Capítulo 7. La representación social de la masculinidad: Diferencias y semejanzas
7.2. Hablando con los jóvenes en torno a la masculinidad
7.2.3. Relaciones de pareja: Función y significado
107 realidad es percibida por ambos informantes, quienes entienden como fundamentales los roles que desempeñan las mujeres.
Sin embargo, la mujer, tiene relevancia y es visibilizada desde los diferentes roles que puede desempeñar, como el de hija, madre, esposa, etc. se percibe como un factor periférico y no central, o sea que la figura del varón si es analizada desde el punto de vista de estos jóvenes, mantiene un sentido de “protagonismo”: “Los cambios estructurales, el riesgo, pérdida o disminución del empleo y los cambios en las mujeres, no aseguran un cambio en creencias y valoraciones sobre el significado del ser varón aunque se observen cambios obligatorios en el discurso y ejercicio sobre las formas de ser hombre, mismas que tienden a diversificarse”
(Tena, 2015: 327).
El trabajo, en efecto, es una parte importante de la masculinidad y para entender a éste, hay que comprender las formas de trabajar y como estas sostienen los medios por los que se integra y construye la masculinidad, ya que esta categoría genera afecciones diversas, tanto a hombres como mujeres, por eso la necesidad de entenderla para poder llegar a reconstruirla.
108 Connell (1997) funcionan como un acercamiento al entendimiento de las manifestaciones genéricas.
Se puede comprender, que las relaciones de pareja sin duda alguna, están intervenidas por las relaciones de género, pues en ´´estas se tienden a determinar los modelos de comportamiento, esquemas de valores y hasta el sentido y función de las emociones tanto de varones como de mujeres, heterosexuales, homosexuales o de cualquier identidad u orientación.
Una forma de analizar a las relaciones de pareja, con las propuestas de Connell (1997) podría ser, tomar algunas de sus categorías como por ejemplo la de Cathexis, espacio en donde se reflexiona sobre las implicaciones del “deseo sexual y el sentido de identidad”; podemos entender que en esta categoría se visualiza el sentido de las relaciones placenteras, y el consenso para la ejecución éstas, además de la validación social sobre la heterosexualidad (Connell, 1997: 9).
Aquí el punto de vista sobre la sexualidad y la masculinidad del joven sin estudios universitarios: “Siento que también van juntos con la sexualidad porque también tú tienes que dar una buena imagen hacia las mujeres, el verte bien, el verte arreglado, a lo mejor yo siento que van juntos” (Eduardo, 20 años).
Como se puede apreciar existe un notable sentido sobre la validación de la persona desde la percepción social que se tenga de ésta, al mismo tiempo se comprende, que para poder llegar a establecer una relación de pareja, resulta un factor importante la apariencia, como primer acercamiento a una persona del sexo opuesto.
En este sentido, la funcionalidad de las relaciones de pareja se puede ubicar como prácticas capaces de determinar al sujeto y conformarlo, se es parte de una relación de pareja y se está dentro de una relación de pareja. Estas sirven como modelos de validación, en donde además los roles de género son una constante y son determinantes en las dinámicas dentro de este tipo de vínculos.
Lo “femenino-masculino” responde a ideales colectivos genéricos que a partir de procesos de identificación, colaboran en la
109 configuración de subjetividades, ideales que conforman la cultura de la que participa el sujeto desde el mismo momento que nace, y de acuerdo a los cuales es significado desde distintos ámbito de relación y pertenencia. Implican valores, sostienen costumbres y normas sociales, orientan roles y prácticas (Boso y Salvia, 2015: 376).
Desde esta afirmación, las relaciones de género son factores de alta influencia, que tocan diferentes aspectos de la vida, uno de éstos, es la manera en la que se configuran las relaciones de pareja en donde el rol masculino y femenino desarrolla diversos papeles.
Si hablamos de dos aspectos ya revisados anteriormente, como lo es la familia y el trabajo, resulta evidente que están atravesados por el papel y funcionalidad de las relaciones de pareja y el sentido de la masculinidad y feminidad.
Al hablar sobre el hecho de que la responsabilidad de mantener a la familia es de los hombres y de criar a la prole la de las mujeres se está reproduciendo la dicotomía público/privada, colocando a los hombres como parte y organizadores de la esfera pública y a las mujeres como integradores del espacio privado (Gutiérrez, 2008:
151).
Como se había revisado anteriormente, en el testimonio del informante con estudios universitarios se deja en claro que al menos para él, la opinión de su pareja es complementaria al momento de tomar las decisiones, la palabra final le corresponde a él: “Digo a pesar de que tienes ese concepto o esto de ser dominante el hombre o el encargado jefe de familia pues si a veces no sabes ni, o muchas veces ni cómo resolver la situación pero es un patrón que tú lo aprendes”
(Luis, 25 años).
En concordancia con la información obtenida las relaciones de pareja muestran en gran medida ser elementos claves que significan y dotan de sentido al modelo hegemónico de masculinidad.
110 La significancia de ésta, surge mediante la práctica de los modelos de comportamiento establecidos, dentro de la familia y de manera general en el medio social, este tipo de vínculos conlleva dentro de sí un innegable sentido de la pertenencia desde el ámbito social y educativo.