El sueño de Ava
Capítulo 4 Revuelo en el circo
Capítulo 4
—Un momento –exclamó mientras se tocaba sus puntiagudos bigotes– en esta jaula pasa algo raro.
Regresó a la leonera y, como había hecho la vieja Greta al desper- tarse aquella mañana, contó repetidas veces el número de animales de la jaula.
—Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete… y ¡¡¡ocho!!! –y aquel último número lo dijo con la fiereza de un rugido de león–
¡ocho! ¡no es posible! –y del susto que se llevó se cayó redondo al suelo.
cuando se recuperó, el domador informó a todo el circo de que la leona Ava no estaba en su jaula. Lo primero que hicieron fue buscarla por la explanada en la que se encontraba el circo, pero pronto se dieron cuenta de que no estaba dentro del recinto.
—tenemos que decírselo al alcalde del pueblo, o a la policía. Hay que crear un equipo de búsqueda inmediatamente. no pode- mos consentir que haga daño a nadie –afirmó tajante el domador.
—O que le hagan daño a ella –añadió la malabarista.
—¿A ella?…esa leona siempre ha dado problemas así que me importa bien poco lo que le ocurra. Sólo quiero recuperarla lo más pronto posible y acabar con este lío. Pero no discutamos de eso ahora. tenemos que comunicárselo a las autoridades y encontrarla antes de que tengamos que cancelar la función.
El domador, con su cara de pocos amigos y su bigote puntia- gudo se fue a toda prisa a dar parte a la policía de la desaparición de la leona.
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Capítulo 5
El viejo castaño conoce a la leona
L
a leona Ava, mientras tanto, descubrió el bosque. Era su primera noche en libertad, y lejos de sentir miedo, quería experimentarlo todo. Se vio reflejada en el río, al que se asomó curiosa, sin saber muy bien que iba a encontrarse, y casi se muere del susto cuando tocó con su pata aquella agua helada.Descubrió a las hormigas, laboriosas incluso por la noche. Escu- chó a las lechuzas y el repiqueteo de los grillos, aunque no fue capaz de descubrir de dónde procedían aquellos sonidos miste- riosos. Sintió el viento moviendo las hojas de los árboles y se dirigió con curiosidad al más grande. Lo tocó con una pata pero no pareció satisfecha, así que apoyó su espalda contra su cor- teza rugosa y comenzó a rascarse la espalda. Fue así como conocí a la leona Ava, puesto que aquel árbol grande de corteza rugosa era yo.
—Uy, me haces cosquillas –grité sin poder parar de reírme.
La leona pareció sorprendida de que aquel árbol tan grueso e inmóvil se dirigiera a ella y dio un respingo hacia atrás.
—Perdona, no era mi intención molestarte. Soy la leona Ava, es la primera vez que salgo de mi jaula y todo esto es nuevo para mí.
—Hola Ava, yo soy el castaño Sofes, y es la primera vez que veo una leona. Aunque había oído muchas historias sobre vuestra especie. ¿Eres del circo?
—Era, pero nunca más. me he escapado y ahora quiero ir a África, a la Sabana. no pienso volver más a ese circo, quiero ser libre, libre y libre.
La leona me contó toda su historia, me habló de la vida en el circo, de los cuentos que le contaba su madre sobre la Sabana y de la necesidad que tenía siempre de escapar. me pareció un ani- mal muy valiente, pero también muy ingenuo, con esa idea alocada de irse a África, a otro continente tan lejos de donde nos encontrábamos. La miré con ternura:
—Querida Ava, ¿cómo piensas hacer eso? África está muy lejos.
Las cigüeñas del pueblo van cada año buscando el sol y el calor y tardan meses en llegar hasta allí. Hay que atravesar incluso el mar.
—no me importa, si hay que cruzar el mar, aprenderé a nadar y lo cruzaré. me he escapado del circo y no creo que haya algo más difícil de conseguir que eso –afirmó decidida. Pero en sus ojos por primera vez me pareció descubrir algo de miedo–.
¿crees que alguna cigüeña querrá acompañarme para que encuentre el camino?
—tendremos que hablar con ellas, querida Ava. Pero hay muchas cosas que pensar antes de tomar la decisión de mar- char a África. En el bosque estás a salvo, pero por desgracia en este país cada vez hay menos bosques y más carreteras.
no podrás caminar siempre entre los árboles. te cruzarás con autopistas llenas de coches y de camiones a gran velocidad, o puede que incluso te encuentres una ciudad. Y si llegas a una ciudad, ¿cómo harás para pasar desapercibida? Además, seguro que la gente del circo empieza a buscarte…
—Entonces, ¿quieres decir que tendré que quedarme aquí para siempre? O peor aún, ¿tendré que volver al circo? –su cara era de completa desolación–. no dejes que me devuelvan al circo, amigo Sofes. no quiero volver.
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—no te preocupes Ava, palabra de árbol. Pero ahora, lo mejor que puedes hacer es dormirte. ¿te atreves a trepar hasta mis ramas? Puedes descansar en alguna de ellas.
Ava trató de subirse al árbol sin éxito. Se cayó varias veces, pero no se dio por vencida. Al cuarto intento y agarrándose con las uñas a mi tronco, consiguió alcanzar una de las ramas.
—Lo siento, ¿te he hecho daño?
—no te preocupes, me encanta que se suban a mí y ya casi nadie lo hace. Descansa tranquila que yo vigilo que no pase nada y pienso un plan para llevarte a la Sabana.
Ava, que estaba cansadísima después de un día tan ajetreado, se quedó dormida enseguida. Yo aproveché para pensar la manera de lograr que aquella leona valiente y testaruda pudiera cum- plir su sueño. Supe que si queríamos conseguirlo necesitaríamos la ayuda de mi viejo amigo el viento y de todos los animales del bosque.
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Capítulo 6
Un plan para salvar a Ava
E
l viento escuchó impresionadola historia de la leona Ava y se maravilló de la valentía del animal.—tienes razón Sofes, tenemos que ayudarla, no puede volver a ese circo. Déjame que vaya al pueblo y me entere de que está tramándose por ahí.
Era ya de día cuando el viento regresó y me informó de que esta- ban planeando una expedición al bosque para atrapar a la leona.
—Se han unido guardias civiles con responsables del circo y van a salir en pequeños grupos cargados con escopetas de dardos.
tenemos que ganar tiempo y esconderla. tendrá que quedarse entre tus ramas al menos otro día más.
—no hay problema, pero después ¿qué hacemos?
—Sofes, tienes que encargarte de movilizar a todos los animales para hacer una barrera y que no puedan entrar en el bosque.
Así ganaremos tiempo. Yo mientras tanto, trataré de llamar la atención de los medios de comunicación de la ciudad y de los grupos ecologistas. Solo ellos podrán ayudarnos.
—¿Pero cómo haremos eso?
—tú déjalo en mis manos, ya sabes que tengo mis contactos... –y soltó una carcajada al mismo tiempo que se marchaba de nuevo.
Una de las cosas que he aprendido con los años es que no importa tener un millón de amigos o solo uno. Lo importante es que sean buenos, que sean los mejores. mi amigo el viento era el mejor, de eso no había duda. Si alguien podía conseguir salvar a la leona ese era él.
Capítulo 7
El bosque ayuda a la leona
E
n cuanto el viento se marchó,convoqué a todos los ani- males bajo mis ramas. teníamos que organizarnos para alejar a los hombres del bosque y conseguir ganar tiempo para que el viento llevara a cabo su tarea. cuando conocieron a la leona Ava y escucharon su triste historia, todos estuvieron dis- puestos a colaborar.—Será divertido –dijo un zorro– ya era hora de que pasara algo diferente en este bosque.
nos organizamos para conseguir que cuando viéramos un hombre, todos los animales empezaran a gritar. Los pájaros pequeños piarían con fuerza, los cuervos graznarían sin des- canso, los ciervos balarían y los zorros aullarían. Sería la señal de que empezaba la batalla.
todo sucedió tal y como habíamos planeado. cuando sentimos que se acercaba un grupo de hombres, el bosque entero empezó a emitir sonidos ensordecedores. A la cabeza venía un tipo extraño con bigotes puntiagudos y cara malhumorada. Supuse que era el temido domador que tan bien me había descrito Ava.
Pareció asustarse mucho cuando escuchó todas aquellas voces animales y tanto él como el resto del grupo, se taparon los oídos desconcertados sin saber de dónde procedía aquel estruendo.
Luego pasamos a la acción. Primero fueron las aves.
—Les llenaremos de cagadas –habían dicho los petirrojos.
—nosotros intentaremos picotearlos –habían anunciado los aguiluchos.
El domador y el resto de hombres, pillados por sorpresa, agitaban las manos en todas las direcciones, intentando ahuyentar a los pájaros que se lanzaban contra ellos. Al mismo tiempo las liebres, siempre tan rápidas, corrían entre los hombres a mucha veloci- dad, lo que les ponía más nerviosos aún. cuando los pájaros parecían haberse marchado, las ardillas comenzaron a lanzarles castañas y piñas sobre sus cabezas. –¿Qué está ocurriendo aquí?,
¿Quién nos arroja piedras?– gritaba el domador aterrorizado.
Aún seguían cayendo castañas del cielo cuando llegaron los mosquitos, los tábanos y los moscardones.
—nosotros les incordiaremos también. Ya sabéis que podemos ser muy molestos. –Habían comentado, muertos de la risa, la cuadrilla de insectos del bosque.
Finalmente aparecieron los animales más grandes. Los ciervos, con su cornamenta, se plantaron delante de ellos y agitaron orgullosos sus peligrosos cuernos. Lo mismo hicieron los jaba- líes y los zorros, que enseñaron con saña sus feroces colmillos.
Aquello fue la gota que colmó el vaso. Absolutamente aterrori- zados, el domador y sus compañeros salieron huyendo hacia el pueblo. ¡Lo habíamos conseguido! El bosque entero bailaba de alegría.
—¡Se han ido! ¡se han ido! Leona Ava baja a celebrarlo tú también.
Aquella tarde se organizó en el bosque una gran fiesta. Había que celebrar que la primera parte del plan había salido a la perfección.
Capítulo 8
Las gestiones del viento
M
ientras todos en el bosque defendíamos a la leona, el viento se marchó a la ciudad. Le explicó la historia a los plataneros de la avenida principal, a los gorriones de los viejos colegios, y a los patos del parque municipal. Ellos, a su vez, se lo susurraron a algunos abuelos que tomaban el sol antes del aperitivo, quienes lo comentaron en casa durante la comida familiar a sus hijos y nietos. Estos lo contaron en el bar mien- tras veían el fútbol con sus amigos. A media tarde, toda la ciudad conocía la noticia de la leona Ava, incluidos los periodis- tas, que supieron que se encontraban ante una gran noticia y se pusieron manos a la obra. Los directores de los periódicos hablaron con sus mejores redactores y les enviaron al pueblo a ver lo que sucedía. Los reporteros de televisión se marcharon con las cámaras y los micrófonos a preguntar en el circo. En la radio, anunciaban a todas horas que una leona estaba suelta y advertían:—tengan cuidado con la leona, si la ven no se muevan, ella no les atacará.
Así se enteraron también los ecologistas, quienes se pusieron en contacto con el alcalde del pueblo para preguntar qué pensaban hacer con la leona que se había escapado del circo.
—Espero que sepan que no pueden atacar al animal. Está prote- gido y si le pasa algo grave ustedes serán los responsables –anunció el portavoz de la asociación al encargado de comu- nicación del ayuntamiento.
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—nosotros estamos esperando órdenes, no sabemos nada, pero no podemos consentir que la leona haga daño a nadie –res- pondían desde el pueblo.
—no hará daño a nadie. Esa leona solo quiere volver a su tierra.
—¿cómo lo saben?
—Hemos hablado con algunos trabajadores del circo y nos han dicho que era una leona triste, que suspiraba a menudo y que había intentado escaparse en otra ocasión. Lo que hay que intentar es que la leona vuelva a África.
Ante esta situación, varios cientos de personas marcharon hasta el pueblo para protestar frente al ayuntamiento contra la caza de la leona y para exigir que no la devolvieran al circo.
—¡Salvemos a la leona Ava!
—¡Ava a la Sabana! ¡Ava a la Sabana!
A las personas venidas de la ciudad, se les unieron muchos de los ciudadanos del pueblo, sobre todo los niños, que no querían que nada malo le pasara a la leona valiente.
Visto el revuelo organizado, el viento regresó al bosque para con- tarnos las buenas nuevas. nos encontró bailando y festejando que habíamos conseguido echar al domador y a sus hombres, y no dudó en unirse a la fiesta.
Capítulo 9