2. MARCO GENERAL
2.1. EL AUTOR Y SU ÉPOCA
2.1.5 LA POLÉMICA DE PEQUEÑECES
Consideramos que se debe incluir aquí, en el “Marco General”, este episodio dado que la publicación de Pequeñeces supuso en el mundo literario un verdadero acontecimiento, al que Blanco llegó a denominar “El gran suceso literario”211. A raíz de su publicación, se produjeron una gran cantidad de críticas por parte de personas y medios de comunicación que abarcaron todo el espectro ideológico, lo que no hubiese ocurrido de considerarse irrelevante la publicación, el autor o ambos. Esto ocasionó un impacto social de repercusión nacional, que motivó desde los elogios más entusiastas a las críticas más vitriólicas, lo que hizo pronunciarse al mencionado Blanco como: “éxito mayor no se ha conocido en España”212. Si bien estas opiniones que, si se trataran estadísticamente, sus parámetros de dispersión los calificaríamos de amplísimo rango, desde entusiastas apologías a exasperadas censuras que, sobre todo estas, no solo se centraron en sus aspectos literarios o de doctrina, sino que llegaron a constituir verdaderos ataques personales al autor y a la orden religiosa a la que pertenecía. Esto es fácil entenderlo si se vincula a la bipolarización y radicalización que fue considerada en el punto 2.1.3 b), al valorar las circunstancias históricas de la literatura liberal y religiosa de aquel periodo.
Pequeñeces es, sin duda, la obra más conocida del padre Coloma, la que más
fama le dio, llegando a considerarla la profesora Behiels, de la Universidad de Gante, como un clásico, cuando dice213:
Pequeñeces, la novela sobre la sociedad madrileña contemporánea del jesuita Luis Coloma, obtuvo un éxito rotundo en el momento de su publicación en 1891 y conoció numerosas reimpresiones después, hasta su consagración de clásico en la edición de Rubén Benítez para la colección “Letras Hispánicas” de Cátedra.
También la elogiaron desde su vertiente literaria Pardo Bazán, que la considera “una de las obras maestras que en España se han escrito”214, Luis Alfonso le reconoce
211
Blanco García, Francisco. “El gran suceso…ob. cit. pág. 108.
212 Ibíd. pág. 108. 213
Behiels, Lieve. “La estética de contrastes del P. Luis Coloma en Pequeñeces” En Foro Hispánico:
Revista hispánica de Flandes y Holanda. Asimilaciones y rechazos: presencia del romanticismo en el realismo español del siglo XIX. 1999, Editions Rodopi B.V. Amsterdam, núm. 15, pág. 59
214
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“un conocimiento del arte, en que poquísimos le igualan y acaso ninguno le supera”215, Balart opina que “su libro es ante todo una novela en la rigurosa acepción de la palabra, mucho más novela que cuantas hoy salen a la luz con el exclusivo propósito de agradar”216, así como otros escritores y críticos, coetáneos de Coloma. De nuestra época, Ayala exceptúa de la escasa atención prestada a la obra de Coloma en la actualidad a Pequeñeces217.
Pequeñeces, como toda su producción literaria, tiene un fuerte objetivo
moralizante en el que, de momento, no entraremos en profundidad. Se sitúa temporalmente en la época del reinado de Amadeo I de Saboya, describiendo los vicios y corruptelas de la aristocracia alfonsina y sus maniobras para lograr la Restauración. Por expresar de forma muy sintética el espíritu y la forma de la misma, a continuación exponemos un párrafo del padre Blanco, extraído de su obra La literatura española en
el siglo XIX, en que recoge de forma muy sintética el mensaje de Pequeñeces, su
opinión sobre la misma y las causas de la polémica surgida tras su publicación, cuando dice218:
Que, por lo visibles y recientes, se prestan los hechos narrados a glosas malévolas; que Jacobo Sabadell resulta la encarnación del mal esposo, del rufián elegante y el político venal; y su querida Currita Albornoz la de la casada infiel, reina de la moda, que por solo esta cualidad se sobrepone a las damas dignas y decentes; y el marqués de Villamelón, marido de Currita, representa a otros muchos tan imbéciles y ciegos como él y los demás personajes responden a un simbolismo susceptible de aplicaciones concretas; que por referirse la acción a la época de D. Amadeo y pintar a lo vivo las maniobras de la aristocracia alfonsina, que prepararon la Restauración, quedan ésta y sus hombres clavados en la
picota; que los documentos históricos y sociales de Pequeñeces frisan en crudeza
con los del naturalismo francés, aunque siempre vayan reprobados por la censura condigna y nada contengan que ni remotamente excite los bajos
215
Alfonso, Luis. “Las <pequeñeces> del Padre Coloma I”. 1891, La Época, año XLIII, núm. 13.851 de 21
de marzo, pág. de portada.
216
Balart, Federico, “Pequeñeces”, 1894, Impresiones –Literatura y Arte-. Librería de Fernando Fé,
Madrid, pág.241.
217 Ayala, María de los Ángeles. “Luis Coloma y el relato fantástico”. 1997. En Narrativa fantástica en el
siglo XIX, Jaume Pont (Ed.), Editorial Milenio, Lleida, pág. 335.
218
Blanco García, Francisco. “El Padre Coloma en la <Literatura española en el siglo XIX>”. 1910, 3ª ed. De: La literatura española en el siglo XIX. Parte segunda. Editores: Sáenz de Jubera Hermanos, Madrid. Biblioteca Miguel de Cervantes párr. 20º.
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instintos de la concupiscencia sensual, todos estos y muchos más cargos que abultó la mala fe servida por la ruindad del entendimiento y el corazón, se explican satisfactoriamente a la luz del propósito moralizador y correccional que presidió al libro del P. Coloma. No se curan las lacerias tapándolas con velos de compasión o de complicidad.
Se trata, pues, de una novela satírica, subgénero que algunos consideran se remontan sus orígenes a El Satiricón de Petronio en el siglo I y que de una manera constante está presente en la literatura con ánimo corrector de situaciones sociales. Para García Gual, Petronio, en su obra, “refleja el aislamiento que su conciencia crítica impone al novelista frente a la sociedad de su época”219. Son ejemplos de ella en nuestra época, la archiconocida obra de George Orwell Rebelión en la granja y, en nuestro Siglo de Oro, El buscón de Francisco de Quevedo, autor del que escribía Asensio220:
El acto de dramatizar una figura arrastra siempre una dualidad de actitudes: la del personaje puesto en escena que, con una óptica invertida, contempla sus lunares como bellezas y hace gala del sambenito y la del creador que, de algún modo directo o indirecto, ha de censurar o ridiculizar el tipo antisocial o antimoral. La visión del autor puede sernos dada por otros observadores, más o menos envueltos en la acción, o más sutilmente mediante las palabras del
propio personaje, que inconsciente de su doblez, funciona a la vez como
panegirista y acusador de sí mismo. Quevedo utiliza a la par los dos sistemas
También podría considerarse Pequeñeces novela de tesis, en las que, en esencia, predomina la idea sobre la acción con un propósito docente, en la que el autor intenta hacer prevalecer sus ideas y a cuyos efectos mueve los personajes a su antojo, lo que de alguna manera sucede en la trama de Pequeñeces.
En cuanto a la corriente literaria, existen en Pequeñeces aspectos costumbristas propios del Romanticismo, que en Coloma son explicables por su gran afinidad a Fernán Caballero, así como los propios de la época, segunda mitad del XIX, en pleno apogeo del Realismo y Naturalismo, movimientos literarios que no son en la práctica fáciles de deslindar, ya que la mayoría de autores participaron de ambas corrientes.
219
García Gual, Carlos. Los orígenes de la novela. 1972, 3ª edición, Ediciones Istmo. Madrid, pág. 329.
220 Asensio, Eugenio. Itinerario del entremés. Desde Lope de Rueda a Quiñones de Benavente. Capítulo
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Vistas estas circunstancias analizaremos someramente los pronunciamientos críticos de algunos autores así como algunos sueltos de periódicos y revistas. En cuanto al orden de estos, se hará alfabéticamente por su primer apellido y, en caso de pseudónimos, por el mismo, siempre que no se conozca su nombre civil de acuerdo al concepto que, de este, establece el artículo 53 de la Ley de 8 de junio de 1957 del Registro Civil.
Luis Alfonso y Casanovas
Este crítico literario, de ideología canovista y promonárquica, escribió para lectores de la burguesía, siendo como crítico un defensor del idealismo y un detractor del naturalismo. Su crítica sobre Pequeñeces fue publicada en el diario conservador La
Época en dos entregas, bajo el título de “Las ‘pequeñeces’ del P. Coloma”221,222 y, por
su interés, fue reproducida por el diario católico El Siglo Futuro con el título de “Pequeñeces…”223,224 en otras dos entregas.
Esta crítica la inicia refiriendo que desde hacía dieciséis años en que se publicó
El escándalo de Pedro Antonio de Alarcón, no se había publicado en Madrid una novela
que ocupase y preocupase tanto a la opinión pública como Pequeñeces. Desde el punto de vista literario, le hace pronunciarse que en “su conocimiento del arte poquísimos le igualan y acaso ninguno le supere”225 y, aunque expone algunos defectos, le elogia la propiedad y sobriedad que les da relieve humano a sus personajes. En cuanto a la sátira sobre los vicios y flaquezas de la sociedad cortesana opina que lo hace con arte, cultura y limpieza, no a la manera brutal de Zola y, al final del libro asoma esperanza y perdón. Aun así, opina su proceder como una falta de caridad, al ser ministro de una religión que nació del sacrificio y el amor, debiendo haber cambiado el rigor por mansedumbre. En cuanto al papel de la Compañía de
221
Alfonso, Luis. “Las <pequeñeces> del Padre Coloma I”. 1891, La Época, año XLIII, núm. 13.851 de 21
de marzo, pág. portada.
222 Alfonso, Luis. “Las <pequeñeces> del Padre Coloma II”. 1891, La Época, año XLIII, núm. 13.854 de 24
de marzo, pág. portada.
223
Alfonso, Luis. “Las <pequeñeces> del Padre Coloma I”. 1891, El Siglo Futuro. Diario Católico, año XVII,
núm. 4.835 de 10 de abril, pág. 2.
224
Alfonso, Luis. “Las <pequeñeces> del Padre Coloma II”. 1891, El Siglo Futuro. Diario Católico, año XVII,
núm. 4.840 de 15 de abril, pág. 2.
225 Alfonso, Luis. “Las <pequeñeces> del Padre Coloma I” Obs. cits. La Época 21 marzo y El Siglo Futuro
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Jesús, con la premisa de que la Compañía no hace nada sin un fin, utiliza una anacoenosis preguntando al lector ¿cuál es ese fin?, a lo que él se responde226:
Me guardaré muy bien de pretender averiguarlo; no sé yo hilar tan delgado y esto es un punto que, de puro sutil se quiebra. Harto será que acierte a discurrir sobre lo que está a la vista.
Desde luego considero que extrañarse de que el libro lo sea de propaganda, es gran simpleza; como poco menos lo sería que el autor, hallándose en el caso de hacerla, no la hiciese. De esto, pues, nada hay que hacer notar sino la fina
habilidad con que el autor trabaja pro domo sua. En Pequeñeces los jesuitas son
unos santos varones, tan santos como astutos; su Orden es aviso de pecadores y refugio de los buenos y de los arrepentidos; y si debemos acudir a la Compañía de Jesús en todas nuestras tribulaciones, es por Jesús, más aunque por la Compañía
Concluye que su mayor resonancia comparada con novelistas de más fuste, no se debía solo al valor de la novela como tal, sino a otras circunstancias, como ser obra de un clérigo. No ser un libro devoto como podía esperarse, sino que más podría recordar a Zola y, aunque el fin pudiera ser religioso, los medios no pudieron ser más profanos. Como se ha dicho, critica a las clases aristocráticas, lo que le llama más la atención por pertenecer a la Orden educadora de los hijos de las clases altas y acaudaladas, lo que la hace más terrible y despiadada y, por último, colige de su lectura, que el autor ha sido “cocinero antes que fraile”. Finalizando227:
Todo lo cual, en conclusión, significa que el autor de “Pequeñeces” solo nos ha presentado el reverso de la medalla; pero medalla digna de Pisano, grabada al fuego con buril de bronce
Federico Balart Elgueta
Periodista y crítico literario español vinculado al republicanismo, que hizo carrera política llegando a ser consejero de Estado. Su crítica sobre Pequeñeces fue publicada en Los lunes del Imparcial, diario de ideología liberal, en dos entregas, bajo
226
Alfonso, Luis. “Las <pequeñeces> del Padre Coloma II” Ob. cit. La Época 24 marzo y El Siglo Futuro 15
de abril.
227
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el título de “Pequeñeces”228,229. A los pocos días de su publicación, fue reproducido un extracto de la crítica, que trataba de los aspectos morales, en un suelto del diario vespertino conservador La Época, que motiva su publicación por: “El trabajo es realmente muy bueno, como de tan notable crítico…”230. Así mismo, tres años después, fue publicada la mencionada crítica, en su totalidad, en la revista de literatura y arte, Impresiones231.
El crítico valora la obra como novela (narrador) y catecismo (moralista) y el resultado lo establece de una suma o resta de los valores parciales, poniéndole el saldo “entre las primeras firmas de nuestra plaza literaria, la de la plaza Coloma y Compañía (de Jesús)”232, lo que piensa que no va a satisfacer ni a sus apologistas ni a sus detractores. En cuanto a sus aspectos literarios, considera a Pequeñeces una novela en la rigurosa acepción de la palabra, que se diferencia de las naturalistas en que predomina la narración sobre la descripción y el análisis. Echa en falta estudios psicológicos de lo que deduce que el retrato no es el fuerte de Coloma, así como su vocabulario escaso y su sintaxis algo arbitraria, aspectos estos a los que no da gran importancia. En cuanto al mensaje moral, considera que no desmerece al narrador, así como que el primer tiro lo da en el blanco, cuando dice233:
Los defectos, las ridiculeces, los vicios que señala y reprueba son, con honrosas excepciones, los más característicos ya que no los más comunes en esa clase de nuestra sociedad. La corrupción de buen tono, la devoción de mera fórmula, la indiferencia moral, la tolerancia extremada hasta la complicidad, la depravación por contagio, el trato franco en la forma y solapado en el fondo, las competencias de lujo, las rivalidades de escándalo, la envidia sin freno, la difamación sin piedad, el refinamiento del boato reemplazando a la delicadeza del gusto, la carencia total de principios sólidos, de ideas claras, de creencias firmes y de virtudes austeras, eso es lo que pinta, eso es lo que condena, eso lo que fustiga nuestro autor, unas veces con el látigo de la sátira y otras con el azote del castigo providencial.
228 Balart, Federico. “Pequeñeces”. 1891. Los lunes de el Imparcial, 13 de abril, pág. Portada.
229
Balart, Federico. “Pequeñeces II”. 1891. Los lunes de el Imparcial, 20 de abril, pág. Portada.
230
La Época.”El señor Balart y la novela <<Pequeñeces>>.1891, año XLIII, núm. 13.885 de 25 de abril, pág. 2.
231
Balart, Federico. “Pequeñeces”. 1894, Impresiones –Literatura y Arte-. Librería de Fernando Fé.
Madrid.
232 Balart, Federico “Pequeñeces II”…ob. cit., pág. Portada.
233
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Sus principios de moral privada (no hay para qué decirlo) están generalmente a salvo de la censura más suspicaz: son los de todo hombre honrado, los de toda persona decente. Además, casi siempre los aplica con justicia y sin miramientos. La hipocresía religiosa la halla tan inexorable como la corrupción doméstica.
Considera que Coloma no es un apóstol de “el arte por el arte” y si su obra no va encaminada a defender una tesis, sí tiene una intención moral declarada en el prólogo, por lo que no se le puede pedir imparcialidad, constituyendo esta un canon principal para la escuela naturalista francesa. Él no solo muestra sus simpatías y antipatías, sino que expone su doctrina cuando a su parecer lo requiere. En esto, no hace más que imitar a Balzac, padre del naturalismo moderno, por lo que sería injusto condenarle. En cuanto a la Compañía y la Iglesia trae a colación Balart un soneto en el que un muerto entrado en días se quejó de cierto olorcillo nauseabundo, procurando averiguar su procedencia y tras diversas hipótesis al cabo de trece versos, exclamó con singular dignidad: “Si soy yo que me encuentro putrefacto”234. Continuando:
No lo digo por el dignísimo autor de la novela; no lo digo tampoco por el respetable instituto religioso a que pertenece; no lo digo siquiera por el clero católico en general; pero bien podría suceder que una parte a lo menos de la clerecía española, después de buscar lealmente el origen del tufo percibido por el P. Coloma, tuviera que resumir sus investigaciones con el último endecasílabo del soneto.
Patrocinio de Biedma y la Moneda
Escritora y articulista española, católica, de la que Vega escribeque, en Cádiz, fundó la revista Cádiz, así como la Federación Científico Literaria de Andalucía de la que fue presidenta. También fue vicepresidenta nacional de la Ligue des Femmes pour le désarmement international. Fue una prolija escritora en numerosos periódicos y revistas, en ocasiones firmando bajo el seudónimo de “Pedro Ticiano Imab”235. Su
234
Ibíd.
235 Vega Rodríguez, Pilar. “Periodismo y empresa periodística: el Cádiz de Patrocinio de Biedma”. 2014,
82
artículo sobre Pequeñeces, publicado en La Época bajo el título “El autor de <<Pequeñeces>>”236, se centra mucho en el padre Coloma.
Desde el punto de vista literario, no considera a Pequeñeces, como otros críticos, una novela, sino como una colección de escenas sociales escritas con gran brillantez y colorido. En cuanto al mensaje moral, entiende que como misionero saque a la vergüenza vicios con el deseo de que se corrijan, pero le exime de la culpa de que se hayan personalizados los personajes, así como no hace crítica del autor ni de la Compañía.
Francisco Blanco García
Monje agustino, filólogo, ensayista y crítico literario, alcanzó la fama por su obra Literatura española en el siglo XIX, donde en la segunda parte hace una crítica general de la obra del padre Coloma aunque no específica de Pequeñeces como los otros autores. En lo concerniente a Pequeñeces coincide en su crítica con Pardo Bazán en que el libro de Coloma logró una gran resonancia y fama no solo por el mérito intrínseco de la obra, sino por otras circunstancias concurrentes no literarias. Respecto a sus aspectos literarios destaca que seduce por la fecundidad de inventiva y la fácil comprensión de la trama, así como por la maestría en los diálogos que, Blanco, aun admitiendo críticas en que se le tacha de una prosa incorrecta y llena de cacofonías, se pronuncia como: “pero transparente y animada, flexible y pintoresca, penable por las leyes de la Gramática, no por las de la Retórica”237. Para Blanco lo que se propuso Coloma fue atajar la gangrena de la corrupción en las más altas esferas de la sociedad mediante una sátira que califica de incisiva y cruel. Conmina con castigos eternos y temporales y promete el perdón para los arrepentidos, si bien, rebasando alguna vez los límites de la moderación. También aclara perfectamente el crítico que, en ningún caso, apadrinó Coloma la podredumbre de las clases media y popular.
236
Biedma y la Moneda, Patrocinio de. “El autor de <<Pequeñeces>>”. 1891. La Época, año XLIII, núm.
13.890 de 30 de abril, pág. portada.
237 Blanco García, Francisco. “El padre Coloma en la <<Literatura Española en el siglo XIX” Biblioteca