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Sodomía: el pecado de ser homosexual

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1.2 Antecedentes y contexto: Una mirada del homosexual en la historia

1.2.4 Sodomía: el pecado de ser homosexual

antecedente que permita comprender el porqué se utilizaron las escrituras bíblicas para iniciar la condenación desde una postura religiosa, a los actos homosexuales. Ver entonces, con una mayor claridad los matices que formaron la inclusión del homoerotismo dentro de los peores pecados de la iglesia cristiana. Tener una postura que nos lleve a comprender la forma en que se fue interiorizando en las sociedades cristianas occidentales los prejuicios religiosos.

[…] Seguramente la homosexualidad les pareció un problema secundario.

El material superviviente no es adecuado para evaluar las respuestas de las comunidades a dichas cuestión. Los primeros concilios se preocuparon por problemas teológicos fundamentales, como la naturaleza de Cristo, la autoridad de la Iglesia, la eficacia de los sacramentos, etc., y no tuvieron tiempo para la formulación de un código detallado de ética sexual (El primer concilio <general> que se ocupó de la homosexualidad fue el Lateranense III, en 1179) (Boswell, 1998: 155).

Más adelante trabajaremos con ideas y argumentos que nos llevarán a tener de cerca las causas del porqué la religión cristiana secundará las muchas acciones que se emprendieron contra quienes ejercían una vida homosexual. Por el momento, debemos de mantener y concluir la postura que afirma que el tema de la homosexualidad fue tomado en cuenta de manera escasa, o nula, por los primeros seguidores de la doctrina cristiana y ante ello, ir develando cómo, al correr de los siglos, la intolerancia nació en el seno de la cristiandad y de sus seguidores al grado de odiar y asesinar a quienes ejercieran, para ellos, la orientación sexual anormal.

llamada: sodomía. La historia ha permitido que vislumbremos esta orientación sexual como una práctica que por demás no es nueva, pero es cierto que los sujetos que forman parte de ella han vivido un proceso complejo que aún en nuestros días está lleno de dificultades. Se inicio pues, llamándoles con el eufemismo de sodomitas:

Hombres y mujeres que preferían el contacto sexual con personas de su mismo sexo, pero que eran castigados por la iglesia cristiana. Ésta los tachaba como personas que iban contra la propia naturaleza e incluso contra los designios de Dios.

En el siglo XI, se institucionaliza el término sodomía (en alusión al “pecado de Sodoma”) gracias al tratado de Liber Gommorrhianus (el libro de Gomorrah) del monje benedictino Petrus Damianus, quien con toda seguridad y firmeza afirma que quien incurre en dicha práctica comete un pecado compuesto: el de actuar en contra de la naturaleza, el de someterse a la concupiscencia y el de hacer uso de la sexualidad sin fines reproductivos. En los siglos XIII y XIV, al calor de las últimas cruzadas y de los primeros brotes de heterodoxia en el seno del cristianismo católico, la sodomía llegó a equipararse con la herejía, pudiendo aplicarse la pena de muerte a los trasgresores (Baños, 2008: 65).

Así pues, la construcción que afirma que la homosexualidad es un pecado inicia a partir de citas bíblicas. Con ello, es importante tener presente el papel que tuvo la cristiandad para dar comienzo a la persecución de los sodomitas. Menciona Boswell (1998) que es en el libro del Génesis, en el Antiguo Testamento, donde se lee la narración de la destrucción de las ciudades de Sodoma y Gomorra y es donde la iglesia construye la narrativa que indica que el pecado por el cual fueron destruidas estas ciudades es la homosexualidad. Además, nos dice, que Sodoma dio su nombre a las relaciones homosexuales en la lengua latina y también en las vernáculas; es decir, la palabra más próxima al individuo con orientación homosexual fue sodomita.

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En la tradición cristiana, la narración de Sodoma y Gomorra sobre la destrucción de una ciudad pecadora ha llegado a ser el texto clásico para condenar las relaciones homosexuales. Desde el Medioevo, numerosos textos legislativos se han inspirado en la narración bíblica para condenar severamente las relaciones “sodomitas”. A esta narración debemos el nombre de “sodomía” y “sodomitas”, pues muchos comentadores han afirmado que la homosexualidad fue la causa de la exterminación de la población entera de Sodoma (y de Gomorra) (Bonjour y Romer, 2007: 54).

Asimismo, podemos ir desmenuzando la relación que se fue gestando entre la homosexualidad y la iglesia. Una relación que indica exclusión de los homosexuales por parte de esta última. Sabemos que en la iglesia primitiva no existió exclusión y no había preocupación por esta orientación sexual, pero es justo el inicio de la intolerancia cuando la iglesia comienza a discernir que, tal vez, la sexualidad que no lleva a la procreación es por demás “antinatural”. Además, es imprescindible develar que con la ayuda del Estado la iglesia comienza la persecución de la sodomía y con esto, el aborrecer lo homosexual se vuelve parte de un devenir de la sociedad.

La legislación civil medieval, por un lado, protegía, al igual que otros bienes jurídicos, los preceptos de la ley divina o eterna, persiguiendo a sus infractores (herejes, blasfemos…); y, por otro, también se situaba, en muchas ocasiones en sintonía con la ley divina y con la ley natural, pasando a sancionar comportamientos desviados y considerados, por tanto, como antinaturales y que suponían una grave ofensa a Dios, como la sodomía” (Bazán, 2007: 444).

Resultará interesante recalcar que la condenación de la homosexualidad tiene un origen tardío si retomamos el momento en que inicia la cristiandad. “Entre 1250 y 1300 fue cuando la actividad homosexual dejo de ser completamente lícita en la mayor parte de Europa para merecer la pena de muerte en todas las complicaciones jurídicas

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contemporáneas, con concepción de unas pocas. A menudo, se prescribía la muerte por un único acto probado” (Boswell, 1998: 312). De tal forma, se debe comprender que esta situación de exclusión por parte del cristianismo ante lo sodomita implica visualizar que tal intolerancia va subrayar prejuicios que son puramente religiosos para después secularizarse en un vivir social.

Con todo lo anterior, podemos observar los sucesos que han permitido que exista la persecución y asesinato de muchos homosexuales. Desgraciadamente las prácticas socioculturales que permitieron que los homosexuales sean vistos, en muchos de los casos, peor que animales, continuaron en el caminar de los siglos. Asimismo Bazán (2007) dice que en definitiva, a partir del siglo XIII la sodomía entró de lleno dentro de la categoría de lo abominable, de los pecados nefandos, de los crímenes innombrables, de lo considerado tabú, de las relaciones sexuales malditas que transgredían el orden natural establecido por Dios y que mostraban la presencia del demonio en el mundo.

Durante los siglos XI y XII, tiempos de la reforma en el seno de la Iglesia latina, algunos teólogos y canonistas comenzarían a interesarse por la sodomía. Entre ellos cabe destacar los nombres de Pedro Damiano, Ives de Chartres, Pedro el Chantre, Juan Faventino o Benencasa. Para todos ellos las prácticas sexuales suponían un reflejo de la ortodoxia en materia doctrinal y toda desviación suponía un atentado contra ella. Si se toleraban esas prácticas desviadas acarrearían graves tribulaciones a los hombres en forma de hambrunas, epidemias y terremotos. En este punto retomaban el discurso de Justiniano, no en vano en ese momento se estaba produciendo la recuperación del derecho romano gracias al Corpus Iuris Civilis. Quien más beligerante se mostró contra la sodomía fue Pedro Damiano en su Liber Gomorrhianus (Bazán, 2007:436).

Para concluir, la iglesia condena la sodomía y hace partícipe a la sociedad haciendo creer que el practicarla es un pecado que muchas veces, según ella, traía

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consecuencias graves, entre ellas la peste. Además, debemos ser conscientes que todo el bastimento que creó la cristiandad en cuanto al pecado de ser sodomita continúa hoy en día teniendo graves repercusiones que implican en términos mínimos un distanciamiento entre el homosexual y la iglesia. Es necesario mencionar que está intolerancia erigida en el seno de la iglesia continúa hasta nuestros días. Nuestro país no es la excepción, tema que se tratará más adelante, por otro lado, no se pude olvidar que, en muchos de los casos, grandes personajes de la jerarquía cristiana han despotricado contra la homosexualidad, llenando a la sociedad de prejuicios que dan pie a actos violentos como la homofobia.

1.2.5 México, un país de creyentes: mirada homófoba de una sociedad

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