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La época de la imagen del mundo Occidente y la modernidad ­­­­­­

PARTE I. SIGLO XIX y XX INFLUENCIAS TEOLÓGICO-ECONÓMICAS EN

Capítulo 3 Martin Heidegger: Diferencia entre técnica antigua y actual­­­­­­­­

3.1 La época de la imagen del mundo Occidente y la modernidad ­­­­­­

Perteneciente a la obra de Heidegger Sendas perdidas o caminos de bosque (1950), este ensayo, La época de la imagen del mundo, fue redactado en 1938 con una orientación a la compresión de la edad moderna, y «uno de los fenómenos esenciales de la edad moderna es su ciencia»192 nos dice Heidegger, y por ende la técnica. Para Heidegger queda claro que la técnica es un fenómeno de igual rango en importancia que la propia ciencia, y que no debe de ser como una transformación autónoma de la práctica, ya que es esta la que exige el uso de la ciencia matemática. Siendo la técnica resultado característico de la esencia de la técnica moderna, es pareja a la esencia de la metafísica moderna.

Heidegger identifica la «desdivinización» como otra de las características clave de era moderna. No identificando esta con un simple ateísmo, sino con una pérdida de los dioses como doble proceso en el que «la imagen del mundo cristianiza, y, por otro lado, el cristianismo transforma su cristianidad en una visión del mundo»193 adaptándose a la modernidad, y creando un estado de indecisión respecto de los dioses, siendo el cristianismo para Heidegger una parte esencial en este acontecimiento. «Cuando esto ocurre es que los dioses han huido. El vacío resultante se colma por medio del análisis histórico y psicológico del mito»194 .

Como gran escrutador de lo ente, Heidegger, al preguntarse por la esencia de la ciencia moderna, basa el conocimiento de esta en la concepción de lo ente y de la verdad en que pueda fundamentarse. «Si conseguimos alcanzar el fundamento metafísico que fundamenta la ciencia como ciencia moderna, también será posible reconocer a partir de la esencia de era moderna en general»195. Y es que Heidegger aspirando a conocer el fundamento de la época moderna, sabe que necesita de la metafísica como intérprete de la verdad, así como de la eliminación de la perspectiva del progreso científico. «La esencia de eso que hoy denominamos ciencia es la investigación»196 nos dirá Heidegger.

192 Heidegger, Martin, La época de la imagen del mundo, Versión castellana de Helena Cortés y Arturo

Leyte, en Heidegger, M., Caminos de bosque, Madrid, Alianza, 1996, p. 1.

193 ib., p. 1. 194 ib., p. 1. 195 ib., p. 2. 196 ib., p. 2.

Y esta esencia se basa en un riguroso conocer como procedimiento, como proceder anticipador, situándose en la esfera de lo ente, en la naturaleza, en la historia, mediante una apertura sustrato de la investigación. Convirtiendo a la ciencia en investigación mediante el «proyecto». El proceder anticipador como riguroso conocer comentado anteriormente, necesita de una apertura en libertad con el fin de apreciar la variabilidad de lo que halle. La plenitud de los hechos, su objetividad, solo se muestra en la constante renovación de la transformación como proceder anticipador, «la fijación de los hechos y la constancia de su variación como tal, es la regla. Lo constante de la transformación en la necesidad de su transcurso, es la ley»197. Mediante leyes adquieren claridad los hechos, y su investigación en la naturaleza significa preservación de reglas y leyes.

En el proceder esencial científico de la investigación, el experimento es crítico. El experimento es un procedimiento dirigido en su disposición y ejecución por la ley que se establece como hipótesis, con el fin de producir los hechos que confirman o niegan dicha ley. Y teniendo como base una ley comienza el experimento, experimentando, representamos una condición según la cual un conjunto de movimientos se vuelve apto para su control mediante el cálculo. La disposición de la ley se dirige al rasgo fundamental del sector de objetos, que da la medida y vincula a la condición el representar anticipador. «Por eso decía Newton: hypotheses non fingo, la hipótesis no se piensa de modo arbitrario. Se desarrollan a partir del rasgo fundamental de la naturaleza y están inscritas en el»198. La especialización, de la que ya nos hablaba Ortega en su La rebelión de las masas:

La ciencia experimental comienza en el siglo XVI-XVII con Galileo, se constituye en el siglo XVII con Newton, y se desarrolla a partir de mediados del XVIII. Para su progreso, es imprescindible la especialización de los hombres de ciencia, y esta especialización ha hecho que el científico pierda contacto con otras partes de la ciencia, por lo que la ciencia experimental moderna ha progresado con éxito mediante un hombre intelectualmente mediocre 199 .

197 Heidegger, La época, ob. Cit., p. 2. 198 ib., p. 3.

199 Ortega y Gasset, José, La rebelión de las masas, ed. e introducción de Domingo Hernández, Madrid,

Es para Heidegger causa radical del progreso de toda investigación, en definitiva del progreso científico, una necesidad esencial de la ciencia como proceso de investigación, y a la que también Ortega en coincidencia con Heidegger apunta como causante del éxito de la ciencia experimental moderna. Y en coincidencia con Weber, para Heidegger, la ciencia moderna está determinada fundamentalmente por la empresa, entendida esta como fenómeno que hace que una ciencia no sea reconocida como tal hasta que no llega a los institutos de investigación. Y dichos institutos se convierten en imprescindibles porque la ciencia en tanto que investigación, tiene el carácter de empresa. Y es el método de investigación el que abriendo un camino progresivo de anticipación, el que se convierte en la esencia del carácter de empresa de la investigación. Y es este carácter de empresa el que justifica su imprescindible forma de institución, siendo esta institucionalización científica la que garantiza «nada menos que el aseguramiento de la primacía del método por encima de lo ente (naturaleza e historia), el cual se convierte en algo objetivo dentro de la investigación»200. Es el formato de empresa el que da a las ciencias su mutua pertenencia y la unidad, generando este moderno carácter de empresa de la ciencia un nuevo tipo de hombre, el investigador. Al que califica Ortega en La rebelión de las masas «como hombre intelectualmente mediocre pero cualificado, especialista», que trabajando en proyectos de investigación y como única manera de ser epocalmente eficaz y efectivamente real, es indefectiblemente inserto en la categoría del técnico, del especialista, en sentido esencial.

El valor y la eficiencia del sistema científico actual reside en la síntesis del proceder anticipador y en la objetivación de lo ente resultante de las planificaciones. La ventaja de este sistema es la movilidad más grande posible, libre en la transformación de las tareas de investigación. Y como nos recuerda Heidegger «estamos reflexionando sobre la esencia de la ciencia moderna con la intención de reconocer su fundamento metafísico»201. Por lo que reduciendo la ciencia a la marcha y control de su modo de trabajo, más se concentraran estas empresas en centros e institutos de investigación especializados, lo que llevara a las ciencias a alcanzar en sumo grado la consumación de su esencia moderna.

200 Heidegger, La época, ob. Cit., p. 5. 201 ib., p 5.

«El proyecto y el rigor, el método y la empresa, al plantearse constantes exigencias recíprocas, conforman la esencia de la ciencia moderna y la convierten en investigación»202. La ciencia únicamente puede llegar a ser investigación en la búsqueda del ser de lo ente en la objetividad, pidiendo cuentas la investigación a lo ente sobre el cómo y hasta donde está a disposición de la representación.

Como decíamos anteriormente, Heidegger se halla en un intento de conocer el sustrato metafísico de la ciencia moderna, y toda la metafísica moderna, incluido Nietzsche estará dentro de la determinación de lo ente como objetividad de la representación y la verdad como certeza surgida de Descartes. Por lo que la ciencia será investigación exclusivamente cuando la verdad se transforme en certeza de la representación. Ya Ortega nos recordaba en su En torno a Galileo, que la Edad Moderna dará una generación decisiva encarnada por Descartes en su espíritu moderno, siendo uno de los creadores de la interpretación mecánica del universo junto con Galileo. Y Edad moderna para Heidegger en su meditación significa interrogarse por la moderna imagen del mundo. El mundo como ente en su totalidad, «imagen del mundo» como el propio mundo, él, lo ente en su totalidad, tal y como se nos impone y resulta vinculante. «Hacerse con una imagen de algo significa situar a lo ente mismo ante sí para ver qué ocurre con él y mantenerlo siempre ante si en esa posición»203, imagen del mundo significa esencialmente concebir el mundo como imagen.

Donde el mundo se convierte en imagen, lo ente en su totalidad se dispone como aquello que permite al hombre poder tomar sus disposiciones como aquello que quiere traer y tener ante él, como lo que quiere situar ante sí decisivamente. Lo ente en su totalidad solo es y puede ser puesto por el hombre que representa y produce, encontrando el ser de lo ente en la representabilidad de lo ente. Las expresiones que Heidegger utiliza de «imagen del mundo de la edad moderna» y «moderna imagen del mundo» dan por supuesto una imagen medieval y otra antigua del mundo. No pasando la imagen del mundo de ser medieval a ser moderna, sino que es el propio hecho de poder del mundo de convertirse en imagen lo que caracteriza la esencia de la edad moderna.

202 Heidegger, La época, ob. Cit., p. 5. 203 ib., p. 6.

Para Ortega, es en la edad media hasta 1550, donde el hombre europeo vive en «pura pérdida», en crisis permanente, y hacia 1650, muerto Descartes, es cuando existe ya la conciencia de ser de un nuevo modo, lo «moderno», es aquí, en este momento, a partir de Descartes y Galileo que ya es posible hablar de una ciencia auténtica y positiva.

La interpretación moderna del ente (οντος), está muy alejada del mundo griego. Lo ente surge y se abre, y en tanto que presente viene al hombre como aquel que está presente, es decir, viene a aquel que se abre el mismo a lo presente desde que lo percibe. El hombre es el que es contemplado por lo ente, por eso se abre a la presencia en torno a él. «Contemplada por lo ente, incluida y contenida dentro de su espacio abierto y soportada de este modo por él, involucrada a sus oposiciones y señalada por su ambigüedad; esta era la esencia del hombre durante la gran época griega»204 . Por el contrario, en la edad media, lo ente es el ens creatum, lo creado por un dios creador personal en calidad de causa suprema. «Ente quiere decir aquí pertenecer a un determinado grado dentro del orden de lo creado y, en tanto que elemento así causado, corresponder a la causa creadora»205 . Contrariamente a la percepción griega, la representación moderna donde mejor se expresa es en la palabra «raepresentatio». «En este caso, representar quiere decir traer ante si eso que está ahí delante en tanto que algo situado frente a nosotros, referirlo así mismo, al que se lo representa y, en esta relación consigo, obligarlo a retornar así como ámbito que impone las normas»206. Donde sucede esto el hombre es situado respecto a lo ente en la imagen. Aquí, lo critico, es que el hombre ocupa una posición voluntariamente y por sí mismo, y la asegura como terreno de un posible desarrollo de la humanidad respecto a lo ente como lo objetivo. «Comienza ese modo de ser hombre que consiste en ocupar el ámbito de las capacidades humanas como espacio de medida y cumplimiento para el dominio de lo ente en su totalidad»207. Por tanto, interpretando el carácter de imagen del mundo como la representabilidad de lo ente, para captar la esencia moderna de la representabilidad, habrá que rastrear a partir de ese concepto de «representar» la fuerza original de su nombre, poner ante sí y traer hacia sí.

204 Heidegger, La época, ob. Cit., p. 6. 205 ib., p. 6.

206ib., p. 7. 207 ib., p. 7.

Cuanto más esté disponible el mundo en tanto que mundo conquistado, tanto más objetivo aparecerá el objeto, tanto más subjetivamente, y se alzara el subjectum de un modo más incontenible transformando la contemplación del mundo y la teoría del mundo en una antropología. Por lo que solo surge el humanismo allí donde el mundo se convierte en imagen, por eso el humanismo en sentido histórico estricto, es una antropología estético-moral. La interpretación del mundo en la antropología, que se inicia finales del siglo XVIII, tiene como posición fundamental del hombre frente a lo ente en su totalidad determinada como visión del mundo. Convertido el mundo en imagen, la posición del hombre se comprende como visión del mundo. Este término «visión del mundo» mantenido como nombre para la posición del hombre en medio de lo ente, es prueba decisiva de que el mundo se ha convertido en imagen en tanto que el hombre ha llevado su vida como subjectum al centro de toda relación. Significando que lo ente solo vale como algo que es, en la medida en que se encuentra relacionado e integrado en esta vida, es decir, cuando es vivido tornándose vivencia.

«El fenómeno fundamental de edad moderna es la conquista del mundo como imagen»208 afirmara Heidegger. La imagen como configuración de la producción representadora en la que el hombre luchara por alcanzar la posición en que puede llegar a ser la medida a todo ente, imponiendo todas las normas. La ciencia como investigación es la forma decisiva de instalación del hombre en el mundo, es la vía clave por la que la edad moderna se dirige vertiginosamente al cumplimiento de su esencia. «Conforme los sistemas de I+D+i se han desarrollado y consolidado en diversos países, la investigación científica y el desarrollo tecnológico se han ido subordinando al imperativo de innovar, hoy en día dominante»209. Y mediante esta lucha de visiones del mundo, piensa Heidegger que la edad moderna se introduce en la fase más decisiva y duradera de toda su historia.

208 Heidegger, La época, ob. Cit., p. 8.