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VILLAMALEA, ENTRE EL VERDE DE LA VIÑA Y EL ROJO DEL PARTIDO

En este pequeño pueblo, de apenas tres mil habitantes, de la comarca de La Manchuela fue creada en 1946 la Cooperativa San Antonio Abad al calor de la Ley de Cooperativas de 1942 y de los grupos de colonización. Inicialmente, dicha Cooperativa estuvo controlada por los próceres falangistas de la localidad y su actividad fue prácticamente nula hasta el año 1953. Entonces, ante los bajos precios de la uva vendida a los bodegueros y propietarios que monopolizaban el mercado del vino y de los alcoholes, un grupo de pequeños agricultores decidieron reimpulsar la Cooperativa para defender sus intereses. De este modo, la Cooperativa de San Antonio Abad fue "refundada" con el objetivo de produciry comer- cializar, a través de bodegas propias, los productos vinícolas de los pequeños y medianos agricultores del pueblo. Por lo que no extra - fian las presiones, boicots, intimidaciones y amenazas, de los mayores propietarios y bodegueros del municipio y la comarca contra tal empresa colectiva 43.

También a mediados de la década de los cincuenta apareció en el pueblo un grupúsculo de jóvenes empeñados en reorganizar el Comité Local del PCE. Se trató de un puñado de jóvenes comunis- tas que no habían vivido la guerra. o que lo habían hecho en su infancia y que, por lo tanto, se encontraban menos amedrentados y atenazados por la represión de posguerra que sus antecesores.

ÓSCAR J. MARTIN GARCÍA

Entre estos jóvenes arraigó, como reflejo del giro estratégico mar- cado por el Partido en estos años, la convicción acerca de la inefi- cacia de la mera clandestinidad y del cerrado debate doctrinario.

Por esta causa buscaron "salir a la superficie de la forma que fuese, ya que la clandestinidad nos impedía tener influencia" en los asun- tos públicos y políticos en los que se ventilaban los intereses de los vecinos del pueblo. Con este espíritu decidieron impulsar la infil- tración en las organizaciones de masas del régimen franquista a nivel local con el fin de "defender los intereses económicos del campesino y crear un movimiento de masas".

Resultado de dicha estrategia, los militantes comunistas consi- guieron en 1957 la presidencia de la Hermandad de Labradores.

Aunque ésta fue una experiencia efímera ante las innumerables pre- siones que llevaron a la dimisión del presidente dos años después.

Sin embargo, este relativo éxito animó al Comité del PCE a continuar y adquirir un mayor compromiso en la "colonización" de las institu-

ciones locales y en la perseverancia en la lucha abierta a través de las organizaciones del régimen. En este sentido, un objetivo irrenuncia- ble, por su importancia en la articulación de los intereses económi- cos y de las relaciones sociales del pueblo, fue la presidencia de la Cooperativa SanAntonio Abad. A principios de los sesenta los comu- nistas se propusieron su conquista a través de la persona de Enrique López Carrasco, de quien el sargento de la Guardia Civil dijo en 1970 que "suponiéndose por tanto que llegado un estado de emergencia o situación caótica, sería uno de los elementos más peligrosos". En 1956 López Carrasco fue elegido vocal por la Sección de Maquinaria, donde consiguió atraerse el apoyo y la confianza de sus compañeros.

Este pequeño agricultor, quien para la Guardia Civil "es muy aficio- nado a la lectura y demuestra estar muy documentado en cuanto a cooperativismo y entidades de esta índole", fue elegido presidente de la Cooperativa en el mes de septiembre de 1961. Cargo que ostentó, con "entusiasmo y ardor" según la Policía, ininterrumpidamente

hasta la celebración de las elecciones generales de 1977. Si bien intentó ser vetado desde la oficialidad por sus "pésimos antecedentes políticos" y en evitación de que la Cooperativa "pueda convertirse en un foco político contrario a nuestro Movimiento, desde el que, de una manera solapada, se ejercieran actividades comunistas". Por esta razón. "se estrecharon todas las medidas de vigilancia y control sobre las actividades de la Cooperativa", aunque sin grandes resultados para malestar de las autoridades provinciales 44.

Desde comienzos de la década de los años sesenta la Cooperativa de San Antonio Abad se convirtió en "una avanzadilla de la lucha", en "una plataforma de movilización del Partido que por ahí canalizó sus protestas" 45 . Asimismo, se tomó en un impor- tante instrumento de politización de muchos pequeños y medianos agricultores del pueblo. Con el paso de los años esta Cooperativa llegó a ser el "símbolo de lucha y enfrentamiento político, econó- mico y social de los campesinos contra las instituciones y el régi- men franquista". Según un informante del Partido, de paso por estas tierras en 1970, en Villamalea el "centro de toda la vida eco- nómica, social y política es la Cooperativa, que empezó a funcionar hace ya algunos años con unas decenas de socios, y hoy agrupa a i.000 familias campesinas" 46 . En noviembre de 1974 el diario La Verdad recalcó que "por una vez una Cooperativa está siendo freno del subdesarrollo (hasta donde puede), y acelerador del bienes- tar" 47 . No extraña, por tanto, la preocupación de las autoridades sindicales de la provincia porque el "peligro mayor se cierne sobre otras localidades colindantes", ya que la Cooperativa San Antonio Abad "sirve de norte a otras cercanas, cuyo contagio político es muy posible". Por ejemplo, en 1964 en la localidad de Villalpardo la policía tuvo que dispersar una asamblea fomentada desde la Cooperativa de Villamalea por las incitaciones a los vecinos "para que se pronunciaran en fuerte protesta ante las autoridades de todo orden y reivindicaran una mejora de sus derechos sociales".

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El control de la Cooperativa por parte de miembros más o menos cercanos a la oposición democrática facilitó la introducción de los mismos en otras instituciones locales. Con motivo de las elecciones sindicales de 1966, desde la presidencia de la Coo- perativa se informó a los socios que "hay las elecciones sindica- les en España, es un tema palpitante y de serio interés para todos.

Si tenemos que vivir en estos pueblos, tendremos que luchar no sólo por la Cooperativa, sino por una buena Hermandad y un eficaz ayuntamiento". Como cuenta el propio Enrique López Carrasco.

"no nos conformábamos con la Cooperativa. Con el tiempo sufi- ciente preparamos copar la Hermandad. Íbamos casa por casa para conseguir votos [...1 Les animamos a ir a votar y ganamos". En las elecciones de 1966 y de 1971 las candidaturas encabezadas por los comunistas y por otros vecinos comprometidos, aunque sin militar en el Partido, con el movimiento campesino, obtuvieron la presi- dencia de la Hermandad y el control de la Sección Social de la misma. En esta última fecha, según el propio PCE, "hubo mucha animación y gran afluencia de público" durante la votación. Cuyos resultados dieron a los comunistas y aliados dieciocho de los vein- ticuatro puestos a cubrir. Éstos obtuvieron 1.436 votos por 375 de los candidatos oficialistas 48.

Éxito que muy posiblemente se hubiese vuelto a producir en las elecciones de 1975 de no mediar las manipulaciones y amenazas esgrimidas por el sindicalismo oficial. En esta localidad los comu- nistas impugnaron el plan electoral que pretendía minimizar el número de cargos elegibles en los centros con fuerte presencia del PCE y de las Comisiones Campesinas y aumentar el número de car- gos en sectores adictos en los que la victoria de la candidatura oficialista estaba asegurada. También denunciaron que algunos candidatos electos eran "hermanos, tíos y sobrinos del presidente de la Hermandad" 49 . Las múltiples arterías y coacciones hicieron que las últimas elecciones sindicales del franquismo en la

Hermandad de Villamalea estuviesen controladas, según el PCE de la localidad, por "gente reaccionaria" en la Sección Económica y por sus "hombres de paja" en la UTT. Aun así, la oposición consi- guió obtener la presidencia de la parte social y la vicepresidencia de la Hermandad.

Tal fue el grado de entrismo del PCE en las instituciones loca- les de la dictadura que —según un informe fechado a inicios de los setenta— la "lucha contra la reacción local ya se lleva en un plano abiertamente político, producto de que a las autoridades el poder local se les ha escapado prácticamente, sólo les queda la alcaldía como plataforma política". Por esta razón las jerarquías provincia- les intentaron fortificar esta institución con el nombramiento de alcaldes adictos a la línea dura del régimen. Durante este periodo fueron nombrados ediles de la localidad un antiguo brigada de la Guardia Civil y el delegado local de la OS. Personaje éste último

—según los comunistas— "soberbio y sin sentimientos sociales y humanos", que en una asamblea de la Cooperativa en 1973 fue denunciado como "abanderado del anticooperativismo" y "repre- sentante de una minoría que no supera el 5 por ciento". Las malas relaciones y los continuos enfrentamientos entre el Ayuntamiento y la Cooperativa llevó a ésta segunda a avisar que la "mala fe" y el

"fanatismo personal" del alcalde podían ocasionar en el "pueblo algún problema delicado y de violencia" (Sanz Díaz, 2oo3, 178-

179). También las autoridades provinciales hablaron de "enfrenta- mientos e incidentes entre los grupos opuestos del puesto". Para acabar con esta situación, en 1976 el movimiento democrático, encabezado por el PCE, intentó conseguir la alcaldía en la persona de Enrique López Carrasco. Como decía un informe del PCE acerca del control sobre la alcaldía de Villamalea, "los camaradas no le quitan el ojo de encima para arrancársela en la primera oportuni- dad que se presente". Y ésta apareció con motivo de la apertura municipal en materia electoral auspiciada por las reformas del

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gobierno de Arias Navarro. Entonces, los militantes del Partido no sólo consiguieron reunir el i por ciento de las firmas del censo requeridas para presentar candidatos, sino que llegaron a juntar un 25 por ciento de las firmas de los vecinos censados. Si bien las maniobras y obstáculos burocráticos impuestos por las autoridades hicieron imposible la participación de López Carrasco en dichos co- micios. Hubo que esperar a las primeras elecciones municipales democráticas de 1979 para que los comunistas obtuviesen el bastón municipal por mayoría absoluta. No obstante, aunque el ayunta- miento fue la única institución local que se resistió al control del movimiento abanderado por el PCE, ésta sufrió un constante des- prestigio y pérdida de influencia sobre la vida social, económica y política de la comunidad. Así quedó reflejado, por ejemplo, en el fracaso de la Cooperativa en la "que como socios figuran —según el diario Informaciones— el alcalde, los concejales y antiguos bodegue- ros". Dicha Cooperativa había sido promocionada desde la oficiali- dad como contrapeso a la creciente influencia sobre el vecindario de la Cooperativa San Antonio Abad y con el objetivo de debilitar y dividir el importante movimiento campesino de la localidad.

En el caso de Villamalea, el acceso al poder modeló el tipo de acción emprendida por parte de los militantes del PCE. La obten- ción de importantes cargos en la Cooperativa y en la Hermandad permitió al PCE ejercer una lucha abierta y legal, haciendo de las instituciones de control de la dictadura verdaderas plataformas de reivindicación y movilización. Como decía un informe del Partido,

"el alma de todo este trabajo" fue Enrique López Carrasco, "presi- dente de la Cooperativa, presidente de la Hermandad, presidente de la Caja Rural y miembro de unas cuantas comisiones y organis- mos provinciales". Un pequeño agricultor que —según citado informe— "sabe combinar su trabajo abierto con el ilegal, aunque es un líder fundamentalmente legal". A través del trabajo abierto y del control de los organismos locales, los militantes de la oposición

tuvieron acceso directo a la gran mayoría de villamalenses, para quienes los instrumentos oficiales de establecimiento del precio de la uva, reparto de las ayudas al campo, préstamos a bajo interés y negociación colectiva, incidieron decisivamente en sus condicio- nes de vida y de trabajo. Así fue posible obtener el apoyo a numero- sas reivindicaciones —al venir convocadas desde organismos reconocidos por la legalidad franquista— por parte de vecinos sin grandes inquietudes políticas que de otra manera hubiesen sido reacios a colaborar con cualquier actividad clandestina.

Las principales acciones reivindicativas impulsadas desde la Cooperativa o la Hermandad siempre estuvieron muy vinculadas a las necesidades más perentorias de las clases populares del pueblo.

Se trataba de aprovechar y utilizar "todo lo que desde las institucio- nes del régimen se podía hacer para ayudar a la gente". Buen ejem- plo de ello fue la creación, desde la Cooperativa, de la Caja Rural con el objetivo de que "el dinero del campo se invierta en el campo". De hecho, "gracias a esa entidad bancaria muchas perso- nas de Villamalea con dificultades económicas muy serias han podido salir adelante" 50. Ésta facilitó préstamos a los campesinos en condiciones muy favorables. La Caja Rural también canalizó el ahorro de los emigrantes del pueblo en Holanda y en otros lugares, lo que hizo posible que las remesas redundasen en la promoción económica de la localidad 51 . Por tanto, la movilización emprendi- da enVillamalea, más que ser el resultado de un modelo ideológico, básicamente respondió a las necesidades de defensa colectiva de los intereses de los agricultores y las clases populares en el marco de una dictadura como la franquista. De hecho, el progresivo apoyo popular a las demandas de tipo político y democrático se despren- dió de las reivindicaciones más sentidas por los habitantes del pue- blo y del trabajo sindical y social a nivel de base.

Tal defensa se llevó a cabo a través del ejemplo diario de tra- bajo, honradez, esfuerzo, compromiso y realismo. Los comunistas

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al frente de la Cooperativa y otros organismos locales únicamente consiguieron el apoyo y el prestigio entre el vecindario mediante la pragmática y cotidiana defensa de los intereses del pueblo. En este sentido, la dirección local del PCE siempre tuvo claro que el respeto y favor entre los vecinos únicamente se podía ganar a través del ejemplo cotidiano de compromiso y rectitud. Por este motivo, el PCE villamalense creó la Comisión de tos Tres. Ésta comisión fue la encargada de velar porque el militante "fuese un espejo de perfec- ción, el más trabajador, el más honrado, de vida matrimonial irre- prochable, sin vicios, etcétera". No en vano, la mayoría de los activistas y simpatizantes del PCE en Villamalea, aunque "sus ideales políticos son de izquierdas", fueron conceptuados por los informes de la policía franquista como individuos de "buena conducta moral, pública y privada". Fue habitual que en las fichas policiales se habla- se de un "honrado trabajador y carente de vicios" o de un vecino que

"goza de buena reputación" en el pueblo, para referirse a individuos comprometidos con la lucha democrática liderada por el PCE.

La dirección del PCE de Villamalea siempre tuvo claro que el crecimiento del Partido y las posibilidades de la lucha contra la dic- tadura anduvieron de la mano de su capacidad para influir en los asuntos sociales, económicos y políticos que preocuparon diaria- mente a los villamalenses. Para ello, fue necesario el aprovecha- miento eficaz de todos los recursos facilitados por la intrincada maquinaria de las instituciones franquistas locales. Por esta razón, el PCE de Villamalea, principalmente conformado por pequeños agricultores, estableció alianzas y una íntima colaboración al fren- te de la Cooperativa, de la Hermandad y de la Caja Rural, con técni- cos y profesionales de clases medias que no fueron necesariamente comunistas, aunque el sargento de la Guardia Civil los calificó en 1970 como "socios incondicionales" del presidente de la Coo- perativa y "simpatizantes de las ideas izquierdistas" 52• Para ocu- par diferentes cargos en los diferentes organismos locales, el

"Partido empezó a tantear a esa gente que creyó conveniente que le podía ayudar por su capacidad de convicción, por su valía personal, por sus cualidades, por su disponibilidad". Según un informante del PCE, la "Cooperativa la dirige el Partido con una serie de aliados que han sabido conquistar los camaradas". De hecho, para el desarrollo y consolidación de las estructuras del Partido en el seno de la locali-

dad fue "muy importante el valerse de las personas que valían para desempeñar esos puestos, aunque no fuesen comunistas" 53.

En esta misma línea, se puede decir que el PCE de Villamalea se afanó por crear un frente interciasista y abierto, un movimiento de base social amplia, que aglutinase, además de pequeños agricul- tores y jornaleros, a profesionales, funcionarios, comerciantes, miembros de clero local, etcétera. Se trató de utilizar todos los recursos legales y clandestinos, para representar los intereses del mayor número posible de vecinos y colectivos sociales. Buen ejem- plo de ello fue la creación, por parte de militantes del PCE, de la Cooperativa de consumo Robert Owen, cuyo objetivo fue abaratar los precios y ayudar en la cesta de la compra alas familias económi- camente más débiles. No obstante, desde el Comité Local del PCE se llamó a los vecinos al "debido respeto con el pequeño comercio de Villamalea". Desde la dirección del Partido "se nos aconsejaba a todos los socios que debíamos comprar en todos 108 pequeños comercios de Villamalea" 54 . Esta voluntad de inclusión y represen- tación de los intereses de amplios sectores populares permitió al PCE fraguar un profundo arraigo e inserción en el tejido social del municipio. Dichas raíces, además, crecieron conforme se fue levantando una red de servicios que llegó allí donde no alcanzó el Ayuntamiento. Por ejemplo, desde el PCE se articularon y pusieron en funcionamiento las conocidas como jornadas rojas. Instauradas éstas en 1967 con el fin de ayudar —mediante peonadas los fines de semana, la recolección de la uva, facilitación de maquinaria, etcétera— a aquellos agricultores más necesitados del pueblo.

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Asimismo, independientemente de la oficialidad y con la influyen- te participación del PCE y de sus aliados, se crearon la mencionada Caja Rural, la biblioteca del pueblo, el economato Robert Owen, el club de teatro, el equipo de fútbol, los bailes obreros, el Bar-Club Televisión, el Club de Amigos de la UNESCO, etcétera. Así, cuando los colegios electorales se abrieron por primera vez a la democracia en junio de 1977, el PCE de la localidad tenía cuatro centenas y media de afiliados —más del jo por ciento de la población del pue- blo—. Pero su influencia social en Villamalea era mucho mayor. De hecho, durante las décadas de los sesenta y setenta el PCE llegó a "controlar la vida económica, política y cultural de Villamalea". Por todo lo cual no extraña que, como decía un informe del PCE,

"Villamalea es conocido en toda la comarca, y más allá, en la pro- vincia, como el pueblo rojo".

La movilización pública, abierta y legal tuvo su correlato en el activismo clandestino. Es decir, además de aprovechar al máximo los recursos legales facilitados por el sindicalismo y el cooperati- vismo franquista, el PCE promovió toda una serie de acciones ile- gales como la organización de asambleas, el reparto de propaganda, la realización de huelgas, manifestaciones, encierros, etcétera. En las más de las veces, el Partido potenció la actividad dentro de la legalidad, pero no tuvo ningún inconveniente en utilizar reper- torios ilegales cuando las condiciones así lo aconsejaron. Por ejemplo, cuando la UTF de la Hermandad encontró numerosos obstáculos para preparar el convenio de 1974 su presidente protes- tó porque en "en esto de la celebración de reuniones se nos están poniendo cada día más trabas y burocracia en lugar de ir conce- diendo más libertad, pues si se continúa con tantas cortapisas para celebrar una reunión, nos veremos en la necesidad de celebrarlas clandestinas" 55 . Muestra de la continua trasgresión de la legalidad por parte de los comunistas de Villamalea, Enrique López Carrasco

—a pesar de ser un líder legal— fue el ciudadano más multado