Hoy habiendo, transcurrido más de 150 años desde su publicación original, el M an ifiesto n o ha envejecido; al me nos, no en los térm inos qu e sus autores señalaron en el prefacio a la edición alemana de 1872: “Aunque las condi ciones hayan cam biado mucho en los últimos 25 años, los principios generales de este M anifiesto, siguen siendo hoy, en su conjunto enteram ente acertados. Algunos puntos deberían ser retocad os.[...] Sin em bargo, el M a n ifiesto e s un docum ento histórico que ya no tenem os d erech o a modificar”.
Según Michael Lówy, desde m uchos aspectos el M a
n ifies to e s no só lo actual, sino más actual hoy q u e hace 150 años. En la ép o ca d e la globalización, el p ro ceso de unificación eco n óm ica y cultural del planeta, b ajo la dom inación del capitalism o, vislumbrado en to n ces por sus autores, e s una realidad indiscutible.
Ante ella, la articulación de los diferentes m ovim ien tos sociales al frente de sus diversas luchas y reclam os sectoriales, podría ser el equivalente a aquel llamamiento: “¡Proletarios del m undo unios!”.
Incluso, la convocatoria, en 1848, a un proletariado incipiente, constituye tam bién un im portante acierto, te niend o en cuenta que hoy la mayor parte de la población
Significación y vigencia del pensamiento crítico de Kari Marx
eco n ó m icam en te activa, e s asalariada y está explotada por el capital.
Podría agregarse tam bién, qu e la herencia d e 1848 está hoy más presente que nunca, en la búsqueda por conciliar la precarización del em pleo con el crecim ien tos eco n óm ico , a través de las luchas por las 35 horas sem anales (ó 32) de los sindicatos europeos.
Más reservado en sus observaciones, Jean -Y v es Cal vez (jesuíta francés), reco n o ce q u e mientras el trabajo es precario y frágil, el capital es fuerte y sólido; qu e p ese a los intentos de agrem iación, la instauración de un cierto capitalism o popular, de algunas m ejoras al canzadas, etcétera, la situación no logra cam biarse, el m ism o problem a d e entonces, persiste.
D esd e una visión más cercan a a las estrategias co - m unicacionales d e los ‘90 q u e a la problem ática so cio e conóm ica, siendo invitado a reflexionar sobre el M a n ifies
to, esgrim e que su influencia en las revueltas liberales, nacionalistas y sociales de 1848, fue prácticam ente nula. En cam bio su efecto a largo plazo fue m ucho más impor tante, a punto tal de haber am enazado el orden burgués ante cada desequilibrio social, eco n ó m ico o p olítico, y hasta triunfar en Rusia en 1917. Asigna al propio M an ifies
to categoría de mercancía, analizable a la luz de las reglas del m arketin g: “Publicado originalmente en 1848, el docu m ento describe en sus primeros párrafos un problem a d e imagen que Karl Marx supo aprovechar para colocar su pro ducto ideológico en una posición ventajosa en el mercado de ideas de la segunda mitad del siglo XIX y principios del X X ”. Observan que el error consistió en satanizar las ideas marxistas, en vez de desmitificarlas para neutralizarlas con m ayor eficacia, teniendo en cuenta que: (Marx) “...se pro nunció por el cam bio de nom bre d e L ig a d e los Ju sto s p o r
L iga d e los C om u nistas. Aunque las razones aducidas eran q u e “justo” era un concep to pequeño-burgués, la verda dera razón es que comunista era más agresivo".
R efiriénd ose al m anifiesto co m o “La proclam a m o dernista de Karl M arx”, co n clu y e J . J . Sebreli: “El autor del M a n ifie s to supo ver que la otra cara del cam bio y la crea ció n co n stan te im plicaba al m ism o tiem p o la d es tru cció n p erm an en te, p ero n o d ejó de ser co n scie n te de q u e só lo se podía luchar contras las co n d icio n e s no d eseab les d e la m odernidad, d esd e dentro y a favor de la m ism a”, señalando la inscripción entusiasta p ero críti ca de d icho autor en la m odernidad y el progreso, aleja d o d e las distintas co rrien tes q u e han convergid o en I llamada posm odem idad.
En consonancia con esto, y tratando de reivindicar el texto d e 1848, en ép ocas de hostilidad (1982) Marshall Berm ann, aludió a “el sello distintivo de la im aginación m odernista” y tituló su libro con una de las frases de Marx que m ejor expresa la experiencia de la m oderni dad: “Todo lo sólido se d esvanece en el aire”.
En 1993 tuvo lugar una nueva recuperación del M a
n ifiesto, d esd e el cam po no marxista, por parte del filó so fo deconstructivista Ja cq u es Derrida en su libro E sp ec
tros d e Marx-, “Al releer el M a n ifiesto y algunas otras grandes obras de Marx, m e he percatado (d e ) qu e d en tro d e la tradición filosófica, co n o zco p o co s textos, qui zá ninguno cuya lección parezca más vigente hoy".
Lo q u e ha m uerto e s la visión teleo ló g ica d e la historia, d ice J o s é P. Feinm ann, qu ien se refiere a la certeza y la angustia de los hom bres d e este final del siglo XX , acerca d e qu e no hay un sentid o d e la histo ria co m o pensaba Marx y q u e las aristas utópicas de Marx son las más en d eb les y q u e fue la burguesía la q u e enterró al proletariado y n o al revés. P ero replica q u e el librem ercadism o no logra enterrar al socialism o y qu e éste de alguna forma tien e q u e volver, q u e ese es el im perativo histórico.
Para Christian Ferrer, el M a n ifiesto está vivo y está m uerto, todo d epend e de las relecturas qu e se quieran
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hacer. Para él, el socialism o nació co n la modernidad y morirá con ella.
Con respecto al rol histórico del proletariado Ricar do Forster señala que si existe algún futuro para la uto pía com unista, el sujeto de transform ación no podrá ser uno so lo sino qu e deberá involucrar a toda una multi plicidad de actores colectivos.
El ám bito de la revolución, según Rosendo Fraga ya no estaría representado por los m edios de producción, sino por los de com unicación; en el cam po de la cultura y la inform ación estaría el poder, la capacidad de co n trol y dom inación. Y si en ép oca de Marx, las elites eran nacionalistas y los proletariados universalistas, hoy día, ocurre exactam ente lo contrario.
Con respecto al fenóm eno d e unificación económ i ca y cultural de todo el planeta, a través del m ercado mundial, H oracio G onzález advierte: “Lo que hoy se llama globalización es una interpretación de los op era dores de bolsa, o sea una visión em pobreced ora d e lo qu e dijo Marx. Lo que en Marx es una universalidad situada en el co n cep to hegeliano de negación, es co n vertida por la globalización en una universalidad sin sujeto singular y sin negación. El M a n ifiesto es una pie za qu e interpreta la universalización de todas las rela cio n es sociales desde un punto de vista m ucho más rico qu e el de la globalización que es apenas una interpreta ción basada en el mimetismo técn ico y financiero con escasa reflexión so bre sí”.
Según Eduardo Grüner, por primera vez en la histo ria se dan hoy todas las prem isas que Marx vislumbró acerca de una transform ación a nivel mundial. El rol de la burguesía fue efectivam ente revolucionario, pero ya no lo es, aunque siga m anteniendo su presencia. Y con respecto del proletariado industrial, cab e destacar qu e a m ediados del siglo X IX recién com enzaba a surgir co m o c la se in d e p en d ien te ; hoy, co n stitu y e u na e s p e c ie de
sú p er-p ro letariad o m undial, ya q u e n o se limita al tra b a jo m anual. Sin la p articip ació n d e e s e p ro letariad o , pod ría en un futuro h a b er cam b io , p ero n o verdad era transform ación.
Tam bién a propósito d e los 150 años, Atilio Borón escrib ió acerca del M a n ifiesto clasificand o d iferentes pasajes del m ism o, en “aciertos duraderos” y “lagunas”. D entro d e éstas, distingue dos grupos, el d e los co n cep tos qu e d eben ser revisados, y el d e los tem as ausentes. En esta última categoría m enciona: la cuestión eco ló g i ca, el sexism o y el tema del nacionalism o.
Con respecto a la cuestión ecológica, entiende qu e el M a n ifiesto no debería interpretarse co m o una nega ción, ya qu e las relaciones d e “tipo eco ló g ico ”, no son más fundam entales que las relaciones d e producción. “Si los cam pesinos de Amazonia quem an las selvas, usan la tierra para la agricultura por un breve período y en se guida, cuando el su elo se vuelve árido, prenden nueva m ente fuego a la floresta, no es q u e sean ecológicam en te inconscientes; una explicación reside en la existencia del pavoroso problem a del latifundio y la miseria que sufren. La p oblaciones qu e contam inan la ciudad de M éxico, no lo hacen por sim ple ignorancia: hay una esp eculación financiera qu e los lleva a contam inar la propia agua que b e b e n ”.
O tro tanto su ced e co n el sexo/género; e s im portan te no perder de vista qu e la opresión y explotación de la mujer, tanto en el ám bito dom éstico co m o en el del m ercado laboral, tienen lugar en un m arco más am plio, q u e es el de las relaciones de producción capitalistas. “El capitalism o pu ed e coexistir co n la absoluta igualdad d e sexos/géneros, pero no pu ed e admitir la absoluta igualdad de clases sociales. Esta última posibilidad abo liría d e inm ediato las fuentes mismas de su pod er e c o n óm ico y político, dando lugar a una sociedad poscap i talista d e nuevo tipo. En com p ensación, el capitalism o
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puede admitir y prom over el ‘florecim iento de la so cie dad civil’, y las más ¡¡restrictas expresiones de ‘alterida- d es’ y d e ‘desigualdades’, com o gustan proclam ar los posm od ernos”.
Sin em bargo, reco n o ce qu e los autores no dem os traron ten er el m ism o sentido crítico q u e para otras cu estio n es ya q u e aquí no lograron superar los per juicios d e la ép oca, aunque posteriorm ente Engels c o m ienza a considerar el problem a.
Ante la falta d e un análisis so b re el nacionalism o, problem ática a la qu e tuvieron muy expu estos los tra bajadores del siglo XIX y principios del X X (para no hablar del resurgim iento d e los nacionalism os en estos últimos años), Borón señala qu e “...D e la misma forma q u e los dos grandes tem as anteriores, la ausencia en un d ocu m ento fundador de la m oderna lucha d e clases, d e un ad ecuad o análisis del nacionalism o (y de sus patolo gías co m o el ‘chauvinism o’ o racism o y localism os d e diversos tipos) en nada nos exim e d e la responsabilidad de bu scar una seria discusión so bre el tema. El m arxis m o nos provee los elem entos para eso".
Eric H obsbaw n, que prologa una de las ediciones del M an ifiesto, a 150 años de su publicación original, destaca que el propósito de esta nueva aparición “...no es hacer accesible el texto de esta sorprendente obra m aestra, m u cho m enos volver a revisar un siglo de d ebates doctrinales acerca de la interpretación ‘correc- ta’« « de este d ocu m ento fundam ental del m arxis mo. El objetivo es recordarnos qu e el M a n ifiesto tiene todavía m ucho qu e decir al m undo en vísperas del siglo XXI. [...] ¿qué efecto tendrá el M a n ifiesto en el lector que acceda a él por primera vez en 1998? [...]. Lo que da al M a n ifiesto su vigor son dos cosas. La prim e ra es su visión inclu so en los co m ien zo s de la m archa triunfal del capitalismo, de que este m odo de producción no era p erm anente, estable, ‘el final de la historia’, sino
una fase temporal en la historia de la humanidad ya que, co m o sus predecesores, estaba destinado a ser superado por otro tipo de socied ad . La segunda es el re co n o ci m iento de las tendencias históricas del desarrollo capita lista necesariam ente a largo plazo”.
Y respecto de la concep ción determinista de la histo ria, afirma: “Con todo, contrariam ente a las presunciones más extendidas, puesto que admite que el cam bio históri co tiene lugar por m edio de los hom bres qu e hacen su propia historia, no es un documento detemiinista [...]. Cier tam ente es posible hacer una lectura determinista del ar gum ento [...] (p ero) cuando deja el terreno del análisis his tórico y se adentra en el presente, es un docum ento de opciones, de posibilidades políticas, más que de probabili dades, y no digamos de certezas”.