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LA ARTISTA DE LOS ARTISTAS

In document Cuando se apagan los reflectores (página 138-161)

El centro de su oficina está ocupado por una mesa de madera redonda con cuatro sillas y al fondo, empotrado en un mueble un tanto antiguo, hay un televisor y un reproductor VHS. A primera vista se aprecia también un pizarrón totalmente escrito a manera de agenda con la programación que el teatro del CICA tiene para el mes. En una esquina del mismo están escritos dos nombres: Daniela e Isabella. Completa el mobiliario un escritorio auxiliar lleno de papeles y carpetas. Al fondo de esta escenografía se ve a una mujer sentada frente a un computador, tecleando sin parar, mientras habla por celular y el teléfono fijo no para de sonar.

Cuelga el primero y contesta el segundo, en ese momento se asoma uno de sus ayudantes y le dice que están esperándola en la recepción para la cita que tenía planeada desde la semana pasada. Responde que en un minuto la atiende. Mientras tanto, organiza unos papeles y hace un cheque para pagar un servicio, se levanta, sale de la oficina ubicada en un segundo piso de una casa en el barrio La Soledad, como si el nombre de ese barrio fuera la clara muestra de lo que es el trabajo abnegado y solitario de esta mujer que toda su vida se ha preocupado por ayudar a las personas que tiene a su alrededor.

Cuando regresa a la oficina, después de unos minutos, hace una llamada, le pide a su secretaria unos papeles, alguien se asoma a la puerta y la saluda de manera efusiva, ella, a pesar de estar muy ocupada, se levanta y abraza al adulto mayor que pasaba a saludar y a preguntar qué hay de nuevo. Vuelve a sentarse, le suena nuevamente el celular, manda un documento por internet, cuelga y me mira diciendo: “Discúlpame por hacerte esperar pero es que no he tenido un momento”. Así son las mañanas de María Eugenia Penagos, una actriz y la mujer que ha dedicado su vida a la actuación y que desde 1994 es la directora del Circulo Colombiano de Artistas (CICA).

La primera vez que se paró en un escenario fue a los cinco años en una obra de teatro sobre la mitología chibcha. Como todo niño lo hizo con la irresponsabilidad que solo nos es permitida en la infancia, cuando lo único importante es divertirse, cuando el miedo y las preocupaciones no existen y lo único importante es estar frente a un público y ser aplaudido. Pero recuerda muy bien algo que le ha ocurrido siempre que pisa un escenario desde que tuvo la conciencia necesaria para saber que la actuación no era un juego en su vida: “La emoción, la emoción y los nervios del teatro que uno los tendrá toda la vida, todas las veces, todas las veces que uno va a entrar a un escenario. Tiene que tener nervios, tiene que tener susto, tiene que tener emoción y son sentimientos que nunca se pierden”, dice.

Cuando empezó a hacer televisión, ésta era en vivo y en directo, por lo que los procesos de producción eran más largos y tenían que ser más profesionales, ya que en ese tiempo preparaban con 15 días de anticipación lo que iba a salir al aire. Tenían 8 días de ensayo con el director para ver los diálogos y la dramatización, y otros 8 días con el director de cámaras para poder salir al aire.

A pesar de eso es una mujer que no tiene anécdotas, que siempre ha visto su trabajo como algo sagrado y con el que ha sido muy profesional, siempre preocupada por cumplir con los horarios, por aprenderse la letra, porque le parece una falta de respeto con sus compañeros llegar a una grabación sin tener el parlamento aprendido, siempre manejando el nivel mas alto de concentración para no cometer ningún error, siempre metódica y disciplinada.

—¿Recuerda alguna anécdota en especial de todos sus años de carrera?

Yo nunca he sido de anécdotas, he sido muchísimo más trascendental, entonces para mí han sido más que todo aciertos o equivocaciones pero no en el juego de la anécdota, no como que, ha sido tan serio digamos el trabajo que me ha impedido verlo como si fuera una cosa simpática que me pasó, no, ha sido como con demasiada responsabilidad.

A lo largo de su carrera ha tenido la oportunidad de interpretar varios y diversos papeles y, sin embargo, dice no recordar ninguno con algún cariño en especial, o alguno que la haya marcado o que haya tenido mayor representación entre el publico que la veía en la televisión, porque desde el momento en que

asumió que la actuación era su vida y que a eso se iba a dedicar por el resto de sus días, entendió que los actores deben asumir los papeles mientras se encuentran representándolos, deben sumergirse y vivir en ellos. Pero en el momento en el que la interpretación se acaba dicho papel debe ser sacado y olvidado completamente para dar paso a otros. Eso sí, acepta que todos le gustaron y que no se arrepiente de nada de lo que hasta ahora ha hecho, no ha tenido un papel funesto por el que se haya arrepentido al no aceptarlo. Para ella todo lo que ha podido hacer es maravilloso y en todos ha puesto su cariño y su entrega total. Y es que hizo papeles importantes en reconocidas novelas como El Alférez Real, Manuelita Sáenz, San Tropel, Los pecados de Inés de Hinojosa, Corín Tellado y Padres e Hijos.

—¿Pero después de tantos años, tantos papeles interpretados y más de 10 años de estar al frente del CICA, ha recibido algún premio o reconocimiento?, le pregunto mientras veo en su rostro una mueca que me deja ver que esas “banalidades” ya fueron superadas con los años, que esta mujer ya no busca reconocimiento sino ayuda para sus compañeros artistas que se encuentran desprotegidos por el Estado.

—Tuve una condecoración por parte del Congreso de la República, la Orden de la Democracia en el grado de comendador, por mi trabajo en función de los artistas y tuve otra condecoración por parte de la gobernación de Cundinamarca también por lo mismo…. Pero para mí no significan nada, es decir no, no porque en mi corazón y en mi vida está marcado el trabajo social, entonces una condecoración es una medalla y unas cosas que te entregan ahí. Pero a mí me parece que los políticos lo hacen para lucirse, porque dan condecoraciones y para ver si de parte de ese gremio van a tener más votos y las cartas de felicitación cuando te llegan por una u otra cuestión tampoco, y yo creo que lo más importante es lo que tengas dentro de ti mismo”.

A pesar de que se mueve en un medio donde la camaradería pareciera estar presente y donde todos se conocen con todos, María Eugenia dice no tener amigos. Para ella su único amigo, o por lo menos la verdadera amistad, dice que la sintió solo con su marido. “Eso sí, si lo sentí y lo viví con mi marido que fue director y actor, y ahí encontré en mi vida, digamos la amistad, la lealtad, el amor, pero no más. No más, de él todo, pero que yo te pueda decir digamos de los compañeros amistad o respeto, respeto puede que sí obviamente, pero que haya amistad, parcería o algo así no, no, no”.

Felipe: su todo

Y es que Felipe González fue el amor de su vida, mientras me cuenta esto me pide que espere un momento. Se para de su silla y sale a cerrar la puerta de la oficina. Con un caminar pausado se devuelve, veo cómo a medida que se acerca de vuelta al escritorio sus ojos se van volviendo más verdes de lo que normalmente son. De pronto porque cada vez que hablaba de Felipe, dos sentimientos afloran en su rostro, el de luz y amor que me hace pensar si el verdadero y único amor si existe aún mas allá de la muerte. Ese amor que supera las barreras, que rompe los espacios y que se cala en la mente, en los huesos, en el corazón. Por lo mismo, su voz se quebranta y el dolor de no tenerlo a su lado se vuelve casi que palpable.

Con Felipe se conoció en el medio de la actuación. Como uno de los grandes directores del país, la llamo a actuar varias veces y, al cabo del tiempo, sucedió el acercamiento natural que se da entre dos personas, que inicia en ese proceso de enamoramiento, que comienza con una bonita amistad y que luego se convierte en amor, y perduró intacto por 34 años. Un amor que le permitió a María Eugenia vivir los mejores años de su vida, acompañada por un ser que siempre tuvo una sonrisa para ella. No pudieron ser más porque un cáncer le quitó la vida en el 2006.

Marcó su vida de tal forma que en cada fecha especial que estuve compartiendo con ella, incluyendo obras para los actores de la fundación Casa del Artista Mayor o navidad, la encontraba llorando la ausencia de su esposo.

Sus tesoros

—¿Cuántos hijos tienes?

—Tengo un hijo de mi primer esposo, el cual fue director de teatro. Pero fue un matrimonio de 2 meses y medio. Él murió y con Felipe no tuvimos hijos juntos. Él tuvo otro hijo por aparte que también es muy amigo mío, pero tengo un solo hijo.

La familia de María Eugenia está conformada por su sobrina, la hija de su hermana que murió hace dos años y a la que, después de varios trámites, el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar accedió a darle la custodia. Su hijo mayor que está casado y tiene dos nietas Daniela e Isabella (las de los nombres en el tablero). Como toda cabeza de familia, María Eugenia es ese pilar que permite que esta se mantenga unida; es ella la que juega ese papel tan importante de estar pendiente de todos, de que no les falte nada, a tal punto que es ella quien vive en función de los éxitos y los fracasos de los miembros de su familia.

—¿Es complicado ese rol de pilar de la familia, llevar como Atlas un mundo de responsabilidades sobre su espalda?

—Claro, porque generalmente los pilares estamos muy solos. O sea el pilar funciona para todos, ahí si, pero no podemos decir, uno para todos y todos para uno. No porque ese pilar está ahí para dar consejos, para ayudar, para apoyar, pero, los demás están en su propio cuento y van al pilar cuando lo necesitan. Esa es la radiografía de esos bastiones, de esos pilares.

María Eugenia es una mujer fuerte, que logra captar la atención de todo el que la escucha. Es de esas personas que tiene el don de la palabra. Pero esa fortaleza y esa energía queda diezmada cuando habla de su familia, en especial de su esposo Felipe. En ese momento las cosas cambian y su ojos se cierran apretándolos fuertemente como si a través de ese ritual pudiera traerlo a su lado cada vez que lo menciona. Pero eso no es suficiente, pues sin Felipe a su lado se siente sola.

Continúa hablando de su papel en la familia:

—Sí. La realidad es esa. Pero entonces con Felipe, con mi marido, éramos dos, y él me escuchaba a mí y yo lo escuchaba a él, y yo me alegraba con sus cosas y él se alegraba con las mías, que eso es lo que logra una pareja, cierto, pero ya sin él, ya no es con él, ya soy yo recibiendo todo lo demás, pero recibiendo todo lo demás de lo que tu decías antes, el apoyo, el consejo. Pero todo eso está bien, todo eso está bien, la única carencia mía es él. O sea no me quejo por ser lo que soy, sino que me falta él para

poder recargarme en él y él en mí, es eso.

Ama a sus nietas aunque no las ve tan seguido como quisiera, ya que, según ella, su nuera hala a las niñas para donde su familia y poco para donde su suegra. Ella de todas maneras no desperdicia oportunidad para visitarlas cuando la invitan y les lleva dulces a pesar de que a los papás no les guste mucho. Su hijo cuenta con risas que aunque si los desafía, no es de esas abuelas que les encanta estar metidas en los hogares de los hijos. Cuando las visita juega con ellas, las consiente, pero igual les da la independencia necesaria para que sean las niñas las que tengan la independencias de no sentirse amarradas a la abuela.

Germán Gómez, su contador desde hace 10 años, la describe como todas las abuelas. Su nieta es cualquier situación más importante que su hijo. La califica como una persona bondadosa, tan entregada a los demás, “más que a ella misma diría yo”, completa.

Sus días

María Eugenia ve televisión no porque le encante sino porque su trabajo se lo exige. Necesita ver televisión para ver qué actores están trabajando y qué series están haciendo. Por ello pasa de canal a canal constantemente, es un proceso de zapping para poder abarcar todas las series que se presentan. Además de ser directora de CICA y actuar con alguna regularidad, en este momento está terminando una novela que no ha salido al aire; fuera de eso está pendiente de sus compañeros, tiene que programar la sala de teatro que tiene el CICA en sus instalaciones, dirige algunas obras que allí se presentan, entonces como ella misma lo dice “(…) es una relación continua y permanente” de la que no se separa ni un momento. Y es que con tantas obligaciones, María Eugenia no extraña actuar cuando dura largos periodos de tiempo sin hacerlo, puesto que ha aprendido a amar todas las cosas que hace en su vida.

—¿Qué es lo mejor del día?

—(...) he querido descubrir en mi vida qué no me gusta, pero también descubrí que me gusta el frío, que me gusta el calor, me gusta comer bien, pero cuando estoy en casa, como muy sencillo, o sea que soy muy adaptable a todo, pero todo me parece que tiene un encanto especial.

No tiene días pasivos pues todos están llenos de una sobrecarga excesiva de temas. Todos los días tienen algo diferente que hacer, reuniones, ensayos, grabaciones, más reuniones, planificar trabajos, la fundación, su familia; en fin, desde que se levanta hasta que se acuesta tiene toda su agenda copada con mil actividades diferentes. En las noches no duerme bien, desde que murió Felipe no descansa bien pues es el único momento del día en que siente vacío, silencio y por consiguiente, dolor.

—¿Y cuando llega la noche…?, pregunto esperando una respuesta más concreta y positiva.

Quisiera dormir mejor. Obviamente, tengo muchísimas cosas que no puedo delegar porque no tengo la persona para delegarle. Si hay personas pero lo que se les delega es lo que atañe a ellos. Entonces ya a estas épocas, a las 4 de la tarde mi cerebro está sobrecargado de cosas. Me dicen algo más y de seguro contestaré con un grito. Yo no sé que es la navidad, pues al día de hoy (diciembre) no tengo la más remota idea. En mi apartamento no encuentras una vela roja y una verde, por física falta de tiempo, eso es absurdo. Todavía hay gente que me dice: mira nos podemos reunir el lunes, y yo no, entonces podría ser el martes, olvídese. Estoy tratando de cortar, de cortar así queden cosas pendientes. Mi día a día es la revolución, con las ventanas de mi disco duro todas abiertas, porque así llegas tú para un tema, como se fueron las otras personas sobre otro tema, los que vinieron antes eran sobre otro tema y así otro tema y otro tema y otro tema. Entonces ese exceso empieza a molestarte en la cabeza, y a decir bueno, pero es que necesito tiempo para poder desarrollar lo de las reuniones de todos estos días porque o sino se queda ahí, porque no solo es eso, escuchar, intervenir, decidir sino, ejecutar.

Una de sus colaboradoras, la actriz Lucy Colombia, es la secretaria del CICA. Ella cree que el trabajo de María Eugenia opina es muy difícil porque el manejo del sindicato es complicado. Hay muchas cosas por hacer y por lograr pero desafortunadamente no hay una verdadera agrupación entre los actores y si no se están unidos para lograr algo a María Eugenia le queda el trabajo sola sin mucha ayuda.

Televisión ¿Pan y Circo?

Es una industria altamente comercializada, donde están ganando muchísimos millones los productores, que con el fin de atraer público no les importa la censura, no les importa trabajar para la familia, cuando ves series que desde las 8 de la noche, cuando acaba el noticiero, son avasalladoras. De esas que no deben verlas ni los niños y hasta uno como adulto dice cómo se les ocurren esos dobles sentidos, o traer esos temas a esa hora donde estamos en crisis familiar en este país, y cuando ves televisión en la tarde, ves una serie de telenovelas mexicanas o colombianas, pero que no le aportan en ese momento nada a la familia, o sea la televisión no es formadora de valores, la televisión es deformadora.

Para María Eugenia los parámetros de escogencia para los actores ya no existe, solo se quiere vender y para lograr ese objetivo solo se busca mostrar piel, sacrificando la calidad en función de la piel, y en ese proceso se gasta muchísimo dinero.

—¿Cómo ve usted al actor actual?

—(...) en una edición tienen que acomodarlo todo para el actor o la actriz entre comillas, que nunca lo ha sido, que a partir de ese momento se convirtió en eso. Puede acomodarse al personaje cortando, mutilando, haciendo para poder dar una escena más o menos creíble; en la mayoría de los casos es así. Cuántas, cuántas veces no hay que grabar una escena para que quede medianamente bien, no sé, como si un médico, el señor que me acaba de poner la inyección se convirtiera en médico ese enfermero o un auxiliar de la droguería, entonces la reina de belleza o el muchacho de gimnasio a partir de que hoy le dieron un papelito ya se convirtió en actor”.

Y es que desafortunadamente ese es un virus que está infectando todos los escenarios de la actuación, ya que en el teatro comercial, donde antes se creía que solo actuaban actores con formación y con personajes trabajados ha cambiado, se presentan obras en las que actúan las niñas que acaban de salir de los realities y los ponen en escena para atraer publico o como dice María Eugenia: “al pueblo lo que le seguimos dando es pan y circo y el pueblo lo acepta.”

En cuanto a la “mala fama” que tiene el medio de la actuación, cree que todos los medios tienen excesos, sin importar el nivel o el campo en el que se encuentre. Para María Eugenia, cualquier medio puede afectar a cualquier persona si ésta no tiene la formación y los valores necesarios para seguir

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