• No se han encontrado resultados

4. EL DISCURSO DE LAS ARMAS: ¿EL REINO DE LA NO-CIVILIZACIÓN?

4.1. Ni la ley es el fin de la guerra, ni la guerra es el fin de la política

Desde una concepción funcional de lo político se espera que en el escenario de la ciudad sus habitantes hagan uso permanente de un discurso racional articulado, capaz de suscitar consensos y dirimir diferencias por las vías institucionales -a las que se considera civilistas-, de modo que los actos de violencia tiendan a disminuir, y se faculta al Estado con instrumentos de fuerza para desestimular la aparición de oposiciones y contradicciones violentas.

147 CERVANTES SAAVEDRA, Miguel de. El Quijote. Cap. XXXVII

Precisamente por ello la ciudad moderna se da a sí misma códigos y normas de las cuales el Estado se convierte en garante y protector, y para ello se asigna a éste la centralidad y autoridad que emana del poder político y la influencia que por la fuerza pueda ejercer legal y legítimamente, pues de éste se espera -como Weber supone- que haga un uso monopólico de las armas.

Sin que ese propuesto código fundamentador del orden y la seguridad haya sido suficientemente demostrado en las experiencias concretas de los diferentes Estados históricos149, lo que ha venido ocurriendo cada vez con mayor frecuencia

en las grandes ciudades del mundo y de nuestro país es que las armas de fuego son usadas por gente distinta al Estado150 como instrumento intimidatorio y

persuasivo por quienes abiertamente se aceptan como delincuentes y por aquellos que, supliendo al Estado, operan armados para garantizar a las comunidades urbanas y rurales condiciones mínimas de seguridad por fuera del marco legal institucionalizado.

Como lo registran Guzmán y Camacho:

El incremento tan notable en el uso de armas de fuego confirma la tendencia muy marcada en la década del 80 al desarrollo de una violencia que tiene consecuencias de muerte y donde ésta se produce con los medios más técnicos y complejos. Inversamente, los homicidios con arma

149 Diferentes historiadores políticos, entre ellos Charles Tilliy. Coerción, capital y Estados europeos, 990 – 1990. Madrid,

Alianza, 1992, han trabajado la tesis de que en realidad lo que se denomina modelo de estado moderno no es sino la abstracción de las experiencias inglesa y francesa de consolidación de su forma particular e histórica de Estado. En ese sentido no sería posible identificar formas comunes y menos aun constantes entre los diferentes desarrollos históricos y geográficos del Estado, como ya advirtiera Montesquieau.

150 TOKATLIAN, Juan Gabriel y otros. La violencia de las armas en Colombia. Seminario sobre control de armas ligeras y violencia, Bogotá, Fundación Alejandro Ángel, 1994

blanca tienden a disminuir durante el período, y la muerte con medios contundentes es poco significativa y también tiende a disminuir151.

Esto ocurre en una sociedad política que basa el sustento de su juridicidad en una constitución; la cual se entiende hoy como “manera de ser de la organización política o como forma de gobernarse de un pueblo, o, en palabras de Wheare, como ‘conjunto de normas que establecen y regulan o gobiernan el Estado’”152, orientadas al conjunto de derechos, deberes y libertades de los

ciudadanos y los gobernantes.

Las constituciones - las cuales pretenden ordenar la vida estatal sobre principios de certidumbre en torno a los actos y los actores sociales y políticos, los ciudadanos y su gobierno-, junto con los manuales de urbanidad -con su elaborado detalle de los usos sociales-, y los códigos gramaticales -plagados de las finas maneras del lenguaje hablado y escrito-, conforman los tres instrumentos diseñados durante el siglo XIX153 para normar la vida ciudadana y contener la

emergencia de la violencia en los distintos ámbitos de la vida cotidiana.

Como nos lo recuerda Carl Schmitt, las sociedades políticas con sustento jurídico basado en constituciones son “la expresión del orden social, la existencia misma de la sociedad ciudadana”154. Siendo así, podría esperarse que las

constituciones conlleven cierta eficacia simbólica capaz de hacer del derecho y de la ley mecanismos idóneos para la contención de las expresiones sociales desarticuladoras y violentas, toda vez que desde el siglo XIX “la función jurídico-

151 CAMACHO GUZMAN, Alvaro y GUZMAN BARNEY Álvaro. Colombia, ciudad y violencia. Ediciones Foro Nacional,

Bogotá, 1990, p. 64

152 AJA, Eliseo. “Introducción al concepto actual de constitución”. Estudio preliminar a LASALLE, Ferdinand. ¿Qué es una

constitución? Barcelona, Ariel, 1989, p. 10

153 CASTRO GOMEZ, Santiago. Ciencias sociales, violencia epistémica y el problema de la “invención del otro”. Biblioteca Virtual de la Organización de Estados Americanos, 2001, http://www.campus-oei.org/salactsi/castro1.htm. Un cuarto instrumento lo constituyen los catecismos cristianos, a menudo imbricados en los otros tres.

política de las constituciones es, precisamente, inventar la ciudadanía, es decir, crear un campo de identidades homogéneas que hicieran viable el proyecto moderno de la gubernamentabilidad”155.

Sin embargo, recuerda también Schmitt, esta sociedad ciudadana puede ser atacada y expresar, como evidentemente ocurre, tensiones y luchas que podrían llegar a ser irreconciliables con la preservación del denominado orden social, haciendo a un pueblo ingobernable. Esto hace que las constituciones, en particular las colombianas, sean también cartas de batalla156, constancias de debacle de las hegemonías políticas y evidencia de la irrupción de poderes en disputa157.

Aunque no solo en contextos de conflictos prolongados como el nuestro, los Estados parecen ser ineficaces para contener la violencia158 y la presencia de las

armas en la vida cotidiana de los ciudadanos; y mucho más para evitar, limitar o por lo menos aminorar la frecuencia con la que las armas resuelven litigios entre civiles. Hoy, en particular para quienes vivimos en Colombia, resulta mucho más evidente que los estados constitucionales son incapaces de portar la promesa de una sociedad desarmada. Por ello parece claro que, “en cuanto (la sociedad ciudadana) es atacada, la lucha ha de decidirse fuera de la constitución y del derecho, en consecuencia por la fuerza de las armas”159.

El creciente incremento de la criminalidad y la violencia es notorio particularmente en Bogota, Cali y Medellín, en épocas y escalas distintas, sobre

155 CASTRO GOMEZ, Santiago. Pagina citada.

156 VALENCIA VILLA, Hernando. Cartas de Batalla: una Crítica del Constitucionalismo Colombiano. Bogotá, CEREC –

Universidad Nacional, 1987

157 Ver ECHEVERRI URUBURU, Álvaro.” Propuesta de reforma de la constitución de 1991: amenaza a las garantías y

derechos fundamentales”. En: http://www.plural.org.co/constitucion.php

158 Al punto que se afirma "La violencia no solo es ubicua y elusiva, sino que parece crecer y multiplicarse rápidamente en todo el planeta, amenazando en convertirse en uno de los problemas más intratables de la especie humana. Su veloz crecimiento, es probable que la convierta en el problema más importante del ser humano para el Siglo XXI" Citado por CARRION, Fernando. “Inseguridad ciudadana en la comunidad andina”. En: Iconos, N°. 18, Quito, FLACSO, 2004, p. 2

todo si se mira la cualificación de la capacidad del agresor para reducir a sus victimas. Así, las acciones delincuenciales vinculadas a modalidades de hurto y el uso de las denominadas armas blancas, han palidecido frente a “la liquidación física de ciudadanos”160, lo que se expresa en un incremento acelerado de los

homicidios161, que ha hecho de Colombia el mejor escenario mundial para explorar

los nexos, no solo entre salud y violencia162, sino también entre la ley y la guerra.

Así, viene imponiéndose el imperio de las armas163 como expresión

resolutiva de los conflictos en la ciudad. Con ello el recurso a la acción no dialogada, el uso de la fuerza, la acción de hecho y la acción armada se convierten en sustitutos de la promesa de civilidad sin violencia que para algunos teóricos portaría la ciudad.