CAPÍTULO 1. MOVIMIENTOS AGROALIMENTARIOS ALTERNATIVOS (MAA)
1.2 Una aproximación a los Movimientos Sociales
34 en los espacios colectivos del cotidiano. Por lo anterior, surgen dinámicas de acción colectiva que plantean giros en el paradigma político alimentario, como lo señala Calle et al., (2009, p. 86) “a) nuevos estilos agroalimentarios con una agricultura diferente que opera e incide por completo en el SAA, b) nuevos cultivos sociales para la introducción de formas de economía solidaria y ecológica que dan lugar a cooperativas emergentes de productores y consumidores y c) nuevos movimientos globales en un dialogo continuo con las protestas antiglobalización, a partir de diversas narrativas de democracia radical (desde las bases), se desprende se desprenden propuestas sobre el SAA ligadas a redes sociales críticas sobre el proceso de mundialización”.
La mundialización neoliberal arremete sobre el Estado, su papel social, su poder político y como regulador en temas sobre el capital, el mercado, los bienes públicos, los recursos naturales una política de privatización alimentada por conceptos tales como democracia de mercado y la elección del consumidor (Wilkinson, 2004). Ahora bien, los más favorecidos son las CTN quienes son causa y efecto de la crisis alimentaria, ambiental, civilizatoria y financiera, ejerciendo dominio sobre los mercados, la producción y las políticas nacionales e internacionales.
35 la observación inmediata. Los consumidores, trabajadores rurales, agricultores y productores, ellos son actores sociales que en su conjunto están en continua tensión con el sistema de producción convencional del agronegocio capitalista.
El quehacer de un movimiento social no es lineal, ni estático, debe expresar su conducta inexorable de resistencia ante el dominio y explotación del capital, estos últimos elementos son inmanentes de la naturaleza antagónica de la relación intrínseca social capitalista (Vakaloulis, 1998, p. 2). Calle (2009); Touraine (1995) y Tarrow (1994) expresan que lo anterior auxilia a aceptar la tesis de la existencia del conflicto, de igual forma la movilización social sitúa de manifiesto la importante labor dialéctica histórica, es así como se puede afirmar que lo dialéctico de la acción colectiva sólo puede tener un impacto al tener en cuenta sus límites, hasta donde se puede llegar, lo referente a lo fenomenológico (los hechos) y su capacidad de incidencia política con transparencia, entonces es preciso resaltar que siempre que hay luchas está vigente un movimiento social.
Wilkinson y Herrera (2008) sostienen que, a lo largo de las últimas décadas, la categoría “consumidor” ha asumido un rol importante en ascenso por encima incluso del rol de productor. Es decir, que, para algunos analistas sociales, el consumir es ahora fuente de construcción de identidad y es así como la innovación, tanto en economía como en sociología se ha centrado cada vez más en la actividad de los usuarios finales “los consumidores”.
Entonces, algunos movimientos sociales tienden a compartir identidades y tener ciertas demandas comunes, debido al avance de la restructuración neoliberal bajo el auspicio de acuerdos y organizaciones supranacionales como el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y la Organización Mundial del Comercio (OMC); las organizaciones sociales surgen con diversos fines como el de representar los derechos de los pueblos originarios con respecto al acceso restringido a los medios de producción Sin Maíz no Hay País en México, el Movimiento de Trabajadores Sin Tierra (MST) y la Vía Campesina son un ejemplo de quienes desafían el proyecto globalizador (Constance et al., 2014).
36 Estos movimientos se construyen con base en dos características: la primera, el planteamiento de que construyen cultura, es decir, se reconoce que todo el quehacer cotidiano está lleno de pautas y significados, hechos simbólicos, lo simbólico inherente a todas aquellas prácticas del día a día. Max Weber (citado en Geertz, 1992) alude que: se puede decir que quien los estudia u observa se encuentra con una telaraña de significados que cada uno de los seres humanos teje a su alrededor. La segunda, se refiere a que estos grupos construyen identidad, la cual se interrelaciona íntimamente con la cultura, sin embargo, difiere de ésta en que “sólo puede consistir en la apropiación distintiva de ciertos repertorios culturales que se encuentran en el entorno social” (Giménez, 2012, p.1), debido a que la identidad tiene que ver con contrastes que marcan fronteras.
De esta forma, se concibe la identidad individual como consecuencia de la identidad colectiva la cual es primordial en los movimientos sociales.
Castells (1996), en relación con este tema en su obra La Construcción de Identidad. La Era de la Información, Economía, Sociedad y Cultura. Sociedad en red Vol. I considera lo siguiente:
“…no se conoce gente sin nombre, ni lenguas o culturas o en lenguas en las que no se establezca de alguna manera distinciones entre el yo y el otro, nosotros y ello. (…) el conocimiento de uno mismo siempre es una construcción pese a que se considere un descubrimiento, nunca está aislado de las exigencias del ser conocido por los otros” … en resumen las identidades establecen sentido mientras que están delimitadas por normas constituidas por la sociedad en su conjunto (p. 28)
Este intento de ver el mundo con los ojos de los otros es uno de los retos, el descubrimiento que el yo hace del otro, es lo transcendental de la alteridad, visto que, a partir de esto emanan una gama de imágenes del otro, no es frecuente ponerse en el lugar del otro, es por ello que la identidad se visualiza en dos partes:
una que es la Auto-identitaria (El Nosotros), y la otra que es Hetero-identitaria (Los otros), visto que, somos contrastes. Además, la identidad no es un adjetivo o algo intrínseco del sujeto sino la relación con el otro es algo relacional intersubjetivo, es decir, la identidad la tenemos como un grupo frente a otro grupo.
37 Es de esta forma que es posible decir que la identidad la adquirimos dentro del grupo y tiene una historia (Castells, 1996).
Todo sentido de la realidad surge de un estilo de vida, por ello la consciencia de sí supone que el otro idéntico, el otro semejante, es el que comparte la vida, es así como la identidad se instaura como principio de inserción y de supresión a la vez (Bartolomé, 2004; Castells, 1996), ya que, al identificarnos con unos tendemos a separarnos de otros. Con el tiempo y las innovaciones de los contextos, las peculiaridades, estimaciones y afectividades conferidas a una identidad pueden variar, al cambiar sus marcos referenciales y contenidos culturales.
Tarrow (1997, p. 37), postula que los movimientos sociales contienen redes sociales, símbolos culturales y estructuras de relaciones con acciones colectivas de carácter contencioso, este es su principal recurso de confrontación desafío e interacción, aquí se comparten objetivos comunes, como se expone en el siguiente esquema:
“a) Desafíos colectivos: acciones disruptivas caracterizadas por la interrupción o introducción de incertidumbre en las actividades de otros que pueden ser grupos de elites, gobernantes y otros grupos o códigos culturales, b) Objetivos comunes: el planteamiento de exigencias a sus opositores, c) Solidaridad: el reconocimiento de una comunidad de interés, d) Interacción mantenida: el cómo se sostienen en el tiempo las acciones colectivas” (p.37) Además de los planteamientos anteriores de cultura e identidad en los movimientos sociales, se ha identificado que en términos generales se comprenden como luchas las instituidas en contra del capitalismo, esto indica la persistencia de una interacción antagónica, se tiene en cuenta el lugar, el territorio y el tiempo en búsqueda de justicia social y solidaridad (Parra, 2005).
Sin embargo, en la actualidad en países como Brasil o Venezuela, existen movimientos sociales a favor del sistema capital. En este sentido, no es posible generalizar los conceptos y los nuevos movimientos globales que están llamados a la innovación desde diversas perspectivas y resistencias para alcanzar esos otros modos de vivir.
38 Los movimientos sociales generan acciones sostenidas que tienden a alcanzar un mismo objetivo general: provocar o resistir un cambio social con una orientación determinada (Luna y Tirado, 2005). No obstante, ningún movimiento social se reduce a una sola acción o a un solo conjunto de acciones organizadas, sino que se combinan acciones concebidas y fomentadas por organizaciones heterogéneas o colectivos sociales que hacen parte del movimiento.
Escobar (2012) señala que los movimientos sociales de hoy, en particular los MAA, en sus primeras fases representaron: diversos grados de denuncia y resistencia al actual modelo de globalización, comenzando por un rechazo al sistema convencional en búsqueda de justicia social. Estos nuevos movimientos suscitan a una lógica colectiva innovadora mediante la auto-organización y procuran continuamente la incidencia social y política con soluciones propias, autónomas y con estructuras no-jerárquicas.