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EL ADVENIMIENTO DE LOS ÁVAROS Y LA PROGRESIVA TRANSFORMACIÓN DEL STATUO QUO IMPERANTE EN CRIMEA Y LOS BALCANES (ca 557-565)

Rethor, consiliarius e historiador.

V. 4. EL ADVENIMIENTO DE LOS ÁVAROS Y LA PROGRESIVA TRANSFORMACIÓN DEL STATUO QUO IMPERANTE EN CRIMEA Y LOS BALCANES (ca 557-565)

Desde las negociaciones desarrolladas mantenidas en 552 por parte de Justiniano I con los gépidos y los utiguros en los ámbitos danubiano-balcánico y crimeano respectivamente, hasta las noticias acerca de la recepción de la legación enviada por los ávaros a Constantinopla hacia el año 557, existe un nuevo hiato en los testimonios escritos respecto a las informaciones que nos proporcionan sobre ambas zonas.

Dicha circunstancia deriva fundamentalmente del final del relato de nuestra principal fuente de información para ellas, que no es otra que la Historia de las Guerras de Procopio de Cesarea, que se sitúa en torno al año 553137. La continuatio de la Crónica del Conde Marcelino,

cuyas noticias al respecto son igualmente valiosas especialmente para el primer tercio del siglo

VI, tan solo llega hasta ca. 548138. Ni la Chronographia de Juan Malalas, las Historias de Agatías o

la Historia actualmente fragmentaria de Menandro Protector, que constituyen la tríada principal de testimonios para el momento y horizonte que nos ocupa, mencionan noticia alguna sobre los Balcanes o el corredor de Crimea hasta la legación ávara que visita la capital imperial, como decíamos, acaecida hacia el año 557139.

Asimismo debemos tener en cuenta que la imagen que sobre los últimos años del reinado de Justiniano I proyectan los dos últimos autores referidos, esto es Agatías y Menandro, es notablemente pesimista y decadente, derivando la misma tanto de la avanzada edad del emperador como de su predilección por utilizar la diplomacia y no la fuerza de las armas para dirimir las relaciones con los «bárbaros» (Agath., Hist. V, 14, 1; Men., Fr. 5, 1). Su criticismo respecto a esta cuestión, también presente en Procopio aunque de manera más velada por escribir mientras todavía estaba vivo el propio emperador y que como tendremos ocasión de señalar no se corresponde con una valoración real de la situación sino más bien con un prejuicio

137 Al respecto, entre otros, vid. Cameron (1985), p. 8; Treadgold (2007), p. 205. Igualmente vid. cap. II, pp. 29-31.

138 Como muestra vid. Croke (1995), p. xxv; Id. (2001), p. 216; Treadgold (2007), p. 234. Asimismo vid. cap. II, pp. 25-26.

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por parte de dichos autores140, se debe al momento en que el ambos componen sus obras141,

siendo por lo tanto su juicio de valor al respecto a posteriori, lo que requiere que las informaciones que nos proporcionan sean puestas en perspectiva.

Tal y como aparece reflejado en el título del epígrafe, es precisamente la llegada ávara la que va a provocar toda una serie de fulgurantes y profundas transformaciones en el equilibrio de poderes imperante en el corredor crimeano pero, ¿quiénes eran estos nuevos «bárbaros»? Lo cierto es que tanto los orígenes como la filiación étnica de lo que conocemos como ávaros euroasiáticos siguen siendo motivo de un acalorado debate entre los especialistas, no encontrándose entre los objetivos de este trabajo dirimir dicha cuestión. Podríamos decir brevemente que existe cierto consenso en torno a la posibilidad de que el grupo que aparece en estos momentos en torno al extremo occidental de la estepa póntica procediese del interior de Asia, producto de los movimientos desatados como resultado del ascenso de los köktürks, pudiendo estar conformado bien por los remanentes de los Jou-Jan/Apar (Abar), que eran súbditos de los turcos, de los «hunos» heftalitas142 o incluso por una mezcla de ambos143.

Los «Tūjué» o «Ttūrka» de las fuentes chinas, también conocidos como «turcos celestes» debido al tengrismo religioso que practicaban, se habían rebelado hacia el año 552 bajo el liderazgo del khagan Bumin contra el otro gran poder de la estepa del que eran, a su vez, súbditos, los «Jou-Jan» o Khaganato rouran, afianzándose durante los años siguientes como

poder dominante en la estepa asiática144. En 557 su sucesor Mugán, en pleno proceso de

expansión, envío una oferta de alianza al shāhanshāh persa Cosroes I con el objetivo de formar una coalición contra el principal rival de ambos, los «hunos heftalitas», de quienes incluso el

sasánida había llegado a ser tributario a inicios de su reinado durante la década de los treinta145.

El acuerdo se formalizó a través del matrimonio del soberano persa con una princesa turca,

140 Al respecto vid. cap. X, pp. 612-613.

141 Sobre la fecha de composición, como muestra para Agatías vid. Cameron (1970), pp. 125-129; Treadgold (2007), p. 290; Ortega Villaro (2008), pp. 38-39. En relación a Menandro vid. Baldwin (1978), p. 112; Blockley (1985), p. 22; Treadgold (2007), p. 298. Asimismo vid. cap. II, pp. 31-32 -para el primero-; pp. 33-34 -para el segundo-.

142 Por lo que respecta a los heftalitas vid. cap. IV, p. 86, esp. n. 14.

143 Para seguir el debate, entre otros, vid. Pohl (1988), pp. 21-37; Szádeczky-Kardoss (1990), pp. 206-207; Golden (1992), pp. 108-111; Curta (2006), pp. 61-62.

144 Para la etimología del término y su proceso de etnogénesis, entre otros, vid. Sinnor (1990b), pp. 287-291; Golden (1992), pp. 115-124; Sinnor y Klyashtorny (1996), pp. 322-326; Golden (2011), pp. 20-33.

145 Como muestra vid. Christensen (1944), p. 97; Greatrex (1998), pp. 48-49, n. 26; Id. y Lieu (2002), p. 102, n. 3.

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procediendo ambos poderes durante los años siguientes a consolidar sus respectivas posiciones

a costa de los mencionados heftalitas, que fueron definitivamente neutralizados146.

Los ávaros llegaron hacia finales del año 557 al área de Ciscaucasia, concretamente al territorio de los alanos, quienes según el testimonio contemporáneo -ca. 555- de Ps. Zacarías

Rethor (Ps. Zach., HE XII, 7) habitaban más allá de las Puertas Caucásicas, en «territorio de los

hunos», donde estaban en posesión de cinco ciudades; un área que podría corresponder con el territorio situado al norte del Paso de Dariel147. Una vez allí pidieron a su líder, Sarosio148, que

intercediese ante las autoridades imperiales con la finalidad de captar su atención y poder proceder a realizar sus demandas. El alano informó de su presencia al magister militum per

Armeniam Justino149, destinado en Lázica, bien a través de una misiva o de una legación, y éste a

su vez trasladó la noticia a Constantinopla, tras lo cual Justiniano I accedió a recibir su embajada (Men. Prot., Fr. 5, 1).

En consecuencia enviaron una legación ante el emperador encabezada por Kandikh150,

presentándose como una formidable fuerza militar e instando a los romanos a que concluyesen una alianza con ellos a cambio de generosos presentes, un subsidio anual y tierras fértiles en las que asentarse (Mal., XVIII, 125; Vict. Tonn., a. 563; Evagr., HE V, 1; Men. Prot., Fr. 5, 1-2; Iohan. Eph., HE VI, 23; Theoph., A.M. 6050). Si consideramos la cronología que propone el último de los testimonios, esto es el de Teófanes Confesor, una fuente mucho más tardía y cuya cronología suele ser motivo de controversia151, la visita de los embajadores ávaros se produjo «al mismo

tiempo» que el terremoto acaecido en la urbs imperialis en catorce de diciembre del año 557 y antes que un nuevo brote de peste, que estalló durante el mes de febrero del 558 (Theoph., A.M. 6050)152. Por lo tanto, consideramos que tanto la visita como las audiencias y negociaciones

pudieron haberse desarrollado entre los últimos días del 557 y los primeros del 558.

Tras consultar al Senado153, Justiniano I decidió enviar, probablemente conjuntamente

con los legados ávaros, una embajada encabezada por Valentino154 con la finalidad de continuar

146 Vid. Sinnor (1990b), pp. 297-301; Golden (1992), pp. 127-128; Sinnor y Klyashtorny (1996), pp. 327-328; Golden (2011), pp. 50-51; Soto Chica (2015a), p. 121.

147 Al respecto vid. Alemany (2003), p. 6; Greatrex et al. (2011), p. 448, n. 204; Alemany (2013), p. 234; Soto Chica (2015a), p. 119. Asimismo vid. Ap. III, sub. Figura 2, p. 778.

148 Para su figura vid. PLRE III-B, sub. Saroes, p. 1115.

149 Sobre el mismo vid. PLRE III-A, sub. Iustinus (4), pp. 750-754. 150 Por lo que respecta su figura vid. PLRE III-A, sub. Candich, p. 269. 151 En relación a dichas cuestiones vid. cap. II, pp. 43-44.

152 Dicha pandemia, que había surgido abruptamente en Oriente en 542 y afectado a partir de entonces, con mayor o menor incidencia y recurrencia, a toda la cuenca mediterránea. Para sus efectos, como muestra, vid. Allen (1979), pp. 5-20; Stathakopoulos (2000), pp. 256-276; Horden (2005), pp. 134-160.

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con las negociaciones y ratificar algunos de los términos amistosos que le habían sido ofrecidos con anterioridad. La comitiva romana hizo entrega igualmente de generosos presentes entre los

que se encontraban cordones cubiertos de oro, sofás y prendas de seda (Men. Prot., Fr. 5, 2)155.

Nada refiere Menandro Protector, la única fuente que alude a la respuesta diplomática romana, ni respecto a la posible concesión de un subsidio o de la concesión de tierras por parte imperial. Si bien la segunda de las cuestiones parece descartada por la situación geográfica de los ávaros en estos momentos156, más controversia parece haber suscitado la primera de ellas,

sobre la que existe un notable debate entre los especialistas. Walter Pohl, basándose en las informaciones que el propio Menandro proporciona sobre la legación ávara que visitó

Constantinopla en noviembre del año 565157, cree que el acuerdo implicó el establecimiento de

un pago anual por parte del Imperio hacia los ávaros, cuyo montante no es posible determinar con exactitud158. Sin embargo, la mayor parte de los estudiosos, con quienes nosotros nos

alineamos, tienden a considerar que simplemente se trató de un pago puntual puesto que no

tenemos noticias acerca de su recurrencia159, si bien no puede ser descartada completamente la

hipótesis anterior debido al estado fragmentario en que conservamos la Historia de Menandro160. En cualquier caso, el pago debe ser disociado de los regalos diplomáticos que

sabemos fueron entregados con seguridad.

Por su parte, los ávaros se comprometían a través del mismo a velar por los intereses imperiales en el área de Ciscaucasia. Los efectos que el mismo tuvo para el statu quo imperante tanto en Ciscaucasia como en el área septentrional del Mar Negro se dejaron sentir casi de inmediato, pues muy probablemente encorajinados por el apoyo del Imperio con el que contaban, iniciaron poco después ataques contra los uniguros, zalos y sabiros (Men. Prot., Fr. 5,

2)161. En este sentido, y si atendemos a las informaciones que acerca de la situación geográfica

tanto de uniguros/onoguros como de sabiros nos proporciona el anónimo autor conocido como Pseudo Zacarías Rethor (Ps. Zach., HE XII, 7), podría considerarse que ambos populi podrían habitar las regiones correspondientes al área costera más oriental del Mar Negro, al noroeste de

154 Para la figura de Valentino vid. Ap. II, sub. Valentino, pp. 767-768.

155 Sobre la importancia y significación de los presentes en la práctica diplomática vid. cap. X, pp. 641-642, esp. nn. 594-595.

156 Vid. Ap. III, sub. Figura 5, p. 781.

157 En lo concerniente a sus detalles vid. cap. VI, pp. 207-211. 158 Vid. Id. (1988), pp. 206; 210-212.

159 Como muestra vid. Kardaras (2007), pp. 132-133; Sarantis (2016), p. 334, n. 52. 160 Para más detalles vid. cap. II, pp. 33-36.

161 En relación a sus implicaciones, entre otros, vid. Stein (1949), II, pp. 541-542; Pohl (1988), pp. 18-21; Sarantis (2016), pp. 333-336, esp. n. 44.

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los alanos y al sureste de utiguros y tetraxitas; desconociéndose asimismo la localización de los

exacta de los zalos, únicamente referidos por Menando (Men. Prot., Fr. 5, 2)162.

Así pues puede decirse que como consecuencia del acuerdo concluido hacia el año 558 entre la Romania y los ávaros, éstos últimos inician más que una expansión territorial un proceso de asimilación de diversos grupos que habitaban en el extremo occidental de la estepa póntica que iba a traer importantes consecuencias no solo para la misma, sino también para el área danubiano-balcánica. Sin embargo consideramos que no puede culpabilizarse a Justiniano I, tal y como realiza por ejemplo Menandro Protector como señalamos anteriormente, de las notables implicaciones que, a corto-medio plazo, dicho pacto iba a tener para los dominios imperiales en los Balcanes. En primer lugar los ávaros fuesen, muy probablemente, un grupo en gran parte desconocido para Constantinopla y, por lo tanto, conceptuado como uno de los tantos «bárbaros» que poblaban el corredor crimeano, por lo que siguiendo la efectiva lógica justinianea de divide et impera, eran susceptibles de ser incorporados al juego diplomático existente en el mismo con el propósito de mantener un statu quo favorable a los intereses imperiales allí163. Además hay que considerar que ello podría haber respondido igualmente a

intereses más particulares, derivados tanto de una posible degradación de las relaciones con los utiguros, tensas desde 552 como vimos164, como de la guerra que el Imperio mantenía con la

Persia sasánida por el control de Lázica, especialmente si consideramos que uno de los objetivos del ataque ávaro fueron los sabiros, cuya lealtad hacia ambos «superpoderes» había ido

fluctuando periódicamente durante el mismo165.

Durante ese mismo año y comienzos del siguiente -559- parece que los ávaros continuaron con sus iniciativas bélicas en el área septentrional del Mar Negro, pudiendo incluso

haber atacado a los antae (Men. Prot., Fr. 3), aliados imperiales desde 545/546 como vimos166. El

carácter fragmentario de la noticia que nos proporciona Menandro, única fuente que alude a dicho acontecimiento, nos impide situar con precisión el marco cronológico del mismo, situándolo la mayor parte de los especialistas en un momento indeterminado entre los años 558

162 Para más detalles vid. Blockley (1985), p. 253, n. 23; Greatrex et al. (2011), p. 449, nn. 207-208; Alemany (2013), p. 235.

163 Al respecto vid. Pohl (1988), pp. 37-40; Whitby (1988), pp. 315-317; Jin Kim (2013), pp. 141-142; Soto Chica (2015a), p. 122; Sarantis (2016), pp. 335-336.

164 Vid. supra., pp. 155-158.

165 En relación al papel de los «hunos» sabiros en el desarrollo de dicho conflicto vid. infra., pp. 177-178, esp. n. 234. Sobre el habitual uso que tanto Persia como el Imperio hizo de este grupo a la hora de dirimir su preeminencia en Transcaucasia vid. cap. IV, pp. 88; 95.

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y 562167. A pesar de dicho ataque existe cierto consenso a la hora de considerar que éstos

continuaron existiendo y manteniendo vínculos amistosos con Constantinopla, renovados como

veremos durante el reinado del emperador Mauricio168, aunque desconocemos si el mismo pudo

haber supuesto la absorción y/o aniquilación de una parte de ellos.

Mucho más claro desde el punto de vista de las evidencias textuales aparece reflejado el

ataque que el líder cutriguro Zabergan169 protagonizó en el área danubiano-balcánica durante el

año 559. La magnitud de dicho episodio fue lo suficientemente importante como para que las tres principales fuentes anteriormente mencionadas de las cuales disponemos en estos momentos para la zona, esto es la Chronographia de Juan Malalas (Mal., XVIII, 129), las Historias de Agatías (Agath., Hist. V, 11-24) y la Historia de Menandro Protector (Men. Prot., Fr. 2), se hagan eco del mismo, aportando informaciones diversas, complementarias y desde diferentes puntos de vista170.

La primera dificultad proviene del testimonio de Malalas, y es en referencia al supuesto envolvimiento de los esclavenos en la misma, ya que es el único que se refiere al mismo (Mal., XVIII, 129); una información que ha motivado que una parte significativa de la historiografía les

otorgue cierto protagonismo en su desarrollo171. De lo que no parece haber duda es del

liderazgo que los cutriguros ejercieron sobre la misma, encontrándose su soberano al frente, quien aprovechó los rigores del invierno para cruzar el Danubio helado junto a una gran cantidad de jinetes tal y como nos refiere Agatías (Agath-, Hist. V, 11, 5-7), que es la fuente que nos proporciona un relato más detallado sobre el mismo. Asimismo es el único que nos proporciona una razón para justificar el ataque, que no es otra que la rivalidad que éstos mantenían con sus vecinos utiguros (Agath., Hist. V, 12, 6-7), si bien es muy probable que el incipiente proceso expansivo ávaro en el área septentrional del Mar Negro constituyese

igualmente una razón importante que pudiera explicarlo172.

Los invasores atravesaron las provincias de Scythia Minor y Moesia Secunda hasta llegar a la llanura de Tracia (Agath., Hist. V, 11, 6), lo que suponía la primera incursión que lograba sobrepasar el limes imperial en el curso bajo del Danubio desde que se concluyese el acuerdo ántico-romano de 545/546. Una vez allí dividieron sus fuerzas en dos contingentes, uno de los

167 Al respecto vid. Pohl (1988), p. 45; Szmoniewski (2010), pp. 65-66; Sarantis (2016), pp. 349-350. 168 Vid. cap. VII, pp. 318-319.

169 Sobre su figura vid. PLRE III-B, sub. Zabergan (2), p. 1410.

170 Para más detalles, entre otros, vid. Cameron (1970), pp. 49-50; Greatrex (1995b), pp. 125-129; Mango y Scott (1997), pp. 342-344; Sarantis (2016), pp. 336-344.

171 Como muestra vid. Syrbe (2012), p. 297; Sarantis (2016), p. 337; contra. Curta (2001), pp. 45-46, quien se muestra escéptico al respecto, si bien no descarta completamente dicha posibilidad-.

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cuales se dirigió a saquear Grecia mientras que el otro, liderado personalmente por Zabergan, marchó hacia el Quersoneso tracio y atacó una sección de la Muralla Larga (Agath., Hist. V, 11, 7; 12, 5)173.

Ante la proximidad de la amenaza y la escasez de efectivos militares presentes en Constantinopla, Justiniano I actuó de manera decidida y vigorosa, reclutando una fuerza militar improvisada compuesta por ciudadanos, los regimientos palatinos y miembros del Senado a cuyo frente puso al mejor de sus generales, un también anciano Belisario que hacía tiempo había caído en desgracia, quien también fue capaz de reunir a trescientos de sus veteranos. Tras derrotarlos en batalla y forzar su retirada, Belisario regresó victorioso a la ciudad (Agath., Hist. 20, 1-3). El emperador, por su parte, viajó a Selimbria (Silivri, Turquía) para supervisar la sección de la Muralla Larga que había sufrido el ataque cutriguro e hizo construir y enviar al Danubio

barcos «de doble proa» con el propósito de cortar su retirada (Mal., XVIII, 129)174.

La reacción militar del emperador fue igualmente acompañada por otra diplomática. Pretendiendo sacar partido de la rivalidad cutriguro-utigura que había venido explotando,

como vimos175, desde la década de los cincuenta, Menandro Protector nos informa que fue

enviada desde Constantinopla, en una fecha indeterminada, una petición al líder utiguro

Sandilco176 instándole a que honrase los acuerdos vigentes entre ambas partes y que atacase a

los enemigos del Imperio (Men. Prot., Fr. 2)177. Dicha noticia, por otra parte, confirmaría la

existencia de vínculos amistosos con la Romania a pesar de la crisis por la que habían pasado las relaciones romano-utiguras en 552.

Dicho ruego fue probablemente rechazado, pues el propio autor nos informa que al mismo siguió un «torrente de embajadas» que trató de convencer al soberano «huno» sobre la conveniencia del ataque, llegando incluso a serle ofrecido el doble del tributo que anualmente percibía del tesoro imperial, un importe que desconocemos puesto que no es especificado por la fuente (Men. Prot., Fr. 2). En cualquier caso y aunque la cronología es igualmente confusa, tal y como ha sugerido el británico Roger C. Blockley, la información que proporciona Menandro debe ser disociada de la que facilita Agatías para el año 559178, y consideramos que no todos

173 La cual había sido construida ex-novo o reparada significativamente durante el reinado de Anastasio I, concretamente entre los años 503-506. Como muestra vid. Croke (1982b), pp. 59-78; Crow (1995), pp. 109- 124; Id. y Ricci (1997), pp. 253-288; Haarer (2006), pp. 106-109.

174 Para más detalles sobre su desarrollo vid. Stein (1949), II; pp. 535-540; Lemerle (1954), pp. 285-286; Curta (2001), p. 89; Liebeschuetz (2007), p. 112; Syrbe (2012), pp. 297-298; Sarantis (2016), pp. 336-345.

175 Vid. supra., pp. 146-147; 155-158. 176 Sobre su figura vid. supra., p. 147, n. 89. 177 Vid. Ap. II, sub. Anónimos (6), p. 709. 178 Vid. Blockley (1985), p. 251, n. 8.

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ellos tienen porqué ser posteriores. Consideramos que, al menos, una primera demanda pudo haberse realizado con inmediata posterioridad al ataque cutriguro, esto es a comienzos de ese mismo año -559-, a la que, propiciada por la negativa utigura, habrían seguido otras legaciones, entre ellas la que hizo entrega de la misiva que vamos a considerar a continuación179. En este

sentido la negativa de Sandilco podría responder no solo a cierta degradación en la sintonía de las relaciones existentes con Constantinopla, sino también a los ataques que, muy probablemente, continuaban desarrollando los ávaros en el extremo occidental de la estepa póntica180.

Volviendo sobre el episodio protagonizado por los cutriguros, tras su derrota enviaron legados ante el emperador, quien muy probablemente los recibió en Selimbria (Silivri, Turquía), donde se encontraba como dijimos supervisando las reparaciones en la Muralla Larga de Tracia. Éstos exigieron ser escoltados más allá del Danubio sin peligro a cambio de perdonar la vida a los cautivos que estaban en su poder, quienes serían liberados tras el pago de un rescate (Mal., XVIII, 129; Agath., Hist. V, 23, 7-9). El elegido por Justiniano I para encabezar las negociaciones fue su propio sobrino y a la postre sucesor, Justino181, quien ostentaba la dignidad de

curopalates182; un dato que en nuestra opinión redundaría tanto en la magnitud de la amenaza

que supuso la incursión cutrigura como el carácter prioritario que, a su solución, muy probablemente le confirió el soberano romano.

El momento exacto en el que tuvieron lugar las negociaciones se desconoce, aunque existe cierto consenso entre los especialistas a la hora de situar tanto el envío de la embajada

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