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Acerca de la integración latinoamericana y los modelos en disputa

In document Tensiones en la democracia argentina: (página 180-183)

Desde comienzos del nuevo milenio, la integración latinoamericana se convirtió en tema de agendas gubernamentales, así como también de distintos sectores empresariales (nacionales y extranjeros), sindicales y sociales de los países que componen la región. La crisis econó- mico-social y político-institucional que afectaba a toda la región, producto del agotamiento del modelo neoliberal impuesto en la década anterior, resultó ser el detonante para la orga-

nización de los más diversos movimientos sociales agrupados en demandas reivindicatorias que ubicaron en el espacio público nuevos actores y nuevas formas de luchas sociales. Es así como el Foro Social Mundial de Porto Alegre, la Cumbre de los Pueblos y los Encuentros de Movimientos Populares de América Latina, se convirtieron desde el 2001 en lugares comunes para los excluidos y excluidas de los países latinoamericanos. En ese contexto marcado por la crisis del orden neoliberal, la cuestión de la integraciónapareció como una propuesta de rup- tura y de trasformación de las relaciones entre Estados, Naciones y pueblos.

En ese contexto, se produjo una reactivación de los procesos integracionistas, como el Mercosur y la Comunidad Andina (CA), y el surgimiento de nuevas experiencias como UNA- SUR2, CELAC3, ALBA4, y Alianza del Pacífico5. Esto originó una disputa por los modelosde

integración, dando lugar a dos patrones de bloques regionales: por un lado, la profundización del nuevo regionalismo(BID-INTAL, 2002) a partir de la puesta en marcha de los Tratados de Libre Comercio (en adelante TLC) en Perú, Colombia y Chile; por otro, la exposición de una crítica radical al neoliberalismo y a la integración comercial como única meta por parte del resto de los países, propiciando un nuevo eje para la integración centrada en el fortaleci- miento de las relaciones entre Estados, Naciones y pueblos. A partir de esta visión, este modelo habilita el retorno de la políticaa la arena de la integración y se nutre del ascenso de gobiernos de corte progresista durante la primera década.

En el complejo escenario actual de restauración conservadora, en el que los cambios de gobiernos han implicado un cambio de agendas regionales, el futuro de la integración es in- cierta. Si bien durante los últimos 15 años los procesos integracionistas existentes marcan una hibridez en los modelos a seguir, con el acceso de la derecha al poder en la Argentina y en Brasil, parece inaugurarse un nuevo periodo de redefinición de las relaciones entre los países de la región y el mundo (básicamente con las economías centrales). El cambio de actores estatales y por tanto de prioridades y objetivos en las agendas gubernamentales claramente ha tenido consecuencias en el último año y medio, tanto en el Mercosur y Unasur, como en el ALBA y los TLC.

El escenario hoy fragmentado que presenta la integración expresa la cartografía de los cambios políticos ocurridos en América Latina, que implicaron el fin de gobiernos populares

en Brasil, Paraguay y la Argentina; mientras que las democracias de Venezuela, Bolivia y Ecua- dor se ven desestabilizadas por los avances de sectores conservadores y reaccionarios en los Parlamentos de cada uno de esos países.

En el caso de la Argentina, Propuesta Republicana (PRO), el partido fundado por Mau- ricio Macri en el contexto de crisis del 2001-2002 se convirtió en un espacio partidario de renovación de la centro-derecha argentina. Desde entonces, la carrera política de Macri ha crecido vertiginosamente hasta asumir la Presidencia de la República el 10 diciembre de 2015, luego de triunfar en segunda vuelta en las elecciones nacionales.

A los pocos días de haber asumido el cargo, Macri participó de la 49ª Cumbre de Jefes y Jefas de Estado del Mercosur, en Asunción, República del Paraguay. Esa fue la primera oportu- nidad de presentar su agenda con respecto a la integración y la relación con los otros países del bloque, así como su postura en relación a la inserción internacional del país y del Mercosur.

Esta primera participación de Macri en las Cumbres Regionales marcó claramente la po- sición que adoptará el país con respecto al Mercosur y a la integración de la región en los próximos cuatro años de su gestión. En primer término, el nuevo gobierno argentino esta- bleció como prioridad fomentar las relaciones con la Unión Europea y la Alianza del Pacífico, marcando claramente un giro en la agenda gubernamental con respecto al kirchnerismo. Las nuevas relaciones implican la eliminación de barreras comerciales para avanzar en las relacio- nes bilaterales y aumentar los TLC con países fuera del Bloque (Prieto, 2015; Armendáriz, 2017; Terrile, 2017).

En segundo término, la participación de Macri en las Cumbres Regionales del Mercosur, CELAC y de Iberoamérica, estuvo marcada por la manifestación clara de un cambio ideoló- gico y su alianza con los sectores conservadores de los países latinoamericanos opositores a los gobiernos populares de Venezuela, Ecuador y Bolivia. En este sentido, Macri encabezó la propuesta de aplicar la cláusula democrática del Mercosur a Venezuela, apoyado por el go- bierno paraguayo de Carter y el golpista Michel Temer de Brasil. Durante todo el año 2016 los tres países han intentado avanzar en la exclusión de Venezuela del Mercosur, provocando fuertes intercambios diplomáticos y desestabilidad en el organismo regional (Holman Ro- dríguez, 2016).

De lo expuesto en este apartado entonces surge una primera aproximación al planteo de este artículo acerca de los cambios en la política regional de la Argentina bajo el gobierno de Macri.

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