Mapa 3. Tolima a finales del siglo XIX
2. COLOMBIA Y TOLIMA EN EL SIGLO XIX
2.2. El Tolima en la segunda mitad del siglo XIX
2.2.4. Adscripciones políticas regionales Una crítica
El historiador norteamericano James Henderson, quien escribió un citado libro sobre la vida política del Tolima, Cuando Colombia se desangró (1984), parte de la idea de que existía desde el siglo XIX una clara división partidista: las continuas guerras civiles entre los partidos Liberal y Conservador, desde su creación, fueron intensificando “la identificación partidista en todos los niveles de la sociedad. Había muy pocos colombianos que albergaban dudas con respecto a dónde estaba su fidelidad política una vez que eran golpeados por la lucha recurrente” (57). Esa identificación estaba condicionada tanto por las vivencias personales o el origen familiar, como también por la región de la que se provenía. Henderson postula que en el Tolima las adscripciones partidistas estaban repartidas así:
57 La crítica más contundente es quizás la de Catherine Legrand (1988). En la Introducción, n. 8, cita
67 Los conservadores predominaban en el sur, y los liberales formaban mayoría en el norte. El corazón del Tolima se extendía hacia el sur a lo largo del llano, desde las grandes haciendas de los Caicedo hasta Neiva y más adelante. [...]
La otra región en la que predominaban los conservadores era el noroccidente de la cordillera del Tolima [...]
El Tolima liberal corría hacia el sur desde Honda, eje del comercio y del transporte, hasta la carretera que conectaba con Bogotá (Henderson 1984: 57-58).
Henderson explica esas divisiones como resultado de la orientación económica de las regiones y de las adscripciones de las élites. El norte sería liberal porque había prosperado notablemente con las medias liberalizadoras de la economía. Además, importantes comerciantes e inversionistas que hicieron grandes fortunas con el tabaco y los negocios subsidiarios eran liberales. En cuanto al noroccidente del Tolima, su inclinación hacia el conservatismo se habría debido a que “Los colonizadores antioqueños poblaron aquellas montañas después de 1850, trayendo consigo sus costumbres regionales y sus predilecciones políticas” (58). En la adscripción conservadora del sur habría sido de particular injerencia la familia Caicedo Leiva, latifundistas, encomenderos y fundadores de varias parroquias en sus predios. Un miembro de esta familia, Domingo Caicedo, fue compañero de Simón Bolívar en las guerras de Independencia y, posteriormente, siguió alineado con él, llegando a ser vicepresidente de la naciente República. Del núcleo de militares en torno a Bolívar nacería años después el Partido Conservador, partido que adoptaron Caicedo y otros hacendados de la zona, “llevando consigo al partido a todos sus familiares y a numerosos adherentes” (57). El hecho de que la economía de la zona no se vio tan beneficiada por las medidas liberales y permaneció como territorio latifundista también habría contribuido a que se mantuviera el conservatismo allí. Sobre las provincias de Neiva y del Sur se ha dicho que eran predominantemente conservadoras por la importancia histórica de la Iglesia allí y el poder que tenían los párrocos para influenciar la preferencia política de la gente humilde.
Estas “adscripciones regionales” en realidad muestran la adscripción predominante de los notables de esas regiones. En cada región, sin embargo, existían también familias de poder que no correspondían a esa adscripción. En la zona plana al norte, por ejemplo, había familias raizales conservadoras, que a final de siglo tenían todavía influencia política y poder económico, como los Viana y los París. Su riqueza se había basado en haciendas ganaderas de tipo tradicional, pero lograron mantener su capital haciendo inversiones en agricultura de tipo más empresarial, tal como se impuso en la segunda mitad del siglo XIX. En las provincias de Neiva y del Sur había liberales que tuvieron allí una fuerte influencia. Por ejemplo José Hilario López, importante líder liberal caucano y presidente
68 de Colombia en la década de los 50, tenía posesiones al sur del Tolima. Igualmente Mosquera tenía fuerte apoyo de poblaciones del sur (Cuartas 2003: 46). Más aun, cuatro de los cinco delegados por el Tolima a la Asamblea Constituyente de Rionegro, que expidió la Constitución liberal de 1863 (que rigió en el país durante la época federal) eran oriundos de poblaciones del sur del Tolima (Moreno 1996: 130-131). Es de subrayar también que su principal ciudad, Neiva, fue capital del estado del Tolima en su época liberal, no durante gobiernos conservadores.
Con respecto al conservatismo del sur también debe decirse que este fue un discurso de las élites que se empleó en particular al momento de la creación del departamento del Huila en 1905, a partir de las provincias de Neiva y del Sur. En ese momento se hizo énfasis en la religiosidad y el conservatismo de sus habitantes para tratar de forjar una identidad fuerte en una entidad territorial que carecía hasta entonces de ella. Una figura central en ese proceso de “conservatización” del sur fue el sacerdote Esteban Rojas Tobar, creador de la Diócesis del Tolima en 1894 y la de Garzón en 1900. Rojas Tobar fue un doctrinario sacerdote hijo de una familia (liberal) de gran poder económico de la Provincia del Sur. A pesar de que la Iglesia había tenido durante la Colonia una presencia importante en algunos poblados, como Timaná, para finales del siglo XIX esta ya no era muy fuerte en la zona. Rojas se comprometió activamente con la evangelización de la zona.58 Como primer obispo de la nueva Diócesis del Tolima y luego de la de Garzón, hizo refacciones y ampliaciones de las iglesias en varios pueblos, realizó constantes visitas pastorales a estos, ejerciendo allí directamente labores sacerdotales, organizó también un sínodo sacerdotal, promovió la creación de colegios dirigidos por religiosos, y creó un seminario mayor y uno menor para formar sacerdotes en el Tolima. Su acción además no se limitó a lo eclesiástico. Atacó constantemente en los púlpitos y en las pastorales las ideas liberales como fuente de error y de pecado. En tiempos de guerra incentivó abiertamente a la población a formarse en los ejércitos conservadores y él mismo llegó a dirigir guerrillas conservadoras (Moreno 1999: 104-129).59 La acción de Rojas Tobar fue central en la
58 La importancia que ganó la campaña catequizadora de Tobar en el Sur del Tolima corresponde a un
momento de recuperación de la Iglesia Católica en Colombia, que empezó en la década de los 70. El papado de Pío IX y el Primer Concilio Vaticano de 1869-1870 condujeron en Colombia a una reforma de la Iglesia, marcada atención a la mejor preparación de los clérigos, recuperación de cultos, nuevas campañas de evangelización y una fuerte ofensiva ideológica contra el liberalismo. Cf. Abel 1987: 25-30.
59 El periódico liberal El Salto, de Honda, hacía una fuerte crítica a Rojas que revela cómo este
mezclaba labores eclesiásticas y políticas. En una visita que hizo a Honda y otros municipios del Norte en 1899, dirigió desde el púlpito encendidos discursos contra los liberales. En Mariquita prohibió a los liberales la entrada a la iglesia, mientras que en Honda censuró a los feligreses que leían los periódicos liberales, sentenció que estos no tenían salvación porque la política de ese partido era anticristiana y antirreligiosa y afirmó que en Honda no había un solo hogar que no estuviera corrompido. El Salto reclamaba: “¿Con qué
69 conformación de un discurso que identificaba al sur del Tolima como una región unificada en torno al catolicismo y al conservatismo. Además, supo manipular el malestar que había generado en la zona el traslado de la capital del Tolima de Neiva a Ibagué. Así, Rojas Tobar se convirtió en uno de los principales impulsores de la creación del departamento del Huila y de su identificación con el conservatismo. No obstante, desde su nacimiento como nuevo departamento, surgieron en el Huila variadas pugnas partidistas, no solo entre liberales y conservadores sino también en el seno de esos partidos. Ello evidencia que aquella identidad conservadora de la región del sur no representaba sino un ideal de algunas élites (Salas 1996: 177-184).
De otro lado, también es problemático pensar en los partidismos por regiones, porque se asume que si un hacendado tenía una adscripción política clara, sus trabajadores también la seguían. Esto no era necesariamente así, para muchos de ellos ni siquiera era importante tener alguna preferencia política. Como lo veremos al estudiar los conflictos en que se vieron envueltos miembros de los grupos populares, no es fácil deducir qué partido apoyaban, el tema de la adscripción no era normalmente la base de esos conflictos y cuando se recurría para su resolución a personas de poder, o a agentes del gobierno, no era de importancia cuál fuera su partido político.
Estas reflexiones acerca de la adscripción partidista regional nos permiten ahora observar diferentes conflictos que vivió el Tolima a finales del siglo XIX sin partir de esa premisa de base. Las adscripciones políticas no se establecieron desde que aparecieron los idearios de los partidos a mediados del siglo XIX, las regiones no se alinearon con un partido y si bien pueden encontrarse tendencias, estas también cambiaron con el tiempo. Aun a finales de siglo esas alineaciones seguían alterándose y, como lo veremos al analizar la guerra de los Mil Días en el capítulo cuarto, la movilización para ésta no obedeció, por lo general, a una fidelidad al partido que existiera de antemano y que se hubiera forjado en años de polarización.
derecho insulta a nuestras madres, a nuestras esposas, a nuestras hijas? ¿Qué derecho tiene este Obispo para irrespetar de esta manera a nuestra sociedad, para anatematizar con lenguaje tan indecente a nuestros hogares?” Denunciaban además que Rojas había sido “hecho Obispo por virtud de intrigas políticas quizá”, que era “más político y militar que digno representante de la Curia” y que usaba “el vocabulario agresivo de la secta política a que pertenece” (ES 01.05.1899: 3).
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