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La construcción del imaginario social en la comunidad de Malinalco.

3.5 Sentido de permanencia: los asentamientos discursivos

3.5.3 Acto litúrgico/sagrado (tocar el huehuetl)

Dentro de los objetos sagrados que posee esta comunidad, para realizar sus actos religiosos, se encuentra un tlalpanhuéhuetl, o bien como dicen los pobladores del barrio de san Pedro, el “huehuetl”, aunque utilizan invariablemente el término “teponaztle”. Si bien no son lo mismo, ya que aunque los dos instrumentos pertenecen a la época prehispánica, el primero es de tipo vertical y está cubierto en la parte que da hacia arriba por un cuero, para que golpeándolo produzca sonidos de tambor; mientras que el segundo, es un instrumento de percusión que se toca de manera horizontal y tiene hendiduras en la parte frontal y produce sonidos más agudos y menos ahogados que el anterior.

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Las “alcancías”, son denominadas así a las imágenes religiosas que vienen dentro de una vitrina resguardadas, y junto con ellas vienen incrustadas en la vestimenta del santo, todas las promesas que realizan los habitantes de esta comunidad con ánimo fervoroso. Son imágenes más pequeñas, de un santo patrono que también es venerado y convidado a la festividad, pero que no es el principal. Este objeto religioso se queda en casa del mayordomo, y sólo se cambia, cuando hay “mudanza”, es decir, cuando hay nuevo mayordomo, y tendrá que pasar a otra casa para su resguardo.

143 En los registros históricos de esta comunidad, se menciona la existencia de un tlalpanhuéhuetl, que fue encontrado en el barrio de santa Mónica y era utilizado para las celebraciones festivas y rituales de guerra. Sin embargo, fue trasladado al Museo de Arqueología que existía en Toluca. Este instrumento, de acuerdo con el arqueólogo José García Payón y el investigador Xavier Noguez, fue utilizado hasta principios del siglo XX por los habitantes del barrio de santa Mónica, Malinalco (Díaz, 2009). El tlalpanhuéhuetl, presenta una iconografía muy importante que data de la época del imperio mexica, y ha sido fuente de diversos estudios y distinciones históricas.

Sin embargo el huehuetl, al cual se hace referencia, no forma parte de esta recuperación y reconocimiento histórico. La población del barrio de san Pedro, cuida celosamente este objeto, que ya se ha convertido al paso del tiempo, en objeto sacralizado.

“El barrio de san Pedro sigue teniendo una ceremonia pequeña. Es prehispánica, porque ahí existe un huehuetl que antes nosotros le decíamos teponaztle, pero su nombre original es huehuetl, compañero del que se llevaron del barrio de Santa Mónica, se lo llevaron de aquí al museo de Toluca y dicen que ha recorrido el mundo…” (Entrevista Sr. Sadot López Pliego)

En el imaginario de la población, y en el programa de la celebración esta incrustado un espacio dedicado exclusivamente para ir por el huehuetl, y presentarlo “únicamente“ en las celebraciones patronales, para luego regresarlo a la casa del mayordomo. La aparición de este objeto cargado de hierofanía, es decir, de una revelación sagrada, se convierte en todo un acontecimiento en la fiesta patronal de este barrio, y es una referencia para los otros barrios en la construcción de la identidad comunitaria.

144 “…ese huehuetl que permanece en san Pedro, el 28 de junio lo sacan en

procesión y lo tocan en cada esquina y le piden el agua a dios. Por los orificios le gritan ¡agüita!, ¡agüita! ermitaño y ¡agüita!, ¡agüita! En lo que gritaban los abuelos, ponían la rodilla en el suelo y la boca en los orificios, para gritarle…” (Entrevista Sr. Sadot López Pliego)

El barrio de san Pedro festeja a su santo patrono el 29 de junio, con esta celebración también festejan a san Pablo. Aunque este no tiene un barrio dedicado a su celebración, este barrio lo realiza junto. Las vísperas y preparativos comienzan desde el jueves, con el encuentro que se realiza en todos los barrios para acompañar y recibir invitación de todos los santos. La fiesta principal, se celebra el 29 de junio como es costumbre con la “traída” (sic) de las alcancías en procesión con la mojiganga, la misa de función por la noche, la quema del castillo acompañada de una verbena popular, con puestos de comida y diversos productos, que se colocan en las afueras del atrio de la capilla.

En la misma celebración se presenta el huehuetl, y algunas personas se acercan a tocarlo, algunos sin ritmo. Más tarde una señora de la comunidad se acerca a tocarlo con ritmo acompasado, un señor se acerca por un lado de la señora y escupiéndose la palma de la mano comienza a golpear el huehuetl con ritmo acompasado. “Le hace falta alcohol o agua” (sic) menciona una persona el cual camina por el atrio, toma una botella de refresco que contiene mezcal, se acerca al “tambor” (sic) y le coloca un poco de mezcal “pa’ que se caliente y se ablande” (sic) agrega con una sonrisa mientras frota el huehuetl lleno de mezcal.

Las personas refieren, que tocarlo significa que le dan las gracias a san Pedro por un año más de vida y lo celebran tocándolo, ya que los remite a sus raíces incrustadas en el pasado. La mayoría de las personas le tienen un respeto y valor de pertenencia e identidad. Algunos se acercan y lo tocan con ritmo marcado y acompasado. En “épocas pasadas” (sic) menciona una persona se decía “agüita,

145 agüita que salga el mayordomo” (sic) dicho lo cual el mayordomo encargado salía a invitarles un poco de mezcal, a los que estaban tocándolo.

Posteriormente en otra etapa de la festividad, la comitiva acompaña de regreso al mayordomo y la alcancía para que quede bajo resguardo, hasta que el nuevo mayordomo entre en funciones. El recorrido comienza en el atrio de la iglesia, mientras afuera el huehuetl es tocado por los pobladores, como una especie de anuncio y de celebración de que la fiesta de san Pedro, está a punto de terminar. No hay una persona exclusiva que toque el huehuetl, hay quienes ya saben el ritmo, ya que se distingue cuando lo tocan. Algunos vecinos de este recorrido, salen a mirar la procesión que lleva encendida una vela. Los niños se acercan para tocar el huehuetl los adultos los dejan y dicen “ellos son el futuro por eso hay que dejarlos”, “si no quien lo va a tocar después” (sic).

La procesión atraviesa el barrio de san Pedro, santa María, hasta llegar al barrio de san Martín, de donde es el mayordomo, que en ausencia de este, su hijo carga la alcancía. Finalmente llegamos a la casa del mayordomo el Sr. Mardonio Sánchez y la mayoría de las personas se apostan a la entrada, algunos hacen valla para que entre el huehuetl y las imágenes que han sido llevadas a este lugar, se colocan al centro. Mientras hay personas que siguen tocando el instrumento, la comitiva que carga la alcancía, se introduce a la casa del mayordomo que ofrecerá alimentos a todos los que acompañaron la alcancía. Después de servir la comida y un momento de convite, la celebración culmina y las personas regresan a sus casas, cuando ya ha oscurecido.