4. EL CAPITAL CULTURAL, un análisis HORIZONTAL
4.2. Los títulos académicos
4.2.4. Estudios de postgrado
Entrando finalmente al último escalón de la pirámide educativa, los estudios de postgrado, que incluyen para nuestro análisis las especializaciones, las maestrías, los doctorados y los post-doctorados, lo primero que vale la pena revisar es la evolución en la proporción de personajes de la elite que ha adelantado al menos una vez este tipo de estudios (línea inferior en la gráfica) y el acumulado total de esos
estudios distribuidos entre los personajes de la elite de cada año (línea superior). Así, en esta línea superior no debe ocasionar sorpresa encontrar una proporción superior al 100%, como comienza a ocurrir a comienzos de los 90s, lo que simplemente corresponde a que, en promedio, cada personaje tiene más de un estudio de postgrado. Entendido esto, observemos
que el comportamiento general cambia a partir de la segunda mitad de los 60s, hasta ese momento menos del 25% de los personajes en promedio habían adelantado al menos una vez este tipo de estudios, en lo que parecía un estándar aceptable que no cambiaba mucho y venía estable al menos desde 1934. Pero a partir de ese año en cambio, cada vez se hace más importante para los candidatos a esta
elite tener diplomas de postgrado, e inicia un proceso de crecimiento que lleva el promedio en 1989 a casi al 50% (un 69% de acumulado promedio) para, a partir de entonces, acelerarse aún más llevando este acumulado desde allí hasta el 2008 al 125%, mostrando un 151% del año 2000 en adelante, lo que equivale a que más del 82% de los personajes de la elite en este último período han hecho al menos un estudio de postgrado. Así, desde 1990 este tipo de estudios se vuelve prácticamente imprescindible, y desde el año 2000 hasta hoy, por ejemplo, de los 41 ministro que ha habido en propiedad, 34 han hecho un postgrado, 18 han hecho dos, 5 han hecho tres, 3 (Diego-Palacio-Betancourt, Jaime Alberto-Cabal-Sanclemente y Roberto- Junguito-Bonnet) han hecho cuatro y
uno, Jaime Alberto-Cabal- Sanclemente, ha hecho cinco postgrados. Ya veremos más adelante si este acelerado crecimiento del capital cultural es comparable con el de la población en general, o se trata de una brecha que se abre entre el pueblo y sus dirigentes.
Sobre esta proporción aceleradamente creciente, entremos entonces en la revisión del lugar donde considera la elite que la inversión en postgrados es válida, y
que como anticipábamos presenta ya un escenario completamente diferente al mundo del pregrado. Aquí claramente mandan los estudios en el exterior, pero con un comportamiento interesante, en primer lugar, hasta mediados de los años 60s, cuando, recordemos, solo el 25% de los personajes había hecho estudios de este nivel, apenas en torno al 15% de ellos habían sido adelantados en Colombia (todos en Bogotá) y cerca del restante 85% habían sido adelantados en el exterior, donde obviamente los recursos financieros son un filtro absoluto que lo permite solamente a hijos de familias muy ricas. Desde ese año y hasta alrededor de 1988, se estabilizan las participaciones en 20% para Bogotá y el restante 80% para el exterior, sin embargo, iniciando la década de los 90s, cuando justamente los estudios de postgrado e comienzan a hacer muy importantes como hemos visto, los candidatos a la elite comienzan a dar valor a los estudios de postgrado en Colombia, fundamentalmente en Bogotá, que llega durante los últimos diez años a un promedio superior al 30%, pero también con una incipiente participación de Antioquia y Valle, con casi 5% y 3% respectivamente, y todo en detrimento de la participación de los postgrados en el exterior, que ven bajar su participación a un promedio de 60% en esos mismos diez años. Esto permitiría vaticinar, de continuar las tendencias vistas87,
que cerca del año 2015 Bogotá y el exterior tendrían una participación similar, en torno a un 45% cada una, mientras que Antioquia y Valle habrían alcanzado entre las dos el 10% restante.
Siendo la universidad en el exterior y la universidad bogotana tan significativas en este nivel de estudios, resulta necesario entonces entrar un poco más en detalle encada una de ellas, con la intención de obtener alguna otra característica importante del capital cultural de nuestra elite. Revisando
primero la universidad en el exterior, se observa una competencia interesante entre la de los Estados Unidos y la de Europa, competencia que hace tránsito desde una clara supremacía de la segunda, hacia una mayoría no tan notable pero constante de los primeros. La hegemonía de los postgrados en Europa que hasta 1954 habían
87 Como hemos visto, la calidad e integridad de la información para este caso es muy alta, la Desviación Estándar
baja (0.12, 0.14, 0.02 y 0.02 respectivamente) por lo que no es descabellado hacer una proyección, la que en este caso se hace simplemente extendiendo la Polinomial de Grado 6, que es la que mejor se ajusta a un comportamiento con varias cimas y valles.
educado el 62% de los personajes de la elite, pierde sus clientes y entre ese año y 1960 solo representa el 14% de los personajes, con dos años incluso en que simplemente no hay personaje alguno que haya estudiado su postgrado en el viejo continente, 195 . Por su parte en cambio, los Estados Unidos que tienen para la primera parte una participación minoritaria del 23%, saltan en el segundo período a casi el mismo 62%, y a partir de este momento unos y otros se alternan la hegemonía hasta 1986, con 36% y 35% en promedio respectivamente, cuando los Estados Unidos toman en definitiva la delantera y educan a partir del momento a un promedio del 39% de los personajes, que con el crecimiento de Colombia a casi un 30% (Bogotá 22% y Resto del País 7.5%) dejan a Europa con solo el 21% en este período. Al menos desde la perspectiva de la elite del ejecutivo central colombiano, a mediados de los 60s emerge y se consolida definitivamente una nueva potencia en el mundo, a la cual vele la pena atender y de la cual vale la pena aprender.
Revisando ahora a Colombia, en particular a la universidad de Bogotá, aplicamos la lupa a partir de 1970, año en el que vimos comienzan a tener alguna participación relevante. Dentro de las cinco universidades que acaparan casi el 97% del postgrado local de la elite, si bien el comportamiento es bastante similar se destacan dos grupos, un primer grupo
con el Externado, el Rosario y la Nacional --que parece recuperar aquí parte del “prestigio”88 perdido en el pregrado--, que arranca alrededor del año de 1980 y tiene un crecimiento
cauteloso para llegar aproximadamente al 5% de participación, cada una de las tres, al
final del período. En el segundo grupo están por su parte la Javeriana y los Andes, con un comportamiento de mayores oscilaciones pero también de promedio más alto, aunque al final la Javeriana llega al mismo punto que las del otro grupo, 5%, mientras que los Andes la dobla con el 10%. Se puede concluir entonces que hay una oferta importante, una abierta competencia de la que participa incluso la universidad pública, ya no la de Antioquia sino nuevamente la Nacional, aunque una competencia nuevamente restringida y excluyente en la medida en que, primero se ofrecen solo en
88 Recordemos que hemos cuestionado la relación prestigio-calidad, y recordemos además que se trata solo de un
“Prestigio” que además de no estar todavía bien definido, se circunscribe al conjunto de personajes que luego formarán parte de la elite del ejecutivo central.
Bogotá con el prestigio que el Estado busca en su elite, y segundo porque estos postgrados tienen por igual, en públicas y privadas, altos costos de matrícula y exigentes procesos de selección89.
En este punto y para no dejar un cabo suelto, revisemos ahora que podemos la segunda parte de aquella aureola de “joven tecnocracia con muchos estudios en el
exterior” que se le atribuye al gabinete de Carlos Lleras Restrepo (Bushnell, 2003,
p308). Si observamos en detalle los datos, encontramos que en este gobierno el promedio de ministros con al menos un postgrado es del 42%, efectivamente superior a los dos gobiernos anteriores y los dos siguientes que tuvieron 27% y 26%, y 39% y 32% respectivamente, lo que a diferencia del tema de la edad donde la leyenda no era verdad, sí evidencia un cambio de fondo e incluso de tendencia como acabamos de verifica.
Resumiendo entonces, sobre este punto se podría decir que, si bien a principios del período los estudios de postgrado eran casi un lujo extremadamente costoso pues debían hacerse esencialmente en el exterior, al que incluso dentro de la elite del ejecutivo central solo accedía menos de una cuarta parte, hacia finales del período en cambio, entrando al siglo XXI, este tipo de estudios son ya prácticamente indispensables para acceder a esta elite y en los cinco últimos años casi el 89% de los personajes los han hecho, pero con una proporción creciente de estudios en Colombia, esencialmente en Bogotá que, si las tendencias se mantienen, en los próximos seis o siete años debe otorgar título de postgrado a la mitad de los personajes.
Así, si en algún momento sacamos como conclusión que Colombia pasó de ser un país fuertemente centralista en 1934, con 20% de Bogotanos en la elite del ejecutivo central cuando su población era solo del 3.7% de la del país, a uno cuya distribución está equilibrada (Bogotá mantiene el 20% de participación en la elite pero es ahora el hogar del 20% de la población); el valor que los aspirantes de todo el país a esta elite le dan a la educación en la capital de la república le otorga a ésta una nueva y poderosa especie de centralismo, basado ahora en el prestigio de sus instituciones académicas. En efecto, Bogotá, con dos de cada diez habitantes tiene dos de cada diez personajes de la elite, pero provee sin embargo de educación básica a tres de cada diez de esto personajes, de educación universitaria de pregrado a siete de cada diez, y en estudios de postgrado le roba progresivamente “clientes” a
89 De hecho para la Maestría en Historia por ejemplo, que cursa el autor, es más costosa la matrícula semestral en
la Universidad Nacional que en la Universidad Javeriana, y en ninguno de los dos casos tiene relación alguna con los ingresos o el poder adquisitivo del estudiante.
las universidades en el exterior, al punto de que superará su hegemonía en los próximos seis o siete años.
No se puede sacar como conclusión en cambio que la actual supremacía paisa en el gobierno esté sustentada en una estructura educativa de igual prestigio, pues mientras hoy Antioquia y el Viejo Caldas tienen también dos de cada diez habitantes de Colombia, y tiene sin embargo cinco de cada diez personajes en la elite, educa solo a tres de cada diez en el nivel básico, a dos y medio de cada diez en su universidad de pregrado y apenas si aparece en el nivel de postgrado. Si bien la representación de la universidad paisa progresa en la elite que estudiamos, lo hace como hemos dicho solo de la mano de los propios paisas, pero no tiene por el momento un prestigio suficiente como para atraer aspirantes a la elite de otras regiones de Colombia, como es el caso de Bogotá.