Se dice que un actor es aquel que va a desempeñar un papel o un rol en un escenario específico, sin importar de qué contexto se trata. Hay actores políticos, actores sociales, actores empresariales, en fin, muchos tipos de actores que individualmente protagonizan o hacen parte de una obra dependiendo su oficio.
Pero aquí del oficio que hablamos es del trabajo del artista; del “arte de actuar”. La actuación es un concepto que no puede abarcarse dentro de un solo significado. La actuación implica tantas cosas, y más prácticas que teóricas, que limitarse a sólo una definición sería incompleto.
Jaime Botero Gómez, quien logró en un mismo libro, plasmar claramente lo que significa ser un actor, y no un actor cualquiera, sino un actor de y en Colombia, define la actuación de la siguiente manera:
La actuación, en el teatro o en la pantalla, “es la creación de la imagen de un personaje envuelto en una serie de acciones y de circunstancias que le han sido dadas por el autor del libreto y orientadas por un director, para que el actor las lleve ante el público espectador. (Botero, 1990, p. 113).
Pero como se dijo anteriormente, es difícil resumir todo lo que es la actuación en un solo párrafo, porque en este arte, más que considerar al oficio, es más importante definir lo que significa ser un actor.
Si se le pregunta a alguien que se dedique a este arte, seguramente va a afirmar que la mejor definición para el oficio sería: una pasión. Como se oye constantemente, existe un ‘gusanito’ que se mete en el cuerpo de los actores y los hace inclinarse hacia su profesión. Tal vez, a diferencia de otros oficios, existe en el artista una hipersensibilidad que no permite que sea sordo al llamado de esta pasión que invade y es imposible dejarla; es decir, como lo dijo Lucy Colombia, actriz de la televisión colombiana, “el actor quiere morir en las tablas”.
Sin embargo, entre todas las definiciones que existen sobre el tema, hay un elemento en común: el talento. Como en todo en la vida, si no hay talento, no hay nada que hacer. Botero Gómez da un ejemplo claro. Si un fotógrafo tiene una excelente cámara, con los mejores lentes, filtros y otros accesorios, de todas maneras, la foto será el resultado de la creatividad y la habilidad del ojo del fotógrafo.
Algunas personas podrán sentir que la actuación es el camino que quieren tomar para su vida, y tendrán la oportunidad de tener la teoría necesaria, pero sólo hasta la práctica se podrá definir si sirve o no para eso.
Seguramente el concepto de actor varía según el contexto y el criterio de quien evalúa la edición. En Colombia, los actores se forman empíricamente. En ninguna universidad del
país existe una facultad de actuación y en su defecto, las facultades que contienen artes escénicas, sólo ofrecen una materia de teatro.
Esto se debe a que la actuación en este país no es considerada como una profesión. Además, por la misma razón, no existe una “manera formal” de entrar a la profesión. La manera más profesional, si se puede llamar así, es a través de escuelas de actuación como la
Charlot, la academia de mayor tradición en Bogotá, y otras que han sido creadas por maestros hechos a través de la experiencia en escena. Pero hoy en día, hasta de academias de modelaje llegan a parar en el oficio.
Pero adicionalmente, la actuación es empírica porque no existe una bibliografía o teoría que pueda definir lo que puede convertir a una persona en un actor, en un verdadero artista: su interior. En ninguna parte se explica cómo se puede llegar a interpretar correctamente un sentimiento o los pasos a seguir para hacer un personaje.
Antiguamente se consideraba que los actores trabajaban sólo con su cuerpo y el parlamento. Todo se basaba en las técnicas físicas y vocales.
(…) la ausencia de técnicas, sistemas o conceptos renovados que le permitieran poner en práctica su creatividad – tal vez la condición más valiosa del talento artístico -, haciendo uso de sí mismo enriqueciendo el personaje con características personales que lo identificaran (sin desvirtuarlo, por supuesto) como su propia creación. Esta es en realidad la tarea del actor (…). (Botero, 1990, p. 25).
Como lo expresa Jaime Botero, el actor debe mirarse a sí mismo y de ahí sacar la creatividad necesaria para desempeñar su papel. Es cierto que existen diferentes elementos externos como el maquillaje, el vestuario y el sonido, que permiten que el actor se valga de ellos para hacer más fácil la imagen del personaje frente al público. No obstante, tanto lo físico como lo psíquico deben ir unidos.
El artista debe sacar de sus propias experiencias y de su sensibilidad, la cual debe ser mayor que la del resto de la gente, para entrar en el cuerpo que tendrá que habitar por uno o varios momentos.
Cuando se escoge el camino de la actuación, existen tres ramas principales para ejercer: el teatro, el cine y la televisión. Actuar para cada medio es diferente. Aunque como se explicó anteriormente la herramienta necesaria para cualquier contexto es el talento, cada medio exige sus propias técnicas.
No es difícil imaginar la revolución que causó la llegada del cine y de la televisión. Lo que tal vez hoy nos parezca normal, en su época debió considerarse una maravilla mundial. Por primera vez, se podía ver una imagen en movimiento que transportaba a un momento, a un espacio exterior o interior, a un universo paralelo que reflejaba la realidad pero que no era real. Era simplemente fascinante.
Los primeros afectados iban a ser los miembros de la industria mediática. Por ejemplo, desde empresarios hasta operadores técnicos de la radio llegaron a la televisión a transformar a través de ésta, la cultura colombiana.
Actuar para televisión es muy distinto de pararse en las tablas o estar en el rodaje de una película. Como lo dice Botero:
Lo más delicado de las diferencias entre los distintos medios es la “sutileza” con que se manifiestan la mayoría de ellas. (1990, p. 57).
Estas diferencias entre estos tres medios se centran en la imagen, el espacio y el tiempo.
¿Por qué la imagen? Hay que entender que todo en la televisión es espectacularmente físico. Toda la pantalla debe llenarse con imágenes y a través de ellas contar una historia. Por esta razón, el aspecto del actor es muy importante. Sí se debe tener un atractivo sexual, pero en general, una combinación de elementos que al ser percibidos por los sentidos, den una belleza integral. Una belleza necesariamente combinada con la destreza del movimiento corporal. “(…) y, probablemente lo más importante, la “cinestesia”: la sensación de la
posición, presencia o movimiento corporal que resulta, principalmente, de la estimulación de los terminales nerviosos”. (Botero, 1990, p. 77).
En este medio, lo físico es tan grande que cada detalle se magnifica. La cara de un actor puede llenar completamente la pantalla y la atención del espectador se fija en sus ojos, su boca y sus gestos, porque es allí donde más se concentra su expresividad. El actor no puede exagerar emociones o hacerlas artificialmente.
Si el actor hace como si escuchara un golpe, la acción se va a ver falsa. El actor debe realmente escuchar ese golpe. Aunque parezca sencillo, seguramente no lo es, pero es importante pues de ahí saldrán primeros planos y otra clase de imágenes que producirán mayor o menor impacto en el televidente.
La cámara es el instrumento que marca al actor y que le obliga a generar cierta complicidad con ella. El artista debe ser consciente del lazo irrompible que existe con la cámara y sabrá que ella representa el ojo de aquel que desea ver su interpretación. Es precisamente esta máquina la que les da cierta magia a las manifestaciones físicas de un personaje; de ahí en adelante, hará que el público lo identifique.
De la misma manera, la voz es una herramienta de identidad para el actor. Tener una voz suave, fuerte o ronca, ayuda para que la gente diferencie a unos actores de otros, pues la manera de hablar también sostiene una carga emocional que le da características propias al personaje. En Colombia, el hecho de que de muchos actores hayan pasado de la radio a la televisión, ha hecho que se establezcan voces inconfundibles de inolvidables artistas. Tal es el caso de Vicky Hernández, Dora Cadavid, Pacheco, Raquel Ércole o María Cecilia Botero.
A la hora de hablar en escena, se cuenta con apoyos como los micrófonos y arreglos de sonido. Pero no es tan sencillo. Se debe tener en cuenta la acústica del escenario, el número de personas en él, la cultura del público que escuchará el parlamento y el género.
Entre otros elementos, Botero Gómez considera como parámetros también de personalización o identificación de personaje los siguientes:
• La manera como se pone los labios para sonreír
• La forma de caminar natural, personal y desentendido
• La manera como se refleja la luz en los ojos
• Cómo los labios dan diferentes formas al hablar
• La manera como fijan la mirada
• El movimiento facial cuando se grita o cuando se habla en tono de secreto
• La mandíbula expresando determinación o egoísmo
• Los hombros tensos o relajados cuando se quiere expresar abatimiento o inseguridad.
• Los parpados cuando está soñando.
El espacio en televisión también está delimitado por la cámara. El medio ambiente en el que se hace una grabación puede ser o un set de escenografía que se construye según el contexto del libreto, o pueden ser exteriores como edificios, fincas, parques, etc. Los actores deben acomodarse a éstos, sea cual sea, dependiendo de la operación de quien maneja la videograbadora.
Una vez escogido el ambiente, los actores tienen dos espacios físicos a su alrededor; uno inmediato y otro más amplio. El primero es cuando la cámara enfoca a los actores principales de la escena; cuando el zoom se expande, se pretende mostrar el contexto en el que se encuentran los protagonistas, pues éste comunica de la misma manera que el parlamento, el vestuario y otros recursos de la actuación.
Para que quede más claro, veamos el siguiente ejemplo:
Podemos referirnos, para hacer más claro este concepto, a una escena cualquiera que vemos en la televisión, como por ejemplo, una filmación en un salón de un club: un ámbito sería la toma abierta que nos muestra todo el ambiente, con los invitados detrás del salón; y el otro ámbito, la toma cerrada que hagamos si es el caso) a una pareja que está hablando en un determinado sector de ese salón; es
lógico que para el televidente, mientras nos dedicamos a esa pareja, dejará de aparecer en el ambiente total del salón, sin que éste haya dejado de formar parte de la escena misma, así no lo esté registrando la cámara en esos momentos. (Botero, 1990, p. 62).
En estos ámbitos hay marcas de sonido que le definen al actor por donde se puede mover. De esta manera, el actor no va a salirse ni del marco de amplificación de sonido, ni del marco que tiene enfocado la cámara.
Por lo tanto, el tiempo se define de la misma manera. Si un actor tiene que decir “sabes que pase lo que pase podrás contar conmigo” a una persona que está sentada en un sofá, empezando desde atrás del mueble hasta quedar sentado en él, debe manejar el espacio y el tiempo para finalizar correctamente. Igualmente, dentro de sus parlamentos, los actores tendrán que hacer pausas para que el camarógrafo haga los cambios de foco.
Mientras que en el teatro el tiempo es proporcional a la duración de la obra, en la televisión el tiempo del actor se reduce al periodo en el que se encuentra en cámara. Al tiempo que esté saliendo al aire, el actor puede estar en un supermercado o viéndose a sí mismo en su casa. Por eso quien vaya a actuar en televisión tiene un tiempo pequeño para sacar lo mejor de su personaje y crear tanto emociones como continuidad en su ánimo.
En una telenovela se puede grabar una escena en la que alguien se encuentra en la clínica después de haber tenido un accidente grave y posteriormente hacer la escena del accidente. No necesariamente debe haber una línea de tiempo en el rodaje. Sin embargo, en el actor sí. No se puede tener diferentes estados de ánimos entre una escena y otra.
Según Botero, ésta es una de las más difíciles labores del actor. Pero de ello depende la lógica de la historia sin importar cómo vayan a ser editadas las imágenes.
Todo tiene su meticulosidad. El actor debe tener la habilidad para poder desarrollar su papel ante las cámaras, manejar el calor de la iluminación, hacer bien el parlamento de
acuerdo al guión, el espacio tanto de él con la cámara como con todos los elementos del ambiente, y hacerlo con toda la soltura y naturalidad del caso.
No se puede olvidar que cada gesto duplica el sentimiento en la pantalla. Por esta razón, el objetivo del actor debe ser conocerse a sí mismo, mirar en su interior y sacar de adentro lo que mejor le permita darle características al personaje. Revivir sus experiencias y pensar qué de sus vivencias personales puede entrar en el cuerpo y en el alma de quién va a interpretar.
Jaime Botero lo llama “vulnerabilidad”. Esa es la hipersensibilidad que se dice, el artista debe tener, debe mantenerse vulnerable al mundo, a la mirada que tiene de sí mismo en el mundo e incrementar la receptividad a los mensajes que del mundo le llegan. Este director colombiano les da un consejo a sus alumnos al respecto: “Tratar de ver el mundo con los ojos de un niño: como si lo viera por primera vez”. (Botero, 1990, p. 115).
Los rasgos que se le de a los personajes, deben también diferenciarse de los que el actor tiene en su vida real. De lo contrario, se cae en el riesgo de que la actuación no se note y se convierta en rutinaria; es decir, que no haya diferencias entre un personaje y otro. En la actuación se debe estar consciente de las reacciones físicas propias para saber cuáles utilizar y cuáles no en escena.
Y así como es importante conocer lo que llevan por dentro, también para los actores se debe saber todo lo que gira alrededor de su personaje. Es imposible caracterizar a otra persona si se desconoce su nivel de vida, su entorno social, de dónde proviene, sus gustos, su pasado, entre otras cosas.
Si se quiere por ejemplo, encarnar a Simón Bolívar, se debe estudiar cuidadosamente la historia, en qué situación se encontraba el país entonces, sus ideologías, su manera de hablar. Como lo recalca también Botero a sus alumnos en su segundo consejo:
Aunque sea tan sólo una escena la que van a interpretar, sigan estos pasos: 1) entérense del contenido de todo el libreto (capítulo, episodio, etc.), su significado, su intención dentro del argumento. 2) Analicen su escena en todos los aspectos: personaje, relación, acción. 3) Por último, pregúntense: “¿Esto de donde viene y para dónde va? (…). (1990, p. 69).
Y todo esto con el fin que define la carrera del actor: la credibilidad. Lograr credibilidad en su público le da o le quita éxito al oficio; solamente se va a lograr si se ligan de manera simple el aspecto físico, la personalidad y las emociones del personaje.
De estos factores se derivan, según el director colombiano que se ha venido referenciando, tres tipos de actores diferentes en el país:
Actor de personaje:
Es aquel actor que trabaja por crear un personaje que sea una mezcla entre la creatividad propia y las indicaciones del libretista y el director. El artista puede agregar elementos que le den identidad al papel y lograr que el televidente se olvide de él, centrando su atención en la persona que está interpretando; es decir, se borran los límites entre el actor y el personaje.
En este caso la gente podría decir: “El mejor de la serie Dinastía es el señor Carrington; ¡excelente caracterización de un magnate petrolero!...El actor que lo interpreta, creo que se llama…”. (Botero, 1990, p. 87).
Actor de personalidad:
Cuando el rostro de un personaje es identificado por el espectador y tanto su personalidad, su físico y las añadiduras propias al personaje se ven tan naturales que inmediatamente lo relaciona con el nombre del actor.
En ese caso, la gente expresaría: “(…) Muñoz se ‘robó’ la novela; su papel como Padre Pio Quinto fue maravilloso (…)”. (Botero, 1990, p. 87).
Actor físico:
Aquel que se identifica solamente por su apariencia exterior. Puede ser alguien que encarna a un personaje que esté de moda o que representa a un grupo de personas; por ejemplo, Batman o El Chinche. También alguien que simplemente es atractivo según el ideal de la sociedad.
Esta clase de actor normalmente tiene éxito porque a la gente le gusta mirarlo.
Sin importar en cuál categoría clasifiquen, los actores enfrentan algunas dificultades en su carrera. Principalmente, controlar los que puede afectar un “corte” en su desempeño. Para los actores, cortar una escena los contraría y empezar de nuevo con ánimo es difícil.
Igualmente, la creatividad no les llega fácilmente a todos los actores. A veces muchos caen en la simulación o imitación de otros actores y no crean una identidad entre el público.
A veces, la hipersensibilidad puede también convertirse en un problema para los artistas. En el caso del actor puede ser complicado manejar y controlar sus emociones. A veces se exaltan cuando se identifican mucho o cuando se conectan íntimamente con el personaje.
En muchas ocasiones, el actor olvida que debe usarse a sí mismo para desarrollar un papel, y pretende es utilizar lo aprendido en la academia. Eso no funciona pues aunque la preparación es clave, nunca podrá explicar cómo debe sentir, pensar, hablar en determinada situación en escena.
Por último, se puede decir que casi la totalidad de actores padecen de nerviosismo a la hora de debutar. Maestros del este arte aseguran que quién no sienta miedo en el escenario, no es un actor legítimo. No obstante, es importante no caer en errores como la anticipación en el parlamento o en acciones precipitadas, ni dejar que la mente se nuble.
Porque definitivamente, del arte del actor depende la obra. El mejor actor es aquel que logra vivir sus acciones y sufrir las consecuencias en todo momento. “Bajo el movimiento de un actor, está la poderosa comunicación del magnetismo”. (Botero, 1990, p. 77).
¿Es o no talento? (Reflexión)
¿Hay o no talento actualmente en la pantalla colombiana? Esta es una pregunta que busca resolverse desde hace algún tiempo en el país. Es más, se puede decir que desde el
boom de los realities de actuación se han incrementado las dudas al respecto.
Si bien se reconoce la producción de telenovelas como una industria, también se puede decir que, por lo mismo, la actuación se ha convertido en un instrumento para entretener y asegurar en el mercado el consumo masivo. Poco a poco se ha desvirtuado este arte. El actor