Miguel X. Arteta Arilla
6. Conclusión: un enfoque integral de la justicia transicional como solución
6.1. Actuaciones sobre instituciones formales:
• Dentro de las fronteras (estados miembros):
La UE debería profundizaren su integración política si quiere ser un actor político importante. Deberádotarse de una sola voz en política exterior y de un ejército propio con el que poder ejecutar sus decisiones.En esta línea, convendría potenciar su industria de seguridad,tanto con vistas al desarrollo económico comopara procurarse los dispositivos necesarios en los operativos.
Para garantizar la función mediadora, las instituciones que conforman la primera Vía
(cf esquema p. 34) deben ser respaldadas por la UE y sus funciones deben quedar bien
definidas para que puedan a su vez respaldar coherentemente a las instituciones de las Vías II y III (Davis 2014, 161).
Urge agilizar y mejorar los mecanismos para que los estados miembros compartan información mediante organismos como Europol o Eurojust.
• Fuera de las fronteras (acción exterior):
La UE debe promover instituciones políticascentralizadas. Se trataría de reforzar los recursos materiales y personales, así como la legitimación social, de las instituciones que apuntalan el estado democrático de derecho: tribunales, policía, gobierno, Parlamento, partidos políticos o medios de comunicación.El desarrollo y la prosperidad sólo son posibles donde el estado de derecho garantiza el pluralismo y una protección efectiva de los derechos fundamentales. Sólo en las sociedades en las que existe una determinación por proteger estos principios pueden florecer las vidas de las gentes, porque sólo en ellas pueden ser satisfe- chas las demandas de seguridad, libertad y respeto por la dignidad (Council of the European Union, 2012, pág. 1).
La UE debe promover instituciones pluralistas. En este ámbito deberá formar a los funcionarios sector público. Tendrá que instaurar medidas de DDR que depuren, sin horadar sus capacidades ni deslegitimar sus funciones, a cuerpos funcionariales como el ejército, la policía o los tribunales. Deberá monitorizar los procesoselectorales para comprobar que se cumplen los estándares democráticos de transparencia.
Deberá promover instituciones económicas inclusivas. Urgirá la reparación/creación de infraestructuras y servicios básicos (electricidad, agua, carreteras, etc.). Deberá garantizar- se el respaldo judicial de los contratos financieros y ampliar las reformas legales y políticas para abrir el sistema a la competencia. Será necesario formar al sector privado en aras de la buena gobernanza de las empresas y de la supervisión cautelar para limitar excesivos riesgos. Hay que construir un sistema financiero eficaz, con controles internacionales independientes y una regulación que fomente la transparencia ycontrole los flujos de financiación ilegal y el
blanqueo de capitalescon que se financia el crimen organizado.
Por último, hemos de incidir en la importancia de cambiar la estructura económica mundial. Este es el punto más determinante y complicado, puesto que no depende de las instituciones nacionales y la UE no tiene la última palabra.
Veamos. Puesto que la causa inmediata de la pobreza es la baja productividad, la globa- lización financiera prometía ayudar a los empresarios a conseguir recursos distribuyendo el riesgo entre inversores más capaces de asumirlos. Los países en vías de desarrollo (PVD), con menos liquidez, más expuestos a shocks y con menos capacidad de diversificación, serían –se decía−los más beneficiados y se garantizarían el acceso a los mercados, al capital y a la tecnología. Sin embargo, si al principio de la Revolución Industrial la diferencia entre las regiones más ricas y las más pobres era de 2:1, hoy la ratio es de 20:1. En suma, la desregu- lación por principio, y la consecuente “globalización profunda” abierta por el Consenso de Washington, están horadando la legitimidad democrática. Tratados como el TTIP, en proceso de negociación, incluyen mecanismos de arbitraje (ISDS) que sirven a las grandes empresas para evadir jurisdicciones nacionales, maniatan la política, y liberan los imperativos mercan- tiles que ahogan la capacidad fiscal, financiera y redistributiva de los estados.
A resultas de estos hechos, no puede concluirse que la narración con que se legitimó la globalización financiera profunda quede contrastada (Rodrik 2011, 15). Frente a ella,
Mazzucato ha desvelado recientemente la función ideológica del neoliberalismo, consis- tente en ocultarnos que la destrucción creativa sigue a innovaciones cuya incertidumbre no es asumida por el encumbrado capital riesgo (que a lo mejor asume riesgos −bajos− pero nunca la incertidumbre de una investigación que no tiene por qué llegar a ningún puerto), sino por el Estado (Mazzucato 2014).Por otra parte, Rodrik demuestra que los perdedores de lamasiva “destrucción creativa” son la cara silenciada de las ganancias del comercio:la redistribución de los ingresos, implica una caída permanente en los sectores que se con- traen (Rodrik 2011, 75);y oculta que sin un poder político detrás (un poder centralizado y pluralista que no existe a nivel internacional), dicha contracción resulta socialmente inasu- mible (p. 18).A partir de un cierto umbral de liberalización, la “redistribución” desborda la ganancia nacional “neta” obtenida. En EEUU, por cada dólar de ganancia neta lograda gracias a la reducción de los aranceles del 5% habría una redistribución de 50 dólares entre diferentes grupos (p. 77). “Es como si le diéramos 51 dólares a Adán e hiciéramos a Eva 50 dólares más pobre”.
Solucionar estructuralmenteel auge de las desigualdadespasa por recordar al capitalismo “incrustado” políticamente (“les trente glorieuses”).Antes de la OMC, el GATT no se propu- so maximizar el libre comercio, sino eliminar las restricciones que se le imponían y reducir los aranceles al máximo, pero siempre que fuera compatible con permitir que cada nación siguiera su camino (p. 95). Esto dibujó un multilateralismo, una“globalización superficial” que fue posible gracias al principio de “nación más favorecida”: si un Estado bajaba los aranceles sobre algún producto importado de un tercer país, debía bajarlos al mismo nivel a todos los demás países; lo cual no impedía que dicho Estado pudiera fácilmente proteger algún sector de su economía para facilitar su desarrollo e ir liberalizándolo cuando empezara a ser competitivo. Por eso muchos sectores del comercio mundial se acogieron a cláusulas
antidumping o de salvaguardiay permanecieronsin liberalizar: agricultura, servicios (seguros, banca, construcción, suministros) e incluso la industria amenazada. Hoy conviene volver a mirar hacia una estructura económica que, proporcionando libertad a cada Estado para construir su versión del capitalismo (criterios de institucionalización, relaciones gobierno- empresa, formas de estado de bienestar), condujo a una tasa media de crecimiento anual del 7%, entre 1948 y 1990 (Rodrik 2011, 91).