S EGUNDA P ARTE
IX. Tradición oral
La mitología como manera de percibir y explicar el mundo andino tiene un universo inacabable. Mu- chos mitos son producto del mestizaje cultural inicia- do con la llegada de los ibero-europeos, generándo- se un sistema simbólico mítico reinterpretado desde
la cosmología de occidente en unos casos y a la cos- movisión andina en otros. Así, la literatura oral, con- formada por mitos, leyendas, cuentos y otros relatos, frecuenta en su bagaje un conjunto de referencias co- mo las “cabezas voladoras” o “wayqa”18; las lagunas encantadas que asocian al fin escatológico de pue- blos devenidos en caóticos; los Amaru19, cerros en- cantados, puquiales encantados y otros que han ge- nerado en la población una pauta de conducta de res- peto y temor por lo sobrenatural que existe detrás de un ser natural sacralizado.
Forman parte también, como sanción social y pauta de conducta, el conjunto de mitologías asocia- das a las transgresiones a las normas: los condena- dos, el nakaq20, las jarjachas21, las pacaso tapados22. Los mitos y las leyendas son frecuentes, Cada lugar, cada montaña, cada laguna, cada río y cada manantial tiene una historia mítica. Esta concep- ción mítica y legendarizada ha hecho que el hom- bre tenga respeto y temor por la naturaleza y por consiguiente, influencia en su conducta cotidiana.
Foto 4. Cangallo, Ayacucho. Vista parcial de una feria en campo abierto.
Foto 5. Represa del Proyecto Cachi y local comunal en construcción.
Foto: Mariano Aronés
18 Cabezas voladoras, wayqa o uma. Porque alude a la onomatopeya del sonido que emiten las cabezas voladoras que recorren el mundo o vuelan buscando pegarse en el cuello o en el hombro de las personas.
19Amaru. Serpiente sagrada. También agua que irrumpe de las entrañas de la tierra. También cerro sagrado como es identificado en este trabajo.
20 Nakaq: El degollador, llamado también pistacho.
21 Jarjacha. Forma de sanción al incesto.
22 Paca o tapado alude a un conjunto de leyendas que cuentan que el oro y la plata que se llevaba para el rescate del Inca Atahualpa, fueron enterrados tan pronto se supo que había sido asesinado.
23Comida comercial-cotidiana es aquella que se expenden en establecimientos ofreciendo los "menú" que consiste en una sopa, un plato fuerte o guiso denominado "segundo" y un refresco.
97 Las tierras de los Morochucos, del Chimaycha y del Taki Onqoy
Si bien el movimiento del Taki Onqoy no fluye en la vida cotidiana, las fiestas y las dan- zas que cultivan - principalmente las danzas de tijeras, el ayla28 y otros - adoptan las caracte- rísticas de este movimiento nativista que lleva al éxtasis en sus cultores. Ranulfo Cavero ha hecho un estudio importante sobre los Soras de Sucre y ha redescubierto la energía y fuer- za telúrica que tiene la madre naturaleza, evi- denciada en los rituales de iniciación de los danzantes, en las fiestas del yarqa aspiy y el culto a la Pachamama; es frecuente las cancio- nes del Uh Wayliasociada al culto de los Apus, Wamanis y Qochas29.
El trabajo de campo nos da un conjunto de pistas para rastrear esa herencia milenaria de los Soras que protegidos del Qarwarasu con- tinúan la historia. Encontramos pueblos que se autoidentifican como Soras, las danzas de
Tijeras, el Ayla o Ayra y nombres de pueblos que aluden al inca rey como el de Eccatita Rey Inca – Potongo; todas estas son pistas que nos llevan a entender la vigencia del Mi- to de Incari.
Capacidades de gestión empresarial
La cultura andina conserva una tradición:
el contenido festivo de la vida. El trabajo no es producto del castigo divino sino de una convergencia democrática que junta a los miembros del ayllu, de la comunidad y de los esfuerzos competitivos para conseguir un ob- jetivo productivo, de apoyo a ésta o de servi- cios. El culto al trabajo es una pauta de vida que se materializa en el campo y de modo reinterpretado en las ciudades y que ahora se evidencia con fuerza.
Un símbolo distintivo que los autoidentifica es la música vernácula Chimaycha que, con una tonali- dad muy peculiar y ejecutada con el chinlili24 con- gregaba a la población en los días de fiestas patrona- les, de cosechas, carnavales y en las noches de luna llena, cuando los jóvenes de ambos sexos, en edad casadera, se reunían para celebrar el “vida michiy”25 al son del “chinlili”, la bandurria y las guitarras.
En la actualidad hacen gala de su origen in- dígena y prueba de ello es la fortaleza que tie- nen en sus formas de organización comunal y de los ayllus que comprende a los pueblos de ambas márgenes del río Pampas: Totos. Paras, Chucschi, Cancha-Cancha por la margen iz- quierda y la provincia de Huancasancos, To- manga y Sarhua por la margen derecha.
Morochucos: ¿Hispanos liberatorios?
Los Morochucos, expresión de los monto- neros libertarios. Los habitantes de las pampas de Cangallo son herederos legendarios de los Montoneros, que según la memoria colectiva fueron protagonistas de gestas épicas emanci- padoras y de defensa de la integridad nacional cuando Chile invadiera al Perú. Son recorda- dos también como los actores de movimientos campesinos diversos que conmocionaron Aya- cucho. Sus líderes fueron siempre descritos como hombres blancos, de ojos azules, barba- dos y con una mirada escudriñadora, profunda, cuyos apellidos no son indígenas sino recuer- dan a las élites hispanas que poblaron y se afincaron lo que ahora es el distrito de los Mo- rochucos de la provincia de Cangallo.
Hacen gala de su hispanidad y también de su patriotismo, situación que contrasta con otros grupos como los de Chuschi y Quispi- llaccta, que hacen, más bien, gala de su etnici- dad. Contrariamente los Iquichanos de Huanta reclamaban la vuelta del rey español26. Parado- ja que los hace especiales, como varones y mujeres de a caballo con sus tradiciones pro- pias: fiestas religiosas, competencias carnava- lescas, matrimonios y hasta los emigrantes a Lima de vez en vez, acuden para celebrar y go- zar de su identidad.
El término morochuco es runasimi (que- chua) que alude a los de Cangallo, viene del distintivo de los líderes de los montoneros que amarraban su cabeza con un pañuelo de colo- res cuando con sus caballos protagonizaban movimientos indígenas campesinos en contra del sistema que los sumía bajo el yugo de las haciendas. Son muchas las gestas que guarda la memoria colectiva y que aluden a los mon- toneros de Pampacangallo o de Cangallo. Le- yendas recurrentes de esos “coroneles”27de los montoneros que dirigían a sus pueblos cuyos apellidos más frecuentes son De la Vega, In- cháustegui, Tenorio y solo uno indígena: Basi- lio Auqui H. (Foto 6).
Sucre herederos del Taki Onqoy La actual provincia de Sucre es heredera de las antiguas poblaciones asociadas al Taki On- qoy, herederos de los pueblos de la etnia de los Soras autores de las gestas que buscaban la vuelta a las creencias nativas en contra de la adopción de las hispanas.
Foto 6.
Basilio Awki, Montonero de Pampacangallo.
Foto: Melinda Martínez
24 Chinlili, es un instrumento de cuerdas dobles, con forma de una guitarra pequeña y con pocos trastes, adornado con íconos de aves y cintas desde la clavijera, es muy utilizado por los jóvenes para las fiestas de vida michiy y en las de cosechas. Se construye localmente, el sonido característico es muy peculiar por su sonoridad.
25 Vida Michiy, es una fiesta de enamoramiento. Los jóvenes solteros se reunían en lugares prefijados en días de luna llena para cantar y bailar y entre esta manera de celebrar buscaban sus parejas para formar un nuevo hogar.
26 Los Iquichanos reclamaron la vuelta al Coloniaje porque durante este periodo fueron exonerados del pago del tributo indígena que con la republica se implementó. La reacción de los iquichanos se justificaba así.
27 Coronel llamaban a los conductores morochucos de las huestes etnocampesinas.
28 Danza que también se denomina ayra.
29 Apu, Wamani, Qocha junto con las comunidades de Los Morochucos y de Huamanga simbolizan deidades panteistas que moran espiritualmente en las Montañas, las Lagunas, las fuentes de agua, es decir en la naturaleza.
99 Las tierras de los Morochucos, del Chimaycha y del Taki Onqoy
Los morochucos haciendo gala de su tradición montonera y de diestros jinetes ahora hacen fies- ta en Lima apelando a esta cualidad, pero esta vez de modo empresarial para generarse fondos y sos- tener sus proyectos. Los de Quispillaccta, forjado- res de una identidad indígena, han aprendido a ser usufructuarios de uno de los proyectos de irriga- ción más importantes de Ayacucho: el Proyecto Cachi, para el mejoramiento de las actividades agropecuarias. La comunidad campesina de Quis- pillaccta con sus anexos o barrios constituyen una experiencia inusual de fortaleza cultural. No ne- garon su identidad indígena, se aferraron a ella y ahora son valuarte con la Asociación Bartolomé Aripaylla, cuentan con una Casa del Quispillacc- tino en Ayacucho, una emisora radial (Radio Quispillacta) premiada por una institución coope- rante de Francia y han comprado tierras para pro- ducir empresarial y ecológicamente productos agrícolas utilizando técnicas autóctonas.
Las comunidades y municipios de Lar- cay en la provincia de Sucre conjuntamen- te con la de Pampachiri en Andahuaylas, son portadoras de los proyectos más impor- tantes de turismo rural o vivencial utilizan- do las aguas termales de Larcay y los otros recursos con las que cuenta cada uno de los distritos.
La comunidad campesina de Cancha- Cancha ha solicitado la delimitación del área intangible del sitio arqueológico de la comunidad de Condoray, por donde pasa el Camino Inca o Hatun Ñan, como ellos lla- man, para recuperar la flora y fauna silves- tres, restaurar el yacimiento arqueológico y con ello, implementar un proyecto turístico que dinamice la artesanía de la talla de pie- dra de Huamanga, los tejidos y los servicios de alimentación y hospedaje.