6. CIUDADANÍA ARMADA: ¿CIUDADANÍA DEL MIEDO?
6.3 Las crisis que el miedo produce
Si bien las crisis271 que el miedo produce no implican necesariamente
rupturas en el sistema político, si encarnan el deterioro de lo político como expresión del nosotros sistémico. En un contexto violento, el carácter multicausal de la conflictividad urbana y las violencias subsecuentes acarrean a la ciudadanía padecimientos y daños calamitosos contra los cuales no es predecible -y probablemente no sea posible- esperar salidas institucionales eficaces, dada la inexistencia o debilidad de canales institucionales para el procesamiento de los conflictos por vías pacíficas.
La ciudad misma se vuelve un espacio vacío de significación que incomunica a sus habitantes. Los discursos entran en crisis pues las violencias
268 Ibid., p. 22
269 VALADES, Diego. “La no aplicación de las normas y el Estado de derecho”. En: Boletín Mexicano de Derecho Comparado. México, Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM. Año 35, Nº 103, enero – abril de 2002. p. 219 - 291 270 GUTIERREZ Francisco. citado en NARANJO, y otros. Op. Cit, p. 56
271 “Crisis es un termino fuerte y con frecuencia demasiado utilizado. Sin embargo se justifica usarlo, pues significa un estado sistémico precario en el que un organismo o una sociedad fluctúan entre la descomposición y una concentración de energía colectiva. MAIER, Charles. “La crisis moral de las democracias”. En: Ciencia Política, Bogota, 1995, primer trimestre. p. 32
también los altera; entonces “el lenguaje no sirve para expresar las sensaciones de miedo. (…) El miedo es tan inexpresable como el dolor”272.
La experiencia de ciudades como Medellín nos enseña que, en buena medida la complejidad conflictiva de la vida urbana requiere de una institucionalidad fuerte, tanto como de procesos de articulación social sólidos, capaces de extender para todos el escenario de la reciprocidad convivente y solidaria. Si esto no ocurre, las formas de convivencia tienden a colapsar, como queda visto en ciudades como la nuestra, cuyas violencias se magnifican y diversifican en cuanto se pasa de la aldea a la metrópolis cosmopueblerina273 sin
solucionar problemas sociales nodales, asociados a la subsistencia, la ocupación y asentamiento invasor de territorios concentrados, la circulación del poder, las lógicas de la posesión, producción y distribución de riqueza.
Crisis de este tipo socavan el sustento mítico de las sociedades políticas, desimaginando a la comunidad política y rompiendo los sellos de los pactos societales, en la medida en que se transmuta el relato compartido, que ya no se perpetua con la recurrencia a mitos fundadores sino desde la pervivencia de hitos desgarradores, desde los cuales leer la política como el espacio que se sucede en el vivir juntos, en un nosotros compartido, resulta poco probable, en medio de la maraña de violencias y de miedos desarticuladores que resecan hasta romper los hilos del tejido social274.
272 MARTÍNEZ, Tomas Eloy. En memoria de Susana Rotker. En: www.sololiteratura.com/tom/tomartenmemoria.htm
273 "Es claro que el rápido crecimiento de las grandes ciudades y la alta concentración de sus cada vez más empobrecidos habitantes en áreas restringidas, han minado la sociabilidad y ha aumentado el nivel de violencia que ocurre en los conflictos" PINHEIRO, Paulo Sergio. “Reflexiones sobre la Violencia Urbana”. En: La era urbana, Vol. I, Nº 4, verano de 1993, p. 3
274 Véase ROMERO, Aníbal. Teoría de la disolución social. En: Ciencia Política, Bogota, Nº 46, abril – junio, 1997. p. 37 - 78
El presagio de Arendt en torno al potencial de violencia275 se convierte en el sustrato existencial de la sociedad. La violencia como nudo fundamental que ata a la sociedad urbana se visibiliza así y con ella un miedo semejante al de la no- sociedad preestatal descrito por Hobbes276 se instala en las representaciones
colectivas demandando nuevos referentes de solidaridad y de filiación política inclusive, eficaces para contener el imperio del miedo que se advierte sobre la piel herida de la ciudad en la que se constata y se manifiesta “una extrema debilidad del sentido de pertenencia a un proyecto social trascendente y público”277.
De hecho la ciudad misma es percibida como un escenario hostil en el que se escenifica el enfrentamiento entre dos mundos:
La ciudad por la noche es una pantalla tenaz, una cadena de imágenes que pasan a la lata. Mire los edificios del centro, píllelos bien. Son monstruos de cabeza puntuda. Se ven sus brazos enormes que se extienden y buscan locamente. Quieren atraparnos. Pero estamos tan altos y tan lejanos como una nube. Estamos en estas alturas donde todo se mueve bajo nuestra mirada, somos inalcanzables278.
Desde una parte elevada de la ciudad se percibe el mundo de la luz, el de las formas perfectas de los rascacielos y las amplias zonas verdes, ricas en luces, espacios y árboles. Desde el otro lado de la ciudad solo se ven montañas plagadas de pequeñas luces, con calles casi inexistentes que se extienden como rieles y escalones de una escalera al cielo.
275 En ¿Qué es la política?, Op. Cit., p. 94, Arendt afirma: “allí donde la violencia, que es propiamente un fenómeno individual o concerniente a pocos, se une con el poder, que solo es posible entre muchos, se da un incremento inmenso del potencial de violencia, potencial que, si bien impulsado por el poder de un espacio organizado, crece y se despliega siempre a costa de dicho poder”.
276 En el que padecen “Todas las consecuencias que se derivan de los tiempos de guerra en los que (…) hay un constante
miedo y un constante peligro de perecer con muerte violenta. Y la vida del hombre es solitaria, pobre, desagradable, brutal y corta” HOBBES, Thomas. Op. Cit., p. 108
277 USECHE ALDANA, Oscar. Op. cit. p. 112
Entre esas dos ciudades se suceden tantas violencias como una estructura social disoluta lo tolera. A su interior sin embargo la categoría de ciudad parece desaparecer para dar paso a los barrios, las cuadras y las calles, que en la ciudad de las lucecitas se convierten en la memoria de lo que a pesar de las violencias y con violencia muchas veces la gente construyó.