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El reparto agrario y la consolidación del café y el maíz en los ejidos

CAPÍTULO I. EL CONTEXTO REGIONAL: POBLAMIENTO, PROCESOS SOCIALES,

I.2 El proceso histórico de asentamientos en la Sierra Madre de Chiapas: Las fincas, el

I.2.3 El reparto agrario y la consolidación del café y el maíz en los ejidos

década de los setenta del siglo XX, representa la expansión y consolidación de la cafeticultura en los nacientes terrenos ejidales (Del Carpio, 1998).

Como se citó anteriormente, el 70% de la superficie deslindada por la Compañía Inglesa de Terrenos y Colonización, que pasó a ser parte de los terrenos nacionales, se utilizó para la creación de comunidades agrícolas que favorecieran la satisfacción de la demanda de mano de obra a las fincas. Estas comunidades posteriormente se convirtieron en los primeros ejidos a través de la reforma agraria propuesta tras la revolución mexicana.

Así, con base en Del Carpio (1998), entre la zona cumbres (las partes más altas de la sierra que se encuentra en el sureste de la región) y la vertiente del

25 En los que solo podían ser transitados a pie o a caballo.

26 Ejemplo de ello es la finca Prusia, que estableció caminos para llegar hasta Mapastepec.

45 Atlántico se repartieron casi 180,000 hectáreas en un lapso de 50 años de reforma agraria. La década de los treinta representa los años de mayor repartición, al menos en la Sierra Madre de Chiapas, aunque tratando de no afectar la propiedad de las fincas27.

En el proceso de dotación de tierras, el reparto de terrenos nacionales era un elemento común para favorecer la conservación de la propiedad privada (Tarrío &

Concheiro, 2006). En efecto, como lo señala Ordóñez y García (1985) “las dotaciones de ejidos en la Sierra evitaron afectar a las fincas cafeticultoras” (p.12), incluso de acuerdo con Damián (1988) se crearon cinturones protectores, donde los finqueros repartieron tierras a algunos de sus peones, de tal manera que no se les afectara de forma importante. Con ello, se mantuvo en la época revolucionaria y posrevolucionaria las relaciones de poder que se habían establecido desde el inicio de las fincas cafetaleras.

Las haciendas ganaderas también ofrecieron resistencia hacia el proceso de reparto agrario. Los casos más significativos se dieron en los actuales municipios de Villa Corzo, Villaflores, La Concordia y Cintalapa, entre los años de 1915 a 1920, donde el movimiento conocido como mapachista formó un frente armado liderado por finqueros, que se valió del apoyo de peones y baldíos ante la promesa de dotar de tierras dentro de sus fincas a quienes colaboraran en su lucha.

Damián (1998) señala que también algunas fincas cafetaleras participaron en esta lucha, aunque entre los antiguos ganaderos y finqueros tenían contradicciones por las relaciones de poder. Para este autor “ambos grupos se unieron finalmente para luchar conjuntamente por la protección de sus propiedades y las formas de explotación de la mano de obra indígena” (Damián, 1988, p. 72).

Tras la muerte de Madero, y con la entrada de Obregón a la presidencia, se dio un paso para disminuir el enfrentamiento, de acuerdo con González (2015), se firmó la paz con los finqueros en Chiapas y se garantizó mantener los derechos de propiedad privada de las fincas, convirtiendo al reparto agrario en mera simulación.

27Este dato concuerda con los datos proporcionado por Conanp (2016) en el cual se señala que “se repartieron un total de 179,885.97 ha, de las cuales el 60.3 % ubicadas en las zonas de las cumbres con un total de 35 ejidos, el restante en la vertiente del Atlántico con un total de 34”.

46 En consecuencia, el fraccionamiento de las tierras, en este periodo, se dio por el incremento de la familia en los propietarios y en menor medida por el reparto a baldíos, peones y acasillados, quienes exigían la dotación de tierras a los finqueros que habían seguido en la lucha. Es de resaltar que, con el Gobierno de Cárdenas y la lucha campesina, la dotación de tierras en la Frailesca también se incrementó, empero, se conservaron muchas de las propiedades privadas en la figura de ranchos.

En esta dinámica, los terrenos nacionales, se convirtieron en terrenos de disputa entre las haciendas ganaderas, ganaderos sin títulos sobre las tierras y los campesinos. De acuerdo con Tarrio y Concheiro (2006):

[…] existía un elevado número de solicitudes planteadas por los ganaderos para legalizar las tierras nacionales en 29 municipios de Chiapas, en cinco de los cuales –Palenque, Las Margaritas, Ocozocuautla, Cintalapa y Pijijiapan–, había más de mil solicitudes, que excedían no sólo las tierras nacionales sino también la superficie del municipio […]. Frente al hecho concreto del acaparamiento de las tierras nacionales por parte de los ganaderos, los campesinos carentes de tierra se movieron hacia las tierras nacionales provocando el surgimiento de fuertes conflictos, los que se dieron principalmente en 23 municipios de las tres regiones ganaderas del estado.

Los municipios más conflictivos fueron, por orden de importancia: Arriaga, Pijijiapan, Villaflores, Mapastepec, Villa Corzo, Ostuacán, Simojovel y Ocosingo (p.38).

Así, como se observa en la cita de Tarrio y Concheiro (2006) cinco municipios de la región metodológica se encontraban en procesos de conflicto por la posesión de terrenos nacionales, muchos de ellos dentro de las partes intermedias y altas de la Sierra.

Mediante el mecanismo de denuncia de terrenos nacionales, un porcentaje importante del territorio de la Sierra Madre se constituyó en pequeñas propiedades, en tanto que la denuncia por parte de organizaciones campesinas logró la dotación ejidal, o su ampliación. Sobresale la organización de pequeños propietarios que gestionarían el reconocimiento de terrenos bajo la figura de bienes comunales como una forma de blindaje, ante la posibilidad de que organizaciones campesinas gestionaran dichos terrenos y constituyeran colonias o ejidos.

Todo este proceso de reparto agrario, como cita Tarrio y Concheiro (2006), fue acompañado por procesos de conflicto e incertidumbre jurídica sobre la tenencia

47 de la tierra. Problemas que, en algunos casos, continúan en la actualidad. Como lo explica Castro (2019) ya sea porque el levantamiento que se realizó no tenía suficiente precisión o porque existe la intensión de pobladores de hacerse de mayor superficie.

El reparto de terrenos nacionales y privados se extendería hasta la década de los setenta y e inicios de la década de los noventa del siglo XX, donde la propiedad nacional se constituiría en válvulas de escape para la reubicación de poblaciones relacionadas al crecimiento demográfico en municipios de los Altos de Chiapas que, carentes de tierras, solicitaban al gobierno la compra o dotación.

A su vez, las invasiones hacia las propiedades privadas también fueron importantes en la configuración de la tenencia de la tierra, ya que existieron procesos de indemnización o compra para la constitución de comunidades agrícolas.

En este devenir histórico, los campesinos lograron un mayor acceso a la tierra, logrando, aunque no del todo, erosionar el latifundio que existía en la región.

Derivado de ello, la tenencia de la tierra en la región se configuró de forma diferenciada: un sector social, constituido por ejidos y comunidades; un sector privado en la figura de ranchos; y un sector conferido a propiedad de tipo federal (Pronatura Sur, 2016), donde tanto la propiedad privada como la propiedad ejidal ocuparon lugares importantes en la tenencia de la tierra, al concentrar el grueso de la superficie territorial.

Si se analiza a partir de los trece municipios de la región metodológica, se tiene lo siguiente:

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Tabla 2: Superficie en Hectáreas según tenencia de la tierra

Fuente: Elaboración propia con base en Censo Ejidal 2007, INEGI

Como logra observarse en el cuadro, la propiedad privada ocupa más de la mitad de la superficie territorial (51.83%), en tanto que la propiedad social (ejidal y comunal) comprende un 45.27% y la propiedad pública un 1.4%. Lo anterior derivado en gran medida de que, en los municipios de La Concordia, Villa Corzo, Villaflores y Cintalapa, la tenencia de tipo privado supera el 50% en el territorio. Esto a raíz de que, en dichos municipios, como ya se citó, tuvieron fuertes conflictos entre ganaderos y campesinos, dándose el fallo para la preservación de la propiedad privada.

Ahora bien, como resultado de la restructuración agraria, tanto la estructura productiva, así como las formas de apropiación del territorio y las formas de organización se modificaron considerablemente. En acuerdo con Damián (1988):

[…] apareció en escena una nueva forma de producción y un nuevo agente social, el ejidatario -que tendrá presencia y jugará un papel importante dentro de las relaciones de poder hasta la fecha-, introduciendo una nueva dinámica a las relaciones sociales dentro de la región (p.76).

Con los ejidos se generó “…la vinculación de la cafeticultura campesina al intercambio comercial y al intermediarismo con los beneficios y exportadoras; y “la reducción temporal de la oferta regional de fuerza de trabajo asalariada” (Ordóñez

& García, 1985, p. 12)

ID MUNICIPIO TOTAL PUBLICA PRIVADA EJIDAL COLONIA COMUNAL

1 Ángel Albino Corzo 31,036.39 115.36 0.37% 12,122.79 39.06% 18,798.24 60.57% 0 0.00% 0 NA

2 La Concordia 147,134.51 1,352.25 0.92% 82,692.87 56.20% 63,045.26 42.85% 37.13 0.03% 7 0.005%

3 Montecristo de Guerrero 13,697.29 0 NA 2,987.39 21.81% 10,709.90 78.19% 0 NA 0 NA

4 Villacorzo 197,807.60 9,154.61 4.63% 128,546.93 64.99% 60,106.06 30.39% 0 NA 0 NA

5 Villaflores 140,366.67 583.53 0.42% 77,671.78 55.33% 62,111.36 44.25% 0 NA 0 NA

6 Arriaga 47,128.33 5.86 0.01% 25,909.87 54.98% 21,212.60 45.01% 0 NA 0 NA

7 Mapastepec 73,936.24 64 0.09% 25,889.77 35.02% 47,539.16 64.30% 443.31 0.60% 0 NA

8 Pijijiapan 81,575.28 68.21 0.08% 21,261.31 26.06% 57,823.92 70.88% 1,664.20 2.04% 757.64 0.929%

9 Tonala 96,807.00 3,492.26 3.61% 55,053.28 56.87% 30,108.36 31.10% 12 0.01% 8,141.10 8.410%

10 Siltepec 27,039.04 447.83 1.66% 1,089.85 4.03% 25,501.37 94.31% 0 NA 0 NA

11 Acacoyagua 13,441.76 20 0.15% 2,766.47 20.58% 10,655.29 79.27% 0 NA 0 NA

12 Cintalapa 181,249.17 1,028.18 0.57% 114,626.22 63.24% 60,443.21 33.35% 4,779.23 2.64% 372.33 0.205%

13 Jiquipilas 86,304.44 428.1 0.50% 38,957.14 45.14% 46,919.19 54.36% 0 NA 0 NA

Total 1,137,523.72 16,760.19 1.47% 589,575.67 51.83% 514,973.92 45.27% 6,935.87 0.61% 9,278.07 0.816%

49 Por su parte, la organización en torno a las dotaciones por parte de las comunidades, en un futuro ayudarían a construir las bases de las organizaciones cafetaleras, dando paso, así, a nuevas formas de organización social vinculadas al ámbito productivo. En este caso, la organización por la tierra constituyó una forma de acción colectiva que evolucionaría a formas de organización productiva y social.

En términos del territorio, la dispersión de los ejidos y comunidades, así como de las propiedades privadas, comprendió otro rasgo que el proceso de colonización y reparto agrario determinó.

En lo social, el proceso histórico de asentamientos y organización permitió la consolidación de tejidos sociales diferenciados que tenían relación con los recursos biofísicos donde se instauraron los ejidos y el patrón cultural de los lugares de origen.

Finalmente, con el derecho a la tierra, entre la década de los treinta hasta los ochenta, en los nacientes terrenos ejidales, se impulsó fuertemente la agricultura, de tal forma que se sumaran al plan nacional que, en ese momento, buscaba el abastecimiento de la demanda de alimentos e insumos dentro del modelo de Industrialización por Sustitución de Importaciones (ISI).

Este impulso logró la consolidación de la cafeticultura en los ejidos bajo métodos convencionales, esto mediante el empleo de insumos químicos, así como, en algunos casos, la especialización en la producción de maíz para la comercialización. Sin embargo, ya para la década de los ochenta se vislumbraba un proceso de detrimento de la actividad ante la caída de los precios internacionales, conduciendo a los campesinos a la disminución de sus ingresos económicos y a un profundo proceso de estancamiento que inclusive afecta en la actualidad.

I.2.4 El proceso de detrimento de la producción campesina en el modelo