6. PRESENTACIÓN Y ANALISIS DE RESULTADOS
6.4 Acción colectiva y colectividad construida desde la OPD Una fuerza que
Después de haber caracterizado las OPD y evidenciando los limitantes de la
participación e incidencia de estas, se logra dilucidar que las organizaciones de
desplazados pueden ser vistas desde la definición de “organización social”, según
Torres (2002), dado que las OPD tiene objetivos establecidos, su propia normatividad
y una estructura de autoridad definida.
Estas poseen las particularidades que Gonzáles (1996) otorga a una organización
social, en la medida en que las OPD representan los intereses de las familias
asociadas, brindan la posibilidad de ser reconocidos, afrontan el desplazamiento,
buscan satisfacer sus necesidades, reclamar sus derechos y encontrar soluciones de
manera colectiva; a la vez facilitan la interacción, interlocución y comunicación con el
Estado, las instituciones y ONGs.
“…cuando estamos organizados podemos llegar a una lucha
conjunta…” (EOPD0013)
Es así como la PD gira en torno a la acción colectiva (Tarrow, 1994) en tanto ha sido
el instrumento que ante el actual estado de cosas inconstitucionales, le ha permitido,
organizarse y movilizarse en pro del restablecimiento de los derechos que le han sido
vulnerados, realizar demandas al Estado en contra de los atropellos, las
desigualdades y la estigmatización, generada por su forma de regulación. De igual
manera busca o construye espacios para exigir el cumplimiento de sus intereses y
peticiones, orientando, generando y buscando el cambio social a pesar de las
limitantes que impone el contexto sociopolítico y cultural del país, pero en especial el
limitado acceso que ha tenido la PD a las instituciones y espacios formales del
gobierno.
“…La red es una forma organizativa y un espacio democrático desde el cual se impulsan
acciones e iniciativas de incidencia para la exigibilidad de los derechos de la verdad, la justicia y la
reparación integración y la restitución de los derechos de las mujeres…” (EOPD0013)
De este modo, colectivamente los desplazados, compartiendo una identidad y una
situación común, dan valor a su labor a pesar de su pesimista visión del ejercicio de la
misma. Se agrupan y luchan por un mismo fin, intentando, aprovechar las
oportunidades políticas presentadas; articularse en las dinámicas de su entorno, para
modificarlas, reforzarlas e incidir en su curso (Gonzáles, 1996); y dar vitalidad,
cumplimiento y satisfacción a sus necesidades y demandas (Tarrow, 1994), ya que
individualmente la tarea se hace más difícil. Esto se traduce en palabras de los
líderes a:
“…La organización se conforma por una necesidad muy evidente ya que la posibilidad de interlocutar
con el gobierno no es fácil cuando se hace desde el individuo, por que a veces si te escuchan a veces
no, entonces la presión que se puede ejercer sobre la administración y sobre las entidades publicas es
mínima , entonces como uno ya conoce el proceso organizativo, entonces tenemos una opciones de
agrupar gente alrededor de organizaciones de tipo jurídico y empezar a dialogar con el gobierno…”
(EOPD005)
“…El obtener las ayudas solo no es fácil, porque si usted pelea solo nunca obtendrá nada, pero si
pelea unido la unión fue lo que hizo hacer esa sentencia…” (EOPD0011)
“…la organización es vital porque si no nos organizamos sencillamente no vamos a lograr nada
efectivamente” (EOPD0013)
En efecto, la AC es una forma de supervivencia social y física para la PD, aquellos a
quienes la violencia ha exiliado de sus tierras y cansados de no ser escuchados, de
ser subvalorados, buscan en la unión formar una gran voz, una voz que sea
escuchada en todos los rincones políticos y sociales del país. Los desplazados no
quieren ser más la voz del silencio, quieren generar cambios y modelar una forma de
vida digna en tanto que, el problema de raíz, ósea el desplazamiento forzado, no
desaparezca.
En ese sentido se puede percibir que las OPD trabajan en torno a la acción colectiva,
ya que buscan reivindicar sus derechos, mostrar las fallas que tiene el Gobierno y su
política pública, visualizar la más excluyente situación en que se encuentran y
garantizar la mejoría para la situación del desplazado.
Así, a la luz de la postura de Sydney Tarrow (1994), se estaría diciendo que la
colectividad expresada a través de las organizaciones y la Acción Colectiva
expresada en el trabajo que realizan las mismas, en función de la representación de
sus intereses, de la satisfacción de sus demandas, y la exigencia de sus derechos,
son formas estratégicas
de incidencia política, en tanto buscan influir en la toma de
decisiones y en el diseño de políticas; de acción social, en tanto pretende velar por
los intereses, fines, objetivos y derechos de un individuo o grupo de individuos; de
presión al Estado y de recomposición de redes y tejidos sociales para una población
desquebrajada que llega a una ciudad desconocida y lo que busca es ser reconocida,
valorada y aceptada en la condición que llegue, pero requiriendo la atención y la
superación de la misma, “desplazado por la violencia”.
Desde este punto de vista, la AC posibilita la existencia de las OPD como un agente
participativo que busca conformar un marco de acción para representar sus intereses
(Tarrow, 1994). Marco que será la vía utilizada por las organizaciones para construir
poder en todos los espacios sociales, promover y desplegar proyectos potenciales
que respondan a sus objetivos, fines y metas; generando nuevos esquemas de
participación y organización que fortalezcan y permitan a la PD enfrentar eficazmente
sus problemas e incidir en su solución de los mismos. Para Torres (2007), esta es la
intencionalidad política que las organizaciones deben tomar. Además, a través de la
AC y la organización, los desplazados intentan empoderarse de espacios
institucionales participativos o de representación democrática, con el fin de presionar
al Estado para que cumpla con sus responsabilidades sociales, como lo afirma Torres
(2007); restablezca los derechos que han sido quebrantados, garantice la superación
del desplazamiento pero sobre todo permita la incidencia de las OPD en cabeza de
sus líderes, en la formulación, gestión y desarrollo de políticas públicas para su
atención integral.
No obstante, se puede decir que el fin de la colectividad y de la AC en si misma, está
siendo limitado, pues como se ha ilustrado, son numerosos los factores que
condicionan el accionar, el participar y el incidir de las OPD.
Pero, esta es la razón por la que hoy los desplazados siguen organizándose,
luchando por la defensa de sus derechos y emprendiendo acciones colectivas para el
restablecimiento de sus derechos, su fortalecimiento y su participación e incidencia en
el desarrollo de planes y proyectos para su atención y sobre todo culminación, de
aquella condición de víctima de la violencia.
Por tanto, aún queda mucho por hacer. Es necesario que, los representantes, líderes
y dirigentes de la PD unifiquen sus ideas, se agrupen y así se mantengan en la lucha
por una solución real del desplazamiento; y de esta manera él Estado legitime las
OPD, las reconozca, las escuche y las capacite; tenga en cuenta sus propuestas,
haga cumplir lo ordenado por la Corte Constitucional, y forje la voluntad política para
ayudar a aquellos que de él más necesitan.
7. CONCLUSIONES
Hoy, las OPD avanzan hacia condiciones de mayor empoderamiento y ejercicio de
sus derechos, son voceras de sus propios intereses y tratan de acceder a instancias
de decisión desde donde puedan influir y hacer valer sus demandas o
reivindicaciones. Ello a través del ejercicio de la participación ciudadana, como
principio fundamental consagrado en la CP de 1991, que determina una serie de
mecanismos buscando que cada uno de los colombianos, sin importar su condición,
se convierta en una persona activa que pueda incidir en el rumbo de la nación y en
su futuro. Sin embargo, desde la lógica de las víctimas del desplazamiento, y en
particular de cada uno de los representantes de la población desplazada
entrevistados, se puede reconocer que la participación, a pesar de surgir como el
intento para satisfacer las necesidades básicas y exigir el cumplimiento de los
derechos, además de ser un medio para construir un futuro donde los desplazados
puedan restablecerse y desarrollar su vida en condiciones dignas, está siendo
tutelada, coartada y condicionada, dificultando cualquier grado de incidencia que la
población desplazada pueda ejercer. Lo cual responde a un sin número de limitantes
que no han permitido el desarrollo pleno y efectivo de su participación y en
consecuencia su incidencia política. Estas obedecen a:
1. En cuanto a la estructura y dinámica de las organizaciones:
• La carencia de recursos que cada uno de los desplazados posee, imposibilita la
sostenibilidad y desarrollo de la organización y además, no permite la asistencia de
sus miembros a los espacios creados para su participación.
• Los motivos de conflicto entre los miembros y las organizaciones mismas, facilitan
que cada organización coja por su lado y busque su interés personal; permitiendo
que sea cuestionada su representatividad e imposibilitando toda influencia y
credibilidad que pudiesen tener formando un gran y único grupo, una gran y única
voz.
2. En cuanto a la participación, sus mecanismos, formas y niveles:
• Las OPD consideran que su nivel participativo en los espacios de decisión es bajo,
en tanto son escuchados en último lugar y en ocasiones no son escuchados.
• La participación alcanzada por los desplazados se encuentra en un nivel “pasivo”,
les tiene en cuenta en la toma de decisiones y la mayoría de sus propuestas no son
materializadas.
• La visión negativa de la participación por parte de los líderes de las OPD, ya que la
consideran asistencialista, de aval a las instituciones, débil e imperceptible. En
efecto, la población desplazada ha perdido la fe en las instituciones y los espacios
de participación; es por este motivo que usan las vías jurídicas (tutela, derechos de
petición) para el efectivo cumplimiento de sus derechos.
• La participación se limita en tanto los espacios son excesivos, manipulados y
clientelistas, y no articulan, ni atienden las demandas de los desplazados. Hay
cantidad pero no calidad.
• A todo esto se suma la mínima y poca efectiva interlocución con las instituciones
estatales, dado que estas no han dado el apoyo necesario a las OPD y por el
contrario, las han desvinculado de todo proceso de toma de decisiones, de
incidencia política y de diseño de políticas públicas.
• La falta de voluntad política del Estado para permitir y facilitar que las OPD incidan
en un cambio estructural y permanente de su situación de vulnerabilidad.
No obstante, como facilitadores de la participación se destaca la acción colectiva de
las organizaciones y la presión que han ejercido para que muchas medidas no se
instauren y las instituciones tengan que dar cuenta de sus acciones.
3. En cuanto al contexto en el que se desenvuelven las OPD:
• Limita la participación el hecho que la sentencia T025 no defina como y a través de
que debe ser ejercida la misma; ni tampoco ha logrado que el Estado sea un buen
ejecutor y facilitador de la incidencia política de las víctimas de la violencia.
• Por otro lado, el tema de la inseguridad y las amenazas directas que llegan día a
día a los líderes de población desplazada, intentando inmovilizar su acción y callar
sus voces.
• En ese sentido, las OPD se fragmentan, pues los miembros, y sobre todos sus
líderes, se desvinculan o tienden a abandonar su lucha por la guarda de su vida; lo
que impide que ejerzan su derecho a participar y, por ende, no sean un factor para
el mejoramiento de su condición de desplazados por la violencia.
• Finalmente, la condición misma de ser desplazados limita su participación e
incidencia en tanto, son estigmatizados e imposibilitados ante cualquier posibilidad
para acceder a un empleo, y poseen un bajo nivel educativo que los califica como
poco cualificados para incidir en el curso de su futuro.
Así pues, podemos constatar todos los factores y limitantes que condicionan a la
población desplazada y, en especial, a las OPD y a sus líderes cuya participación e
incidencia política ha sido mínima. Por tanto, aquellos cuya condición de “víctimas de
la violencia” no cesa, siguen siendo “las voces del silencio” (afirmación de un líder).
Finalmente, habrá de decirse que en medio de un ambiente de represión, impunidad y
ausencia de garantías que permitan el libre desarrollo de la participación y el
cumplimiento de los derechos fundamentales; las personas en situación de
desplazamiento se han organizado en torno a la lógica de la Acción Colectiva, como
una forma de supervivencia, la cual está encaminada a romper con aquellas
situaciones y condiciones constituidas en la sociedad. Esto entonces nos hace ver
que se han creado numerosas OPD en torno a la representación de intereses, la
búsqueda de la satisfacción de sus demandas, la restitución de sus derechos y la
consecución de su retorno al lugar expulsor; y al mismo tiempo participar en espacios
dentro de la administración estatal para incidir directamente en escenarios de gestión,
toma de decisiones y realización de políticas públicas para la atención integral, para
quienes la violencia a arrebatado su tranquilidad. De esta manera, es que los
entrevistados se mantienen en una posición de resistencia, de denuncia, de continua
lucha y trabajo en pro de la construcción de un futuro incluyente, justo, y garante de
los derechos y libertades fueron vulnerados. Siendo agentes participes de su propio
restablecimiento y reconocimiento, pero, sobre todo, siendo voces que quieren ser
escuchadas y atendidas en la formulación de políticas para su propia protección, para
afrontar y acabar con su problemática, y, ojala, para acabar con la agonía del
desplazamiento por la violencia.
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