LOS SENDEROS EMERGENTES EN LA INVESTIGACIÓN
2.2. CAMINANDO LOS SENDEROS
2.2.1. Sujetos co-investigadores
La relación establecida entre el investigador e investigados nos lleva a utilizar la denominación de co-investigadores a lo largo de esta indagación. Esta figura se aleja del paradigma positivista que por mucho tiempo colonizó el modo de producción de conocimientos científicos en busca de la objetividad, la totalización y la universalidad; así como la determinación de explicaciones de tipo causal utilizando metodologías cuantitativas y un razonamiento lógico deductivo.
En el paradigma positivista el investigado ha sido reducido a simple “objeto de conocimiento”, o como proveedor de información (“informante”). Esta mirada instrumental coloca al investigador en una posición de poder y control respecto a sus
“informantes” de los que se mantiene alejado. Este posicionamiento del investigador dificulta recuperar el carácter humano de aquellos a quienes investiga e impide comprender las trasformaciones que él mismo sufre durante el proceso de investigación.
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Contrario a este paradigma, aquí se asume que, en la investigación educativa que pretende la comprensión de los procesos inter-subjetivos, situados regionalmente, que crean y recrean relaciones de diversa índole en el devenir de la vida cotidiana, es necesario que el investigador atienda a los sentidos y significados que construye a partir de la relación que establece con las personas que se involucran durante el proceso de indagación. De tal modo que se configura una metodología de corte cualitativo que “se orienta hacia una comprensión particular”, en contraste con la investigación cuantitativa que se “dirige a una comprensión general” (Willis en Pinar, 2014, p. 273).
Se ha discutido el papel del investigador desde diversos posicionamientos, relacionados principalmente a los elementos metodológicos que guían su proceder; estos análisis en algunos casos se centran en un habitus del investigador de carácter técnico soslayando las dimensiones de poder, saber e influencias de éste hacia los investigados y de éstos últimos hacia el primero,
es la desigualdad del poder y del saber la que transforma la reciprocidad del descubrimiento en apropiación del descubierto. En este sentido, todo descubrimiento tiene algo de imperial, es una acción de control y sumisión (Santos, 2003, p. 69).
Se retoman aquí las palabras de Godinho (en Santos, 2003, p. 69): “quien descubre es también descubierto”, para evidenciar la transformación que sufre el investigador que se acerca con una mente abierta, dispuesta a dialogar con las personas. Este acercamiento está marcado por el posicionamiento epistemológico, político, axiológico, ético/moral, social y biográfico del investigador que lo expone y lo descubre ante los otros, mismo que lo posiciona en determina tradición de investigación.
Se ha hablado sobre el conocimiento y saber colonial/hegemónico que el investigador construye y desde el cual se nombra a los “otros” pero es necesario tener en cuenta el papel bidireccional y de influencia mutua que se construye entre investigador e investigado;
ambos como actores sociales que se relacionan, se afectan y se co-construyen.
Esta manera de ser y estar en la investigación, misma que nos aleja del positivismo, nos acerca a paradigmas interpretativo, sociocrítico y participativo (Guba & Lincoln, 2012), así como a formas alternas de pensar el conocimiento, provocando la siguiente pregunta:
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¿hasta dónde son compatibles los criterios que establecen al plantear la relación investigador e investigado? La respuesta a esta pregunta es afirmativa sólo si las tradiciones o
modelos (paradigmas) comparten elementos axiomáticos que son similares, o que resuenan de modo potente entre ellos. Entonces, por ejemplo, el positivismo y el pospositivismo son claramente conmensurables. Asimismo, los elementos de la teoría crítica interpretativista/posmoderna, la investigación constructivista y participativa, encajan con comodidad. La conmensurabilidad constituye un problema sólo cuando los investigadores quieren escoger y elegir entre los axiomas de los modelos positivista e interpretativista, porque esos axiomas son contradictorios y mutuamente excluyentes (Guba y Lincoln, 2012, p. 51).
¿Qué implica aceptar la presencia de co-investigadores e incluso nombrarlos como tales en una investigación y en los productos de ésta? En primer lugar, se reconoce la existencia de una relación profunda, dialógica y dialéctica, hasta afectiva, que afecta a investigador e investigado en distintos sentidos, con miras a la construcción de un conocimiento compartido. Estos procesos de construcción compartida se sostienen en las experiencias vividas por cada uno, correspondiéndose con un componente fenomenológico valioso a partir del encuentro y el entendimiento que aflora y se manifiesta de múltiples maneras en las relaciones que establecen, en las palabras, en las pausas, en los silencios, en las marchas y contra marchas.
En segundo lugar, se admite que en todo proceso de investigación el investigador es también investigado. De acuerdo con Cortés y Núñez (2012, p. 229):
El investigador y la investigadora son sujetos que cuando investigan sobre otros y otras están investigando sobre sí mismos y sí mismas. Por tanto, existen distintas formas de plantearse la relación entre sujeto investigado y sujeto investigador:
Una forma es cuando el sujeto investigador es también sujeto investigado;
Otra forma es cuando el sujeto investigado se convierte en sujeto investigador, y
Una tercera manera es cuando quien investiga se investiga a través del sujeto investigado.
Se trata de la incorporación de la reflexividad y el reconocimiento de la influencia mutua del investigador y del investigado en la investigación en general, y particularmente en la
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investigación educativa en donde las relaciones implican procesos formativos, por tanto auto-reflexivos, así como la necesidad de devolver los resultados a los co-investigadores.
La investigación contó con la participación de tres colectivos de sujetos colaboradores/co- investigadores culturalmente diferenciados ó que habitan contextos regionales híbridos y que permitieron abordar el fenómeno de las experiencias significativas en las relaciones docente, estudiante, comunidad en escuelas telesecundarias de la región de estudio; esta diversidad de sujetos enriqueció la indagación entorno a las miradas plurales, múltiples y desde distintos ángulos respecto al fenómeno educativo de la educación telesecundaria. En seguida se presentan las características generales de los grupos de sujetos colaboradores/co-investigadores, posteriormente se detalla la dinámica de investigación en la cual nos involucramos.
a) Grupos de estudiantes de telesecundaria de tercer grado: los estudiantes de tercer grado representaron el grupo inicial de sujetos con los cuales trabajamos.
Estos colaboradores/co-investigadores fueron estudiantes inscritos en tercer grado de telesecundaria, hombres y mujeres, cuyo rango de edad va de los 14 a los 16 años, algunos mestizos y, en su mayoría integrantes de los grupos étnicos tsotsil y tseltal hablantes de su lengua materna además de un dominio medio del español, los alumnos de las escuelas telesecundarias de la región cuentan con un nivel socioeconómico precario y habitan en comunidades marginadas en condiciones de vulnerabilidad social. Se consideró la participación de estos estudiantes bajo el supuesto que tienen más años de estudio y experiencias acumuladas en la escuela, respecto a sus compañeros de primero y segundo grado.
b) Docentes mestizos de educación telesecundaria: son 13 los docentes mestizos de educación telesecundaria que fueron referidos y nombrados por los estudiantes de tercer grado al expresar sus experiencias significativas desde el papel que realiza la escuela telesecundaria en contexto, destacando la importancia del quehacer docente. Los profesores fueron aludidos por los estudiantes en sus narraciones y nos dimos a la tarea de indagar aquellos que a la fecha laboraran en alguna de las escuelas de la región intercultural HUSANCHA o en su misma escuela. La edad de los docentes que se desempeñan en las telesecundarias de la región fluctúa entre 35 y 40 años de edad ya que por razones de escalafón y derechos de movilidad laboral
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de centro de trabajo los profesores entre ese rango de edad son quienes llegan a la región con una experiencia como docentes de base al servicio la Secretaría de Educación del Estado (SE) de 12 a 15 años de trabajo. Algunos de ellos viajan diario al lugar donde radican, generalmente San Cristóbal de Las Casas, Chiapa de Corzo o Tuxtla Gutiérrez, mientras que otros se quedan a vivir durante la semana laboral en la comunidad donde trabajan. Los profesores únicamente son hablantes de español y fueron formados en instituciones educativas alejadas del contexto sociolingüistico en el que ahora trabajan.
c) Madres y padres de familia así como algunos familiares y miembros de la comunidad: durante la investigación se visitó la casa de siete estudiantes y en ellas se realizaron entrevistas a su padre y/o madre, aunque en algunas ocasiones también intervinieron otros familiares. En su mayoría fueron adultos analfabetas o con dificultades en la lecto-escritura en español y casi nula o nula en su lengua originaria. Los padres de familia de los estudiantes de las escuelas telesecundarias son hablantes de lengua tsotsil y/o tseltal, con dominio medio del español y algunos otros son bilingües, también dialogamos con padres de familia mestizos; todos los padres de familia presentan características socioeconómicas precarias, se dedican a actividades agrícolas de subsistencia centradas en la siembra del maíz, fríjol y cultivo de algunas hortalizas, cría de aves de corral, comercio local o a la cabecera municipal más cercana de algunos productos que cosechan así como migración temporal para desempeñarse como peones de albañil, en servicios de limpieza o como estibadores generalmente en San Cristóbal de Las Casas o en Huixtán.