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Y LA INICIATIVA SOBRE EFICIENCIA DE RECURSOS 1

In document CAPÍTULO ESPECIAL BOSQUES EN ESPAÑA (página 108-112)

1Extraído del estudio “La senda más segura: una Europa baja en carbono y eficiente en el uso de los recursos”, publicado en la Revista General del Derecho Europeo 24(2011).

2Consejero coordinador de medio ambiente. Representación Permanente de España ante la Unión Europea.

NUEVOS ESFUERZOS PARA UNA EUROPA MÁS

Otros son más positivos, si bien destacan que inevitablemente se producirá un cambio sustantivo en el uso de los recursos y en nuestro comportamiento. Jamais Cascio, calificado como uno de los 100 Global Thinkers por la revista Foreign Policy, señalaba en un reciente artículo en New York Times que aunque la agricultura no podría alimentar a esa población con una dieta occidental, sí sería posible hacerlo con una dieta basada en proteína pro- cedente de “carne cultivada”. Y que con los hábitos de consumo de la sociedad post-industrial, los suministros de recursos y los flujos de residuos quedarían colapsados, pero que una economía basada en los conceptos cradle to cradle y en nuevas tecnologías podría facilitar sensiblemente la transición. Del mismo modo, una tal población con un estilo de vida occidental demandaría una cantidad de energía de al menos un orden de magnitud superior al consumo de hoy día, lo que podría conducir a un impacto ambiental masivo.

El desafío es pues colosal y la eficiencia en el uso de los recursos no es tan solo una cuestión ambiental o de cui- dado del Planeta, por muchos beneficios ambientales que traiga. Se trata también de una cuestión clave para la supervivencia del sector productivo y que poco a poco va imponiéndose en la forma de hacer negocios. También vemos como cada vez más los inversores institucionales y otros grandes inversores como los fondos de pensio- nes tienen más en consideración la forma en que las compañías abordan los problemas de cambio climático y de sostenibilidad a la hora de determinar sus estrategias de inversión. Hace poco, Mindy Lubber, presidente de Ceres, decía en Financial Times (4 de octubre de 2010) que las compañías van comprendiendo que esto [la soste- nibilidad] es un asunto de negocios, y que ha llegado para quedarse.

La sostenibilidad en el corazón de la política de la Unión Europea: la estrategia Europa 2020

En sus sesiones de marzo y de junio de 2010 el Consejo Europeo dio forma definitiva a la “estrategia Europa 2020 para el empleo y un crecimiento inteligente, sostenible e integrador”, que guiará la acción de la Unión Europea y de sus Estados miembros en esta década. Con esta estrategia, adoptada al más alto nivel, se pretende movilizar todas las políticas e instrumentos de que dispone la Unión Europea a efectos de coordinar la acción de los Estados miembros e impulsar las reformas estructurales necesarias para materializar el potencial de crecimiento de la Unión Europea.

Es particularmente destacable el hecho de que los problemas ambientales se aborden ahora a tan alto nivel, junto al tratamiento tradicional de las políticas económicas y de los objetivos de lucha contra el desempleo y la crisis económica y financiera. La estrategia es muy selectiva y establece tan solo cinco objetivos generales para el año 2020, uno de los cuales está dedicado a medio ambiente.

La aplicación de la estrategia se guía por unas “Directrices Integradas”, que orientan la acción de la Unión Europea y de los Estados miembros para la consecución de los objetivos señalados. Estas directrices son también respalda- das al máximo nivel de la Unión Europea por el Consejo Europeo. Son tan solo seis en materia económica y una de ellas, la Directriz número 5, está íntegra y ampliamente dedicada al logro de una economía baja en carbono y efi- ciente en el uso de los recursos. Utilizando las propias palabras de la Estrategia, las políticas de la Unión Europea y de los Estados miembros, deben aspirar al «crecimiento sostenible» …. [que] significa disociar el crecimiento eco- nómico de la utilización de los recursos,… y que aproveche el liderazgo europeo en la carrera para desarrollar nue- vos procesos y tecnologías, incluidas las tecnologías verdes… llevar a cabo las reformas necesarias para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y utilizar los recursos eficientemente…

A partir de estas directrices, cada uno de los Estados miembros debe elaborar su propio Programa Nacional de Reforma, en el que han de exponer con detalle las medidas que van a adoptar para lograr los objetivos de la estra- tegia.

Además, una de las siete iniciativas emblemáticas de Europa 2020 se denomina precisamente “Una Europa que utiliza eficazmente los recursos”, ya adoptada por la Comisión y actualmente en fase de arranque. Por otra parte no puede olvidarse que Europa 2020 será el marco político que inspire la orientación del gasto de la Unión Europea para el próximo período que empieza en 2014 y que vendrá determinado por el nuevo Marco Financiero Multianual que la Unión Europea está ya discutiendo.

En resumen, vemos que el conjunto formado por Europa 2020, sus Directrices Integradas, la Iniciativa Emblemática, los Planes Nacionales de Reforma y el sistema de gobernanza, y con impulso que pueda darse desde los presupuestos de los próximos años, la Unión Europea ha establecido un marco firme y coherente para impulsar de manera decidida una transformación de la actividad económica hacia un modelo bajo en carbono y más eficiente en el uso de los recursos. Una tarea titánica que solo con este marco político institucional puede abordarse a la escala que se plantea.

Una Europa que usa eficazmente los recursos. Iniciativa emblemática de la estrategia Europa 2020.

Mejorar la eficiencia en el uso de los recursos es una dinámica que abarca un gran número de políticas y de sec- tores de la actividad económica y que además se ha identificado como algo esencial para el crecimiento y el empleo. Los resultados a obtener han de incluir la reducción de inputs de las actividades económicas producti- vas y minimizar los residuos, lo que lleva a la necesidad de actuar en todos los elementos de las cadenas de pro- ducción, en la energía, en el transporte, en la construcción, en el turismo, en la gestión de los negocios, etc. Dado

su carácter esencialmente transversal y la necesidad de integrar el objetivo de eficiencia en todas las políticas, la utilidad de la Iniciativa está en ofrecer una visión global e integradora y a largo plazo para todos los sectores afec- tados. Y que además pueda ser tenida en cuenta desde el mismo principio de la formulación de las políticas y medidas de reforma derivadas de Europa 2020.

Los beneficios a obtener se dejarán sentir en toda una multitud de aspectos, incluidos desde luego los de carác- ter ambiental. Resulta evidente que una mayor eficiencia energética y la reducción de las emisiones contaminan- tes mejorarán la calidad del aire y, en consecuencia, la salud y la calidad de vida. Reducir los residuos y mejorar el reciclado reducirá también las presiones ambientales (vertederos, incineradoras, emisiones, etc.) y disminui- rá el consumo de materias primas y con ello los impactos sobre el territorio y sus ecosistemas. Todo ello contri- buirá a generar importantes beneficios de otro tipo, como reducir la dependencia energética y de materias pri- mas, aumentar la seguridad frente a la volatilidad de precios del petróleo, promover la innovación y desarrollo de tecnologías más favorables al medio ambiente, así como la generación de empleos nuevos en sectores de futu- ro, mejorar la competitividad global de la economía europea y generar nuevas oportunidades de negocio.

Por otra parte, si grande es el reto a escala interna en la Unión Europea, no es menor su dimensión internacio- nal. La acción conjunta a escala global aportará beneficios acrecentados. Por una parte, una mayor eficiencia puede conducir a una demanda más controlada y, de ahí, a una reducción de riesgos en el acceso a las materias primas. Por otra parte, la demanda de servicios, conocimientos y tecnologías innovadoras se verá acrecentada, con lo que se verán multiplicados los beneficios mutuos en términos de innovación y los esfuerzos realizados se rentabilizarán mejor con una demanda en un mercado global. En sentido contrario, la falta de acción por parte de otras economías desarrolladas y emergentes podría ubicar a la Unión Europea en ciertas situaciones de desven- tajas competitivas relativas y a la postre terminarían retrasando y haciendo más cara la transición a esta nueva economía inevitablemente verde.

Todo ello hace también imprescindible la incorporación de esta perspectiva de eficiencia en el uso de los recur- sos a la política y a las relaciones externas de la Unión Europea y, en particular, a su política comercial por el gran potencial de dinamización que tiene a escala global.

Sin perjuicio de la necesidad de fuerte y continuado impulso, el progreso en esta senda de la eficiencia en el uso de recursos está confirmado por multitud de ejemplos de éxito tanto en el ámbito público como privado. Tanto a través de políticas públicas como de esfuerzos voluntarios. Entre los resultados positivos de las primeras pode- mos citar la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero de la Unión Europea, que largamente supe- ra el 10% con respecto a 1990; o el hecho de que el reciclado de residuos haya dejado de ser una novedad y se haya convertido en algo familiar para empresas y particulares; o el ambicioso sistema de reciclado de residuos de Corea; o la estrategia de Barbados sobre energía solar, que ha conducido ya a que casi el 50% de las casas tenga energía termosolar, por citar solo algunos ejemplos.

También en el mundo de la empresa hay muchos ejemplos de esfuerzos que arrojan resultados positivos. De hecho las empresas se van haciendo cada vez más conscientes de las oportunidades de negocio que encierra este cambio de modelo, así como del riesgo que supone el aumento de competencia por el acceso a los recursos natu- rales debido a la concurrencia de las crecientes economías emergentes. Y es un hecho que en sus estrategias de negocio cada vez incorporan más esos riesgos y las medidas para contrarrestarlos. Proyectos como el Carbon Disclosure Project , que incorpora a más de 500 inversores institucionales que representan más de 64.000 millo- nes de $ y que recoge las emisiones de gases de efecto invernadero de más de 2.500 organizaciones, muestran como estas cuestiones se van teniendo cada vez más en cuenta. O el hecho de que el 65% de las compañías más rentables del mundo, las recogidas en Global 500, hayan establecido objetivos de reducción de emisiones.

Se trata en conjunto de un proceso en el que se avanza tanto a partir de la regulación como por el incentivo deriva- do de los propios negocios y la dinámica de beneficios de las empresas. A título de ejemplo, un reciente estudio del Gobierno británico (Review of the Future Resource Risks Faced by Business and an Assessment of Future Viability) muestra que las empresas de Reino Unido podían ahorrar alrededor de 6.000 millones de libras implantando medi- das de eficiencia de recursos que o bien no tienen coste o cuyo coste se amortizaría en menos de un año. Es por lo tanto una dinámica que excede con mucho la capacidad de un gobierno, un país o incluso de una organización como la Unión Europea: se trata de movilizar una economía y una sociedad entera para orientarse en la dirección adecua- da. Es imprescindible la movilización de todos los actores. Si la intervención pública es necesaria, también lo es el concurso de la iniciativa privada. Tal es la dimensión del reto al que se enfrenta el proceso.

La Comisión identifica en su Comunicación las 16 hojas de ruta y medidas a lanzar o lanzadas en 2011 para avan- zar en esta vía de la eficiencia en el uso de los recursos con una perspectiva de acción e implementación a medio y largo plazo. Es una lista amplia que abarca las políticas más variadas, como la de cambio climático, la energé- tica, la fiscal, la de biodiversidad, la de transporte, la presupuestaria, la de competitividad o la de innovación, por señalar sólo algunas.

Su puesta en marcha será necesariamente paulatina y requerirá tiempo, esfuerzo y profundos debates, pues por su naturaleza transversal las medidas a adoptar tendrán con frecuencia beneficios en unos sectores y podrán

causar perjuicios en otros, lo que requerirá detalladas recogidas de datos e información, así como análisis de alternativas y de impacto para determinar las opciones adecuadas en cada caso.

Otro de los elementos clave de esta Iniciativa son las medidas de gobernanza, es decir aquellas destinadas al segui- miento de su implementación, a la medición de su progreso y a la determinación, en su caso, de las medidas correc- toras que proceda. De momento la Comisión no ha previsto al respecto más que el desarrollo de unos indicadores y el rendimiento de cuentas a través del ciclo de gobernanza de Europa 2020. Dado que esta última tiene objetivos más amplios que la eficiencia en el uso de los recursos, se corre el riesgo de ésta quede un poco diluida en el con- junto y se pierda, en consecuencia, parte del impulso político que es necesario aportar de modo continuado.

Particular relevancia tiene la Hoja de Ruta de “Una Europa que usa eficazmente los recursos”, que la Comisión acaba de presentar y en la que se incluye detalles adicionales para la puesta en marcha de todo este ejercicio.

En términos generales la Iniciativa de la Comisión fue bien acogida aunque tal vez algunos habían depositado expectativas más altas que lo que la Comunicación finalmente incluyó. Algunas de las voces más exigentes pro- ceden de las ONG ambientales, que siguen esperando una aceleración del proceso y que consideran que puede no ser suficiente con hablar de mejorar la eficiencia en recursos y que hay que hablar de reducción de la canti- dad de recursos utilizados, pues recuerdan que junto con la mayor eficiencia puede venir también un aumento de la demanda y uso de recursos.

¿SE PUEDE TOMAR OTRA RUTA? EL CONTEXTO MUNDIAL

Finalmente, otro elemento muy a tener en cuenta al valorar los retos y costes que plantea esta Hoja de Ruta es la acción prevista por otros países competidores de la Unión Europea en el mercado mundial. Y tener también en cuenta los costes que podría acarrear el no hacer nada.

Según las estimaciones de la Comisión, lograr los objetivos previstos exigiría el aumento continuado de la inversión durante los próximos 40 años en unos 270.000 millones euros/año en inversiones públicas y privadas, lo que equiva- le a un 1,5% del PIB de la Unión Europea, a sumar al 19% que se gasta en la actualidad en estas materias. Si esta cifra puede sonar a una barbaridad, y casi podíamos decir que lo es, en realidad se queda pálida frente al 48% de China, 35% de la India y 26% de Corea que, según los indicadores del Banco Mundial recogidos en la Comunicación muestran, a juicio de la Comisión, tanto la inversión en este tipo de infraestructuras como la determinación de estas economías emergentes de tomar competitivas posiciones de cabecera una economía mundial baja en carbono.

Hay muchos datos que corroboran este esfuerzo por parte de las economías emergentes. Por citar uno de los más llamativos, se puede mencionar el 12 Plan Quinquenal de Desarrollo de China, aprobado en la primavera de 2011, con sus ambiciosos objetivos e inversiones en la materia. En línea con su promesa de reducir la intensidad de car- bono de su economía en un 40-45% para 2020 recogido en los acuerdos de Cancún, este Plan dispone los medios para ello y orienta la economía hacia la creación de compañías chinas que sean actores globales en los sectores verdes y de bajo carbono, como elementos clave de su nueva política industrial. Algunos de los sectores en los que plantea una clara apuesta son en las tecnologías de energías renovables (eólica, solar, biomasa), en los vehí- culos eléctricos e híbridos, en la eficiencia energética y en las industrias de protección ambiental.

El impacto del Plan en las emisiones de gases de efecto invernadero chinas no se conoce todavía con claridad.

Pero lo que queda claro es la dirección por la que quieren orientar el crecimiento de la economía china.

India ofrece también un claro ejemplo de hacia dónde dirigen estas economías sus esfuerzos, como recoge el reciente informe de The Climate Group en el que muestra que India es en la actualidad el quinto productor mun- dial de energía eólica y que la tasa de crecimiento de la inversión privada en energías limpias para los próximos 10 años será de un 736%, tres veces la de Estados Unidos o China.

El esfuerzo de inversión de los Estados Unidos, de Japón o de Corea en cuestiones relativas a coches eléctricos y sus baterías es también ampliamente conocido y no es más que otro ejemplo de la dirección en la que se orien- ta la actividad económica y hacia donde hay que dirigir los esfuerzos si se quiere seguir siendo competitivo a esca- la mundial.

Ante este panorama hemos de reflexionar donde se sitúa y donde debe situarse la Unión Europea de cara al futu- ro. Y una de las preguntas que obviamente hay que plantearse es si la Unión Europea debe o puede ir en una direc- ción distinta de la apuntada este nuevo marco de eficiencia en recursos y reducción de emisiones. Es decir, si la Unión Europea no incorpora las cuestiones de eficiencia en el uso de los recursos y no orienta su desarrollo hacia una economía baja en carbono, ¿seguirá siendo competitiva en este mundo cada vez más global frente a otros paí- ses que sí lo hacen? ¿Seguirá siendo capaz de proveer para sus ciudadanos los mismos niveles de crecimiento, empleo, bienestar y, en definitiva, la misma calidad de vida a la que estamos acostumbrados? Pues la razón dice que no, que probablemente no hay ruta alternativa y que por ello es conviene avanzar rápido en esa dirección, aunque nada más fuese por la ventaja competitiva que de ello obtendría.

DEFINICIÓN

Grado de asociación/disociación entre la variable económica principal de la actividad (medido por el Valor Añadido Bruto de la agricultura) y las presiones ambientales asociadas para analizar la tendencia del sector hacia pautas más o menos ecoeficientes y sostenibles. La disociación puede ser absoluta o relativa. Absoluta cuando el VAB crece y las presiones ambientales disminuyen en términos absolutos, o relativa cuando éstas aumentan pero lo hacen a un ritmo menor que lo que aumenta el VAB.

RELEVANCIA E INTERACCIONES

Está íntimamente relacionado con la sostenibilidad económica, social, cultural y ambiental del medio donde se desarrolla, a veces con implicaciones positivas y otras negativas. Las prácticas agrarias tradicionales constituyen un factor fundamental para la preservación del patrimonio natural y cultural, y de la biodiversidad, constituyen sumideros de carbono (aunque también se emiten), y es la fuente principal de ingresos y empleo en el medio rural. Pero también la actividad agraria puede entrar en conflicto con la sostenibilidad ambiental: la sobreexplo- tación de acuíferos, el uso abusivo de fertilizantes y biocidas de diversa índole que contaminan las aguas super- ficiales y subterráneas y que además pueden derivar en un riesgo para la salud humana y animal, la salinización de las aguas, la degradación de suelos y ecosistemas y un problema más preocupante la gestión de los transgé- nicos. A nivel global, el cambo climático y el aumento de la población mundial supondrá un aumento de la deman- da de agua y alimentos que puede entrar en conflicto con la conservación de zonas forestales potencialmente convertibles en zonas agrícolas. El consumo y la producción responsable deben ser las pautas para la sostenibi- lidad de la actividad agrícola. A nivel global también está relacionado con la demanda de alimentos mundial, la deforestación, la pérdida de biodiversidad, la pobreza, la hambruna, el comercio internacional, el desarrollo de los países menos desarrollados y subdesarrollados y la cooperación internacional. Indicador de estado. Indicador complementario OSE.

EVALUACIÓN

El análisis de la ecoeficiencia del sector muestra que en los últimos años las presiones asociadas a la actividad agraria disminuyen y aumenta de forma significativa las hectáreas dedicadas a la agricultura ecológica respon- diendo también a una cada vez mayor demanda social de este tipo de productos.

SITUACIÓN

El análisis de la ecoeficiencia en el sector de la agri- cultura muestra que aunque la mayoría de las pre- siones asociadas a la actividad del sector mejoran a lo largo del periodo analizado (1995-2010) lo hacen lentamente. El valor añadido bruto de la agricultura, la variable con la que se comparan las presiones ambientales del sector para analizar la ecoeficiencia ha perdido peso (10,28%) a lo largo de esta década.

La fuerza de trabajo ocupada en la agricultura dis- minuye en este periodo 11,79% y el consumo de fer- tilizantes lo hace casi en la misma proporción que el VAB 10,74%. El consumo de fitosanitarios mejora

reduciéndose un 4,24%, pero menos que la fuerza motriz que es el VAB.

Otras presiones asociadas a la agricultura han aumen- tado en este periodo siguiendo una senda contraria al VAB del sector: el gasto en energía un 2,33%; las emi- siones de GEI un leve 0,84% (aunque supusieron el 11,6% del total de las emisiones de 2010 según el últi- mo inventario nacional de emisiones); la superficie regada un 2,64% y la superficie de maíz genéticamente modificado un 27,24% según datos oficiales del MARM.

Es muy destacable la evolución de la superficie dedi- cada a agricultura ecológica que ha experimentado un crecimiento del 98% en cinco años (Figura 2.2.1).

ECOEFICIENCIA Y EVOLUCIÓN

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