El siguiente apartado de este capítulo expone y tiene como objetivo mostrar cómo puede abordarse la obra de un autor con el psicoanálisis desde la propuesta del doctor Jacques Lacan, metodología original que permite pensar a la obra como una creación en todas sus letras, como invención original del autor, en donde, más que servirnos del psicoanálisis para su interpretación y análisis, el psicoanálisis se aboca a la obra misma para aprender algo de ella. Este es el paradigma de abordaje de la literatura que Lacan propone y que sirve además para demostrar que dicho material, en tanto creación original, se muestra pertinente para llevar a la clínica casos que no son propiamente clínicos. Las ideas que soportan esto es lo que se expondrá a continuación.
Tomemos como ejemplo de la utilización de la obra escrita en el psicoanálisis el seminario que Jacques Lacan dedicó a James Joyce en los años de 1975-1976, llamado incluso, por el cuerpo teórico que articula y lo que con ello quiere exponer, Joyce el sínthome, nombre que justifica y habla de la segunda clínica lacaniana y de la aplicación propia de la clínica borromea. El nombre que recibe el seminario es significativo para comprender el desarrollo que Lacan hará durante este año de su enseñanza, y que consiste en un uso particular del concepto de síntoma. Introduciendo el término sínthome, Lacan juega, por un lado, con la ortografía antigua del francés, y por el otro, se vale de la onomatopeya que dicha fonación permite.
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El concepto de síntoma así articulado, muestra dos sentidos involucrados en la palabra: en inglés sin (pecado) y home (casa u hogar); en francés, por su parte, seint (santo) y homme (hombre).22 Así planteado, James Joyce se muestra como determinado por la paradoja de habitar en el pecado o ser un hombre santo. Con esta idea se reúne y se explica la particular posición que el escritor tiene con respecto a lo que su obra escrita implica. La escritura para Joyce es la solución planteada a esta paradoja, que le impone hacer algo con su goce y, por tanto, tomar una posición frente a él.
Por esto su obra se concibe como inédita, ya que entendemos en este caso a su escritura como un sinthome en tanto en cuanto crea con ella una versión del Nombre-del-Padre que ha sido forcluido. Por todo ello Lacan considero a Joyce como desabonado del inconsciente. La escritura entonces, en este caso, es una versión del sujeto del sinthome que se instaura como estabilización del agujero que ha quedado en lo simbólico por la forclusión; pero también, como posibilidad de hacer frente a lo real del goce desarticulado y como forma de hacer frente al desanudamiento de lo imaginario, logrando con ello el anudamiento del nudo y la estabilización de su psicosis.
En adelante se desarrollarán estas ideas aquí enunciadas, y cómo ellas nutren al saber psicoanalítico más allá del ejercicio de la crítica de arte, de la psico-biografía de los autores y de la primera clínica planteada por el mismo Lacan.
Ahora bien, el problema que implica el concepto de sínthome y el uso que el psicoanálisis hace de la obra literatura, tienen que ver directamente con la apreciación que se tiene de la letra. No entendida en el sentido literario, sino en el sentido que Jacques Lacan le da en su relación con lo Inconsciente.
Lo que autoriza al psicoanálisis para hablar de una obra escrita, tiene como
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argumento los aportes que su abordaje arroja. Por una parte, Goethe, Jensen y Dostoievski, como estructuras del fantasma, en cuanto es lo que Freud interpreta y analiza en algunas de sus obras. Por otra parte, Joyce el sínthome, como fruto del desciframiento de la letra que Lacan extracta de la obra joyceana.23
Esta posición del psicoanálisis con respecto a la escritura no desdeña la importancia de la obra. El mismo Freud, en múltiples ocasiones, reconoció en los artistas a los precursores del psicoanálisis, y en los textos literarios una oportunidad para poner en juego sus descubrimientos y su método de interpretación. Así, para Freud, la ficción literaria es considerada como una anticipación del inconsciente, y por tal motivo, llamó a la historización neurótica la novela familiar, fabulación que no es otra cosa que el fantasma estructurado a la manera de una novela.
Lacan, por su parte, continuará a Freud al mostrar que, tanto la creación como el síntoma, comportan un elemento más que los convierte en algo que no puede subordinarse solamente a las series articuladas por las formaciones del inconsciente. Esta posición de Lacan termina por enriquecer la concepción del síntoma y la de la obra como creación, más allá de lo que encierran de simbólico y de imaginario. Formulación que sólo se logra contando con la dimensión de lo real, es decir, poniendo a operar al goce implicado en ello. Así, se hace un corte en el síntoma freudiano. El síntoma lacaniano, articulando lo real del goce como fuera del inconsciente, separa al síntoma del cifrado significante convirtiéndolo así en sinthome; es, en última instancia, una objeción a su cifrado simbólico, o en otras palabras, a que el sujeto sea gozado por el inconsciente.24
Esto tiene como consecuencia, con respecto a la obra cualquiera ella sea, lo que termina por convertirla en una de las posibles formas del sínthome, ya que la
23 Ibíd. Pág. 14.
24 MAZZUCA, Roberto y otros. Las dos clínicas de Lacan. Ed. Tres Haches. Buenos Aires. 2000. Pág. 88 - 89.
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creación misma puede mostrarse como una objeción a dicho cifrado. La obra escrita entonces puede por su estructura introducir una objeción plena al goce del inconsciente. Es esto lo que Lacan interpreta y analiza en la obra de Joyce. Lacan hará también otra cosa: invertir la perspectiva freudiana del abordaje de la literatura. Para Lacan, no es el texto escrito el que debe ser psicoanalizado, sino más bien los psicoanalistas los que deberían leer mejor.25 Esto no quiere decir que un texto no pueda ser interpretado o que no devele algún sentido; la cuestión es que la existencia de la obra escrita, en sí misma, está del lado del sin-sentido mismo del enigma que ocupa, como creación, en el espacio del discurso. Por ello es que va más allá de la idea de la psico-biografía.
Ahora bien, en qué medida podemos considerar el uso de la escritura como un síntoma. La creación literaria puede ser un signo del sínthome en sí mismo, si se le concibe como creación, en tanto en cuanto, producción e invención de algo inédito y original ahí donde existe un vacío, o al lugar que viene a ocupar en el orden del discurso. Lugar que está marcado, lugar que no existiría sin que el orden simbólico lo permitiera, ya que cada marca simbólica engendra el vacío del lugar que ella misma crea. Es allí donde adviene la escritura, en ese lugar marcado por la forclusión del significante del Nombre-del-Padre, y que es el lugar que deja la imposibilidad de hacer frente a lo real del goce que la forclusión implica.
La obra de un autor entonces es concebida aquí como aquello que emerge ahí donde existe dicho vacío dejado por la forclusión. Producción de algo inédito que se encarna como sínthome, ya que lo entendemos como lo más original que el sujeto crea para vérselas con el vacío, con el goce fuera del inconsciente, y por tanto, con el estigma de lo real.
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LACAN, Jacques. Escritos 2, La letra y el deseo o la juventud de André Guíde. Ed. Siglo XXI. México. Pág. 473 - 573
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En Freud, el cifrado que debe ser descifrado en el síntoma, revela la fórmula del fantasma y la satisfacción que ello encarna, es lo que él nombra como formación de compromiso. El síntoma allí no es más que el retorno del representante representativo de la pulsión que ha sido sometido a la represión, y por tal motivo, desfiguración de lo que una vez fue reprimido. El sínthome por su parte implica un más allá en la memoria pulsional, es el goce fuera de sentido hecho actual, y sobre el cual el sujeto ejerce una cierta operación original que le permite, en un momento determinado, hacer algo con ello y tomar distancia del mismo.
Pero antes de estos planteamientos de 1975-76, Jacques Lacan planteaba que la naturaleza del síntoma es la del lenguaje y por ello su otra fórmula: el inconsciente estructurado como un lenguaje. Aparece una aparente contradicción en todo esto: cómo pensar la inercia propia del síntoma en relación con lo que es propio del lenguaje, es decir, con la siempre posible sustitución de los significantes; tesis fundamental que sostienen las ideas de Lacan cuando se encontraba abocado sobre la lingüística, antes del desarrollo de los Matemas, periodo que va hasta los años 70’s.26 El concepto de síntoma en Freud, en la interpretación de Lacan, tiene un acompañante, un algo otro que lo trasforma y que se pronuncia en el sufrimiento que engendra, como aquello que se aloja en su correlato, el fantasma, y que no es otra cosa que lo que cae como resto de toda operación significante, el goce y su relación con el objeto a.
Así, el goce, al fijarse en un significante termina por sustituir al cifrado del inconsciente transformándolo con ello en letra. La letra, en este caso el S1, esta fuera del sentido, elemento mínimo del lenguaje que es por tanto real. Fijación del ser de goce del sujeto; por esto, en el sínthome el significante vuelve en forma de letra. No es ya aquello que representa al sujeto como significante con respecto a otro significante en el inconsciente. Es más bien, el retorno de aquello que del inconsciente es sustraído como letra. Función que se determina por la articulación
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de lo que Lacan llama la letra pura, los S1, como uno indescifrable y sin-sentido. Con esta lógica es que se logra deslizar el síntoma freudiano hacia el sínthome lacaniano.
La obra es entonces considerada como un sínthome ya que sirve como vehículo para localizar el goce. Sin embargo cualquier tipo de escritura no puede ser considerada como un sínthome. Hay un goce de sentido que se puede ver como ejemplo en las novelas de ficción que abogando por lo imaginario crean dicho sentido. Aquí la cuestión con Joyce va por otro camino, por la vertiente de la invención o creación literaria y no por la fantasía imaginaria, invención aquí en el sentido de lo inédito en ella implicado.
Lo inédito remite a otro juego de palabras que Lacan utiliza: père-versión, una versión del padre, un condicionamiento que viene del discurso, lo que implica que cualquier obra no es creación siempre. El sínthome crea algo para el sujeto, por tanto, la obra es algo radicalmente nuevo que convierte al escritor en un sin-padre que debe creárselo, y con ello termina por arrastrar su ser. El escritor, entonces, no es más que el hijo de su obra y es allí donde la obra, desentendida del discurso, se muestra como la alternativa para hacer algo con ese vacío, con ese sin-sentido fundante y fundamental, con lo real que el goce engendra, y que en el caso de Joyce es la solución que su escritura encara frente a la forclusión del significante del Nombre-del-Padre.
En este punto James Joyce es la referencia, el poeta provoca el equívoco en su escritura fijando con ello su sentido elevándolo al poder de lo ininteligible. Es pues esto la dimensión de lo inédito que se esconde detrás del sentido, aquí el goce no se muestra como universal y es esta falta de universalidad lo que es atestiguado en su escritura. Es la utilización de los S1, lugar del inconsciente pero desabonado de él, como lo dice Lacan de Joyce y de su trabajo literario, liberado del yugo del sentido que muestra la marca de la forclusión. En esta línea dice la Dra. Collet
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Soler, en su texto La aventura literaria, refiriéndose al sinthome qué es la escritura para Joyce:
“Fascina, porque testimonia un goce opaco que tiene más afinidad con el goce del
matemático cuando saca sentido de los signos (…)”27.
Ahora bien, y para finalizar, se preguntará por qué el psicoanálisis se interesa por el sínthome de un escritor como Joyce, o por el pensamiento y la obra de un filosofo como Ludwig Wittgenstein, en tanto saber-hacer con la letra. Porque ello es lo que marca uno de los límites del psicoanálisis. El sinthome de Joyce es inanalizable, goce opaco que se cierra en los efectos del sentido. Y hay algo más, que es lo realmente importante y que Lacan demuestra: el fuera de sentido que libera al sujeto del goce-sentido (joui-sens) gozado por el inconsciente en la creación verdadera.
Vemos en este desarrollo sobre la escritura, el sínthome y su relación con James Joyce, una manera como Lacan aborda y se sirve de una obra escrita. Su objetivo principal, en este caso, es el que se determina por la pretensión de dejarse enseñar por ella.28 Así, la creación escrita alcanza el estatuto de un verdadero sínthome al que debemos escuchar, y a la obra, por lo que trasmite más allá de su autor y de las condiciones históricas que la determinan. Su finalidad, por tanto, no pretende psicoanalizar a las artes y mucho menos psicoanalizar al artista. Lo realmente importante es aislar el rasgo del autor, o del filósofo en nuestro caso, que articulado al sínthome le permitió, de una u otra manera, vérselas con la forclusión del significante del Nombre-del-Padre, y abrir con ello la posibilidad de una estabilización de su psicosis.
27 SOLER, Colette. La aventura literaria o la psicosis inspirada. Ed. No Todo. Medellín. 2003. Pág. 16
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1.5. ¿POR QUÉ ABORDAR Y CONSTRUIR EL CASO DE LUDWIG