– NAEYC establece una medida media, un examen en el que hay que acreditar una serie de indica- dores muy detallados.
– Su mayor preocupación se centra en detectar las carencias y asegurar que dichos centros no reco- mendables quedan excluidos de la oferta social.
cación de calidad se convirtió, de hecho, en obligatoria. Es este el contexto en el que, en 1993, co- mienza a funcionar este sistema de acreditación, por lo que consideramos que constituye un ejemplo del recorrido y los problemas que el modelo de elección racional ha mostrado en su aplicación práctica en el ámbito de la educación infantil.
A partir de este momento comienza a crecer el número de proveedores de servicio, pero con una clara asimetría: mientras que entre 1991 y 2001 el número de proveedores sin ánimo de lucro crece un 55%, el de operadores mercantiles lo hace en un 400%; con el resultado de que, en 2004, las primeras escolarizaban a menos del 30% del alumnado (Sumision, 2006).
Dentro de este proceso se produce una crisis muy significativa en torno a la quiebra de la empresa ABC Learning. Dicha empresa comienza a operar en estos años, llegando a gestionar 43 centros en 2001. Comienza entonces una agresiva política de compra de centros, que le lleva a con- trolar, en noviembre de 2005, 697 centros entre Australia y Nueva Zelanda. Y en junio de 2006 la cifra alcanzaba los 950 centros (Cradle Snatcher, 2006). Simultáneamente, esta empresa se expande comprando otras compañías en Estados Unidos, Reino Unido y otros países hasta alcanzar en 2005 una cifra de negocio de 297 millones de dólares y unos beneficios antes de impuestos de 52 millones.
Simultáneamente, se producen denuncias de abuso de posición dominante y de estrategias monopolísticas; así como de incrementar los beneficios a costa de la calidad del servicio y de los salarios del personal (Community Child Care Co-operative (NSW), 2002). Finalmente, en 2008 se produce la quiebra de la compañía, lo que deja en el aire la continuidad de 100 000 plazas educativas en Australia, y obliga al gobierno federal a aportar una financiación extraordinaria para mantener los centros.
En palabras de Peter Moss, es difícil extraer conclusiones amplias o a largo plazo de esta experiencia, dado que se trata de un único caso, en un único país26. Sin embargo, sugiere que:
[…] puede ser visto como una advertencia sobre lo que la mercantilización es capaz de produ- cir, (...) ilustra cómo la propiedad puede sobreconcentrarse, lo que lleva a un posible abuso de posiciones dominantes en el mercado (ha habido acusaciones de que ABC Learning utilizó su posición para sacar a los competidores más pequeños del negocio) y la exposición de un gran número de niños, familias y trabajadores a las consecuencias de una mala gestión. También sugiere que, como en la banca, los gobiernos no pueden permitir el colapso de grandes cor- poraciones de «cuidado infantil», lo que lleva a la socialización de los costos y la privatización de las ganancias. (Moss, 2009, p. 7)
Desarrollo de la experiencia
El sistema de acreditación consta de tres documentos:
– The QIAS Handbook (Manual QIAS). Manual general que explica el procedimiento, condiciones y demás detalles del proceso.
– Self-study Report (Informe de Autoevaluación). Informe que completa el propio centro, dentro del proceso de aplicación (véase ut infra).
– Quality Practices Guide (Guía de Prácticas de Calidad). Recoge los indicadores de calidad que se emplean, organizados de forma sistemática (véase Anexo E). Los indicadores se inspiran en los
26 Las filiales estadounidense y británica de la empresa fueron vendidas durante la quiebra, y continúan funcionando en la actualidad. Siguen recibiendo críticas por la baja calidad de sus servicios y malas condiciones laborales.
principios elaborados por NAEYC (véase ut supra) para valorar la adecuación de las prácticas edu- cativas.
Desde su puesta en práctica, en 1993, se ha ido revisando, de forma continua, a partir de la valoración de su funcionamiento. En 2002 se simplifica, a través de una consulta pública y un proce- so de investigación desarrollado por la Australian Council for Educational Research, pasando de una estructura de 52 principios a una de 10 áreas de calidad y 35 principios. En 2005 experimenta una nueva revisión en la que se reduce a 7 áreas y 33 principios.
El proceso de evaluación
La evaluación combina un proceso de autoevaluación realizada desde dentro de la escuela con la valoración efectuada por un asesor externo (independiente de la Administración educativa), con el fin de negociar conjuntamente las áreas de mejora sobre la que trabajar en el plazo de varios años.
Se trata de un proceso continuo que se realiza cada dos años y medio con las siguientes fases:
–Fase 1. Registro. El centro de educación infantil se registra en NCAC y paga una cuota por parti- cipar en el sistema de evaluación.
–Fase 2. Autoevaluación y Mejora Continua. El centro realiza una autoevaluación de la calidad de su práctica mediante la consulta del personal y de las familias de los niños que asisten al centro.
El centro valora la calidad de su práctica para cada uno de los 33 principios descritos en la Guía de Prácticas de Calidad QIAS. Los resultados de este proceso sirven para orientar el Plan de Mejora Continua del Centro. Cuando se solicita al centro su Informe de Autoevaluación, las calificaciones del centro y su Plan de Mejora Continua se resumen en el informe que se presenta al NCAC.
–Fase 3. Validación. Un validador visita el centro para contrastar sus prácticas de calidad. Se trata de un profesional de la educación infantil, procedente de un centro distinto del evaluado y que ha recibido formación específica por parte de NCAC. Elabora un informe (Validation Report) basado en observaciones del centro a partir de los estándares descritos en la Guía de Prácticas de Calidad QIAS. Para ello utiliza un material específico, en la que cada estándar se refleja en una serie de indicadores, que se puntúan como «Observado/No observado».
Durante la visita, los validadores también recogen las Encuestas de Validación realizadas por el director, el personal y las familias durante las semanas anteriores. En ellas, cada uno de los es- tándares se puntúa de acuerdo a una escala de 4 puntos: «Insatisfactorio», «Satisfactorio», «Buena Calidad», «Alta Calidad».
–Fase 4. Moderación. Los moderadores evalúan la calidad de la práctica del centro, a partir de la información proporcionada por el Informe de Autoevaluación del Centro, las Encuestas de Valida- ción del centro y el Informe de Validación Externo. Con estos elementos se elabora un Perfil Com- puesto de Calidad, en el que a cada elemento se le asigna un peso diferente en el resultado final:
Autoevaluación 20%
Cuestionario de Validación:
Director/a 10%
Equipo 10%
Familias 10%
Informe de Validación 40%
Puntuaciones de moderación 10% Total 100%
–Fase 5. Decisión de Acreditación. NCAC toma la decisión sobre la acreditación basándose en los últimos 4 pasos. Para ser acreditado, el centro debe obtener una calificación compuesta de «Satis- factorio» o superior en las 7 áreas de calidad. Se solicita al centro que continúe su autoevaluación y su ciclo de mejora (véase paso 2) hasta que su próximo Informe de Autoevaluación esté listo para su presentación.
Aspectos a resaltar
– Se trata de una iniciativa institucional para promover la mejora de la calidad mediante la evaluación de los centros en un sistema de educación infantil basado en la provisión privada de este servicio educativo público.
– La progresiva conciencia de la gran repercusión que esta etapa de la vida tiene en el éxito educa- tivo y social llevó a la creación de un sistema con un doble objetivo:
• La acreditación de una alta calidad de centros de educación infantil.
• La mejora a través de procesos continuos del funcionamiento de los centros, a partir de la detección consensuada de áreas donde el desempeño de los centros es insuficiente.
– Explicitación, de forma pública, de los indicadores relativos a tres niveles de calidad (mínima, bue- na, alta calidad), tanto con el fin de evaluar la calidad como de orientar a los centros educativos con ejemplos concretos de buenas prácticas.
– Implicación de los centros en un modelo de co-evaluación dentro de un proceso de mejora conti- nua, como manera de asegurar la participación de los profesionales en el proceso y, por lo tanto, asegurar la eficacia de la iniciativa