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“Un fantasma recorre Europa: el fantasma del Co­ munismo”. (Ein G espenst g eb t utn in E uropa: d as

G espenst d es K om m unism us).

Así com ienza el M a n ifiesto , co n una frase corta, la­ pidaria, y a ella seguirán a lo largo d e la obra m uchas otras q u e se han convertido en juicios inconfundibles y m em orables. La forma elegida dista m ucho del habitual estilo d e la literatura alem ana del siglo XIX, pero sin duda ha contribuido enorm em ente en el logro d e su fuer­ za conceptual y sintética.

Está organizado en cuatro grupos de ideas q u e co n ­ form an a su vez cuatro capítulos.

En el capítulo I “B u rg u eses y p ro letario s”, afirm a q u e : “La historia d e tod as las so cie d a d e s q u e han ex istid o hasta nu estros días, e s la historia d e la lu­ ch a d e c la se s”.

D escribe a través del tiem po, có m o opresores y opri­ midos se enfrentaron continuam ente en luchas que termi­ naron en la transform ación revolucionaria o en el hundi­ m iento d e am bos contendientes. La m oderna sociedad burguesa, lejos d e terminar co n esas contradicciones, los ha agudizado, diferenciándose cada vez más en dos gran­ des clases: burguesía y proletariado.

El descubrim iento de América, los m ercados orienta­ les, la co lo nizació n , aceleraron el ritmo de crecim iento d e la eco n o m ía, los talleres feudales fueron sustituidos por la m anufactura, y ésta por la gran industria. En esta transform ación del m odo d e producción, la bur­ guesía va surgiendo ella misma co m o resultado d e ese p ro ceso qu e adem ás se acom p aña del paulatino as­ ce n so político, hasta conqu istar la hegem onía ex clu si­ va en el Estado m od erno, “q u e n o e s más q u e una junta qu e adm inistra los n eg o cio s com u n es d e toda la clase bu rgu esa”.

Señala a continuación el papel altam ente revolucio­ nario de la burguesía, que en su constante innovación “arrastra a la corriente d e la civilización a todas las na­ cio n es, hasta las más bárbaras [...] se forja un m undo a su im agen y sem ejanza”.

A la concentración d e la propiedad le sigue la ce n ­ tralización política co n el surgimiento del Estado-nación. Las relaciones feudales se transform aron en una tra­ ba para el libre desarrollo d e las m odernas relaciones d e producción; necesariam ente d ebían rom perse. “En su lugar se estableció la libre concurrencia, co n una constitución social y política adecuada a ella y co n la dom inación eco n óm ica y política d e la clase burguesa”.

Ante cada crisis, la sociedad burguesa se acerca más a su destrucción: las mismas arm as qu e u só contra el feudalism o, se vuelven en su contra, p ero co n un agre­ g ado. A m edida q u e se fue forjando, fue surgiendo tam­ bién una nueva clase constituida por los obreros modernos

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o proletarios, que serán quienes liarán posible la caída de la burguesía.

“Todas las clases qu e en el pasado lograron hacerse dom inantes trataron d e consolidar la situación adquiri­ da som etiend o a toda la sociedad a las cond iciones de su m odo de apropiación. Los proletarios no pueden conquistar las fuerzas de producción sociales, sino abo­ liend o su propio m odo d e apropiación [...). Los proleta­ rios n o tienen nada qu e salvaguardar; [...] no puede end erezarse, sin h acer saltar toda la superestructura for­ mada por las capas de la sociedad oficial”.

Concluye este primer punto, diciendo: “La burgue­ sía produce, ante todo, sus propios sepultureros. Su hun­ dim iento y la victoria del proletariado son igualm ente inevitables”.

El capítulo II “Proletarios y comunistas" indaga acerca d e la relación entre los com unistas y el proletariado en general.

Los com u nistas no se distinguen del resto d e los trabajad o res por su s intereses ni o bjetivos, pu esto q u e ésto s so n los m ism os, sino por se r el secto r más co n s­ cien te de la m archa y el rum bo del proletariado, más allá d e los límites nacionales. Son qu ien es observan co n m ás claridad q u e las tesis teóricas del com unism o, n o so n el prod u cto d e una m ente esclarecid a, sino de la lucha real contra la burguesía, "... los com unistas pu ed en resum ir su teoría en esta fórm ula: abo lició n de la propiedad privada [...]. O s horrorizáis de qu e qu era­ m os abolir la propiedad privada. Pero en vuestra so ­ cied ad actual la propiedad privada está abolida para las nueve décim as partes de sus m iem bros. P recisa­ m ente porqu e n o existe para esas nueve d écim as par­ tes ex iste para v o so tro s”.

Y los criterios d e libertad, cultura, d erech o , ed u ca­ ció n , familia, etcétera, qu e la burguesía d efiend e son el resultado de las relaciones de producción y de propiedad

burguesas, de la voluntad determinada por las condiciones m ateriales d e existencia, qu e son cond iciones históricas qu e surgen y desaparecen en el curso de la producción, q u e no son leyes eternas d e la Naturaleza o d e la Razón.

“¿Qué dem uestra la historia de las ideas sino qu e la producción intelectual se transforma con la producción ma­ terial? Las ideas dom inantes en cualquier ép oca no han sido nunca más que las ideas de la clase dom inante”.

El prim er paso de la revolución, será erigir al prole­ tariado en clase dom inante; la conquista d e la d em ocra­ cia. En principio, habrá qu e adoptar m edidas despóti­ cas para arrancar a la burguesía todo el capital, para centralizarlo en m anos del Estado, para transformar todo el m odo de producción.

Las medidas variarán en cada caso, aunque en los países m as avanzados, podrían abarcarse en 10 puntos q u e esp ecifica uno por uno, todos tendientes a hacer d esap arecer las diferencias d e clases y qu e la produc­ ción quede en m anos d e los individuos asociados. D e esa manera el poder público ya no tendrá más carácter político, pues ya no habrá necesidad de organizar la violencia para oprimir, sino que “surgirá una asociación en q u e el libre desenvolvim iento de cada uno será la cond ición del libre desenvolvim iento de tod os”.

El capítulo III, “Literatura Socialista y Comunista”, está dedicado a com batir las distintas expresiones que, bajo el rótulo de socialistas, pretendieron impedir, disfrazar o limitar el pod er de la burguesía. Los autores despliegan contra cada una d e ellas, los más duros juicios.

En la categoría de socialism o reaccionario, en cie­ rran tres variantes: el feudal, el p equ eño burgués y el alem án o “verdadero”.

El prim ero co rresp o n d e al intento d esesp erad o de cierto s secto re s d e la aristocracia qu e habien d o tratado prim ero y sin éxito , atraer al pueblo para asegurar el an­ tiguo orden social y herir así a la burguesía, le imputaban

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a ésta el h e c h o de h aber g en erad o un p ro letariad o re­ volucionario.

“A guisa d e band era, esto s señ o res enarbolaban un m ísero zurrón d e proletario, a fin de atraer al p u e­ b lo. P ero cada vez qu e el p u eblo acudía, advertía que sus posad eras estaban ornad as co n el viejo blasón feu­ dal y se d ispersaba en m edio d e grandes e irreverentes carcajad as”.

En la práctica, no dudaban en reprimir a la clase obrera y en acomodarse en las nuevas actividades económ icas.

El so cia lism o p e q u e ñ o -b u rg u é s co rre sp o n d e al resabio feudal de los villanos y p equ eñ o s agriculto­ res, así co m o a una nueva clase interm edia entre bur­ guesía y proletariado, qu e advierte qu e más tarde o m ás tem prano terminará engrosand o las filas d e este últim o. Si bien fue muy sagaz en el análisis d e las co n trad iccion es internas del m odo d e prod ucción ca­ pitalista, su antídoto consistió en prom over la vuelta atrás. “Para la m anufactura, el sistem a grem ial; para la agricultura el régim en patriarcal..."

El socialism o alem án o “verdadero” deriva de la li­ teratura socialista francesa. Fue transmutado desd e una situación en qu e la burguesía ocupaba ya un lugar he- gem ó n ico a otra en la cual apenas se com enzaba a so ­ cavar el absolutism o feudal.

Finalm ente sirvió de herramienta para la pequeña burguesía y: “proclam ó qu e la nación alem ana era la nación m od elo y el m esócrata alem án el hom bre m ode­ lo. A todas las infamias de este hom bre m odelo les dio un sentido oculto, un sentido superior y socialista, co n ­ trario a lo qu e era realidad”.

Una segunda categoría, “el socialism o conservador o burgués” es aquél qu e propugna realizar algunos cam ­ bios para consolidar la sociedad burguesa; se trata de borrar los efectos negativos, los peligros que la a ce­ chan. “Q uieren la burguesía sin el proletariado".

O tra form a co n siste en co n ciliar am bas cla ses, d i­ suadiendo al proletariado de su capacidad revoluciona­ ria, co n p rom esas d e transform ación so cial a través de sim ples reform as administrativas. “El socialism o burgués se resum e precisam ente en esta afirm ación: los bu rgu e­ ses so n bu rgu eses en interés d e la clase o b re ra ”.

Por último, “el Socialismo y el Comunismo crítico-utó­ picos”, corresponden a la literatura de los primeros movi­ mientos del proletariado, cuando todavía no estaban dadas las condiciones materiales propias de la sociedad burguesa desarrollada. Com o el antagonism o de clases se va acen ­ tuando junio con el despliegue de la gran industria, toda­ vía no era posible vislumbrar el papel revolucionario del proletariado. La solución quedaba entonces, en la búsque­ da de una ciencia social que permitiese defender a la clase qu e más sufre. A través de m étodos pacíficos y persuasi­ vos, d esechand o toda acción política y valiéndose de e x ­ perim entos sociales, que inevitablemente fracasaron, pre­ tendieron transformar la sociedad. No obstante, el análisis crítico fue muy valioso para instruir a la clase obrera, pero en la medida que se distanciaba de la historia y se conver­ tía en una esp ecie de evangelio social, iba cay en d o en la utopía y consecu entem ente en la categoría de reacciona­ rio o conservador.

El capítulo IV, “Actitud de los com unistas ante los distintos partidos de o p o sició n ”, resulta un ep ílogo de los anteriores, en el que señalan en cada país a qué partido está dirigido el apoyo de los com unistas.

Expresam ente queda indicado, que sus ideas y o b ­ jetivos d eben ser proclam adas abiertam ente, qu e el or­ den social vigente sólo puede ser derrocado por la vio­ lencia y que los proletarios no tienen nada qu e perder salvo sus cadenas.

“¡Proletarios de todos los países, unios!” C 'P roletarier

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