Abriendo este nuevo período encontramos al general Gustavo Rojas Pinilla estrenándose como presidente y dejando ver rápidamente que su paso no sería tan transitorio como planeado. Comprometido con una organización social basada en los principios católicos y con un desarrollo del sistema educativo, Rojas recibió nuevas congregaciones religiosas y dio libertad de programas y especializaciones a los hermanos Cristianos, y para descargar al gobierno de parte de su pesada misión educativa, sostuvo el programa de alfabetización de la Iglesia. Crea el Fondo Universitario Nacional, que en 1968 se convertiría en el ICFES71 y que tenía por objeto fomentar la educación superior en Colombia, y contrata la misión extranjera del
Centro Económico y Humanista (padre Louis-Joseph Lebret), que proponía soluciones sociales de acuerdo con la religión católica, y que diagnostica lo que el propio 9 de Abril ya había denunciado, el rápido desarrollo económico solo estaba
beneficiando a los ricos, y sin apertura democrática y social y sin reparto más equitativo de la riqueza, el desarrollo se detendrá. La misión propone entonces una reforma educativa que ya nos suena familiar: Generalizar primaria, intenso desarrollo de la educación técnica y profesional, y un sistema de aprendizaje industrial (Helg 1989, 117), tal parece entonces que el problema no es de diagnóstico.
En esta etapa de transición el general Rojas intenta reformas similares a las que pretendió López Pumarejo, con bastante más éxito y con las que llega a hacer más eficiente el sistema educativo, pero sin llegar tampoco a tocar su estructura. Así, desde 1954 se compromete con la nacionalización de la educación primaria, cambia la segunda lengua obligatoria del francés al inglés, crea el primer Plan Integral de Educación, y la Oficina de Planeación del Ministerio de Educación para que lo implemente y administre (pero de sus 391 recomendaciones, en 1967 se habían implementado solo 121 integralmente y 59 en forma parcial (Lebot, 1978, p137)), sobre la idea inicial del sindicato católico UTC en 1957 se crea el SENA, Servicio Nacional de Aprendizaje, encargado de la formación de obreros y técnicos calificados, con funcionamiento asegurado principalmente por la empresa privada (Helg, 266). Pero, ante una violencia que aumenta, el general aumenta también la represión, la Iglesia toma distancia, los estudiantes se unen a otros sectores para derrocarlo y, cuando las elites se ponen finalmente de acuerdo en Benidorm, con una corta junta la transición militar finalmente termina y se inaugura el Frente Nacional.
Este pacto político entre las elites toma muy en serio la educación, pero no hace modificaciones estructurales sobre el sistema bien definido que recibe:
a) Una primaria pública abierta a las clases populares,
b) Una primaria pública dividida en urbana, bien equipada, y rural marginada,
c) Una primaria privada para las clases media, alta y superior según su poder adquisitivo,
d) Una secundaria clásica u orientada a la universidad, eminente y crecientemente privada, que recibe una también creciente mayoría de los estudiantes de las clases medias, alta y superior, también según su poder adquisitivo,
e) Una secundaria clásica pública disminuyendo su participación y hasta sus números absolutos,
f) Una secundaria comercial esencialmente privada y dirigida a las hijas de clase media, g) Una enseñanza normal, industrial y agropecuaria en manos casi exclusivas del
Estado, alejando a las clases populares de las universidades y las carreras prestigiosas,
h) Un SENA apoyado por el sector privado, funcional y activo en la formación técnica industrial y vocacional,
i) Una separación entre universidades prestigiosas, para las clases altas, y otras universidades, para las clases medias que no habían podido pagar un colegio de secundaria suficiente bueno y prestigioso (suficientemente oneroso)
j) Una universidad que en general había iniciado un franco proceso de crecimiento en su cubrimiento de la población desde 1955, manteniendo un virtual paralelo entre la pública y la privada, y con instituciones funcionales como FUN (actual ICFES) y el ICETEX
(Helg 1989, p135)
Emblemático y doloroso ejemplo del continuismo educativo de este período se da en 1971 cuando Luís Carlos Galán Sarmiento, Ministro de Educación de Misael Pastrana (1970-1974), presenta un profunda reforma educativa que pretende romper con la dualidad histórica: un sector privado de calidad reservado a la clase superior, y un sector público sin prestigio para las clases populares, que es sin embargo
“ampliamente rechazado por el congreso”, por lo que nadie se atrevió a proponer
desde entonces un sistema educativo oficial para todos (Helg, 1989, p157)
Pero si bien las reformas estructurales son mínimas, el Frente Nacional sí
consigue un efectivo aumento del cubrimiento del sistema educativo, probablemente sustentado en el significativo y consistente aumento del esfuerzo fiscal que vimos en los números de la educación. La gráfica de “Gastos del Ministerio de Educación” es muy diciente, luego del bajón producido después de los gobiernos de López Pumarejo y que llega hasta 1957, el Frente Nacional aumento el esfuerzo desde ese
6% hasta un 9.6% en 1961, y a un 14% en 1962 donde se mantiene hasta 1971, cuando salta a niveles en torno al 18%. Cabe anotar sin embargo que el salto enorme ocurrido en 1962 y que ya habíamos detectado, corresponde al relevo que la Nación hace de los departamentos en el pago de los maestros. De cualquier manera este esfuerzo permitió por ejemplo llevar la alfabetización de un 61% en 1960, a una del 77% en 1981.
Igualmente la educación secundaria, tradicionalmente costosa y por lo tanto restringida a pocos (en 1967 se elimina por ejemplo la secundaria oficial gratis, que en todo caso era prácticamente inexistente), fue quizás la que mayor desarrollo tuvo tanto en el sector público como en el privado, multiplicando en conjunto casi por 7 su cubrimiento real de la población entre 1957 y 1980, y llegando en conjunto con la primaria a un cubrimiento total del 19% en 1970, lo que iguala finalmente aquella cifra que pareciera ser un valor razonable para los Estados Unidos de América y que mantiene desde 1870 al menos. La universidad por su parte, si bien su cubrimiento es
aún marginal y está lejos del norteamericano, tiene un crecimiento aún más sorprendente que la secundaria, y multiplica por diez y media veces su cubrimiento poblacional entre 1957 y 1978, pasando de 0.11% a 1.15% .
Aunque el Estado gana progresivamente cierto control en los planes de estudio, programas y calendarios de la educación privada, las poderosas
confederaciones de colegios privados, CONACED, SENALDI y ANDERCORP72
consiguen defender los intereses de autonomía, tanto académica como financiera y de precios, de estos colegios: en 1958 el Estado intenta pero no consigue el control, en 1959 no logra aplicar un decreto que congelaba matrículas y pensiones, en 1965 no consigue imponer el control a los textos utilizados, en 1967 no consigue imponer Junta Reguladora de Matrículas, en 1971 rechazan la reforma educativa de Galán, etc. (Helg, 1989, p144-145). Con el aumento de la brecha público-privado, el estatus socio-económico del maestro público va perdiendo nivel permanentemente, a pesar de que su escalafón profesional va por el contrario mejorando (diplomados 39% en 1964 vs. 81% en 1977) (Helg, 1989, 151-152), fundan entonces en 1957, olvidados del mundo, la Federación Colombiana de Educadores (FECODE), y se convierten así, pero ahora por la vía sindical, finalmente en un jugador a tomar en cuenta.
Los estudiantes por su parte, que habían participado activamente en el derrocamiento del general Rojas y esperaban mayor autonomía y reconocimiento, reciben por el contrario más controles y limitaciones, por lo que su movimiento comienza un enrarecido proceso de radicalización, que el gobierno entiende relacionado con el paralelo resurgimiento de la guerrilla y que entonces trata más con represión del ejército que con diálogo. Este enfrentamiento se agudiza en el gobierno de Carlos Lleras Restrepo (1966-1970), multiplicándose las huelgas y recrudeciéndose la represión que cobra la vida de varios estudiantes. En este escenario de confrontación, bajo sus propias contradicciones desaparece en 1969 la FUN (Federación Universitaria Nacional) que los aglutinaba y ordenaba, y los estudiantes comienzan a ser “reclutados” por toda suerte de organizaciones e incipientes partidos de izquierda como el MOIR, la JUCO, la JUPA y la propia ANAPO, como una alternativa política al frente nacional. (Helg, 1989, 141-142). En medio del desorden, el cenit de la lucha estudiantil se da con la huelga en la Universidad del Valle de 1971, apoyada por un movimiento nacional, que termina con la toma violenta por parte del ejército, un saldo de al menos 30 muertos, un estado de
72 CONACED: Confederación Nacional Católica de Educación, SENALDI: Secretaría de Educación de la
Conferencia Episcopal y ANDERCORP: Confederación Nacional de Asociaciones de Rectores y Colegios Privados.
sitio general, y la renuncia de Luís Carlos Galán, que sobre la base de diálogos con los estudiantes había intentado en su reforma una mayor autonomía de la universidad pública, lo que el propio presidente Pastrana desautoriza.
Así, ante el rechazo casi unánime del congreso a la reforma educativa de Galán, en 1971, bajo la fuerza de la represión y la extinción de la ANAPO ante su derrota electoral de 1972 (municipales y departamentales), el movimiento estudiantil se atomiza definitivamente sin haber logrado unirse a las luchas sociales de la población. La Universidad pública es entonces perseguida como foco de subversión, limitada su autonomía y permanentemente ocupada y cerrada, todo lo que hace que los tiempos de estudio se extiendan en exceso y en general se deprecie el valor de los diplomas que otorga. Esto va separando progresivamente a la universidad pública del por la época selecto y reconocido grupo de universidades prestigiosas: la Universidad Nacional, el Colegio Mayor del Rosario, la Universidad de los Andes, la Universidad Javeriana, la Universidad del Valle y la Universidad de Antioquia (Helg, 1989, ps140-142), lo que como veremos se confirma claramente con la disminución progresiva de sus egresados en la elite del gobierno central.
Entonces, mientras que el ministro Galán abría espacios de diálogo e implementaba un experimento de cogobierno en la Universidad Nacional en Bogotá, pretendiendo que la universidad fuera la caja de resonancia de los problemas sociales y científicos y el laboratorio experimental para procesarlos y para devolverle a la sociedad respuestas que se constituyeran en soluciones, y con la convicción de que este era el medio por excelencia para mejorar la competitividad de la sociedad colombiana, mejorar su ingreso y por supuesto, la distribución de los mismos; por otra parte vemos cómo el propio estado destruye por la vía de la represión, los cierres y la ocupación, el prestigio de la universidad pública.