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1.2 Algunos referentes conceptuales del conflicto desde la teoría social

1.2.1 Desorden social y renovación

La figura de Comte es vital en este sentido, porque abona ideas relevantes en el quehacer de la nueva ciencia, que trato de resolver los problemas en que se hallaba imbuida la dinámica social. El punto de partida Comtiano es la percepción de un desorden, aunque evidentemente es social, él alude particularmente a la esfera intelectual porque ésta se ha visto superada por las condiciones de un contexto ambigüo. Como tal, la filosofía positiva, supone un “modo uniforme de razonar aplicable a cualquier tema sobre el que puede ejercitarse el espíritu humano” (Comte, 1990: 33). Esta propuesta emerge de la preocupación por definir el derrotero que tendrá la nueva ciencia, pero que deberá partir de este ejercicio de renovación mental, en el pensamiento positivo. El primer mecanismo para afrontar el propósito de la filosofía positiva, sería estudiando el desarrollo del espíritu humano a través de la historia ya que ninguna concepción se podría elaborar con certidumbre sino mira su historia.

En este acercamiento reconoce que existe una ley en la que cada rama de conocimientos pasa por tres estadios y que son a su vez “métodos de filosofar”, a saber: el estado metafísico o ficticio, en donde el espíritu humano se imagina fenómenos provocados por agentes sobrenaturales (entidades divinas), el estado metafísico o abstracto, donde se sustituyen los agentes sobrenaturales por fuerzas abstractas (alma, ser), finalmente, el estado científico o positivo, en donde la premisa fundamental está en descubrir mediante el empleo del razonamiento y la observación las leyes invariables de sucesión y similitud (Comte, 1990). Los tipos de filosofía que expone suponen un método particular, además exponen sistemas generales sobre cómo deben entenderse el conjunto de fenómenos.

Entre cada etapa se establecen formas de percibir la realidad, pero no escapa a ellos la conexión natural del cambio, ya que se entienden como parte de un proceso evolutivo que él llama la línea del progreso. Sólo a través de esta

36 concepción se intuye una necesaria integración de las etapas para superar el desorden imperante en el contexto donde desarrolla su teoría.

El tercer estado es una etapa ideal, donde la primacía de la ciencia es la punta de lanza del ordenamiento indispensable para salir de la crisis moral e intelectual que permea la sociedad de su tiempo. Precisamente con esta premisa, distingue la posibilidad de crear un sistema en donde la “unidad de método” pueda alcanzar explicaciones universales a la complejidad del mundo y así lograr la perfección científica (Comte, 1990). En este sentido, la cientificidad se expresa en el método positivo, el cual considera en analogía con la ruta de las ciencias naturales, como el único posible para dar cuenta de los fenómenos que acontecen en la realidad. Las fases de este método se establecen a partir del examen directo del fenómeno (observación), la contemplación del fenómeno (experimentación) y la búsqueda de los casos análogos para su simplificación (comparación).

Con la referencia a este método se propone “captar todos los fenómenos como sujetos a leyes naturales invariables cuyo descubrimiento preciso es la meta” (Comte, 1990:36), en esta idea, no considera la búsqueda de causas ni primeras ni finales, sólo la expresión propia del fenómeno.

Metodológicamente hablando, Comte aporta ideas importantes a la construcción del presente trabajo. En sentido estricto, cuando aborda la necesidad de un cambio lo hace en virtud de un diagnóstico contextual de la realidad, en donde presume un desorden social, político y económico, pero sobre todo de carácter intelectual. En un segundo momento, plantea una forma en la que se puede superar dicho caos a partir de la filosofía, comenzando con la reflexión y el análisis de la situación, para posteriormente en un tercer momento establecer el espíritu positivo que encarna una nueva visión apoyada de un soporte científico que vendría a dar luz al complejo panorama social. Este modelo de abordar el problema, analizar sus partes y plantear una solución, forma parte del espíritu científico del siglo XIX; con su relativa cercanía con otras teorías abona una ruta

37 que no es para nada despreciable colocándola con la solvencia que el caso amerite.

En las anteriores etapas se expone el método positivo de Comte – provechosamente explotado en tiempos posteriores- que plantea una mirada cosificante de los fenómenos; en esta idea “exigía la subordinación de los conceptos a los hechos y a admitir que los fenómenos están sujetos a leyes generales” (Timasheff, 1961: 37). Esta ruta ofrecida por Comte, plantea captar el fenómeno en su expresión con sus propias leyes, sin buscar las causas, ni los fines.

Por otro lado, el referente teórico más importante que ofrece a esta construcción es la del progreso, dicho concepto no sólo enraíza la idea de un proceso evolutivo, sino que identifica modelos ideales de sociedad que en términos generales pueden ser concebidos como imaginarios de lo social, como construcciones imaginarias de las sociedades en proceso evolutivo y por las cuales el hombre ha transitado. La recuperación de este concepto no es arbitraria en sentido estricto, es extraído de la biología – fisiología en el contexto de Comte- en la versión que expresa las características de los cuerpos. La dinámica y la estática revelan el comportamiento de los cuerpos en las explicaciones de la fisiología, en tanto Comte los reutiliza para explicar en su connotación social las ideas de orden y progreso, en donde la primera se debe a la existencia de las sociedades –estática- fundamentada por el consensus universalis la base misma de la solidaridad, mientras que la segunda trata de identificar el continuo de las sociedades a través de la leyes de sucesión enunciadas.

Ahora bien, para el caso del presente trabajo la construcción del objeto de estudio desde la teoría de Comte se establece, en que este autor configura una salida posible al desorden social, pero intrínsecamente reconoce el conflicto provocado por las ideas ya que éstas “gobiernan o desarreglan el mundo” y en ese momento se encontraban paralizadas y obstruidas por la inercia de las fuerzas políticas

38 vivas. Con el aspecto metodológico y teórico anteriormente descrito, se reconoce una preocupación por resolver el conflicto partiendo de la explicación para luego contribuir a su solución.