2. MARCO GENERAL
2.4. IMPERATIVO CATEGÓRICO Y ÉTICA DE LA CONDUCTA HUMANA
2.4.1 Ética del comportamiento humano Sus límites
Para facilitar la compresión de esos sectores sociales que tratan de describir nuestras palabras, adjunto el cuadro sinóptico que muestra la visión de Kierkegaard de los mismos, que extraigo de un artículo de Rodríguez Monroy389:
388
Pardo Bazán, Emilia: El P. Luis Coloma… ob. cit. págs. 46 - 48.
389 Rodríguez Monroy, Amalia. “Sören Kierkegaard: o la angustia o el concepto”. 2006, L’aperiódic virtual
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Como se ha dicho, el objetivo principal de Coloma, religioso confesional, hace misión en pro de la columna derecha del esquema, en tanto el que hemos calificado, quizá impropiamente, como secundario, se dirige a la columna central.
Como veremos en ambos objetivos, Coloma no ha hecho otra cosa que cumplir con su labor de misionero católico, lo que creo que puede fundamentarse con lo que dice el padre Solá, en su introducción a la Biblia, cuando escribe390:
La Iglesia ha considerado siempre como suprema norma de su fe la Escritura unida a la Tradición, ya que, inspirada por Dios y escrita de una vez para siempre, nos transmite inmutablemente la palabra del mismo Dios; y en las palabras de los Apóstoles y los Profetas hace sonar la voz del Espíritu Santo. Por tanto, toda la predicación de la Iglesia, como toda la religión cristiana, se ha de alimentar y regir por la Sagrada Escritura.
Siguiendo con el padre Solá, en su introducción a la Biblia, refiere que los cuarenta y seis libros del Antiguo Testamento se agrupan en tres categorías: históricos, didácticos y proféticos, siendo los didácticos los que tienen relación con el tema que nos ocupa. La Edición Oficial de la Iglesia considera didácticos los libros de391: Job (Jb), Salmos (Sal), Proverbios o Parábolas de Salomón (Prv), Ecclesiastés (Ecl), Cantar de los Cantares (Cant), Sabiduría (Sab) y el Eclesiástico (Eco), los que, salvo este último392, pertenecen también al “Canon de los Libros Sagrados” de la religión judía. El sentido de estos libros ha de captarse, presentando dificultades su lectura y exégesis, por lo que la Iglesia, al ser muy importante para los católicos su interpretación, estableció que esta debe dirigirse por el Magisterio eclesiástico. De ellos, los libros de Job, el Ecclesiastés y el Eclesiático, amén de su contenido religioso, están repletos de consejos de vida que podríamos considerar éticos y que cabría situarlos en la columna central del cuadro que se anteponía. Lo expuesto, creo que viene a respaldar la ortodoxia absoluta de la predicación vehiculada en la novela del padre Coloma, en el fondo, en la forma y en sus objetivos.
En este momento, entendemos, se deben hacer unas consideraciones generales sobre lo que es una teoría ética, la que se puede definir como una reflexión
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Solá, Francisco de. “Introducción”. 1977. Sagrada Biblia, Editorial UNALI, S.L. Barcelona, pág. V.
391 Ibíd. pág. VI. 392
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acerca de la moral. Sin embargo, estas teorías éticas no pretenden crear una nueva moral, porque la moral es anterior a la ética. Todos los seres humanos contamos con normas y principios morales. Estas teorías éticas tienen un carácter normativo, pretenden fundamentar postulados y normas morales recurriendo a un principio superior o a un bien supremo y, proponen o recomiendan algún principio concreto como preferible, que se determina críticamente, analizado y justificado. Estas teorías éticas pueden ser, de un lado, no cognitivistas, en las que las cualidades morales no son objeto del conocimiento, que a su vez puede ser emotivistas o prescriptivistas. De otro, las éticas cognitivistas, que a su vez pueden ser teleológicas –aquellas que están orientadas hacia la consecución de un fin- y, deontológicas, que se fundamentan en la acción moral, en el deber, que son formales y procedimentales. A este último punto es al que pertenece la ética kantiana.
Una vez determinado que nuestro objetivo en este estudio no lo centramos en la visión religiosa ni confesional de la obra de Coloma, sino en sus aspectos morales y éticos de carácter universal que, en sentido lato, podríamos nominar como “Ética de la conducta humana”, es el momento de centrar esta terminología de acuerdo con el DRAE. Este define moral en su primera acepción, como: “Perteneciente o relativo a las acciones o caracteres de las personas, desde el punto de vista de la bondad o malicia” y ética, en su cuarta acepción, como: “Conjunto de normas morales que rigen la conducta de la persona en cualquier ámbito de la vida”. Hechas estas nuestras acotaciones, dejemos al padre Coloma que establezca las suyas, lo que hace en el prólogo de la primera publicación de Pequeñeces en la revista El mensajero del
Corazón de Jesús, cuando escribe393:
Yo dejé correr en él [refiriéndose a la precitada novela] la pluma con entera independencia, rechazando con horror, al trazar mi pintura, esa teoría perversa que ensancha el criterio de moralidad hasta desbordar las pasiones, ocultando de manera más o menos solapada la pérfida idea de hacer pasar por lícito todo lo que es agradable; mas confiésote de igual modo que, si no con espanto, con fastidio al menos y hasta con cierta ira literaria, rechacé también aquel otro extremo contrario, propio de algunas conciencias timoratas que se empeñan en ver un peligro en donde quiera que aparece algo que deleita. Porque juzgo que, por sobra de valor yerran los primeros, en no ver abismos donde puede haber
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flores; y tengo para mí que, por hartura de miedo yerran también los segundos, en no concebir una flor sin que oculte detrás un precipicio…Y andando, andando y partiendo los unos de un principio falso y los otros de una verdad santa, llegan todos de la exageración al engaño y pasan luego a la demencia; pareciéndoles a aquellos que pueden servir de guía a la juventud las crudezas de Zola y creyendo éstos que no conviene enseñar a los niños el Credo y los Artículos de la Fe sin introducir algunas prudentes modificaciones, de que yo pudiera citarte algún ridículo ejemplo.
Esta precisa definición y preciosa metáfora consideramos que, como se decía, marca perfectamente el límite del campo moral, en toda su amplitud, de la obra de Coloma y, de otro lado, también creemos que nos conduce a apreciar la actualidad de la misma, bastándonos para ello ser lectores de periódicos y ver las noticias del día a día en esta segunda década del siglo XXI. Si bien, también debemos destacar su coincidencia con el sentir de Kant, cuando considera el tránsito del conocimiento moral vulgar de la razón al conocimiento filosófico, en que textualmente dice394:
De aquí se origina una dialéctica natural, esto es, una tendencia a discutir esas
estrechas leyes del deber, a poner en duda su validez, o al menos su pureza y severidad estricta, a acomodarlas en lo posible a nuestros deseos y a nuestras inclinaciones, es decir, en el fondo, a pervertirlas y privarlas de su dignidad, cosa que al fin y al cabo la misma razón práctica vulgar no puede aprobar.
Por consiguiente, como paulatinamente iremos desarrollando, Kant “construye un concepto de moralidad, entendida como lo bueno incondicional, y define lo moralmente bueno en términos de la razón pura práctica. De ahí que lo moralmente bueno sea radicalmente inderivable de una experiencia no moral”395