ANÁLISIS DEL PERIÓDICO EL COMERCIO (1878-1899): LA NACIÓN Y LA PROPAGANDA POLÍTICA
PRIMER ESCENARIO (1878-1880): LA GUERRA Y LA NACIÓN
I.- EL CAUDILLO, LAS LEYES CONSTITUCIONALES, Y LA NACIÓN
El Comercio apareció con su nuevo nombre en circunstancias cuando sesionaba la Asamblea Constituyente, que inició su trabajo el 15 de noviembre de 1877 en La Paz, la cual nombró como Presidente “legal” a Daza. El hecho que en su Prospecto no hiciera alusión al golpe de Daza del 4 de mayo de 1876, ni al apoyo de los asambleístas a esa actitud no constitucional, ni ninguna mención de la aprobación de la Asamblea de las disposiciones de Daza, podría significar que efectivamente no se deseaba hablar de política, o que se prefería un silencio cómplice. ¿Hasta cuándo duraría la imparcialidad supuestamente apolítica del periódico? La pregunta merecerá respuesta en el transcurrir del análisis del presente Capítulo. De todos modos, varios temas a ser discutidos en dicha Asamblea fueron debatidos en el periódico.
En la edición del 12 marzo informó acerca de la promulgación de la Constitución el sábado 9 de marzo.
En esta ocasión el periódico asumió una clara posición a favor de la nueva Constitución con predicaciones positivas. Según el Comercio, la nueva Constitución proponía un componente programático, reflejado en frases como las siguientes: que sea la loza de las anormalidades del pasado, la aurora de un porvenir, la égida de la libertad, la esperanza de la justicia, el árbol a cuya sombra descansan los bolivianos todos, “fatigados de las pasiones e intereses encontrados”; el mayor trabajo y el más trascendental que ha producido la representación nacional; nuevo pacto para el porvenir. Como se puede apreciar, el discurso político predicativo es similar al utilizado en épocas anteriores. De todas maneras este lenguaje incluye ahora elementos de una corriente de pensamiento propia de fines del siglo XIX: el positivismo, así se aprecia en expresiones como las siguientes:7
+ Los siguientes textos se conectan con el positivismo por la analogía entre la Ley social con el funcionamiento del organismo humano: (sic.) “Igualmente que la constitución humana no depende solo de la sangre y elementos físicos determinados, ni de la sola intelijencia y ciertas facultades, ni de solo el trabajo del hombre, sino del conjunto del organismo,- la constitución social depende también de ese complejo de organismos que la forman”.
+ Las siguientes verdades universales parten de la idea positivista acerca de lo fundamental de la Ley para regir a la sociedad: La verdadera vida normal de una Nación no puede ser sino la constitucional, que señala los límites de los derechos sociales; Una Constitución jamás dejará de ser la expresión de las garantías
7 Véase sic: “EL COMERCIO. La Constitución”, en El Comercio, No. 24, La Paz, 12 de marzo de 1878, p 2. “EL COMERCIO. Bolivia constitucional”, en El Comercio, No. 23, La Paz, 9 de marzo de 1878, p 2.
tanto individuales como sociales, ni la suprema aspiración de todo pueblo culto; “La Constitución es para las instituciones lo que el cimiento es para el edificio”; no puede haber edificio social y civil sin este primer código, del cual deducen sus preceptos los demás; no hay ni podrá haber en el mundo buenas leyes, si ellas no están adecuadas, sino no son análogas a la naturaleza de su constitución.
+ Los siguientes textos elevan el pensamiento político positivista a un carácter de religión: “Nada fuera de la constitución. Con la constitución todo. Relijión, que jamás hemos apostado. Estamos pues hartos los que habíamos menester de ella”; fe “religiosa” en la ley: “no tener fe en el imperio de la lei es llegar a la última decepción y perder toda esperanza, hermosa virtud que no abandona al hombre ni en los momentos de la agonía”.
+ Apelación a la realidad social antes que al romanticismo ideal: “No comprendemos la Constitución como una lei meramente abstracta. Queremos que se le dé vida práctica, que sea un hecho positivo en todas sus fases. Queremos que al gobierno de los hombres, suceda el gobierno de las leyes, pues sólo así podrán arribar los progresos en todo sentido”; “La realidad, es problema múltiple, que depende de un conjunto vasto de elementos distintos, ya morales, intelectuales o materiales, ya individuales o colectivos, civiles, sociales, financieros, públicos, privados; conjunto en que entran las razas de que compone la población boliviana, su grado de civilización, las costumbres del país, su pobreza industrial, su estensión y modo de vivir de las provincias (...)”.
El término “positivismo” fue utilizado por primera vez por Auguste Comte, filósofo y matemático francés del siglo XIX.8 Algunos de los conceptos positivistas se remontan también al filósofo británico David Hume, al francés Saint-Simon, y al alemán Immanuel Kant. Comte eligió la palabra positivismo en sentido que alude a la realidad y a la experimentación científica. De esta manera, el positivismo realista viene a ser la antítesis del romanticismo idealista. Comte se interesó por la organización de la vida social para el bien de la humanidad a través del conocimiento científico, y por esta vía, del control de las fuerzas naturales.
El positivismo planteaba la ley de los tres estados, según la cual la humanidad había pasado, primero, por la etapa teológica, después por la metafísica, para llegar finalmente a la positiva. En el estado positivo la imaginación queda subordinada a la observación; busca sólo hechos y sus leyes, no causas ni principios de las esencias o sustancias. La razón es considerada como la única fuente de conocimiento de la realidad y ésta se expresa en el conocimiento científico. Con la razón y las ciencias es posible el progreso indefinido de la sociedad. Para esto debe existir el orden social; por consiguiente, es necesario evitar todo tipo de conflictos sociales. Con el positivismo, la ciencia se exalta, se la considera como única manifestación legítima de lo infinito y, por ello, se llena de significación religiosa, pretendiendo suplantar a las religiones tradicionales.
8 Acerca del positivismo consúltese los textos: Guillermo Francovich, La Filosofía en Bolivia, La Paz, Juventud/Urquizo, 1998, pp. 183-216. Cfr. http://www.monografias.com/trabajos/positivismo/positivismo.shtml
Pero aunque en esta primera etapa de El Comercio se encuentran los primeros rastros del positivismo – antes de lo esperado -, no por eso se dejó de lado la religión católica. El Comercio representaba, a su vez, una vocación religiosa católica desde el almanaque religioso colocado en el epígrafe en la página 1. Al tiempo de predicar “positivamente” sobre la nueva Constitución, la dejaba como un rumbo marcado por Dios: “(...) debemos ir adelante en el camino que la Providencia nos ha deparado”.9
Respecto a las conclusiones de la Asamblea en lo referido a materia eclesiástica, El Comercio publicó los comentarios vertidos en el periódico La Democracia, cuya vocación era abiertamente progubernamental.10 Se discutió en la Asamblea la posibilidad de tolerancia de cultos para los extranjeros en el Litoral boliviano. Los enunciatarios hicieron hincapié en que en la Asamblea se votó por la “tolerancia”, y no por la “libertad de cultos”, “como maliciosamente se ha hecho comprender a las gentes sencillas”. Importante la diferencia entre “tolerancia” y “libertad de culto”, que desnuda la vocación católica del periódico, aunque el texto origen sea de La Democracia. Tomar en cuenta la alusión a “gentes sencillas”. Por otra parte, el texto expresa su desacuerdo acerca de la abolición del clero eclesiástico.
Se publicaron también textos que proponían la armonía entre ciencia y religión. Es el caso de un escrito del pensador chileno Abdon Cifuentes,11 quien fue católico conservador y contrario al liberalismo. Cifuentes partió de una analogía con la montaña del Parnaso de Grecia en donde se juntan la religión en la ciencia: en sus faldas la morada de la religión, en su la cumbre morada de la ciencia con las musas, presididas por Apolo, desde la cumbre dominaba la inteligencia (relaciona ciencia con inteligencia). Expresa verdades universales como: La religión debe ser hermana inseparable de la ciencia, el bálsamo que la depure y vivifique; la divinidad es fundamento y corona de las obras del ingenio; el principio de toda sabiduría es el temor a Dios (aquí Dios está por encima de la ciencia).
El hombre se encuentra entre los confines de los mundos de la inteligencia y de la materia. “De aquí es que la tierra y el cielo están unidos para él por una cadena de relaciones invisibles. La humanidad, caída con Adán, ha subido constantemente hacia su orijen, durante el curso de los siglos; y las ciencias y las artes que constituyen su progreso, no son otra cosa que la marcha de ella misma hacia la suma de perfección, hacia el último término de esa inmensa gradería en cuya cúspide está la intelijencia increada”.
A partir de este pensamiento que contiene ideas positivistas y religiosa católicas, El Comercio tocó los temas nacionalistas con menos pasión que en La Época romántica. De hecho, los editoriales se escriben en
9 “EL COMERCIO. Bolivia constitucional”…, p 2.
10 Véase: “REVISTA DE LA PRENSA – La Democracia”, en El Comercio, No. 1, La Paz, 13 de febrero de 1878, p 2. 11 Véase: “EL AUTÓGRAFO AMERICANO. Armonía de la religión y la ciencia”, en El Comercio, No. 1, La Paz, 13 de enero de 1878, p 3 (Texto en cuyo pie dice: “Santiago de Chile, mayo de 1861. Abdon Cifuentes, orador parlamentario, historiador y abogado”).
un tono más frío, intentando una objetividad imposible de alcanzar dados los inevitables nexos ideológicos y políticos del medio. Pese al discurso frío y en apariencia neutral, no faltaron las ambigüedades.
Uno de los primeros asuntos que fue tratado en los editoriales fue el referido a la compilación de las dispersas leyes, referidas al procedimiento civil.12 Predicó como uno de los trabajos más útiles que el gobierno emprendió, encomendado al joven Dr. Melquiades Loaiza. Obra de más de 300 páginas. Pasó por la censura de la Corte Superior de La Paz y de la Corte Suprema de Justicia. “En ninguna parte se encontrará una lejislación procedimental más complicada ni mas contradictoria que la nuestra”, afirmaba el editorialista. Fuimos los primeros en darnos códigos, decía. El civil se tradujo del francés; el Penal adoptado íntegramente del español; el de Comercio modificado en algo; el de Minería reducido a compendio de las ordenanzas de México; el Militar haciendo uso de un extracto de Colón; el de Procedimientos, verdadera codificación de las leyes españolas.
Al no tener una legislación propia, reflexionaba el periódico, ni se podía tenerla porque no estaba diseñada según la fisonomía del país; ha sido necesario adaptar las primeras leyes a nuestro modo de ser, a nuestra ilustración, a nuestras necesidades, a nuestras aptitudes locales y a nuestras costumbres desarrolladas bajo el imperio del republicanismo, de la libertad y de la igualdad. Es decir, los códigos “copiados” fueron adaptados a la realidad nacional en el transcurrir del tiempo. Y ahora tan solo era necesario hacer una recopilación.
El 20 de febrero de 1878, 18 días después del texto editorial, se promulgó como Ley del Estado la “Compilación de las leyes del Código Civil”, practicada en cumplimiento del Supremo Decreto del 18 de septiembre de 1877, sin que esto significase la abrogación y derogación de las leyes de origen.
La posición asumida por el editorial de El Comercio en estos sus primeros días devela dos aspectos. Primero, de manera implícita la tan cantada “imparcialidad” no era tal, pues El Comercio avalaba las decisiones tomadas por el gobierno de Daza. Segundo, el texto ingresaba en una profunda contrariedad al apoyar un sistema judicial a la usanza de la “jurisprudencia” de estilo británico, produciéndose una ambigüedad entre el “código” prefabricado y la serie de disposiciones cuya compilación venía a ser una especie de código también, disposiciones que habían sido, en buena parte, promulgadas arbitrariamente por los caudillos de turno, y por consiguiente no encajaban unas con otras. Por otro lado, esto de la “compilación” hace también recuerdo a la época colonial, contra cuya práctica contradictoria quiso luchar el Mcal. Santa Cruz con sus Códigos.
12 Véase: “EL COMERCIO. Compilación de las leyes del procedimiento civil”, en El Comercio, No. 10, La Paz, 2 de febrero de 1878, p 2.
El mismo periódico se dio cuenta de tal incongruencia, aunque no lo reconoció explícitamente.13 En el editorial del 26 de febrero, implícitamente reconoció los “inconvenientes fastidiosos”: Existen dos códigos, el de Santa Cruz que no está abrogado, y la Compilación que está declarada vigente. Después de estos dos códigos hay aún leyes y decretos “extravagantes”, que pueden no estar “ingeridos” en la recopilación. El Comercio propone algunas soluciones, como que se mencione la primera ley que no entre en conflicto con las subsiguientes. Y no puedo evitar formular la pregunta: ¿La Compilación es una Codificación? La respuesta fue afirmativa, pues para El Comercio Codificar era “reunir”. Da ejemplos de Rusia, Inglaterra y otros países. Menciona al Dr. Andres Quintela quien, según El Comercio, fue para Bolivia lo que Libingston para Lousiana, lo que Bello para Chile, lo que Velez Sarfsfield para Argentina. Termina afirmando enfáticamente que la Compilación está bien hecha.
El indígena
El asunto indígena fue objeto de debate y polémica en la Asamblea Constituyente de 1877-78. A partir de las influencias positivistas, El Comercio asumió la defensa del indígena con un tono más real y social, es decir, menos romántico y sentimental que en tiempos de La Época. Así, cuando presentaba la nueva Constitución, decía: “En vano se exijirá respeto a la lei de quien, como el indio, apénas comprende como tal el mandato o el látigo del correjidor. En vano se exijirá a éste respeto a las garantías constitucionales, si por tales entiende las prescripciones del superior o el abuso”.14
En una serie de textos publicados a partir del ejemplar No. 1 se refutaba las apreciaciones que se habían mencionado en la Asamblea Constituyente acerca de los terrenos de comunidades indígenas.15 No se menciona al autor de remitido; el texto lleva a manera de firma de autoría una frase llena de sentido: “Una voz, ¿clamará en el desierto?” En la Asamblea se había dicho que las tierras comunitarias se encontraban en “manos muertas”, esto con el fin de justificar la venta de tierras indígenas. El remitido replicó que en los yungas y los valles se podía ver que el terreno bien cultivado pertenecía los comunarios; mientras, el de los hacendados mostraban pedazos de tierra descuidada.
Otra afirmación en la Asamblea había sido: “Los comunarios no mejoran sus métodos de labor”. Es una ocurrencia, dijo el remitido, y preguntó: ¿los de la rezaga conquistadora les han dado ejemplo [implícitamente se refiere a los hacendados]? ¿cuál es el método que emplean? Es el mismo que el indígena le ha enseñado al conquistador. El enunciatario no aceptaba la afirmación: “El atraso de la agricultura es por causa de las comunidades”. “Para probarlo, se necesita probar que tenemos agricultura y que para su
13 Véase: “EL COMERCIO. Codificación”, en El Comercio, No. 20, La Paz, 26 de febrero de 1878, p 2. 14 Sic. “EL COMERCIO. La Constitución”…, p 2.
15 Véase sic. “REMITIDOS. A la Soberana Asamblea. Comunidades. [Véase el No. 780 de La Reforma. Apreciaciones sobre ellas]”, en El Comercio, No. 1, La Paz, 13 de enero de 1878, p 3.