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Escritor y dramaturgo madrileño.

IV. 2 2 1 Precedentes más «lejanos»: la política imperial durante el siglo

A pesar de que tanto la II Paz de Nísibis en 363 como la Paz de Akilisene-Ekelac50 ca. 387

habían contribuido a disminuir progresivamente las tensiones políticas existentes entre el Imperio romano de Oriente y la Persia Sasánida, confirmando igualmente la preeminencia de esta última en el área51, durante el siglo V van a sucederse toda una serie de episodios en

Armenia, Iberia y, ocasionalmente, Albania, que derivaran a su vez en una creciente tensión entre ambos «superpoderes», manifestada a través de un conflicto abierto únicamente entre los años 421/422 y 441/442.

Uno de los factores clave en torno al cual se fueron gestando y/o agrupándose diversas cuestiones de carácter político e identitario va a ser el cristianismo, elemento trascendental para comprender no solo la geopolítica de la zona sino también algunas de las iniciativas y

herramientas de actuación diplomáticas utilizadas por el Imperio en la zona52.

La centuria se abrió de forma poco prometedora, ya que el recién ascendido Yazdegerd I, debido a su intolerante política religiosa hacia los cristianos, provocó una crisis diplomática en la que llegaron a estallar escaramuzas entre ambos bandos53. A pesar de ello las legaciones

encabezadas por Antemio54 ca. 400 y 408/409, así como la interlocución del obispo Maruta de

Martiropolis (Silvan, Turquía) ante la corte sasánida en reiteradas ocasiones durante las dos

primeras décadas55, propiciaron la creación de un marco de cordialidad sin precedentes entre

50 Para la denominación vid. Garsoïan (2004), p. 328.

51 En relación al primero de los tratados y sus consecuencias vid. Blockley (1984), pp. 28-49; Id. (1992), pp. 1- 30; Seagler (1996), pp. 275-284; Garsoïan (1998), pp. 240-241. Sobre el segundo vid. Chrysos (1976), pp. 36- 44; Blockley (1987), pp. 222-234; Id. (1992), pp. 42-45; Garsoïan (1998), pp. 239-240; Greatrex (2000), pp. 35- 48.

52 Sobre su papel, como muestra, vid. Toumanoff (1954), pp. 109-189 -para un estudio detallado sobre las fuentes y la influencia en toda el área del mismo desde el siglo I al VIII-; Braund (1994), pp. 283-284, n 59 - citando los estudios más significativos sobre el proceso de cristianización de Iberia-; Bais (2001), pp. 103- 111 -para la incidencia del mismo en Albania-; Garsoïan (2010), passim -colección de sus principales ensayos sobre su importancia, especialmente en Armenia-.

53 Blockley (1992), p. 48, n. 13; Greatrex y Lieu (2002), p. 31; Mazza (2005), pp. 173-174. 54 Para su figura vid. PLRE II, sub. Anthemius (1), pp. 93-95.

55 Por lo que respecta a su labor diplomática vid. Marcus (1932), esp. pp. 47-50; Blockley (1992), pp. 48-50; Greatrex y Greatrex (1999), pp. 67-68; Greatrex y Lieu (2002), pp. 31-32, 35; Mazza (2005), pp. 174-178.

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ambos «superpoderes», en el que incluso el shāhanshāh se convirtió en garante de la sucesión de

Arcadio durante la minoría de edad de su hijo, el futuro Teodosio II56.

A pesar de ello, la sintonía se deterioró progresivamente debido, por un lado, a la radicalización de la postura romana a causa del creciente control ejercido por la hermana del emperador, Pulqueria, en asuntos de gobierno y, por otro, a la vuelta del soberano sasánida Yazdegerd I a una postura intolerante contra los cristianos persas57. El fallecimiento de este

último en 420 motivó una sublevación en Persarmenia que contó con el beneplácito de las autoridades romanas, extremo que movió al nuevo shāhanshāh, Bahram V, a tomar las armas contra el Imperio. El incómodo estancamiento de las operaciones en la Armenia romana

durante el año 421 por parte persa58 y las incursiones hunas en el área balcánica59 propiciaron

que el año siguiente ambas partes alcanzasen un acuerdo, que implicó un regreso al statu quo

ante bellum60.

Dicho tratado no implicó la disminución a medio plazo de las tensiones, puesto que tras la muerte de Bahram V en 438 y el advenimiento de su hijo Yazdegerd II se produjo un nuevo conflicto armado. Entre los años 440/441, aprovechando la inestabilidad que experimentaba Constantinopla a causa de las campañas de Atila en los Balcanes61 y con el propósito de

consolidar su posición, el persa inició una incursión en territorio romano rápidamente frenada por parte imperial, lo que motivó primero el cese de los combates por espacio de un año y posteriormente la firma de un nuevo acuerdo, el cual ratificaba los términos establecidos veinte

años antes62 a excepción del más que probable cese, mediante el mismo, de los pagos destinados

a la defensa de las Puertas Caucásicas por parte romana63.

Una vez alcanzado el acuerdo, que ratificaba nuevamente el status preeminente de Persia en Transcaucasia, Armenia e Iberia fueron perdiendo importancia para el Imperio en la misma medida que comenzaba a ganarla Lázica, el área caucásica donde Constantinopla centró

56 Al respecto vid. Blockley (1992), pp. 51-52; Bardill y Greatrex (1996), pp. 171-180; Greatrex y Lieu (2002), pp. 32-33; Dignas y Winter (2007), pp. 94-97.

57 Vid. Blockley (1992), p. 56; Greatrex y Lieu (2002), pp. 36-38; Mazza (2005), pp. 181-182.

58 Para más detalles sobre el desarrollo del conflicto vid. Blockley (1992), p. 57; Greatrex (1993), pp. 1-14; Isaac (1997), p. 443; Lee (2001), p. 36; Greatrex y Lieu (2002), pp. 36-42; Mazza (2005), pp. 182-189; Dignas y Winter (2007), p. 35.

59 Al respecto vid. infra., pp. 109-110.

60 En relación a las condiciones establecidas en el tratado concluido a comienzos del año 422 entre el magister officiorum Helion y Bahram vid. Blockley (1992), pp. 57-58; Greatrex y Lieu (2002), pp. 42-43; Mazza (2005), pp. 190-192.

61 Sobre las mismas vid. infra., pp. 109-110.

62 Para sus condiciones vid. Lee (1987), pp. 65-74; Blockley (1992), p. 61; Greatrex (1993), pp. 2-5; Lee (2001), p. 39; Greatrex y Lieu (2002), pp. 44-45; Mazza (2005), pp. 194-199.

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prioritariamente sus atenciones, especialmente durante el reinado de Marciano (450-457)64.

Igualmente, el mismo allanó el camino para que ambos «superpoderes» volviesen a actuar de

manera conjunta en la zona tras la sublevación de Armenia ca. 45065, propiciada por la

imposición forzosa del zoroastrismo por parte de Yazdegerd II en la misma así como en Albania

e Iberia, la cual, liderada por Vardan Mamikonian66, a pesar de contar con los apoyos de las dos

últimas, fue aplastada en la batalla de Avarir en 45167.

La inestabilidad regresó a Transcaucasia durante la segunda mitad de la década de los sesenta, ya durante el reinado del emperador León I. A pesar del manifiesto empeoramiento de las relaciones entre ambas partes, motivadas tanto por la negativa imperial a las recurrentes peticiones persas de subsidios para la salvaguarda de las Puertas Caucásicas68 como por el

apoyo romano a la intervención militar de Lázica en Suania69, la paz se mantuvo, ya que tanto

Constantinopla como Ctesifonte tenían prioridades más urgentes en otros frentes.

La situación permaneció inalterable durante el reinado de Zenón, si bien la tensión se acrecentó significativamente. A ello contribuyeron las razias llevadas a cabo en la frontera meridional por las tribus árabes70, la inestabilidad interna de ambos regímenes71 así como las

64 Vid. infra., pp. 103-104.

65 Para su desarrollo e implicaciones, como muestra, vid. Bournoutian (1993), p. 78; Yuzbashian (1996), pp. 156-162; Thompson (2001), pp. 668-669; Greatrex y Lieu (2002), p. 55; Greenwood (2012), p. 123.

66 Para su figura vid. PLRE II, sub. Vardan, pp. 1150-1151.

67 Tanto es así que encontramos a Vakhtang I de Iberia luchando contra los sasánidas en 456. Los albanos, aunque acordaron una tregua temporal con Persia, fueron un factor importante de oposición a Peroz I, quien terminó con el problema tras la muerte de Vache, instaurando un gobernador militar o marzban en su lugar hasta la reinstauración de la monarquía dos décadas después. En relación a las actividades del primero vid. Braund (1994), p. 283, n. 57; Van Esbroeck (1996), pp. 198-202. Para la situación de Albania vid. Bais (2001), pp. 123-127.

68 Vid. supra., p. 86. 69 Vid. infra., pp. 103-105.

70 El área meridional de la frontera oriental también fue un punto candente por lo que respecta a la tensión entre ambos superpoderes, pues durante los años finales del reinado de León I, contraviniendo igualmente el tratado del año 422, el emperador instauró como filarca en la estratégica región de Palestina Tertia a Amorceso, quien había desertado de los sasánidas y fue recibido en Constantinopla con honores (Malch., Fr. 1). A pesar de ello hacia ese mismo año -ca. 474-, ya durante el reinado de Zenón, se produjeron razias por parte de los árabes -desconocemos si con o sin apoyo persa-, confirmándose la inestabilidad existente en dicha región hasta los años finales de la década de los noventa. Sobre estas cuestiones vid. Letsios (1989), pp. 525-538; Rubin (1989), pp. 388-389; Sahîd (1989), pp. 59-91, 114-115; Blockley (1992), pp. 78-79, 83-84; Greatrex (1998), p. 28, 227; Id. y Lieu (2002), p. 47.

71 En relación a las circunstancias internas que propiciaron un notable clima de inestabilidad durante el reinado de Zenón vid. Lee (2001), pp. 49-52; Kosiński (2010), esp. pp. 79-97, 147-176 -para las dos principales rebeliones, protagonizadas por Basilisco e Illus en 475-476 y 484-488 respectivamente-; Vallejo Girvés (2015), esp. pp. 142-143 -con abundante y reciente bibliografía para el período, enfatizando el papel protagonista de la Augusta Verina en dichos acontecimientos-. Para las complejas circunstancias en la Persia sasánida motivadas por el fallecimiento de Peroz I vid. Frye (1983), pp. 148-150; Dignas y Winter (2007), pp. 36-37; Daryaee (2009), p. 25.

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revueltas que estallaron primero en Iberia ca. 481, encabezada por su soberano Vakhtang I72, y al

año siguiente en Armenia liderada por Vahan Mamikonian, sobrino del anterior rebelde Vardan, las cuales mantuvieron en jaque a los sasánidas hasta ca. 48573. En ambos casos

Constantinopla se mantuvo al margen y prefirió no involucrarse directamente74.

IV. 2. 2. 2. Precedentes y consecuencias más «cercanas»: la Guerra de Iberia (ca. 526-532)

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