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4. EL CAPITAL CULTURAL, un análisis HORIZONTAL

4.3. La experiencia laboral

4.3.2. Actividad económica

Todas las acciones y actividades que desarrolla una sociedad para producir, distribuir y consumir los bienes y servicios generados para satisfacer sus propias necesidades materiales y sociales, se pueden agrupar en un conjunto de categorías, llamadas actividades económicas, que las organizan y clasifican de acuerdo a su nivel en tres sectores económicos: un sector primario, que comprende las actividades destinadas a obtener alimentos y materias primas del medio natural (agricultura, ganadería, pesca y silvicultura). Un sector secundario, que incluye las actividades que procesan esas materias primas agregándoles un valor o utilidad (industria, construcción, generación de energía y minería) y terciario, que agrupa todas las actividades que prestan servicios a los otros

(comercio, educación, transporte, servicios públicos, gobierno, comunicaciones, cultura, servicios financieros, legales y turismo).

Sobre esta definición práctica, para ampliar la escala y observar mejor los fenómenos de las otras actividades económicas, aplacemos por el momento la actividad “Gobierno” o

“Administración Pública”, que orienta sus actividades a los servicios propios del estado y veamos primero la distribución por sectores. Sin entrar en mayor detalle, el comportamiento es muy claro, una participación marginalmente sostenida del sector primario (Agricultura, Silvicultura, Ganadería y Pesca), que indica que la experiencia que allí se adquiere es muy poco valorada

en la elite, con menos del 4% a lo largo del todo el período. Una experiencia en el sector secundario (Construcción, Energía, Industria y Minería) algo más significativa pero igualmente marginal, con casi un 10% promedio y con un pequeño períodos de florecimiento (16%) entre 1974 y 1982, jalonado por la construcción. Resulta obvio entonces que nuestro análisis debe concentrarse en el sector terciario o de servicios.

Entrando entonces en el mundo de los servicios, vemos cómo la participación de los personajes de la elite en la educación92 es la actividad económica que más ha mantenido su importancia, con oscilaciones sin embargo significativas que intentaremos descubrir, pero que se mantienen durante todo el período entre el 19% y el 30% con un promedio general algo menor al 24%. Es decir, en la hoja de vida de los personajes que ingresan a la elite encontramos experiencia formal en instituciones educativas en un 24% de los casos. Son notables sin embargo tres períodos especiales, en el primero, durante el período militar, el porcentaje es especialmente bajo, un 14% entre 1952 y 1956, lo que no resulta extraño en la medida en que los militares que llegan al poder tienen poca relación con la academia. En el segundo, especialmente alto con casi 30% entre 1960 y 1984 y con un pico muy importante entre 1968 y 1970 con el 40%, para luego decrecer a un estable 21% hasta el 2008. Tal parece que el año de1970 refuerza con la experiencia de los personajes la importancia con la que ya vimos emerge en su aspecto formativo.

Pero además de la experiencia en educación, otras cuatro actividades económicas resultan interesantes, por una parte la participación en los medios de comunicación93, con un comportamiento curioso que tiene las mismas oscilaciones

que la educación, pero esencialmente al revés, como si la experiencia a valorar fuera o la una o la otra y no ambas a la vez. Esta experiencia que en general decrece, pasando de un promedio del 23% entre 1934 y 1970, a uno del 19% hasta el 2008, con solo un 11% durante el gobierno de Carlos Lleras (1966-1970) y un 14% en los últimos 12 años. Dos aspectos entonces, aquella poderosa influencia política que se ejercía desde los medios de comunicación, recordemos personajes como Laureano Gómez o Eduardo Santos, y que nombraba o tumbaba presidentes, parece lentamente ir disminuyendo, por un lado, y, por otro, el comportamiento tan opuesto entre las dos pareciera evidenciar que el trabajo activo y comprometido con la academia, la investigación y la formación, no es compatibles con el ejercicio dedicado del periodismo.

Las otras tres actividades interesantes de observar en mayor detalle son, por un lado la creciente actividad financiera94, que no sorprende al tener cada vez más

92 Se incluyen aquí todos los cargos formales en entidades educativas nacionales, extranjeras o multilaterales,

públicas o privadas y sean estos cargos del orden directivo (Rector, Gerente, Miembro del Comité Directivo, etc.), sean estas de carácter eminentemente académico (Decano, Catedrático, profesor, investigador, etc.).

93 Se incluyen aquí todos los cargos formales en entidades de difusión masiva como periódicos, revistas, televisión

y radio y todos los cargos con estos relacionados, como director, gerente, redactor, columnista, periodista, etc.

94 Se incluyen aquí todas las actividades relacionadas con finanzas y hacienda y con todas las entidades públicas o

privadas que se dedican a estas cuestiones, como Bancos, Organizaciones Económicas Multilaterales, Ministerio de Hacienda, DNP, Banco República, etc.

economistas en la elite, y pasa de un oscuro 10% entre 1934 y 1982, cuando inicia un repunte que lleva la participación de esta experiencia al 20% hasta 1999 y al 26% en los últimos diez años. Interesante observar en este punto que este aumento viene asociado o paralelo al aumento de la participación de la experiencia en el sector privado, que ya habíamos visto. La contraparte entonces del ascenso de la experiencia financiera son la experiencia legal95 por un lado, que iniciando con un

importante 17% prácticamente desaparece hacia finales del período, y la cultural96,

que tiene un comportamiento similar.

Entonces, si bien sigue siendo importante poseer o participar de un medio masivo de información para acceder a esta elite, o de igual manera participar en la formación de las nuevas generaciones a través de la educación formal en la academia, el peso de esta experiencia no es ya el determinante y debe someterse a la prioridad de haber trabajado en la gestión financiera y económica, ya sea desde el sector privado, ya sea desde el público, que adquiere cada vez mayor valor en el capital cultural que debe presentar un candidato al ejecutivo central. Por el contrario, ya no tiene importancia práctica conocer las leyes y sus mecanismos, ni haber participado en algún tipo de actividades culturales que desarrollen aspectos diferentes al material del ser humano, pues esta experiencia no agrega ya valor alguno al capital que identificamos.

Un análisis de las entidades e instituciones en las que esta experiencia se ha desarrollado probablemente nos permitiría descubrir otros elementos interesantes de la estructura del perfil que buscamos, sin embargo, si bien el interés para otras investigaciones puede abarcar el abanico completo, en nuestro caso particular nos concentraremos en las entidades educativas, en la medida de su relación con la otra parte del capital cultural que ya estudiamos (títulos académicos), y en el sector público, en la medida en que hablamos de la elite del ejecutivo central y hay entonces, también una relación que nos interesa.

95 Se incluyen aquí todos los cargos o trabajos relacionados con el derecho y las leyes en el sector privado y con

todos los cargos del poder judicial del sector público (juez, fiscal, magistrado, etc.)

96 Se incluyen aquí todos los cargos o membresías en sociedades académicas, de profesionales, de investigación