CAPÍTULO SEGUNDO
PRIMERA ETAPA
I.- UNA ÉPOCA PARA LA NACIÓN
El jueves 1 mayo de 1845 fue el día de un acontecimiento a tomarse en cuenta dentro de la historia de la prensa nacional. Apareció una publicación sui géneris, en una ciudad poco acostumbrada, por lo menos hasta ese año, a impresos que fuesen reflejo de su propia vida cotidiana. El periódico La Época se inició como el primer diario en la República. Su historia sería larga, no lineal, y transitaría como un acorazado armado de letras, pensamientos e ideas, a merced de los vaivenes de un turbulento mar del acontecer político boliviano.
En el ínterin entre febrero de 1839 (caída de Santa Cruz) y mayo de 1845, se editaron en La Paz sólo periódicos eventuales o de duración efímera1. Entre las publicaciones eventuales figuran: El Illimani, El
Atalaya de los Andes, El Duende, La Tribuna, El Correo de Encomiendas, El Investigador, El Redactor Municipal, El Rejenerador, El Eco de Bolivia, Boletín del Ejército Boliviano, El Observador, El Indicador, El Amigo del Pueblo. El Constitucional se publicó entre 19 de febrero de 1839 y presumiblemente mayo de
1841. La Gaceta de Gobierno (noviembre de 1841 hasta noviembre de 1847) publicaba únicamente los decretos y resoluciones provenientes del gobierno, sin textos de comentarios periodísticos. Ninguno de estos periódicos alcanzó el prestigio, la fama y el impacto que La Época alcanzaría en la sociedad paceña y boliviana.
La mayoría de esos periódicos iban en contra de la política del derrotado Mcal. Santa Cruz, y alababan a los caudillos entrantes. Es justa la apreciación de Ocampo Moscoso, quien dice que una vez “consumada la derrota del Mariscal de Zepita en Yungay (20 de enero de 1839) ganó campo en el país una de las modalidades más enojosas del gacellitismo: la de lanzar invectivas a los caídos y quemar incienso a los pies de los vencedores”2.
Aunque La Época también se refirió desdeñosamente acerca del Mcal. Santa Cruz, y aduló implícitamente al triunfante Gral. José Ballivián Segurola, sin embargo no fue una “gacetilla” de pobre contenido en sus primeros tres años. El mismo Ocampo apuntó que el diario imprimió rumbos orientadores al periodismo de su tiempo. Además de su renovada información sobre asuntos internacionales, publicaba editoriales sentenciosos y aderezaba hábilmente sus crónicas. La Época fue guía de opinión en todas las
1 Véase: Nicolás Acosta, Apuntes para la bibliografía periodística de la ciudad de La Paz..., pp. 2-9. Cfr. Gabriel René- Moreno, Ensayo de una bibliografía general..., pp. 29-48.
cuestiones que hacían carne en el gobierno de Ballivián, dice Ocampo. “Los problemas de importancia eran abordados en una forma que respondía a todas las expectativas de sus lectores, aunque su tendencia anti- crucista solía también provocar recelos en el ambiente”.
El epígrafe de la Época era sencillo. En la parte superior en grandes letras de molde el nombre “LA ÉPOCA”. Nombre corto, pero cargado de sentido. Al lado derecho de éste y separado por un gran corchete el texto (sic): “SUSCRIPCIÓN- Por un mes 20 rs, por seis meses ó 1 a 2 pesos mensuales. AVISOS- Los de menos de diez líneas, por ocho publicaciones 1 peso; los de mayor extensión proporcionalmente”; al lado izquierdo separado por otra corchea el texto: “REMITIDOS- Sobre asuntos particulares á precios convencionales- los que sean de interés público se insertarán gratis- No se admite comunicado alguno sin firma conocida”. Tales textos reflejan la intención, también primicial, de que el periódico se autofinanciase; ¿lo lograría?; a decir verdad, el periódico sería financiado por los gobiernos de turno en su azarosa existencia. Encima del nombre, separada por una línea, se colocaba al centro el día, la fecha y el año; sobre la misma línea al extremo izquierdo el año correlativo de publicación, y al extremo derecho el número de ejemplar. Debajo del nombre, entre dos líneas gruesas, una leyenda que resumía los propósitos esenciales de la publicación: “Diario comercial, político y literario”. Tendría poco de comercial, pero sí bastante de político y literario3.
Se mantuvo el mismo formato de 380 por 225 mm., 4 páginas, a 3 columnas, hasta el número 509 del 21 de enero de 1847. A partir del número 510 se amplió a 420 por 240 mm y a 4 columnas. A partir de ese número ya no se colocó la leyenda “Diario comercial, político y literario”; en vez de ésta se citaban los lugares de venta del diario, lo que nos da una idea del carácter nacional e internacional que había alcanzado, pues tenía “puntos de suscripción” en: La Paz, Corocoro, Sucre, Potosí, Cochabamba, Oruro, Cobija, Tacna (Perú) y Valparaíso (Chile). A partir del número 686 retornó a 3 columnas. El texto editorial donde los redactores expresaban opiniones iba en la mitad superior de la primera página; el folletín literario en la mitad inferior. Y las secciones: “CRÓNICA INTERIOR”, “CORRESPONDENCIA”, “BOLETÍN AMERICANO”, “INTERIOR”, “VARIEDADES”, “AVISOS” y otras secciones distribuidas entre las 4 páginas.
Cuatro días antes de la circulación del primer número, el sábado 27 de abril de 1845, se había publicado el “Prospecto” en dos hojas impresas. El nombre, pese a ser conciso, no carecía de sentido. Cierra una época pasada y abre otra nueva. Desde este punto de vista, según lo expresado por el o los enunciatarios del Prospecto, el nombre tiene un sentido “histórico”. Inicia una empresa titánica al impulso de las exigencias y necesidades de la “época”; ésta guiará sus pasos. A fin de argumentar su idea, el escritor define “época” a
3 Sobre la morfología, contenido y redactores de la Época véase: Eduardo Ocampo Moscoso, Historia del…, pp. 87-100. Nicolás Acosta, Apuntes para la bibliografía periodística de la ciudad de La Paz... Raúl de la Quintana Condarco, Esbozo
sobre periódicos..., pp. 29-36. Gabriel René-Moreno, Ensayo de una bibliografía general... Etty Rios de Aranda, Catálogo de periódicos bolivianos...
partir de los griegos: como un punto de “descanso” en el cual el historiador mira hacia atrás o hacia adelante. “A este punto de descanso, que también sirve para una nueva partida, los Griegos la llamaron Época, - definiéndola – una parte del tiempo que se mira como el punto de donde se cuentan otras partes del mismo tiempo, sea adelante ó atras de la partida según que el acontecimiento que se quiere referir haya ocurrido antes o después de dicho punto de partida (...)” (Sic). El acontecimiento que marcaba época era la el triunfo de Ballivián en Ingavi. “Nosotros en la redacción de este diario nos hemos propuesto seguir el movimiento de la nueva época que abrió para Bolivia su gran victoria [se refiere a Ingavi]”. Era un punto de inflexión, a partir del cual se proyectaría al futuro, dejando el pasado para la historia.
Dos líneas editoriales marcarían su actividad como medio de comunicación impreso. Primero, el acontecer cotidiano y político con una especial intención de apelar a la juventud; fue otra innovación, no había existido en el país un periódico que se ocupase de aspectos de la vida cotidiana de la ciudad de La Paz. Se colocó información tal vez trivial, pero que hacía sentir la presencia de gente viviendo en sociedad. Dio posibilidad al lector de expresarse a través de cartas, y de polemizar en temas de interés general o incluso asuntos personales. Ahí estuvieron las secciones como: “Los Correos”, “Novenas”, “Casamientos”, “Entierros”, noticias interiores, mentiras de afuera, despachos de aduana, entradas y salidas terrestres, publicación de textos de los lectores siempre que “traigan el sello de la moderación y una noble tendencia á los santos principios de libertad, igualdad, humanidad”. La segunda novedad radicaba en la inclusión de la sección literaria cuyo objetivo era halagar al bello sexo con publicaciones de la literatura boliviana (aún incipiente) y mundial que distrajese la atención del ajetreado acontecer político, y que sin embargo tendrían en el lenguaje político del diario un efecto tal vez no imaginado por sus escribientes, efecto del cual nunca serían siquiera concientes.
Tal como se deja traslucir en su Prospecto, la Época se creó con el propósito de conectar la Patria con el espíritu de progreso, civilización y libertad que se irradiaba por todo el continente. A nivel latente, se arrogaba una función patriótica: “Rendir a nuestra patria el servicio que imperiosamente del patriotismo de sus hijos reclamaba (...) al acometer una empresa que ninguno en Bolivia ha osado ni tentar durante los veinte años que cuenta de nación libre, soberana e independiente (...)”.
Su adscripción ideológica quedó enmarcada dentro del espíritu liberal e ilustrado que para entonces había copado el lenguaje político en toda América, como se aprecia en el siguiente texto en el cual el campo conceptual queda delimitado por las palabras prosperidad, civilización, progreso y desarrollo intelectual cuyo sentido alude a la ilustración (Sic): “El desarrollo intelectual de nuestras poblaciones, el rápido desenvolvimiento de los jérmenes de prosperidad que encierra nuestro suelo, el espíritu de civilización y progreso que bulle en nuestra juventud ávida de conocimientos y de mejora social (...)”. Pensamiento mundial
del liberalismo, en el cual en la Época tendría sus matices, peculiaridades y “acomodaciones”, como se verá más adelante. Para completar ese campo conceptual liberal se debe añadir la “opinión pública”. En efecto, ésta constituye una de sus principales líneas discursivas. En el Prospecto manifiesta su aspiración de ser el órgano y el eco de la voluntad y razón nacional. Explicita también la intención de representar una idea de Nación amplia, fundamentada en la razón y en el interés general antes que en individuos: “La Época estará al servicio de las ideas y no de los individuos; de la nación y no de egoístas aspiraciones”. ¿Lograría tal propósito? Intentaremos resolver esta pregunta en el transcurrir de este capítulo.
Otra premisa de la naciente Época era su promesa de imparcialidad, apoyada en un balance de la situación cuya conclusión mostraba que los periódicos, hasta entonces, habían sido gubernamentales, lo que no favorecía la creación de una opinión pública nacional, “pues los gobiernos tienen sus periódicos (...) mas no sabemos si aquélla y éstos están de acuerdo con el interés y la opinión de los pueblos que han de obedecerlos; ni si ambos han precedido á la opinión, ó son un resultado de ella: por lo común se ignora cuál ha sido la voz, cuál el eco que la repite. Donde sólo habla el gobierno, ó no es creído, ó su voz es escuchada con prevención y desconfianza” (sic.).
La pretensión de imparcialidad fue traicionada desde el mismo génesis del periódico. Dos pruebas se tienen al respecto. La primera, la predicación positiva que se hace en el mismo Prospecto a la fecha simbólica del caudillo Presidente Gral. Ballivián, el 18 de noviembre de 1841, la cual además permite ligar los acontecimientos desde la caída de Mcal. Andrés de Santa Cruz hasta la asunción de Ballivián:
La nueva que se abrió para Bolivia a fines del año 41 bien merecía ser ecsaminada en su origen y
consecuencias (...) Los últimos e importantes esfuerzos de la anarquía, del despotismo y de la ambición extranjera, abrieron la tumba en que para siempre debieran sepultarse a tales monstruos [se refiere a la muerte del Generalísimo peruano Gamarra, haciendo una analogía con la muerte del despotismo, la anarquía y la ambición extranjera] (...) Lo fueron en un día, y ese día cerrando la época del funesto reinado de aquellos abrió la nueva paz, orden, libertad, independencia, civilización y progresos en que estamos (...) (Sic).
La anterior cita contiene elementos que ligan al texto con el entorno político conflictivo del momento. Dice la “nueva” dotada de paz, orden, libertad, civilización e independencia, versus su contrario encarnado en Gamarra: el despotismo, la anarquía, la ambición extranjera. Y este fue el discurso político central con el cual la Época argumentaría a favor de Ballivián: una Bolivia que consolidó su independencia en los campos de batalla de Ingavi. Para comprender mejor el discurso plagado de intereses caudillistas es necesario contextuar los hechos, según breve reseña a continuación.
A la caída de Santa Cruz y la Confederación, el Gral. José Miguel Velasco se proclamó Presidente en un régimen denominado de “Restauración”, al mismo tiempo de desautorizar la Confederación y desconocer
el Protectorado de Santa Cruz (9 de febrero de 1839)4. Paralelamente, el 17 de febrero de 1839, el Gral. José Ballivián, se declaró contra el Protectorado y retornó de Puno (donde era jefe de la división confederada del centro) a La Paz En junio del mismo año se reunió el Congreso General Constituyente, el cual instituyó por primera vez en la historia nacional la elección Directa del Presidente de la República. El propósito era desechar las disposiciones legales implantadas durante el gobierno de Santa Cruz, y mitigar la desventaja de un sistema eleccionario indirecto que podría quedar a merced se sujetos proclives a tal o cual caudillo en las parroquias. Sin embargo, con el voto directo sólo podían votar los ciudadanos letrados, propietarios de bienes, que poseyeran una suma mínima de ingresos y que no fuesen asalariados de otros ciudadanos; de esta manera, paradójicamente, el sistema de elección directo resultaría más discriminatorio que el sistema indirecto5. En todo caso, este Congreso Constituyente de 1839, meses después, sería la manzana de la discordia. Entre sus disposiciones, omitió designar a Ballivián como Vicepresidente. Esto provocó que el caudillo se declarase a su vez Presidente en julio de 1839. Sofocada la rebelión de Ballivián, tuvo que esconderse en tierras peruanas. Ballivián confabuló contra el gobierno de Velasco desde el Perú. Pero cuando el generalísimo Gamarra se disponía a invadir Bolivia, por segunda vez, en un complicado juego de intereses políticos caudillistas, el ambiente político boliviano se transformó de tal manera que sólo quedaba Ballivián como el único con posibilidades militares de enfrentarse al invasor. Regresó al país, con gran apoyo militar y popular, y se declaró Presidente en Tihuanku el 27 de septiembre de 1841. En estas circunstancias, Ballivián derrotó al ejército de Gamarra el 18 de noviembre de 1841, en Ingavi a 30 kilómetros de La Paz, donde el militar peruano encontró la muerte, quedando muchos prisioneros, entre ellos el Gral. Ramón Castilla, en condiciones humillantes; Castilla de manera solapada vengaría años después su afrenta en los campos de Ingavi. Entre abril y junio de 1843 se reunió la Convención Nacional. Esa Convención designó a Ballivián como Presidente Provisorio, reformó la Constitución, otorgando muchos poderes al emergente líder nacional, prolongó el mandato presidencial a 8 años y dio potestad al Presidente para nombrar a los empleados públicos. Se la denominó “Ordenanza militar”. Según Olañeta, era copia de la Constitución de 1831. El 17 de junio de ese año se sancionó la quinta Constitución Política del Estado boliviano. En 1844 Ballivián fue elegido Presidente en un acto eleccionario según voto directo, el segundo de la historia boliviana6. Fue fácil el triunfo electoral del caudillo, pues era el único candidato.
4 Sobre historia boliviana en el siglo XIX, entre muchos otros, se puede consultar los siguientes libros: Alcides Arguedas, Los
caudillos letrados... José Agustín Morales, Los primeros cien años de la República de Bolivia, Tomo I...
5 Acerca del Congreso Constituyente de 1839 y el cambio del sistema de elecciones véase: Rossana Barragán, Asambleas
Constituyentes. Ciudadanía, elecciones, convenciones y debates (1825-1971), La Paz, Muela del Diablo, 2006, pp. 22-32.
Marta Irurozqui Victoriano, A bala, piedra y palo. Construcción de la ciudadanía política en Bolivia, 1826-1952, Sevilla, Diputación de Sevilla, 2000, pp. 147-154.
6 Véase: Marta Irurozqui Victoriano, A bala...., p. 153 y ss. Sobre cuándo fueron las primeras elecciones con voto directo hay alguna controversia. Según Irurozqui (ob. cit.) dice que la primera elección con voto directo fue la de 1840 con la elección de Velasco como Presidente. Barragán (ob. cit.) manifiesta que el voto directo fue interrumpido en 1842 y 1844 para retomarse
Este fue, en resumen, el escenario político que antecedió a la creación de la Época. Se podría añadir algunos otros detalles, sobre los cuales La Época nunca dio noticia ni comentario, como los levantamientos de febrero de 1843, cuando el Presidente hizo ejecutar a conspiradores partidarios del Mcal. Santa Cruz, quien se comunicaba en clave por cartas. Según Alcides Arguedas, hacia finales de 1845 la popularidad de Ballivián había caído notablemente por sus actos discrecionales. Tenía como principales adversarios a los partidarios de Santa Cruz y del Gral. Velasco.
En ese ambiente políticamente caldeado, el 18 de noviembre se convertiría en una efeméride, con importante carga simbólica, frecuentemente utilizado para mostrar una imagen de Ballivián como quien selló la independencia de Bolivia. De ahí que la predicación positiva en el texto citado desnuda la posición política del periódico, pese a su enfática expresión en pos de la imparcialidad.
La segunda prueba que demuestra que la Época fue un periódico progubernamental ballivianista radica en sus fundadores. La Época fue fundada y redactada en sus primeros 3 años por emigrantes argentinos, jóvenes que escapaban de la dictadura de Juan Manuel Rosas, acogidos por Ballivián, con quien entablaron una estrecha amistad. Su propietario, Wenceslao Paunero, era cuñado del Presidente.
Los fundadores de la Época (1845-1847)
Los principales fundadores y redactores de La Época, en sus tres primeros años, fueron los argentinos Wenceslao Paunero, Bartolomé Mitre, Domingo de Oro, Juan Ramón Muñoz Cabrera, y el orureño Mariano Ramallo. Colaboraron también: Manuel José Cortes, Félix Frías, Facundo Zuviría, Benjamín Villafane, Francisco Madero e Indalicio Creneault. El periódico estaba abierto a publicar artículos de quien quisiera hacerlo (para eso había la sección “CORRESPONDENCIA”), por tanto se pueden encontrar textos de varios autores, muchos de ellos conocidos políticos y otros ciudadanos comunes.
Wenceslao Paunero (1805-1871) fue el dueño y director del diario hasta la caída de Ballivián. Nació en Colonia del Sacramento, hoy República Oriental del Uruguay, entonces parte del Virreinato del Río de la Plata. Emigró a Bolivia, y contrajo matrimonio con la hermana de José Ballivián.
Juan Ramón Muñoz fue un personaje muy controvertido en la política boliviana. Escritor, historiador, diplomático y periodista. Posiblemente su carrera en la vida política la inició en 1840, cuando fue designado Oficial 2º del Departamento de Gobierno en la tercera gestión presidencial de Velasco. Su personalidad y preferencias políticas quedan tan difusas como el lugar de su nacimiento. En los inicios de La Época se lo encuentra por unos cuantos meses apoyando a Ballivián, años después lo volveremos a encontrar
en 1851. Carlos Mesa Gisbert afirma que la primera elección directa se dio en 1844, véase: Presidentes de Bolivia. Entre
urnas y fusiles, La Paz, Editorial Gisbert, La Paz, 4a. ed., 2006, p. 147. Sin embargo, es posible que la investigadora
escribiendo y trabajando a favor de Belzu, el gran rival de Ballivián, y muchos años después como colaborador de Melgarejo. Unos dicen que nació en Cochabamba, otros en Buenos Aires, otros en Salta. Habría sido hijo de un uruguayo y una cochabambina.
Humberto Vásquez Machicado afirma que fue argentino7. Por su parte, basándose en el “Diccionario Biográfico Americano” (Paris, 1876) de José Domingo Cortés, Ocampo concluye que fue cochabambino nacido en 1819; llega a esta conclusión por8: 1) Muñoz Cabrera colaboró en cargos a los presidentes Ballivián, Belzu, Achá y Melgarejo; se opuso al escandaloso tratado con el Brasil en 1866, 2) Al renunciar a la dirección de la Época dijo ser boliviano y fue a radicar a Cochabamba, y 3) Sus libros resumen su sentimiento bolivianista. De todos modos, Ocampo reprocha que Muñoz hubiese considerado a Tarija como