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3. CIUDADANÍAS EN BUSCA DE SU DESTINO

3.4 Actores armados en defensa de su ciudadanía

El nuestro, como se ha dicho, es un escenario turbulento, de alta inseguridad, de zozobra y desconfianza permanente, en el que el Estado se muestra débil e incapaz siquiera para simbolizar una idea general de orden, al tiempo que amplios sectores de la sociedad periférica no encuentran vías institucionales eficaces para tramitar sus conflictos. Un escenario tal incita a la sublevación, a defenderse contra el agresor, a la desobediencia y a la confrontación de la fuerza; reta la capacidad de las instituciones públicas llamadas a garantizar el orden y la seguridad de los ciudadanos y despierta en estos dispositivos de movilización inusuales en condiciones racionales y discursivas, signadas por reglas de juego públicamente aceptadas por las partes.

Por otro lado, si bien con el recurso a las armas se fomenta la aparición de organismos contra o paraestatales que radicalizan los conflictos, estos evidencian

poco a poco construyen un imaginario de si mismas como un "Estado dentro del Estado" con un ideario político y social rearticulándose permanentemente desde el eje de la garantía de seguridad y el reconocimiento ciudadano; proyecto que incluso buscó plantear una alternativa electoral en 1996, por ejemplo en las fallidas pretensiones representativas del desmovilizado MIR- COAR. Las MIR-COAR no alcanzan curúles en el Concejo. Al formalizarse constituyen CORPADES como organización no gubernamental dedicada al entendimiento de la singularidad del conflicto urbano.

dramáticamente la erosión misma del Estado, incapaz de construir soberanía, de garantizar seguridad y de detentar como exclusivo señor la fuerza y la influencia nacida de las leyes sobre amplias franjas territoriales, incluso en las grandes ciudades140.

Así pues, obrando desde la condición de una ciudadanía en disputa y bajo el signo de la presencia estatal difusa, los grupos de milicias pasaron, en un momento dado, de la sola acción militar a la de la reconstrucción del escenario comunal,141 impulsando acciones que, en un país con una larga tradición de

centralización estatal y con una sociedad civil inoperante, de ordinario se han dejado en manos de los administradores de la ciudad. Se convierten, como ya se ha dicho, en grupos de presión y resistencia, en árbitros de la justicia, en legisladores locales, con un fuerte y por momentos incondicional apoyo y reconocimiento de la comunidad local142, llegando a considerar sus acciones como

“la avanzada (en todos sus sentidos) en el terreno de la democracia directa y participativa”143.

140 Maria Teresa Uribe, en una mirada de largo alcance afirma que "El estado de guerra cuasi permanente - que en su

última etapa lleva más de cuarenta años - ha mantenido en vilo la soberanía del Estado; es decir, la capacidad de tomar decisiones y de establecer la autoridad necesaria para garantizar, razonablemente, la vigencia de la ley; en su defecto, se han venido constituyendo soberanías alternativas, sostenidas por poderes armados de diferente signo: Contraestatales (Guerrillas y milicias urbanas); para estatales (autodefensas, grupos convivir y para militares) y delincuencia organizada (carteles de la droga, de los precursores químicos, del lavado de dólares, de la gasolina, de las armas); poderes éstos que se articulan y se anudan de diferente manera en las regiones y en las grandes ciudades colombianas. Esta situación no ha permitido despojar al cuerpo social y a los sujetos individuales que lo componen de relaciones belicosas y de agresiones entre ellos; es decir, no ha permitido la conformación de una sociedad pacificada y desarmada, que entre otras cosas, es la condición esencial para que existan instituciones democráticas" URIBE, Maria de Teresa. “Las dinámicas bélicas en la

Colombia de hoy”. Ponencia en el Seminario Ciudad y Conflicto. IEPRI, Corporación Región, Instituto de Estudios Políticos. Medellín, abril 21 de 1998, p. 7 - 8. Sumado a lo dicho, agrego que en esta caracterización debería hacerse referencia al ejercito privado de hombres armados que, como vigilantes, suplanta legalmente los mecanismos policivos y de seguridad estatales.

141 El programa quinquenal de las Milicias Populares del Valle del Aburrá es un buen síntoma de lo aquí expresado. Ese

programa es toda una plataforma de acción cívico - política, con un fuerte componente de planes de inversión social. Estos quedaron contenidos parcialmente en el Acuerdo de Media Luna, con el que se selló el proceso de negociación con esas milicias y con las Milicias del pueblo y para el Pueblo.

142 Si bien muchas veces las comunidades apoyaron a las milicias en su sector, no dejó de observarse que no siempre

estos grupos pudieron contar con la aprobación pública local de manera homogénea. Como ejemplo de ello se anota "la actitud de algunos pobladores que hace algunos años fueron una base de apoyo para las milicias y que ahora prefieren respaldar a otros actores, debido al descontento con el pago de vacunas, con las restricciones a la movilidad o con las amenazas frecuentes" JARAMILLO, Ana María. Consideraciones... Op. Cit., p. 155

En resumen, el que grupos de ciudadanos en contextos locales y bajo condiciones de baja o nula legitimación de los instrumentos del Estado oficial hayan reclamado para sí y a nombre de comunidades urbanas la realización del estatuto de orden y justicia pone de manifiesto las implicaciones que para el caso colombiano tiene el que no se haya asumido una noción tradicional de ciudadanía ni de nación, al punto que los propios ciudadanos se abrogan el derecho de convertirse en Estado ahí donde la estructura legislativa sólo logra ser reflejo de una modernidad en ciernes144.

Las milicias como organismos de autodefensa, se convierten en eco comunitario, al interpretar el afán de seguridad que las comunidades demandan y no encuentran verificado en la acción de los organismos estatales, por lo que las comunidades llegan a involucrarse en tareas de información, ocultamiento, protección y asistencia a los miembros de estos grupos armados que se erigen como garantes de orden, seguridad y represión de aquellos a quienes consideran delincuentes y actores nocivos para el bienestar comunitario.

La gente nos colaboraba en muchos sentidos; es que nosotros somos la gente, esa es nuestra razón de ser 145.

Somos la oficialidad de la civilidad146.

¿Cuál es el papel que las armas cumplen en este contexto? ¿Son ellas mismas un instrumento eficaz para contener al agresor? ¿El recurso a las armas

144 Cf. CORREDOR, Consuelo. Los limites de la modernización. CINEP. 1992; URIBE de H. María Teresa. “El malestar

de la representación política en la Colombia de hoy”.En: Estudios Políticos. Instituto de estudios Políticos. Universidad de Antioquia. No. 6, julio, 1995. VIVIESCAZ, Fernando, GIRALDO, Fabio. (Comp.). Colombia el despertar de la modernidad. Bogotá, Foro Nacional por Colombia, 1991.

145 Entrevista al “Costeño”. Milicias 6 y 7 de noviembre, 2000

complejiza el rompecabezas de las violencias y destruye las opciones de civilidad formales?

En lo que sigue intentaré abordar detenidamente estos interrogantes, procurando evidenciar que en últimas las armas son la garantía primera de la construcción de un orden de seguridad legítimo.