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La esquizofrenia o el uso del lenguaje ante la falla de la función de síntesis del yo

1.5 ¿POR QUÉ ABORDAR Y CONSTRUIR EL CASO DE LUDWIG WITTGENSTEIN?

2. LAS PSICOSIS EN EL PSICOANÁLISIS

2.1 LAS PSICOSIS EN FREUD

2.1.3. LA SEGUNDA COMPRENSIÓN DE LAS PSICOSIS EN FREUD.

2.1.3.2. La esquizofrenia o el uso del lenguaje ante la falla de la función de síntesis del yo

Hasta este momento en la teoría freudiana de las psicosis, las elucidaciones se habían movido en torno a las psiconeurosis y a las neurosis llamadas narcisistas. En un momento posterior, que implica la teoría sobre el narcisismo, Freud se ocupará de la lógica que rige a la esquizofrenia, en y por la cual logra establecer ciertos elementos que se muestran fundamentales en la vía de determinación de los mecanismos implicados en las psicosis. Estas elaboraciones se encuentran en un apartado del texto Lo inconsciente, llamado El discernimiento de lo inconsciente. Es esto lo que se expondrá a continuación, con el objetivo de demostrar la lógica que Freud, progresivamente, va encontrando en sus abordajes clínicos de las psicosis.

Delimitemos lo que trata Freud de plantear en este texto. Existe una inconsistencia teórica en la comprensión del sistema inconsciente; esta inconsistencia explicativa la encuentra en el campo de fenómenos de las psicosis, que trata él de subsanar, ya que la teoría general de la represión no es aplicable a cabalidad a estas estructuras clínicas. Lo que él encuentra es un campo de fenómenos distinto de lo que ocurre en las neurosis llamadas de transferencia. En está disertación encuentra algo esencial:

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“En la esquizofrenia se exterioriza como consciente mucho de lo que en las neurosis de

transferencia sólo puede pesquisarse en el Icc por medio del psicoanálisis”54.

Esto quiere decir que lo inconsciente en las neurosis narcisistas se encuentra a cielo abierto, como él mismo sugiere en el texto; es decir, que el material que en ellas se presenta en la consciencia es el material puro que habita, normalmente por acción de la represión, en lo inconsciente. Las neurosis narcisistas, entonces, demuestran otra forma de tratamiento de los contenidos del aparato psíquico, y con ello arrastran la reformulación de la función de la represión que se había pensado como el mecanismo general para explicar la incidencia de lo patológico. Lo que se quiere resaltar, y que la fenomenología de las psicosis demuestra, es una forma dispar de funcionamiento del aparato anímico y la inoperancia de la represión misma, o sea, que las psicosis demuestran una hiancia estructural en el funcionamiento del aparato psíquico mucho más pronunciada que en las neurosis.

Es de anotar que Freud no se ocupa de las distintas formas en las que se presentan las neurosis narcisistas, se detendrá en una de sus formas, la llamada esquizofrenia o dementia praecox, por dos motivos: los fenómenos de lenguaje y los fenómenos hipocondríacos que en ella se exteriorizan, signos clínicos que se muestran capitales en este punto, ya que el tratamiento que el esquizofrénico le da a las palabras y a los órganos se muestra como la forma y el modo como se exterioriza el funcionamiento del sistema Icc.

Estos fenómenos clínicos, además, exponen la ineficacia o la falla en el proceso de síntesis del yo, que tiene como uno de sus cometidos la regulación de las diversas formas como se presenta el material representacional que contienen las

54 FREUD, Sigmund. Obras completas. Lo Inconsciente. Tomo XIV, Ed. Amorrortu, Argentina, 1976. Pág. 194

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instancias psíquicas, pero también, el ordenamiento del organismo en una representación corpórea. Todo esto advierte de la importancia que tiene el lenguaje en la comprensión de lo inconsciente y de los fenómenos patológicos. Lo realmente importante a esta altura, en la reformulación de la represión como el mecanismo general de la enfermedad, se centra en cómo la represión no opera radicalmente en las psicosis, puesto que la represión es aquello que acompañará siempre a la función de síntesis.

A continuación se expone el examen que Freud desarrolla del uso del lenguaje que hace el esquizofrénico, subrayando la manera como el enfermo explica la utilización que hace del mismo. Para luego derivar en lo que de esto se puede inteligir, y que termina por modificar considerablemente la comprensión de lo inconsciente al subrayarse la inoperancia de la represión en las psicosis, y por tanto, de la función dialéctica de síntesis del yo.

Empecemos por exponer el fenómeno esquizofrénico abordando lo que implica la utilización del lenguaje en sus dichos. Escribe Freud:

“En la esquizofrenia se observa, sobre todo en sus estadios iniciales, tan instructivos, una serie de alteraciones del lenguaje, algunas de las cuales merecen ser consideradas desde un punto de vista determinado. El modo de expresarse es a menudo objeto de cuidado particular, es “rebuscado”, “amanerado”. Las frases sufren una peculiar desorganización sintáctica que las vuelve incomprensibles para

nosotros. (…) En el contenido de estas preferencias muchas veces

pasa al primer plano una referencia a órganos o inervaciones en el cuerpo55.”

Esta cita muestra las siguientes características para el fenómeno esquizofrénico: el orden sintáctico o del sentido al que se alude implica, en este caso, una

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utilización muy particular de lo que se dice del sujeto en el predicado. Utilización del lenguaje que demuestra que su confusión puede determinar el por qué, en el dicho, se puede hacer uso del predicado en el lugar del sujeto y viceversa. Esto demuestra que los esquizofrénicos utilizan a las palabras como si fueran cosas, e incluso por qué animan a las cosas como si estuvieran vivas y tratan a las cosas concretas como si fueran abstractas. En este campo, los fenómenos de palabra pueden entenderse como:

…el sustituto fue prescrito por la semejanza de la expresión lingüística, no por el parecido

de la cosa designada”56.

Este fenómeno de lenguaje muestra una contraposición con lo que ocurre en las neurosis de transferencia, en donde por el contrario un objeto sustituye a otro por una cierta relación de semejanza, una palabra refiere a un objeto por su significado más general, o una palabra sustituye a otra por su relación paradigmática. Es lo que Freud ejemplifica constantemente en su obra, con los mecanismos de la condensación y el desplazamiento, formaciones sustitutivas que se encuentran en la base de los síntomas de las neurosis, y que sólo pueden permitirse, si los procesos del yo son lo suficientemente sólido para utilizar a la síntesis lingüística en donde la función de la represión ha logrado su cometido. En el dicho esquizofrénico, también, lo que puede observarse es un desplazamiento significante hacia el órgano como cosa, una falla fundamental en la posibilidad de representarse el organismo como representación corpórea, es decir, como cuerpo. Lo demuestran los dichos del caso presentado por Freud en este texto que se comenta.

Pongamos un ejemplo, dice la enferma: los ojos están torcidos {verdrehen}, y ello lo relaciona por homofonía a torcedor de ojos {augenverdrehen}, como un

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reproche dirigido a su novio, reproche que contiene la denuncia de que él le quiere hacer daño {augenverdrehen}; significando en todo ello, además, que él es un simulador, un mentiroso. Es un desplazamiento del nombramiento de la parte, del órgano en este caso, por el todo en el que se expresa la hipocondría; pero también, un desplazamiento fragmentado de los órganos del cuerpo que demuestran la falla en la asunción, por parte del yo, de un organismo representado coherentemente.

En otro lugar dice la enferma: colocarse {sich stellen} y fingir {verstellen}, como si fueran sinónimos de aquello a lo cual la enferma se refiere. Estos desplazamientos significantes, evidentes en la utilización homofónica de las palabras en el decir, que refieren un sentido enigmático, pueden presentarse por igual, ya sea que una palabra sustituya a otra, o también, en el caso en que una palabra subroga en ella una cadena completa de pensamientos. Son estos juegos de lenguaje, los neologismos y los fenómenos de desplazamiento fónico en las palabras, lo que demuestra también la falla en la función dialéctica de síntesis del yo; en el ordenamiento de las representaciones psíquicas, sobre todo con respecto al uso de las Representaciones-palabra (wortvorstellung) y lo que ellas implican psíquicamente en dicho ordenamiento.

Así las cosas, el mecanismo implicado en este fenómeno de utilización de las palabras por desplazamiento, demuestra la subordinación de la utilización del lenguaje al campo de los órganos, independiente y desligado de su significación convencional, la cual es en último término trasformada por el dicho esquizofrénico. La segunda elucidación, que los usos del lenguaje esquizofrénico arroja, indica que en el dicho mismo se refieren e introducen fenómenos hipocondríacos, que se muestran a todas luces como distintos y contrarios a la conversión histérica. La referencia a los órganos y al cuerpo, que demuestran la gran investidura puesta sobre ellos, la insoportable inervación somática que los cubre, los hace pasar al

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primer plano de la preocupación esquizofrénica. Esto demuestra que se los trata de forma dispar a como lo harían las neurosis de transferencia. Freud lo describe de este modo:

“La relación con el órgano se ha constituido en la subrogación de todo el contenido [de sus pensamientos]. El dicho esquizofrénico tiene un sesgo hipocondríaco, ha devenido

lenguaje de órgano”57.

En la histeria, la conversión refiere una represión original que se ha trasformado en una represión propiamente dicha, a la cual se le ha impedido la posibilidad de ser tramitada por la palabra. Sin embargo, existe una facilitación fruto de la fantasía somática, no teniendo otro camino para expresarse que afectar la función o el movimiento del órgano, como representante sustitutivo de lo reprimido, como la forma de condensación significante a la que ha sido sometido por la represión. En cambio, en la hipocondría que caracteriza a la esquizofrenia, el órgano deviene lugar de la inervación somática, sin mediación de la represión, presentando su fijación como una sensación pura de órgano, sensación por tanto no tramitada, no filtrada, ni trasformada por la lógica que debería regir a las representaciones en el aparato psíquico en sus posibles trascripciones. Sensación insoportable, enigmática y en ocasiones petrificante para el sujeto, imposibilidad de darle coherencia perceptiva a las sensaciones endógenas; impedimento en último término del yo para unificar y sintetizar en una percepción coherente la sensación de órgano, para darle una representación acorde a la realidad de lo corporal. Recuérdese de paso que, en Freud, el origen del yo son las percepciones del cuerpo, la proyección de la periferia del cuerpo en el interior del yo; si la síntesis del yo falla, estos estímulos serán intraducibles e imposibles de organizar en una síntesis corporal, o en un yo-cuerpo.

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Es lo que muestra Freud en el ejemplo del texto que venimos comentando sobre el Discernimiento de lo inconsciente, a saber, que en el contenido de las oraciones proferidas por la enferma esquizofrénica, pasan al primer plano referencias a órganos o a inervaciones en el cuerpo. Para la enferma, los ojos no están derechos, están torcidos {verdrehen}; su novio es un torcedor de ojos {Augenverdrehen}, él le ha torcido los ojos, ahora esos ya no son sus ojos, ella ve el mundo con otros ojos.58

Se ve entonces la relación particular que tiene el esquizofrénico con el órgano en la hipocondría; el órgano mismo se constituye en la subrogación de todo el contenido de pensamientos. En él no sólo se desplaza el uso y la relación con el lenguaje en torno a la homofonía de las palabras en la frase, sino también, a lo que Freud se refiere como lenguaje de órgano, el órgano deviene una cosa y se le trata como una cosa.

Se hace por tanto evidente la operación radical del proceso primario de pensamiento, y por ello, evidente la falta del proceso secundario, del principio de realidad o de la función dialéctica de sintética del yo. Los dichos esquizofrénicos en su presentación, en su mostración, demuestran la emergencia pura del contenido de lo inconsciente, aclarándonos en esta línea la diferencia entre presentaciones inconscientes y representaciones conscientes. Leámoslo en Freud:

“La investidura de las representaciones-palabra de los objetos se mantiene. Lo que pudimos llamar la representación-objeto

{Objektvorstellung} consciente se nos descompone ahora en la representación-palabra {Wortvorstellung} y en la representación-cosa

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{Sachvorstellung} que consiste en la investidura, si no de la imagen mnémica directa de la cosa, al menos de huellas mnémicas más

distanciadas, derivadas de ella”.59

Estos postulados transforman, en la teoría, el tratamiento y la comprensión que se tiene de las representaciones que gravitan en el aparato anímico, y la lógica que explica sus trascripciones en los distintos tipos en que se acuñan en él en las distintas instancias psíquicas.

Existen entonces modalidades de la representación: tenemos las presentaciones- cosa, las representaciones-objeto y las representaciones-palabra; las cuales, respectivamente, pertenecen a los sistemas en que el aparato psíquico ha sido estratificado por Freud. En lo inconsciente y en el ello están las presentaciones- cosa. En el preconsciente están las representaciones-objeto, las cuales son el fruto de la represión primaria, pertenecientes, por tanto, a un lugar límite entre el ello y el yo inconsciente. En el preconsciente-consciente, es decir, en el yo con pleno derecho, están las representaciones-palabra susceptibles de consciencia. Así, las representaciones en la esquizofrenia sufren el tratamiento que es propio del proceso primario, e incluso, dicho proceso estará regido por la ley del más allá del principio, es decir, por la repetición. Con ello se abole, en el pensar psíquico, el proceso secundario o proceso de pensamiento propio de la consciencia, aquel que se sostiene en el principio de realidad y en la función de síntesis. Freud lo dirá más adelante en el mismo texto:

“La representación consciente abarca la representación-cosa más la correspondiente representación-palabra, y la inconsciente es la representación-cosa sola. El sistema Icc contiene las investiduras de cosa de los objetos, que son las investiduras de objeto primeras y

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genuinas; el sistema Prcc nace cuando esa representación-cosa es sobreinvestida por el enlace con las representaciones-palabra que le corresponden60.”

Vemos, pues, que el contenido de los sistemas es distinto, y la ley que los rige también. Lo que determina que, visto a la luz del dicho esquizofrénico y de sus fenómenos más característicos, las cosas allí marchan de otra manera distinta a como ocurre en las neurosis. Este tratamiento de las representaciones y de la relación entre sistemas, tiene como consecuencia una importante influencia en la concepción de las psicosis: la falla en la función dialéctica preconsciente de síntesis del yo. En las neurosis de transferencia los síntomas y las formaciones sustitutivas, demuestran la lógica de las relaciones entre sistemas y sus consiguientes formas de tratamiento, pero también, la manera en que falla la función de síntesis del yo, de modo menos radical que en las psicosis.

En las neurosis, las consecuencias de la operación de la represión son las siguientes: al rehusarse el acceso a la consciencia de la representación rechazada, que tiene como origen la presentación-cosa, trasmutada en representación-objeto, en cuanto, con antelación, dicha representación-objeto se ha mostrado idónea para que el yo la admita. Encuentran en la represión el proceso por el cual se desenlaza dicho enlace entre representaciones, cosa que se acompaña por un nuevo anudamiento significante, que permite la condensación o el desplazamiento entre representaciones, como el fruto de la puesta en juego de la función de síntesis del yo. El acto psíquico, en este caso, no permite que la representación original devenga consciente, por lo que queda relegada a seguir esforzándose por salir del inconsciente, y por tanto en estado reprimido, pero pronunciándose en la inhibición funcional del órgano, en la dolencia conversiva, en las ideas obsesivas o en los temores fóbicos; falla entonces menos radical de la función sintética.

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En el caso de la esquizofrenia las cosas son de otro modo. El inconsciente a cielo abierto da cuenta de que la represión no funciona, y por tanto, la presentación- cosa deviene consciente directamente. La presentación-cosa no aparece en su componente objetivo, es decir, sustituida por una representación-objeto idónea que permitiera su descarga, es decir, en tanto formación de compromiso entre el ello y el yo. La represión entonces no funciona en el sentido estricto de como opera en las neurosis de transferencia, incluso algo no opera radicalmente. Algo no es alcanzado, algo no logra ser enganchado en esta operación, algo falta, y lo que falta no es otra cosa que la conjunción entre cosa y palabra, es decir, la síntesis entre la presentación-cosa y la representación-palabra que se unifica en la representación-objeto. Como lo dirá Freud más adelante:

“La investidura de la representación-palabra no es parte del acto de represión, sino que constituye el primero de los intentos de restablecimiento o de curación que tan llamativamente presiden el cuadro clínico de la esquizofrenia. Estos empeños pretenden reconquistar el objeto perdido, y muy bien puede suceder que con este propósito emprendan el camino hacia el objeto pasando por su componente de palabra, debiendo no obstante conformarse después

con las palabras en lugar de las cosas”.61

Esto quiere decir que las presentaciones-cosa y las representaciones-palabra, en su relación supuesta, lo que comprende las representaciones-objeto, están en el origen completamente separadas y disyuntas; lo que demuestra que la operación de la represión es inocua, ya que no tiene sentido desasir relaciones que no existen, pues la síntesis representacional nunca tuvo efectos. Por lo cual debe establecerse otro mecanismo distinto para las neurosis narcisistas. Las representaciones-palabra, aquellas que colaboran en la emergencia de lo

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inconsciente, aquí no tienen nada que aprehender, en el sentido del objeto que representa a la cosa. Por ello es que pasan al primer plano, a ocupar el lugar de las representaciones-objeto que deberían advenir en su lugar.

Este intento del aparato psíquico para ligar las presentaciones-cosas con las representaciones-palabras de los esquizofrénicos, se muestra entonces como el mecanismo por el cual, allí donde en la neurosis adviene la cosa en su sustitución lingüística o conversiva, es decir, como representación-objeto; en la esquizofrenia adviene la palabra sin este referente, por lo cual, allí donde existe lo inexistente, el enlace significante, o en otras palabras, el vacío significante, adviene entonces la palabra como cosa. Intento operado por el sujeto y su delirio para dar algo de consistencia y de síntesis a aquello imposible de ser sintetizado. Relación directa entre la cosa y la palabra, sin mediación del objeto.

En otras palabras, en el dicho esquizofrénico la representación-palabra adviene en el lugar de la presentación-cosa, como un intento fallido por paliar la operación de la represión que es inexistente, es decir, como la comprobación de la falla condensadora de la función dialéctica de síntesis del yo. Así se explica que, para las psicosis sólo existan las presentaciones-cosa y las representaciones-palabra, y