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habitante de Malinalco.

4.3 Las expresiones sociales del conflicto

4.3.3 El continuum: autoridad religiosa autoridad civil

La configuración sociocultural de la comunidad e Malinalco, también presenta dos referentes de concentración de poder, los cuales coexisten para la pervivencia de un orden social instituido a través de redes políticas, que se abren a diversos ámbitos de la vida social de esta comunidad. En este sentido, una expresión más en la distinción de referentes en conflicto, aparece la autoridad religiosa que está representada por las diferentes asociaciones y grupos comunitarios que colaboran activamente en la organización de los diferentes eventos que se desarrollan en las diferentes capillas y en la iglesia principal. Las redes que conforman todo el sistema religioso, está distribuido de manera eficiente y con una amplia participación y aceptación de los pobladores de esta comunidad.

En una visión más del conflicto, Gluckman menciona que los conflictos son parte de la vida social, y las costumbres exacerban los conflictos, aunque a su vez las costumbres impiden que estos conflictos destruyan el orden social (2009: 32). La expresión del conflicto, también está considerada desde esta postura, como un proceso de fisión y fusión, donde la superación del conflicto es ciertamente inevitable, es decir, son dos aspectos del mismo proceso y que se presentan en todas las relaciones sociales.

La organización comunitaria basada en el sistema religioso, es una constante en las culturas del altiplano, y es heredera de las prácticas prehispánicas y coloniales que buscaron fundir y mestizar las diferentes formas de organización de la comunidad indígena, con las ideas colonizadoras de la representación política colonial. A la llegada de los españoles, hubo una reorganización basada

191 fundamentalmente en ejercer cierto control sobre poblaciones indígenas, organizadas particularmente a partir de la figura del calpulli, como ya se apuntó en capítulos anteriores. Esta forma de organizarse entre los nativos, sufrió transformaciones, que trastocaron a su vez el régimen de convivencia entre ellos y se ajustaron a los procesos de conquista y colonización española que desde el siglo XVI, permeó el territorio de mesoamérica, después nombrado Nueva España.

Aunado a este proceso, la aparición de epidemias como se argumentó en el capítulo anterior, despobló grandes zonas indígenas que estaban sometidas a una reorganización con base en las estructuras políticas, administrativas y religiosas que urgían de un control expedito. El reasentamiento como menciona Gerhard (1991), fue impulsado primero por los misioneros en aras de catequizar a la mayoría de indígenas organizados en los calpulli; así se establecieron primero en las grandes cabeceras rurales, donde los templos nativos fueron convertidos más tarde en iglesias. El virrey Luis Velasco llegó en 1550 dio instrucciones para continuar con las congregaciones. Fue en este periodo cuando Velasco junto con las órdenes religiosas, visito y selecciono nuevos lugares para los monasterios, cabeceras y pueblos de visita (Gerhard, 1991).

Con esta nueva asignación, también se implementó la desaparición de las formas y estructuras indígenas que soportaban su propia dinámica, y gradualmente se impusieron otras formas de organización política, económica, cultural y religiosa, que plantearon un reacomodo sociopolítico gradual. Sin embargo, aun cuando estas intenciones pretendieron un control expedito sobre todas las formas de organización indígena, el proceso de resistencia de los mismos pobladores indígenas, retraso esta imposición y fue permeando a casi todas las estructuras coloniales al grado de generar una fusión de estructuras, mestizando no sólo las razas, sino también los imaginarios de la autoridad y el poder político centrado ahora en las cabeceras de doctrina.

192 En el caso de la región de Malinalco, los asentamientos de la orden agustina se debían a una particular forma de organizar los pueblos conocidos como calpullis, después pueblos cabecera. Ya sea por el número de habitantes que tenía o bien, por la lejanía con las cabeceras, se crearon los pueblos de visita y en su caso algunos fueron promovidos como pueblos de doctrina (Sámano, 2006).

Una doctrina consistía en un pueblo principal llamada cabecera de doctrina, donde estaban localizadas la iglesia y la residencia clerical y un grupo de pueblos alrededor conocidos como visitas. En esta organización, a cada pueblo se le asignaba un prefijo cristiano que se le colocaba antes del nombre indígena (Gibson, 2000). Los patrones de organización religiosa amparados en estas figuras de corte eclesiástico, proveyeron de una cierta autoridad sobre la vida de la mayoría de los pueblos sujetos a estas formas de reconocimiento religioso, pero con una fuerte carga de representación política y social.

La expresión manifiesta de conflicto para el caso de este apartado, está fundamentado por los antecedentes que se acaban de describir y mencionar en párrafos anteriores. Cuando se establece al carácter continúo de las estructuras de autoridad, sólo se da cuenta de la incorporación de unas figuras de autoridad sobre otras, pero el esfuerzo de aquellas termina siendo insuficiente, y permite crear una concepción matizada de las autoridades, y fusiona a su vez las normas instituidas por la autoridad. En este caso, una de las principales instituciones políticas que se establecieron como figuras representativas del gobierno español, fue el cabildo, que correspondía a la responsabilidad administrativa y política de la comunidad. La comunidad por su parte, se organizó con base una figura de autoridad llamada gobernadoryotl; adaptación que se hizo con referencia al gobernador o juez que se planteó desde la óptica española. Sin embargo, los indígenas que se hallaban confrontados con la imposición, hicieron un cambio menos abrupto colocando al tlatoani existente como gobernador y refiriéndose a él por su título náhuatl (Gibson, 2000:169).

193 Esta particular forma de combinar autoridades, se puede observar según Gibson (2000), en Texcoco en la familia Pimentel, en Tacuba con el caso de la familia Cortés, así como en Coyoacan con la familia Guzmán y en Ixtapalapa, en el caso de Alonso Axayaca, y en algunos otros pueblos, donde el cargo combinado de tlatoani y cacique, tenía representatividad como autoridad.

La situación de Malinalco, es descrita como parte de un asentamiento denominado congregación, que fue pueblo de la Purificación y San Salvador Malinalco, el cual es el resultado de la política seguida por la corona para la congregación de pueblos de indios (Gerhard, 1986: 175). En el caso del asentamiento de Malinalco, era conducido por la orden de frailes agustinos, mismos que se encargaban de la administración y consolidación de las autoridades eclesiásticas que gobernaban esta zona. Para los efectos de este análisis, llama la atención, que el origen administrativo de la “doctrina” de Malinalco, tiene cabeza en Santiago Ocuila, el cual se instituyó como doctrina y priorato desde 1537. En este sentido, el sistema de doctrinero se fue secularizando, hasta garantizar un control necesario con la población; este personaje no solo dio servicios en el pueblo de cabecera, sino también a los pueblos sujetos, ya que era un miembro autorizado por el convento para celebrar ceremonias como bautizos, matrimonios, entre otros menesteres (Sámano, 2006).

Algunos pueblos de visita, como eran considerados anteriormente, se integraron como varios de los más importantes de la cabecera municipal, con un régimen político administrativo del sistema de gobierno federalista y republicano que se establece en la constitución vigente. Gerhard documentó, que en los siglos XVII y XVIII Malinalco tenía “cuatro pueblos de visita (San Martín, San Miguel Tecomatlan y San Miguel Tezoquipan) además de cuarenta barrios” (Gerhard, 1986:175).

Una característica de organización política que representa la fuerza de una autoridad colectiva, es el cabildo. Esta expresión de organización, cuenta con una