CAPITULO I. LA VIOLENCIA CONTRA LAS MUJERES COMO PROBLEMA SOCIAL Y COMUNICACIONAL
CAPÍTULO 2. LA VIOLENCIA SIMBÓLICA COMO PROBLEMA DE INVESTIGACIÓN EN COMUNICACIÓN
2.1. Panorama actual de la investigación sobre la violencia y violencia simbólica Últimamente la violencia que se padece tanto a nivel Internacional como en México
2.1.1 Violencia simbólica y comunicación: un par poco estudiado
La violencia es una de las tantas problemáticas del ser humano, más allá de formar parte de la condición innata de hombres y mujeres para su sobrevivencia, corresponde a un acto intencional que trasgrede un derecho y ocasiona daño en el otro o en los otros: “quien ejerce violencia busca someter, dominar, imponer su voluntad. La violencia se da siempre en una relación donde existen posiciones diferenciadas y asimétricas de poder, y a su vez quedan reestructuradas o fortalecidas después de cada incidente violento”. (Torres, s/a: 5)
En consecuencia, dicho fenómeno se ha convertido en un malestar que afecta las diversas esferas en las que el individuo se desenvuelve, razón por la cual, es uno de los temas más recurrentes que se ha considerado a investigación.
De esta manera, la violencia se ha abordado desde varias disciplinas, como la antropología, la filosofía, la psicología, el psicoanálisis, la criminología, la política (Blair, 2009) y a la vez, se ha estudiado desde diferentes perspectivas teóricas para lograr
entender el origen de la violencia, el mecanismo del poder, así como también las causas y consecuencias que trae consigo dicha problemática.
A la par, el objetivo de realizar investigaciones sobre la violencia desde diversas disciplinas y teorías es debido a que no se puede generalizar en un concepto y mucho menos realizar investigaciones con base a una disciplina y enfoque teórico, pues en relación con el autor Jacques Sémelin es imposible determinar que una teoría sea capaz de explicar todas las formas de violencia, “ella tiene numerosas caras, frutos de procesos distintos,” (Sémelin, en Blair, 2009). Por lo tanto, es un fenómeno multidisciplinario y multidimensional que surge y se manifiesta de acuerdo a las circunstancias del tiempo y espacio en el que el individuo está viviendo.
Sin embargo, es relevante señalar que algunos investigadores como Daniel Pécaut, Alain Pessin y María Clemencia Ramírez, cada uno desde su disciplina, coinciden en que cualquier manifestación conflictiva que genere violencia tiene como base una dimensión social (Pécaut Pessin y Ramírez, en Blair, 2009: 14, 26, 30), cuya primera expresión de desequilibrio y abuso de poder se genera mediante la comunicación y los discursos. El discurso es entendido como una práctica humana de creación de sentido, un elemento crucial de la actividad humana que gesta la vida cotidiana, la identidad y las relaciones de poder. (Fuentes y Corona, en Pérez, 2008: 233)
En este sentido, se puede apreciar que la comunicación y por ende los discursos, son base sustancial para edificar las relaciones sociales y la concepción de la realidad, pues a través de ellos también se manifiestan las relaciones y los abusos de poder. Este abuso de poder que se puede expresar mediante los discursos, Pierre Bourdieu (1964)
lo denomina como violencia simbólica, la cual afecta más allá de una agresión y maltrato físico, sexual y psicológico porque “es una violencia amortiguada, insensible e invisible para sus propias víctimas, no se produce en la lógica para las conciencias conocedoras, sino a través de los esquemas de percepción, apreciación y de acción que constituyen los hábitos y que sustentan, antes de las decisiones de la conciencia y de los controles de voluntad, una relación de conocimiento profundamente oscura para ella misma. Es entonces, la lógica de la dominación ejercida en nombre de un principio simbólico, conocido y admitido tanto por el dominador como por el dominado”.
(Bourdieu, 2000: 12 y 53)
A propósito de la Violencia Simbólica, como se ha comentado con anterioridad, se han realizado investigaciones desde diversas disciplinas (psicología, sociología, psicoanálisis y comunicación). Dicha problemática ha sido analizada en relación con las principales instituciones, como ejemplo; el Estado, la escuela, la familia y los medios de comunicación7.
A modo de síntesis, la mayoría de los estudios sobre violencia simbólica exponen la desilusión del discurso institucionalizado, pues ya sea tanto en nivel institucional como en un nivel interpersonal, los investigadores lo manifiestan como “constructo cultural”
que está legitimado y avalado para la edificación de la realidad, por medio de una dominación masculina y patriarcal que rige desde el Estado, la familia, la iglesia, el arte, las relaciones interpersonales y los medios de comunicación.
7Para una mayor información al respecto se recomienda consultar el estado del arte de esta investigación referido en el apartado 2.1 del presente capítulo
Es relevante recalcar que la violencia simbólica ha sido investigada como la producción y reproducción de “constructos culturales”, dejando a un lado la importancia que tiene el papel de la comunicación como un proceso dinámico de acción social y comunicacional, así como también el papel del discurso en la violencia simbólica y su poder para posteriormente, generar los “constructos culturales” en las relaciones sociales e interpersonales. Dicho de otra manera, los estudios que se realizan sobre la violencia simbólica están alejados de sus cimientos, que son: la comunicación y los discursos, pues las investigaciones en cualquier disciplina están centrados en el resultado de estos, los cuales son los constructos culturales.
Lo anterior permite complejizar que la comunicación es un proceso de interacción, de intercambio y retroalimentación de información como sentimientos, emociones, ideas, entre otras, por medio del mensaje (Rizo, 2009: 32), y que a su vez, tanto la definición como su práctica en la vida cotidiana van más allá de reducir a la comunicación y a la violencia simbólica en el estudio de los medios masivos como un proceso estático.
Esto es debido a que la comunicación al igual que el discurso están presentes en cualquier acto humano, Bourdieu menciona que “el discurso lejos de cualquier código formal, lleva la marca social -el poder y el valor- de la situación en que se ha producido”
(Bourdieu, en Alonso, 2004), razón por la cual, no se debe centrar a la comunicación en un estudio de medios masivos de comunicación, debido a que constantemente el sujeto en sus prácticas comunicacionales se encuentra manifestando y restructurando un entramado de significados que cobran sentido en el contexto en que se encuentre la persona.
A pesar de que la violencia simbólica ha sido estudiada desde diversas disciplinas y pese su estudio en cuanto a la comunicación ha prevalecido en los medios masivos, es importante destacar que de cierta manera, ha permitido vislumbrar hacia las demás formas que generan el fenómeno de la violencia. Sin embargo, hace falta investigaciones que se orienten en la relación de la violencia simbólica con la comunicación cara a cara, pues a través de este fenómeno no sólo se ejerce la violencia y abuso del poder por medio del discurso, sino que también se naturaliza en la práctica comunicacional, como lo son, la interacción e intercambio de mensajes.
Finalmente, es necesario destacar que la insuficiencia de dichos estudios, sigue siendo una causa para que el Estado y otras instituciones no la consideren y mucho menos la cataloguen como otro tipo de violencia presente en la sociedad, esto da pauta a que las personas al no reconocerla, no la denuncien como otro tipo de violencia y sobre todo continúe la asimilación y naturalización de violencia simbólica como parte de la vida cotidiana en los discursos y en las prácticas comunicacionales.