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196 197a) Divulgativo: el ensayo no es un tratado que agota todo el cono-

cimiento sobre algún fenómeno específico. Su pretensión es la de llegar a un público no especialista, por lo cual existe la necesidad de que el pensamiento propuesto sea expuesto de manera amable y clara, para hacerlo accesible para el lector. Esta inmediatez lo acerca a los textos periodísticos, en cierta forma. El ensayista escribe sobre el mundo que lo rodea. Carlos Pereda afirma que el ensayo se inscribe en una “condición de publicidad: el discurso en ningún caso es especializado, no se dirige a una comunidad de expertos en el asunto tratado. De ahí el esfuerzo por desplegar un estilo elegante, incisivo, que converse con el público.”1

b) Brevedad: dado que la intención del ensayo es llegar a un amplio público –cuyo poder de concentración es difícil por la premura del mundo contemporáneo–, su extensión no rebasa las diez o veinte páginas. Al analizar detenidamente los ensayos de gran extensión, advertimos que cada sección o capítulo constituyen uno o varios ensayos alrededor de un tema que se reúnen en un libro.2

c) Polémico: el ensayo, a diferencia del tratado, que se centra en la presentación objetiva del dato, centra su preocupación en la interpretación. El tratado enseña y explica, mientras que el ensayo, sugiere. El ensayo no ofrece siempre resultados ni datos, más que nada interpreta. Por ello siempre tiene como objetivo persuadir al lector de la posición teórica que propone. Como afirma Susan Sontag, “A veces ‘ensayista’ puede no ser más que un eufemismo solapado para `crítico ‘“.3 Todo ensayista pretende mover la opinión

o los puntos de vista estereotipados, con el fin de hacer pensar, para practicar una suerte de gimnasia neuronal.

d) Dialoga con el lector: si el lector tiene una inteligencia ágil, el diálogo con el ensayista lo aburrirá, si por el contrario se halla en un nivel muy bajo frente a la gimnasia intelectual de su autor, el texto se convierte en un reto inalcanzable. Por ello es difícil encontrar el punto medio para ofrecer la posibilidad de establecer una

1 Carlos Pereda, “¿Qué puede enseñarle el ensayo a nuestra filosofía?”, Fractal, núm. 18,

julio-septiembre, 2000, año 4, volumen V, pág. 93.

2José Luis Gómez-Martínez, Teoría del ensayo, México, UNAM, 1992, pág. 102.

3 Susan Sontag, “El hijo pródigo”, en “La jornada semanal”, en La Jornada, núm. 161, 5 de

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4 Loc. cit.

5 Liliana Weinberg. El ensayo, entre el paraíso y el infierno, México, UNAM-FCE, 2001,

pág. 24.

6 Carlos Pereda, loc. cit.

polémica fructífera. La naturaleza polémica así como las intenciones persuasivas del ensayo procuran el diálogo constante. El autor siempre construye un lector y busca una respuesta virtual de éste.

e)Libertad temática: los temas del ensayo son de lo más variado y van desde el manifiesto político, como el ensayo de “Nuestra América” de José Martí, hasta ensayos donde se discurre sobre temas de la cultura urbana o la telenovela mexicana. Susan Sontag afirma: “No es sólo que un ensayo pueda tratar de cualquier cosa. Es que lo ha hecho con frecuencia. La buena salud del ensayo se debe a que los escritores siguen dispuestos a entrarle a temas excéntricos. En contraste con la poesía y la ficción, la naturaleza del ensayo reside en su diversidad de nivel, de tema, de tono, de dicción”.4

f) Tono subjetivo: en el ensayo reconocemos un “yo” que habla y que es responsable de su palabra; es difícil encontrar un ensayista que no asuma una primera persona para discurrir sobre los temas que le interesan. “El autor del ensayo es, entonces, un yo en el ejercicio de reconocerse como un nosotros, y que necesita, por tanto, interpretar su situación y su nombre. Este ejercicio, lejos de ser en solitario, es absolutamente social, aunque el autor se encuentre recluido en el lugar más oscuro y remoto del universo: no podemos pensar siquiera la posibilidad de un ensayista sin lector”.5

g) Originalidad: dado que el ensayo cabalga entre lo intelectual y la literatura, esta característica es uno de sus rasgos distintivos más evidentes; puesto que posee “condición de frescura: todos nuestros buenos ensayos procuran enfocar el problema que discuten desde un ángulo poco o nada frecuentado. Así, más que la continuidad con exploraciones del mismo problema en el pasado se busca la ruptura, incluso la radiante sorpresa”.6

h) Lenguaje retórico: la gran mayoría de los ensayos no son escritos para ser escuchados, sino para ser leídos. El cuidadoso andamiaje sobre el cual se construye el género, permite al lector la posibilidad de regresar a una relectura inmediata de algún planteamiento o

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volver al momento en que se inició alguna digresión. El discurso ensayístico requiere de una lectura cuidadosa, donde la vista puede regresar y repasar los pasajes especiosos o falaces. Su construcción hace confluir figuras como la comparación, la analogía, la metáfora e incluso la ironía; también aparecen figuras de dicción como la adición, la gradación, los paralelismos. Por otra parte, también se puede estructurar a través de construcciones antitéticas. Dada su filiación literaria, la riqueza en este aspecto merecería un capítulo entero.

i) No exhaustivo: las pretensiones del ensayo se hallan lejanas de la erudición y detalle del tratado o el artículo científico; el ensayista es consciente de ello: por ejemplo, Octavio Paz afirma en El ogro

filántrópico: “Mis reflexiones sobre el Estado no son sistemáticas y

deben verse más como una invitación a los especialistas para que estudien el tema”. José Luis Gómez Martínez sostiene justamente que el ensayo “es fragmentario como la vida misma”.7

j) Actualidad del tema tratado: el ensayista es un testigo de su propio tiempo, por lo cual “hace del acontecimiento sentido, de la experiencia escritura, a través de un trabajo interpretativo que en doble movimiento lo enlaza con su comunidad así como enlaza a las palabras y al universo simbólico y conceptual que lo rodean con un horizonte de sentido: la conversión al nosotros, a la profundización temporal del ahora y a la extensión del aquí a las nuevas coordenadas de un espacio compartido y habitado por el lector y el valor”.8

k) Persuasivo: el ensayo no busca informar, sino que su propósito es convencer a su lector de que su punto de vista debe moverse y converger con el del ensayista. Carlos Pereda apunta que en este género: “un yo busca influir en los deseos, las creencias y/o las acciones de otros yos”. Por ello este tipo de texto exige un trabajo profundo sobre la forma en que se ofrecen los argumentos.

l) Texto argumentativo: aunque el ensayo se puede clasificar en diferentes rubros, en todas estas vertientes, el centro de gravedad del ensayo es la argumentación. Se puede hablar de un circuito

7 José Luis Gómez-Martínez, op. cit., pág. 67. 8 Liliana Weinberg, op. cit., pág. 23.

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argumentativo, donde aparecen premisas, argumentos, tesis y conclusión. Aun cuando existe una presencia innegable de la explicación, siempre predomina el discurso argumentativo.

Por tanto, el ensayo tiene como propósito persuadir, es decir, transformar el punto de vista del lector. Su disfraz de conversación enmascara un propósito bien definido: cambiar la perspectiva de quien lee a través de un diálogo. Su tarea no es nada simple, a cambio ofrece un enriquecimiento del pensamiento y el horizonte de quien se haya dejado seducir por la escaramuza argumentativa; puesto que leer ensayos recompensa merecidamente a sus lectores.

Hemos insistido en la distinción entre un ensayo intelectual o profesional y el que encomendamos a nuestros alumnos. Si bien es cierto que los ensayos universitarios comparten muchos rasgos con el ensayo literario o filosófico, es necesario explicitar para nosotros mismos y para los propios alumnos las diferencias más notables.

Diferencias Ensayo intelectual o

profesional Ensayo académico

Presencia del autor.

Destinatario.

Estructura.

El uso del “yo” es un rasgo constante. Comparte el contexto del ensayista, si no es contemporáneo a él, su conocimiento general le permite interpretar elementos implícitos.

Puede darse el lujo de poseer una estructura libre, porque al tener interiorizada una estructura, puede jugar libremente con ella.

Es preferible el uso de la tercera persona, con un uso ocasional del “yo”, en las conclusiones o los juicios muy personales.

Es el profesor. Aunque posee más conocimientos que quien escribe (alumno), debe justificar sus ideas e imaginar un “lector ingenuo”, a quien se debe convencer con las ideas y argumentos que ofrece.

Exige una estructura argumentativa clara y explícita.

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