño de sus explotaciones porque han seguido dedicados a la agricultura.

Por otra parte, la venta de parcelas ha atraído a compradores foráneos, concretamente de Murcia, interesados en los derechos del agua que comportan las parcelas.

Estas circunstancias han determinado que los cambios en el panorama humano de los poblados de colonización no resulten excesivamente bruscos ya que, por un lado, la población está bastante envejecida, provocando que el movimiento natural de los poblados sea escaso; y por otro, el balance migratorio es prácticamente de nulo. Los vecinos desean continuar viviendo en su pueblo, y suelen conseguirlo siempre que sean los herederos (generalmente el primogénito varón); pero la mayoría tiene escasas opciones de quedarse, sobre todo las mujeres, que suelen irse cuando se casan.

Los datos demográficos de los últimos diez años muestran esta estabilidad, casi inmovilidad, en el movimiento de la población de los poblados, salvo en el caso de Nava de Campana, que señala un fuerte incremento a principios de la misma y posteriormente los mayores descensos.

Crecimiento natural

-100 -50 0 50 100 150 200

2000 2001 2002 2003 2004 2005 2006 2007 2008 2009 2010

Años

Nº Habt. Cañada de Agra

Mingogil Nava de Camapaña

Ilustración 2. Fuente INE. Elaboración del autor.

El caso de Nava se explica por dos factores:

- La instalación de nuevos vecinos que aprovechan la proxi- midad de Nava de Campana a Hellín.

- La presencia de inmigrantes ecuatorianos que trabajan en las grandes explotaciones agrícolas de las proximidades y que se alojan en casas de antiguos colonos.

También hay inmigrantes en los otros poblados, en menos medida en Cañada de Agra, y de forma más intensa en Mingogil. En ambos predomina los rumanos, pero la circunstancia de su estancia repiten las de Nava de Campana: son inquilinos temporales que laboran en grandes explotaciones como la de Tedelche.

La interactuación entre inmigrantes y nacionales es bastante escasa y la desconfianza hacia los otros es mucha, lo que no ha impedido que puntualmente se haya producido ejemplos de integración muy significativos, como en el caso de la tendera ecuatoriana que regenta actualmente una de las tiendas de comestibles de Nava de Campana.

3. LA CONFIGURACIóN DE UN MICROCOSMOS

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