• No se han encontrado resultados

ESTADO DE SALUD AUTOPERCIBIDO

In document sobre la población inmigrante (página 150-156)

INTRODUCCIÓN

II. CONSECUENCIAS SOCIALES DE LA CRISIS DE EMPLEO

6. SALUD Y ACCIDENTES DE TRABAJO

6.1. ESTADO DE SALUD AUTOPERCIBIDO

Tabla 6.1: Personas entre 16 y 64 años que perciben su estado general de salud como regular, malo o muy malo, según origen. 2005-2010 (en %)

Nacionalidad 2005 2006 2007 2008 2009 2010

AMBOS SEXOS

Autóctonos (a) 23,3 22,9 23,5 18,1 19,9 18,6

No UE (b) 19,3 21,2 19,5 15,8 19,4 16,2

UE 19,5 19,0 19,1 14,8 16,6 18,6

Brecha (b) / (a) 4,1 1,7 4,0 2,4 0,4 2,4

MUJERES

Autóctonos (a) 24,8 24,3 25,4 20,2 22,0 20,3

No UE (b) 21,2 27,4 22,3 18,7 22,7 17,4

UE 21,0 17,0 19,2 14,3 15,9 22,0

Brecha (b) / (a) 3,7 -3,1 3,2 1,5 -0,7 2,9

HOMBRES

Autóctonos (a) 21,9 21,5 21,6 16,2 17,8 16,8

No UE (b) 17,3 14,1 16,3 12,7 15,6 14,9

UE 17,9 20,8 19,0 15,3 17,3 15,2

Brecha (b) / (a) 4,6 7,4 5,3 3,5 2,2 1,9

Fuente: elaboración propia en base a INE, ECV

Sin embargo, el mejor estado de salud de la población inmigrada no parece tan evidente si tomamos en cuenta la estructura de edad de la población. Comparando los resultados por grupos de la misma edad, y teniendo en cuenta el sexo de las personas encontramos (Gráfico 6.1) un panorama diferente. En el caso de las mujeres es peor la situación de las inmigradas excepto en el segmento de 50 a 64 años; entre los hombres las diferencias son más reducidas y resultan más desfavorables para los inmigrantes de todas las edades, excepto el grupo más joven. Por tanto, para la población de ambos sexos comprendida entre 25 y 49 años –la de mayor importancia entre la inmigración adulta- es peor el estado de salud autopercibida de los nacidos fuera de España.

Gráfico 6.1: Estado de salud negativo según grupo de edad, sexo y origen de la población entre 16 y 64 años. 2010 (en %)

Fuente: elaboración propia en base a INE, ECV 2010.

Cabe preguntarse, a tenor de lo analizado en capítulos anteriores, qué relación existe entre el estado de salud autopercibido y las situaciones de pobreza monetaria y privación material. La información aportada por la ECV indica (ver Gráfico 6.2) que prácticamente no existen diferencias entre autóctonos e inmigrantes cuando se trata de personas que viven en hogares no afectados por la pobreza y por la privación: ambos grupos presentan mejor situación en los años de crisis que en los de crecimiento, a pesar de un empeoramiento registrado en 2009. Entre los no-pobres perciben un estado de salud negativo el 17% de los autóctonos y el 13% de los inmigrantes en 2010. Para los que no están sujetos a privaciones los porcentajes son 18% y 14% respectivamente.

En cambio, la situación varía de forma notable cuando se trata de personas afectadas por estas situaciones carenciales, pues en estos casos aparecen diferencias importantes en función del origen: para las poblaciones carenciales la percepción sobre la salud es más negativa entre los autóctonos que en el caso de los inmigrantes, salvo dos excepciones puntuales. Además, los datos indican que los pobres tienen una peor salud autopercibida que los no pobres, y que la falta de recursos monetarios incide de forma más negativa sobre la salud a la población autóctona. Algo similar ocurre en el caso de quienes viven en hogares afectados por privaciones materiales severas: los índices entre los nacidos en España casi duplican a los de la población de origen foráneo (45 vs. 23% en 2010). Entre los autóctonos la privación material severa afecta más negativamente la salud que la pobreza monetaria severa, sin embargo, no se aprecian diferencias evidentes en el caso de los inmigrantes.

4%

10%

19%

32%

2%

12%

21%

34%

6%

11%

20%

39%

9%

14%

26%

34%

0% 5% 10% 15% 20% 25% 30% 35% 40% 45%

16-29 30-39 40-49 50-64

Mujeres no UE Mujeres autóctonas Hombres no UE Hombres autóctonos

Gráfico 6.2: Personas entre 16 y 64 años que perciben su estado general de salud como regular, malo o muy malo, según nacionalidad y situaciones de pobreza y precariedad.

2005 – 2010

Fuente: elaboración propia en base a ECV (varios años, explotación de microdatos).

En suma, los datos disponibles indican quepobreza y privación inciden negativamente sobre la salud. El hecho de que el impacto sea menor en el caso de los inmigrantes puede explicarse teniendo en cuenta que estamos ante un indicador subjetivo, relacionado con el entorno social, la trayectoria biográfica y las expectativas de vida. En este sentido, puede que la “condición migrante” reduzca el impacto negativo de las condiciones de vida precarias, sea porque éstas no son más graves que las que se han conocido en la sociedad de origen o sea porque se las percibe como una condición pasajera, propia de una etapa de inserción inicial en España, tras la que se espera acceder a un estatus mejor. Sin embargo, en la medida en que los efectos de la crisis sigan manifestándose en situaciones de desempleo prolongado y de

0%

5%

10%

15%

20%

25%

30%

35%

40%

No pobres Pobreza

moderada Pobreza

severa No pobres Pobreza

moderada Pobreza severa

Autóctonos Inmigrantes no UE

2005 2006 2007 2008 2009 2010

0%

10%

20%

30%

40%

50%

60%

Sin

privación Privación

moderada Privación severa Sin

privación Privación

moderada Privación severa

Autóctonos Inmigrantes no UE

2005 2006 2007 2008 2009 2010

perpetuación de las situaciones de pobreza y/o privación estas percepciones podrían variar de forma negativa. En la misma dirección puede operar la exclusión de los inmigrantes sin autorización de residencia del sistema sanitario, exceptuados los servicios de urgencia.44

Perfil social de las personas con mala salud autopercibida

¿Cuáles son los perfiles sociales de las personas que no valoran positivamente su estado de salud? La última información disponible, correspondiente al año 2010, muestra (ver Tabla 6.2) que se ven más afectadas las mujeres, especialmente entre la inmigración no comunitaria (el 57% del total de quienes no se sienten con buena salud) que entre la población autóctona (54%). En cuanto a la edad, como era de esperar, son más los afectados que tienen mayor edad (predominio del grupo entre 40 y 64 años); sin embargo, en el caso de la población de origen extracomunitario llama la atención que más de un tercio de los afectados (40%) son menores de 40 años, cifra que duplica a la existente entre los autóctonos (20%).

Según su relación con la actividad entre la población autóctona con “mala salud” predominan los ocupados y los inactivos no jubilados (tareas domésticas, incapacitados, estudiantes, etc.), antes que los parados; entre los inmigrantes no comunitarios se ven más afectados los ocupados (son el 48% de los que no tienen buena salud) y los parados (34%) que en el grupo anterior. En síntesis, la mala salud autopercibida concierne más a la población activa inmigrante (82%) que a la autóctona (61%). Esto sugiere que las condiciones de trabajo y empleo inciden de forma negativa sobre el estado de salud.

Las características del hogar muestran que entre los autóctonos los más afectados son los adultos que viven sin niños, tanto si no forman pareja (34%) como si lo hacen (28%); en cambio, entre los inmigrantes predominan las personas que viven en hogares en los que hay niños, sean parejas (25%) u otras modalidades de convivencia (28%), antes que los hogares sin hijos. La mayoría de las personas autóctonas viven en hogares propietarios de su vivienda (85%) en tanto que entre los inmigrantes es más frecuente la modalidad de alquiler (60%).

Reuniendo la información presentada se obtienen los siguientes perfiles dominantes de las personas con mala salud autopercibida en función de su lugar de origen:

* mujeres autóctonas, mayores de 40 años, ocupadas o inactivas, que viven en hogares sin niños dependientes, propietarias de su vivienda

* mujeres inmigrantes de todas las edades, económicamente activas, que pertenecen a hogares en los que hay hijos dependientes, que ocupan la vivienda en régimen de alquiler.

44Medidas dispuestas por el Real Decreto 16 de 2012, en el que se indica que a partir del 31 de julio de este año solo recibirán atención en caso de“urgencia por enfermedad grave o accidente; asistencia al embarazo, parto y postparto, y en el caso de ser menores de 18 años”.

Tabla 6.2: Población de 16 a 64 años que percibe su estado general de salud como negativo (regular-malo-muy malo), según características personales y del hogar (2010)

Característica Autóctonos No UE UE

Sexo

Varón 46,2 43,4 41,4

Mujer 53,8 56,6 58,6

Edad

16-39 20,4 39,6 37,6

40-64 79,6 60,4 62,4

Relación con la actividad económica

Ocupado 43,6 48,3 51,6

Parado 17,5 33,5 24,7

Jubilado 6,9 1,0 3,7

Otra inactividad 32,0 17,2 19,9

Tipo de hogar

Unipersonal 8,1 5,8 9,5

Pareja sin hijos 27,5 17,7 22,5

Pareja con hijos 15,1 25,4 28,5

Otros con niños 13,6 27,6 23,5

Adultos sin niños 33,8 22,1 14,7

Monoparentales 1,8 1,3 1,4

Régimen de tenencia de la vivienda

Propiedad 85,1 39,0 44,5

Alquiler 7,8 59,5 53,1

Cesión 7,1 1,5 2,4

Fuente: elaboración propia en base a INE, ECVB 2009 (explotación de microdatos).

La autopercepción del estado general de salud puede, o no, estar relacionada con la existencia de enfermedades diagnosticadas y con el padecimiento de dolencias graves. Más allá del grado de fundamento que esta percepción pueda tener desde un punto de vista médico, sin duda refleja un malestar que -en parte- recoge una serie de dolencias derivadas del deterioro de las condiciones de vida (estrés, preocupaciones, alteraciones del sueño, angustia, etc.).45 Los datos disponibles muestran que el impacto del deterioro de las condiciones de vida afecta especialmente a la población inmigrada, incidiendo en los hogares con problemas económicos y de forma significativa entre la población femenina, incluida la más joven.

45Un estudio comparativo entre pacientes de atención primaria en 2006 y 2010 mostró que la recesión ha incrementado significativamente la frecuencia de los desórdenes mentales y abuso del alcohol, especialmente en familias con experiencias de desempleo y dificultades de pago de su hipoteca. Los casos de depresión aumentaron un 19,4%, los de ansiedad un 8,4%, los de somatización un 7,3% y los relacionados con el consumo de alcohol un 4,6%. Gili, M. et al. (2012): “The mental health risks of economic crisis in Spain: evidence from primary care centres, 2006 and 2010”, enEuropean Journal of Public Health.

In document sobre la población inmigrante (página 150-156)