Al otro lado del Elba, el resultado económico de la gran crisis fue diametralmente opuesto. Es preciso volver ahora a la historia de las vastas regiones situadas al este del corazón del feudalismo europeo, más allá de la línea del Danubio, y a la diferente naturaleza de las formaciones sociales que allí se habían desarrollado1. Para
nuestros propósitos, la característica más fundamental de la gran llanura que se extiende desde el Elba hasta el Don puede definirse como la ausencia permanente de aquella específica síntesis occidental entre un modo de producción tribal-comunal en proceso de desintegración, basado en una agricultura primitiva y dominado por rudimentarias aristocracias guerreras y un modo de producción esclavista en vías de disolución, con una amplia civilización urbana basada en el intercambio mercantil y en un sistema imperial de Estado. Al otro lado de la línea del limes franco no hubo ninguna fusión estructural de formas históricas dispares que pueda compararse a la que tuvo lugar en Occidente.
Este hecho crucial fue el determinante histórico básico del desarrollo desigual de Europa y del persistente atraso del este. Las inmensas y atrasadas regiones situadas más allá de los Cárpatos siempre habían quedado fuera de los limites de la Antigüedad. La civilización griega había salpicado el litoral del mar Negro de colonias dispersas en Escitia. Pero estas tenues avanzadillas marítimas nunca llegaron a penetrar en el interior del Ponto y fueron finalmente expulsadas por la ocupación sármata de las estepas del sur de Rusia, dejando sólo tras de sí algunos restos arqueológicos2. La civilización romana realizó la
1 Al sur del Danubio, la península Balcánica formaba una región distinta, apartada del resto de Europa oriental por su integración en el Imperio bizantino: Su diferente destino se estudiará en un posterior análisis de la Europa sudoriental.
2 Rostovtsev, en su primera obra importante, subrayaba que las influencias orientales siempre fueron más notables que las griegas en el sur de Rusia, que nunca fue helenizado de forma duradera: Iranians and Greeks in South Russia, Oxford, 1922, pp. VIII-IX, Para un estudio mo-
hazaña decisiva de conquistar y colonizar la mayor parte del continente de Europa occidental, pero esta impresionante expansión geográfica de las estructuras de la Antigüedad clásica nunca se repitió con una profundidad comparable en Europa oriental. La anexión de Dacia por Trajano representó el único avance significativo en el interior de este continente: avance modesto y pronto abandonado. El interior oriental nunca quedó integrado en el sistema imperial romano3 y ni siquiera poseyó los contactos militares y económicos con
el Imperio que siempre mantuvo Germania aun sin pertenecer a él. La influencia diplomática, comercial y cultural de Roma siguió siendo profunda en Germania después de la evacuación de las legiones, y el conocimiento que los romanos tenían de ella, íntimo y exacto. Ninguna relación de este tipo existió nunca entre el Imperio y los territorios bárbaros del este. Tácito, admirablemente informado acerca de la estructura social y la etnográfica germánicas, no tenía prácticamente idea de los pueblos situados más allá. Hacia el este, el espacio estaba en blanco, era mítico: cetera iam fabulosa4.
derno de las colonias del mar Negro, véase J. Boardman, The Greeks overseas, Londres, 1964, pp. 245-78.
3 Hay que señalar que Dacia formaba un saliente aislado, situado como una cuña vulnerable fuera de la línea de las fronteras imperiales en dirección a las altiplanicies transilvanas, y que no se realizó ningún intento de ocupar los espacios vacíos formados por las llanuras hacia Panonia en el oeste y hacia Valaquia en el este. Es posible que la renuncia romana a penetrar más profundamente en el interior de Europa oriental estuviera relacionada con la falta de acceso naval a la región, comparada con el extenso litoral de Europa occidental, y de ahí que pueda considerarse como un resultado de la estructura intrínseca de la civilización clásica. Quizá sea significativo que Augusto y Tiberio pensaran, al parecer, en una expansión estratégica del poderío romano en Europa central desde el Báltico hasta Bohemia, ya que esta línea permitía potencialmente un movimiento de pinza desde el norte y el sur, utilizando expediciones anfibias por el mar del Norte y los ríos germanos, del mismo tipo que las dirigidas por Druso y Germánico. La fundamental campaña de Bohemia del año 6 d. C. se basó tal vez en la proyectada unión del ejército de Tiberio, avanzando desde el Ilírico, con un segundo ejército que subiera por el Elba: Wells, The German policy of Augustus, p. 160. Las tierras interiores de Europa oriental situadas más allá del Elba no ofrecían el mismo tipo de acceso. De hecho, incluso la absorción de Bohemia se reveló empresa excesiva para las fuerzas romanas. Otra razón del fracaso del Imperio para extenderse por las regiones situadas más al este puede haber sido el carácter estepario de Ja mayor parte del terreno, habitado normalmente por nómadas sármatas (marco natural que se estudia más adelante).
4 Quod ego ut incompertum in medio relinquam: «el resto son leyen-
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No es, por tanto, accidental que todavía hoy se conozca muy poco acerca de las migraciones y los desplazamientos tribales en Europa oriental a principios de la era cristiana, aunque fueran de una enorme magnitud. Es evidente que las grandes llanuras al norte del Danubio —que fueron el lugar de residencia de los ostrogodos, visigodos y vándalos— quedaron parcialmente vacías por las Völkerwanderungen de las tribus germánicas hacia Galia, Italia, Hispania y África del Norte durante el siglo V. Efectivamente, entonces tuvo lugar una marcha general de las poblaciones germánicas hacia el oeste y el sur, que dejaron libre el terreno para el avance de otro grupo étnico de pueblos tribales y agrícolas que vinieron detrás. Los eslavos eran originarios probablemente de la región del Dniéper-PripetBug y comenzaron a extenderse por el vacío dejado por los germanos en el este a partir de los siglos V y VI5.
En sus remotos lugares de origen debió de producirse un gran auge demográfico que explique el carácter gigantesco de este movimiento. Hacia finales del siglo VI, las tribus eslavas habían ocupado prácticamente toda la inmensa extensión que va desde el Báltico al Egeo y, por atrás, hasta el Volga. El ritmo y la distribución exactos de estas migraciones son todavía oscuros, pero su repercusión social general en los siglos posteriores es, sin embargo, bastante clara6. Las comunidades agrícolas eslavas evolucionaron lentamente hacia una estructura
interna más diferenciada, siguiendo el mismo camino ya anteriormente tomado por los germanos. La organización tribal dio paso a un sistema nuclear de aldeas, que agrupaban a familias asociadas entre sí, con una propiedad crecientemente individualizada. Las aristocracias guerreras con grandes posesiones produjeron, en primer lugar, unas jefaturas militares que disponían únicamente de excepcionales poderes tribales y, después, unos príncipes más estables y con autoridad sobre confederaciones más amplias. Los séquitos o guardia de corps de estos líderes constituyeron en todas partes el embrión de una
das, que yo abandono por no estar comprobadas», últimas palabras con las que Tácito interrumpe bruscamente su Germania.
5 F. Dvornik, The Slavs, Their early history and civilization, Boston, 1956, pp. 3-45, que tiende a localizar la cuna de los eslavos algo más hacia el oeste, entre el Vístula y el Oder; y L. Musset, Les invasions: le second assaut contre l’Europe chrétienne (VII-IXe siècles), pp. 75- 9, que afirma: «Este inmenso avance se parece más a una inundación de tierras vacías que a una conquista» (p. 81).
6 Para un esbozo típico, ver S. H. Cross, Slavic civilization through the ages, pp. 17-8.
clase dirigente y terrateniente que dominaba a un campesinado no servil. En este aspecto, la družina rusa fue esencialmente semejante al Gefolgschaft germánico o al hirdh escandinavo, a pesar de las variaciones locales que existían dentro y entre ellos7. La esclavitud a base dé prisioneros de guerra fue también a menudo otra
característica de estas rudimentarias formaciones sociales, que proporcionaba criados domésticos y trabajadores del campo a la nobleza de clanes, ante la ausencia de una clase social de siervos. Las instituciones políticas comunales, con asambleas o tribunales populares, sobrevivieron con frecuencia hasta coexistir con una jerarquía social hereditaria. La agricultura se mantuvo en un nivel extremadamente primitivo, predominando durante largo tiempo las técnicas de rozas por fuego en medio de bosques sin fin. En los primeros momentos hubo poco desarrollo urbano. En otras palabras, la evolución de los pueblos eslavos en el este fue una reproducción, más o menos fiel, de la evolución de los pueblos germánicos que los habían precedido, antes de su irrupción en el Imperio romano y de la asimilación de la civilización mucho más avanzada de éste, en una disolución catastrófica de sus anteriores y respectivos modos de producción. Esta evolución, bloqueada por no recibir «ayudas», subraya la imprescriptible importancia de la Antigüedad en la formación del feudalismo occidental.
7 Frantisek Graus, «Deutsche und Slawische Verfassungsgeschichte», Historische Zeitschrift, CXLVII, 1963, pp. 307-12.
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